Cinosargo (Filosofía)

Artículo de Daniel Rojas Pachas sobre Una forma de huella en la arena en la Calle Passy



Luis Andrés Figueroa Cortés es un poeta nacido en San Felipe, Chile, 1960. Autor de Velas en el Agua (1992), Los secretos (1996) y Faros (2004). Ha publicado también Al sur del espejo (Saint Louis, 2000) y las crónicas de viaje Al país de Poe (2003). En 2007 aparece Café de invierno, libro de conversaciones con el poeta Ennio Moltedo.


Ahora, Daniel Rojas Pachas, director de la revista de literatura Cinosargo, nos habla de Una forma de huella en la arena Ediciones Antítesis Valparaíso-Cuadernos de poesía, 2008 ), última producción de Luis Figueroa, bajo los códigos de la tortura, la represión y la posibilidad incierta de escapar a dicho "estado de sitio". Continúa leyendo el artículo de Rojas Pachas.



Una forma de huella en la arena: Nostalgia y violencia en la poesía de Luis Andrés Figueroa



Breve reflexión acerca de la oposición [Escrito por Daniel Rojas Pachas]

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Breve reflexión acerca de la oposición.


Autor: Daniel Rojas Pachas


I started a joke which started the whole world cryingbut i didn't see that the joke was on me oh noi started to cry which started the whole world laughingoh if i'd only seen that the joke was on me

“Bee gees”


Entiéndase la oposición para fines de este breve artículo como una tensión necesaria dentro de una buena partida “capaz de aportar” no sólo al mejoramiento de los contendores sino del juego mismo. Se piensa en una homeostasis que en esencia implica el perfeccionamiento, la estrategia y autorregulación dentro de todo ámbito cultural en el cual se produce debate, intersubjetividad y contraposición activa o pasiva, pensemos en política, deporte y arte y todo en suma como un juego tendiente a motivar a los participes a anticipar movimientos, prepararse y valerse de talento mostrando que los mejores se edifican en la dialéctica que percibe la competencia como un diálogo fructífero.


En sentido contrario podemos apreciar cómo vivimos “hoy” en sociedad este proceso de delicado equilibrio haciendo gala de abanderamientos, rencor, venganza y apatía, nos abstenemos de opinar y contender, nos valemos de la queja, el escarnio, la ironía, sorna y rara vez aparece el compromiso genuino, por ello es fácil bajar el perfil al juego sintiéndose por encima de él como una excusa ante el miedo a participar o peor aún, asumiendo la competencia como una carrera llena de cortapisas.


En una dinámica de este tipo no hay ganadores, sólo un simulacro de triunfo (más bien de imposición de aquel que se considera a cualquier precio vencedor, humillando o negando el acceso a participar al otro). Esto perjudica a todos pues cierra las puertas a nuevos aportes y avances que truncan el crecimiento del juego, depredan lo existente y echan mano del pasado y su supuesto prestigio para decorar las apariencias de gloria anulando el surgimiento de nuevas voces y actores.


Me explico con un ejemplo: Pensemos en una partida de ajedrez. El jugador de las piezas blancas pierde ante su contendor. En una dinámica ideal el vencido aprenderá de su derrota en lugar de renunciar. Se preparará mejor, estudiará sus errores y buscará no repetirlos, creará una nueva lógica ante el juego lo cual ya es un aporte e innovación y formulará estrategias, teorías y métodos para jugar mejor y eventualmente ganar. Esto implica una partida diferente a la inicial en tal sentido, el jugador de las fichas negras si es inteligente, sabrá que debe perfeccionarse pues su retador está entrenando, no debería confiarse y engordar avalado por su triunfo pasajero pues el juego es constante. En otras palabras ambos deben estar a la altura del desafío, de la lid.


Pero eso como señalé, es el panorama ideal que aporta e impulsa al juego, a los contendores y al público en una tensión constante. Caso contrario es lo que vivimos pues el supuesto ganador más bien tiende en las partidas sucedáneas a acaparar las piezas del otro e impide la maduración de cualquier posible retador. Esto nos lleva a generar una atmósfera de mediocridad, sin antítesis que rebatan una verdad única, la del que detenta el poder y dominio de las fichas, aquel que en su gloria efímera y fantasmal se siente dueño del tablero y tiende a volverse pétreo en su juicio, déspota y paranoico pues siente que todos quieren eliminarlo de la partida cuando quizá, tan sólo quieren competir deportivamente y medirse. Pero cómo hacerlo si el acceso es negado, los canales de participación son mínimos y sólo se alientan juegos de exhibición, arreglados para aumentar el ego y fama del supuesto ganador.


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A juicio del redactor del artículo eso es lo que se entiende por ganar “hoy” un espectáculo de luces y humo listo a contentar a las masas inconscientes que se han visto relegadas del juego por la manipulación de los supuestos lideres y la desidia y conformismo generalizado que se alimenta en los individuos desde la formación inicial.


Imposibilitar y ningunear a cualquiera que se oponga, cercar el tablero, quebrar las manos y piernas de aquel que se destaca y hacer del mérito y cualidad del retador condiciones molestas y desequilibradas o de plano nulas, justifica el fin: “ No exponer la falta de talento y miseria en una partida equitativa” .


En la práctica las medidas usuales para evitar que otro cobre valor son la trampa, arreglar la mesa y tener información privilegiada. Imaginen jugar poker con alguien que conoce de antemano las cartas de sus contendores.


Excluir al otro es también un método usual, se coloca un alto costo o imposible cuota de acceso demandando cierto grado de instrucción o patrimonio para participar en igualdad o simplemente participar. Esto es barbárico sobre todo cuando el disque ganador es juez y parte en la mesa e impide que otros se informen, crezcan y entrenen pues sus condiciones son paupérrimas y todo queda limitado al “hágalo usted mismo” y al espíritu de los autodidactas capaces en algunas ocasiones de sorprender desde los extramuros a los dueños de la maquinaria. Estilo Rocky o Daniel Larusso también conocido como Daniel San. Ficciones como está demuestran que el underdog o excluido puede dar vuelta al sistema y por tanto, en calidad de relatos pasan a formar parte de la consciencia mítica del hombre. Pensemos en historias que van desde David y Goliath hasta la nueva versión de Karate Kid pero al final sólo son un recordatorio de cuanta nobleza ha perdido el juego.



Ningunear y difamar es otra de las medidas comunes y de rigor dentro de una partida sucia. Hablo de escarbar en el pasado del contendor, cuestionar su idoneidad para ser parte de la mesa bajo juicios éticos y morales establecidos a sangre por los detentadores del tablero. Muchas veces dichas apreciaciones no tienen injerencia real en la partida y sólo son una excusa de control y disciplina. Algo similar ocurre con la falta de fairplay al querer lesionar física o psicológicamente al retador atacando su integridad, a los familiares o circunstancias de origen o crecimiento que ha tenido. Imaginen a dos ajedrecistas gritándose en medio de la partida para herir o distraer a su competidor. “Tu madre es tan gorda que se tiene que abrochar el cinturón con un boomerang” o “a tu hermana le dicen el semáforo”. Creo que se entiende la lógica disminuida de este tipo de juego.


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En síntesis, el objetivo del artículo es reflexionar en torno a cómo nos desenvolvemos en los diversos juegos que dan forma y sabor a nuestra existencia. Qué rol detentamos en el medio y cómo el miedo nos condiciona a excluirnos o abusar de nuestro poder. Quisiera por último llevar esto al plano de las artes y poner un ejemplo categórico de lo que sucede con la poesía en Chile a ojos de la crítica y los mismos escritores sin olvidar desde luego, a los lectores pues en conjunto los protagonistas de esta disciplina han propiciado la leyenda urbana del poeta único y los inútiles rankings que buscan establecer una “santísima trinidad” con nombres que compiten en una especie de Billboard criollo acomodando a Mistral, Neruda, Huidobro y De Rokha y sus respectivos espurios y clones en los escalafones de acuerdo al favoritismo o enojo de quien realiza la lista creando incluso escuelas de exclusión y proselitismo que en lo material, se traducen en el exceso de bulla ante un ídolo y la satanización o silencio de quienes piensan distinto. La cacería de brujas y canibalismo está a la orden del consumidor y se ha prolongado consuetudinariamente entre artistas, críticos, gestores, editores y administradores dentro del servicio de cultura hasta la saciedad. Está práctica patética de amiguismos y zancadillas podemos desacralizarla con una frase aguda de Parra: Los cuatro grandes poetas de Chile Son tres Alonso de Ercilla y Rubén Darío


El tema en definitiva es la actitud de los supuestos ganadores y de todos dentro de la partida lo que se resume en una broma sólo que esta humorada como reza el tema de los Bee gees, recae en nosotros mismos.


Breves apuntes sobre la desestructuración cultural y el mestizaje.


Breves apuntes sobre la desestructuración cultural y el mestizaje.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Frente a la noción de cultura en un “estado puro”, mirada estática y estructural, Roger Bastide privilegia la idea de “relación intercultural” como un proceso dinámico y flexible ajeno a miradas maniqueistas o polaridades que escinden el pensamiento y actuar del hombre en bueno o malo, correcto e incorrecto, superior e inferior, masculino y femenino. Esto sin duda desafía el concepto organicista que tendía a prestigiar un sistema cerrado, idéntico a sí mismo, homogéneo y capaz de desarrollarse con éxito y uniformidad mientras menos influencia tuviese de factores externos.

El cambio conceptual de Bastide se extiende más allá de lo teórico y penetra al ámbito ontológico de la realidad pues un término como “aculturación” antes pensado dentro del campo del conocimiento como un proceso negativo y perjudicial para las culturas pasa a entenderse como un fenómeno universal que se produce en formas y grados muy diversos que van desde la espontaneidad a la planificación y cuyas fases varían en importancia de acuerdo al contexto de la realidad en estudio.

Podemos agregar que Bastide con este cambio de paradigma llega al punto de invertir la terminología clásica y aquella perspectiva de los estudios otrora petrificantes e inmanentistas atreviéndose a señalar que la homeóstasis en que se desarrollan las sociedades y el individuo no debe entenderse como mera cultura, pues este término se refiere tan solo a un estado, a un momento de regulación espacio-temporal que se enmarca dentro de la mecánica constante de cambio, intervención, diálogo, intercambio, asimilación e incluso etnocidio, por tanto es más apropiado hablar de “culturación” pues ella refleja el constante flujo en que transitamos históricamente como usuarios y actores de prácticas que si bien, nos permiten estructurar la realidad, crear estereotipos que además podemos tipificar con nomenclaturas y taxonomías para su estudio y práctica metodológica, sin embargo, en la praxis rara vez se encuentran cristalizados e inamovibles como en un laboratorio o texto académico pues su pervivencia y difusión requiere de la constante adaptación, deconstrucción de jerarquías y reestructuración de formas de poder, mutación del lenguaje y sus códigos, alteración de la tipología de géneros y desde luego la suma de todos estos factores altera la operatividad de las instituciones.

Esto ataca la mirada de autores como Claude Lévi Strauss y agrega que más que hablar de estructura conviene trabajar los estudios culturales en términos de acción y transformar el concepto rígido de estructura a “estructuración”, “desestructuración” y “reestructuración”. Y agrega en su explicación que debemos eliminar la tendencia a ver la desestructuración peyorativamente analogando con error el concepto a desintegración, pulverización y erradicación de lo que se entiende por cultura, cuando por el contrario esta es una fase más del proceso a través del cual la realidad en que nos desenvolvemos evoluciona y se transforma, pues sin exagerar habitamos y convivimos en una fragmentación atravesada por relatos que se cruzan y retroalimentan en diversas instancias que no necesariamente son negativas o positivas, sino que simplemente son dentro del cambio.

Lo que en conclusión da a las ideas de filiación y pureza, un agotado carácter mítico.

Considerando el área de la semiótica, hermenéutica e intertextualidad vale la pena agregar y vincular lo expuesto por Roger Bastide frente a los aportes de Roland Barthes que señala:

La intertextualidad, condición de todo texto cualquiera qué sea, no se reduce evidentemente a un problema de fuentes o de influencias. El intertexto es un campo general de fórmulas anónimas cuyo origen raramente es identificado, de citas inconscientes o automáticas, dadas sin comillas. Epistemológicamente, el concepto de intertexto es lo que aporta a la teoría del texto el volumen de la socialidad: es todo el lenguaje, anterior y contemporáneo, que llega al texto no según la vía de una filiación identificable, de una imitación voluntaria, sino según la vía de diseminación. (Barthes 1968:1015).

Imagen que asegura al texto el estatuto no de una reproducción, sino de una productividad y agrega luego:

Esto es precisamente el intertexto: la imposibilidad de vivir fuera del texto infinito --no importa que ese texto sea Proust, o el diario, o la pantalla televisiva: el libro hace el sentido, el sentido hace la vida" (Barthes. 1974, p.49)

Esta mirada nos ha permitido transitar desde estudios netamente estructuralistas a teorías post-coloniales, teoría queer y abordar métodos valiosos como el semanálisis de Kristeva, lo cual me lleva a pensar en el valioso cambio de mirada de los creadores frente a la hibridación y el mestizaje a la hora de transponer una concepción cerrada y unívoca del texto, el sujeto y los géneros literarios.

Vale la pena escuchar como cierre a estas pequeñas ideas lo que dice Carpentier respecto al mestizaje.

Anverso literario: Foucault y el poder de la mirada.

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De sumo interés resulta el trabajo que el filósofo postmoderno frances Michel Foucault realiza en torno al prodigio arquitectónico conocido como el panóptico, creación de otro pensador europeo, el inglés, Jeremy Bentham. El mecanismo que Bentham propuso a principios del siglo XVIII como una cárcel modelo, busca una mejor distribución y organización del espacio a fin de reemplazar las viejas mazmorras representativas del régimen monárquico.

El concepto tras el panóptico (pan/ todos- opticón/observar) es sencillo, se trata de una torre en torno a la cual se encuentran dispuestas celdas que por efecto de la luz y la disposición de sus ventanas y rejas, se vuelve transparente a la mirada del vigilante que puede o no, estar posicionado en cualquiera de las claraboyas del edificio que juega el rol de núcleo y ojo perpetuo.

El hecho de poder, en teoría, prescindir del cuidador ubicado en la torre; se basa en el diseño laberíntico, que en virtud de la disposición de sus recámaras, presenta el interior del edificio central. Estas desembocan en una infinidad de tragaluces, tal como demuestran, los planos originales de Bentham.

En nuestros días, este efecto de unilateralidad en la observación, puede perfeccionarse con vidrios polarizados, lo importante es mantener en alto, el principio de transparencia y visibilidad plena de las celdas, lo cual, como ya se señaló, no se aplica de forma inversa, al puesto de vigilancia. Lo que trae como directa consecuencia, que los recluidos, al no poder ver el rostro de su celador o constatar de manera fehaciente si existe tal vigía, sientan sobre sí, el peso psicológico que implica una virtual y permanente observación. Esto, sumado a la falta de intimidad, termina por dirigir sus conductas y delinear su identidad, tendiendo a la normalización o imposición de una hegemonía y discurso, que grava tanto mente como cuerpo.

Producto de estos efectos psicosomáticos que pueden afectar indistintamente a una globalidad o individuo, es que Foucault encuentra en el diseño, presupuestos políticos y sociológicos que van más allá de la mera disposición del lugar y los cuerpos. El francés se atreve a señalar sin dilación, que este invento es un complemento tecnológico del poder, capaz de integrarse efectivamente al ideario contractualista de Rosseau y otros autores ilustrados, que buscaban por medio de la democracia y formas representativas de gobierno, eliminar la supremacía de un único foco de postestad impuesto en honor a la naturaleza divina y consuetudinaria del regidor. Se busca, una visibilidad integra de los elementos que componen el cuerpo social para así, lograr la legibilidad de las directrices del poder y orden, dejando los puestos de soberanía sin titular. “Que mejor para ejemplificar una distribución imparcial acerca de quien debe vigilar, administrar y castigar, que un mecanismo artificial como el panóptico”.

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En definitiva, lo que podemos destacar del invento de Bentham, tal como señala Foucault, es que lejos de su fin práctico como edificio carcelario, este traspasa a otros ámbitos de encierro y desenvolvimiento del hombre, marcando la organización que sufren hasta nuestros días, los espacios. Ello hace de nuestro mundo, un universo disciplinario que busca regir conductas y normalizar, a través de la aplicación de tecnologías sutiles de vigilancia y castigo. Estas son ordenadas por un centro en función de un discurso o dogma que va en directa relación con las necesidades económicas del sistema. Pensemos no más, en como se organizan los colegios, hospitales, universidades y zonas de trabajo con sus horarios, salas, zonas de detención, patios, murallas, libros de asistencia, himnos e inspectores. Todas formas que el hombre interioriza en su rutina y que de manera subrepticia nos dirigen.

El panóptico y el poder de su mirada permanente, la evaluación, y vigilancia sobre nuestros cuerpos y mentes, seamos o no, conscientes de dicho paradigma y sus implicancias. Foucault sin embargo, no se queda allí, el principio de visibilidad y el panóptico son solo la punta del iceberg, luego la sociedad y los titulares del poder, generarían nuevos mecanismos: controles de natalidad, vacunación, higiene, formas de biopoder que son dignas de ser revisadas pues convivimos con ellas y las asumimos con la mayor naturalidad. Como conclusión, se puede señalar que la obra de Foucault es vigente y de gran pertinencia, sobre todo, si consideramos que el panóptico y cualquier otro mecanismo de biopoder, tal como ha ocurrido con muchas estructuras y maquinarias creadas por el hombre, con un principio rector básico, en este caso, fragmentar la soberanía regia a través de mecanismos artificiales. Más allá de conseguir perpetuar sus fundamentos, demuestran en su ejecución y abuso; el fracaso del racionalismo ilustrado, sobre todo si pensamos en que han sido el sustento de dictaduras y megalómanos. La deposición de un tirano implica la imposición de mil, y el antiguo morbo gótico se traduce en una lucha descarnada, proselitismo que ambiciona con ocupar un puesto, cada vez más elevado en las esferas de la torre central o núcleo de dominio. Los vigilantes se destrozan entre sí y se suman a un juego de intrigas e infidencias que los hacen prisioneros de su ansía de control. Sino basta con pensar en los llamados altos dignatarios, candidatos de gran vocación y los partidos que los apoyan. Lo expuesto de cualquier manera es sólo una aproximación al autor y una parte mínima de su obra. Como pensador, Foucault, nos ha provisto de una nueva y más amplia visión sobre la psiquiatría y la filosofía, traspasando el área de estudio de los pensadores, que por muchos años, se ha centrado en el tiempo, para en otro sentido, recobrar gracias al francés y sus tratados, la preponderancia que merece el espacio y a partir de este, el desarrollo de temas, como la sexualidad, el cuerpo, la identidad, que son sin duda contingentes para cualquier ciudadano, participe y usuario del sistema.

Como tópico universal, la amplia exposición de Foucault en torno al poder y sus manifestaciones, sigue abierta a la reflexión, sobre todo si consideramos que sus ideas han sido actualizadas y retomadas por otros; y aquellas paredes que él mentaba, hoy, tal como lo plantea otro gran pensador francés, Gilles Deleuze, ya no son sólo de concreto, sino virtuales y más que el hacinamiento o detención en un recinto, el presente nos maneja con la exclusión que determina la viabilidad o acceso, ante un simple crédito o password.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.

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Anverso Literario: La dominación ideológica y dogmática en el Señor Presidente

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El Anonimato y la dominación ideológica y dogmática: El caso del estudiante y el sacristán en el Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias. Es un fragmento aún en etapa de corrección y que corresponde, en mi libro de investigación sobre Cinco autores clave de la literatura Latinoamericana, a un capítulo más extenso dedicado a la obra “El Señor Presidente”, del Guatemalteco Miguel Ángel Asturias. El estudio de este escritor ganador del nobel, ha sido parte importante de los procesos críticos en que he estado trabajando arduamente, el resultado de todo ello, será publicado el 2009, gracias a la obtención del fondo nacional de fomento del libro y la lectura (Fondart) durante el presente año.

En el estudio, se expresan como las formas de dominación psicosomáticas que plantea Foucault en su aproximación al panóptico de Jeremy Bentham (estructura centralizadora del poder que se basa en la vigilancia anónima) consiguen penetrar en el fuero interno de los miembros de una sociedad y una comunidad por entero, condicionando sus esperanzas, miedos y en última instancia, dirigiendo sus destinos, maneras de pensar y constitución de una identidad.

Como apartado de un análisis general que ilustra como en la obra se cumplen los presupuestos del panóptico en torno al condicionamiento de las relaciones interpersonales, políticas y legales, aquí se pretende abordar el concepto de poder y la vigilancia anónima, en su alteración y yugo sobre el plano dogmático. Para ello se toman dos personajes alegóricos, ambos representantes de formas extremas de pensamiento y convicción, podría decirse figuras esteriotipadas pero no por eso menos reales y presentes: el Estudiante anarquista y el sacristán.

—(...) por un delito que cometí por pura equivocación. ¡Figure usté que por quitar un aviso de la Virgen de la O, fui y quité del cancel de la iglesia en que estaba de sacristán el aviso del jubileo de la madre del Señor Presidente! —Pero eso, ¿cómo se supo...? —murmuró el estudiante, mientras que el sacristán se enjugaba el llanto con la punta de los dedos, destripándose las lágrimas en los ojos. —Pues no sé... Mi torcidura... Lo cierto es que me capturaron y me trajeron al despacho del Director de la Policía, quien, después de darme un par de gaznatadas, mandó que me pusieran en esta bartolina, incomunicado, dijo, por revolucionario.

Estos personajes resultan simbólicos dentro de la obra no sólo por que ambos carecen de nombre y mayor descripción, sino por que representan dentro de la sociedad del portal del Señor, dos ideologías y formas de vida contrapuestas. Uno la del estoicismo cristiano y la corderil sumisión del hombre ante designios superiores. La otra muestra el anarquismo racional, la disidencia cáustica.

¿Adonde volver los ojos en busca de libertad? El sacristán: — ¡ A Dios, que es Todopoderoso! El estudiante: —¿Para qué, si no responde? El sacristán: —Porque ésa es Su Santísima voluntad... Es mejor rezar... El estudiante: — ¡Qué es eso de rezar! ¡No debemos rezar! ¡Tratemos de romper esa puerta y de ir a la revolución!"

Son por tanto la representación de dos orbes de poder, el divino representado en la tierra y el temporal, ambos disminuidos ante el eje central, presos y torturados por las causas más inverosímiles: Desacato o denuncia dada por algún enemigo sin rostro, víctimas de una broma cruel o del anhelo de un fanático del ojo anónimo que todo controla, a fin de ganar su beneplácito.

La importancia de estas dos voces en el texto, no es menor, pues en ellas, se personaliza, la dualidad político-religiosa del texto tal como señala Caridad L. Silva de Velázquez: “Un estudio cuidadoso de la obra y sus discursos, demuestra la constante asociación del tema religioso al tema político, y revela además la importancia del primero como complemento del segundo. Ambos constituyen una dualidad temática indivisible que corre en relación paralela a lo largo de la obra, y a la cual se conectan todos los demás elementos de la misma”. De modo que, los diálogos oprimidos de ambos personajes, gozan de un innegable valor comunicativo. Se desenvuelven en forma intercalada al desarrollo de la fábula central y toman un cariz alegórico que debate perspectivas ante el poder: Resignación y resistencia.

Indistintamente, las dos vertientes reaccionarias ante el porvenir, sufren la misma suerte, incomunicación y vigilancia. Y su participación, va nutriendo las connotaciones omnipotentes y omnipresentes de lo que para unos es un dictador, caudillo despótico y para otros, un esperpéntico Dios terrenal, figura mítica encarnada por el Señor Presidente y sus facultades omnímodas.

Estos ricos parlamentos y debates entre el estudiante y el sacristán, permiten también vincular discursivamente, todos los recursos de estilo que en la obra, van poblando la atmósfera novelesca con ironía. Las alusiones a la tergiversación moral de esta variopinta irrealidad incluyen el Lupanar de Doña Chon, espacio que antes ocupó el papel de un convento y actualmente es frecuentado por Altos Militares e incluso ligado al pasado amoroso del Presidente, características que coinciden con la umbría y mundana constitución de la catedral y el portal del Señor, hogar de los irresponsables y dementes, que esgrimen un discurso que Asturias maneja a través de figuras fónicas que le permiten comparar al Pelele, el idiota del pueblo con Cristo: I.N.R.Idiota, o configurar la caída gradual y deformante del Ángel bello y malo como Satán, la disolución de su identidad nos presenta en un comienzo a un sicario, mano derecha del regidor, que culmina como un despojo que desaparece por desafiar a su oscuro Demiurgo o en términos seculares, al rechazar los mandatos de aquel que plenipotenciario, ocupa el orden jerárquico superior en la torre del panóptico.

Es importante destacar en este par, Sacristán y Anarquista un diálogo que tienen una vez libres y contemplando las ruinas Apocalípticas del Portal del Señor, esa conversa cierra el libro, y demuestra como la vigilancia y anonimato repercute sobre el cuerpo de los castigados pero también penetra en sus consciencias temerosas de volver a caer presas del castigo y la incomunicación. La actitud del Sacristán es demostrativa:

—No les bastó pintar el Portal a costillas de los turcos; para que la protesta por el asesinato de el de la mulita no dejara lugar a dudas, había que echar abajo el edificio... —Deslenguado, vea que nos pueden oír. ¡Cállese, por Dios! Eso no es cierto...

Aquel miedo que invoca a Dios como último recurso del pueblo y su resignación encarnada en el hombre de fe, se complementa con la imagen que presencia el estudiante al llegar a su hogar y ver a su madre suplicando con rosario en mano y de forma reverencial, producto de este purgatorio mundano.

El estudiante llegó a su casa, situada al final de una calle sin salida y, al abrir la puerta, cortada por las tosecitas de la servidumbre que se preparaba a responder la letanía, oyó la voz de su madre que llevaba el rosario: —Por los agonizantes y caminantes... Porque reine la paz entre los Príncipes Cristianos... Por los que sufren persecución de justicia... Por los enemigos de la fe católica... Por las necesidades sin remedio de la Santa Iglesia y nuestras necesidades... Por las benditas ánimas del Santo Purgatorio...

Efecto dogmático e ideológico, que impone el poder vigilante del Oscuro Dios Terrenal. Ante semejante callejón sin salida, el único paliativo seguro para los ignorantes habitantes de la periferia, es la piedad muda y etérea del otro Dios.

Autor:
Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

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Vg.



Se puede, en toda devastación común, por mucho que los carteles lo prohíban y los agentes del orden así lo dispongan, palpar el sentido interno y genuino brillo de la creación; esa brecha límite y delicada que nos impulsa desde la herida. Ella nos consume y da cuerda (como un burdo respirador artificial), aunque sea por unas cuantas horas más.


Allí, durmiendo sobre la cicatriz impuesta y oficial cordón, pace la actitud de abjurador, el irónico aprecio a las formas, la heteroglosia capaz de sintetizarse y en mi particular afán, esa vocación por el sonido (verso amparado por el desconcertante poder del ritmo) tal como Borges, en su filológica obsesión con el ALEPH o Rothko, queriendo desnudar el delirante misterio del rojo y es que ante el espejo, descreo

de este mono parlanchín, la funcional dialéctica y el imperio de la sintaxis coordinada. La suma ya no congrega mi pasión y en el fondo, muy al fondo de esta poza confusa, sincero intuyo, que debe haber algo más o mejor aun, NADA, donde antes creímos despuntaba una magnánima estructura de rascacielos definiendo la herida, el respirador, mi propia voz y silencio; con un patentado signo, el de todos, que en concreto, no son más que eso. Un vano ser.


Autor: Daniel Rojas.


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"Nada existe todo es posible"



Por qué abracé el existencialismo. Por mi incapacidad inmanente para creer en sistemas e ideas ficcionales de hombres que me son ajenos. Dialécticas y lógicas, que fueron diseñadas bajo el sustento de un lenguaje arbitrario, convencional y relativo, por ello, antes de creer en algo, ciegamente o de mala fe, elegí libre y responsable, descreer en todo y por tanto, diseñar un método, cuyo núcleo es la nada, el absurdo irracional y que al no creer y afirmar, permite la posibilidad de todo, su propia síntesis y contradicción así como albergar el resto de ficciones, incluidos los alucinados y dictatoriales dogmas y teoremas de esos locos griegos y exacerbados europeos.

"Nada existe todo es posible"

Autor Daniel Rojas Pachas.

Daniel Rojas. escritor chileno, poeta arica, poeta ariqueño, delusión, música histórica, daniel rojas pachas,



Somatismo por Daniel Rojas P.






Sobre el “Somatismo o movimiento somático” y la necesidad de ser en movimiento.




Soma: totalidad de la materia corporal de un organismo vivo / adjetivo ambiguo utilizado para describir lo indescriptible.





La existencia es una sola, una nada universal compuesta de múltiples nadas, entes vivientes entre los cuales se encuentra la realidad humana esa nada capaz de captarse a si misma y a su entorno, por tanto ella además de ser una nada (necesidad vital, posibilidad infinita) carga con la necesidad de ser, una conciencia (necesidad de conocimiento, de verdad / capaz de captarse a si misma y definirse luego del impulso vital; absurdo y sin sentido). Sin embargo la realidad humana en el predominio de este ultimo componente ha olvidado el origen de dicha capacidad, se ha entronizado por encima de las otras existencias y la razón, su razón. Un simple instrumento o consecuencia de nuestro vitalismo, se ha impuesto más allá de su principio sin márgenes y límites, procurando encerrar en un feudo seguro, el sin sentido inherente.



En esa tarea lógica y racionalista hemos descuidado la propia sujeción, que como nada y ser, tenemos a la nada universal, ese componente vital indefinible, libre de toda esencialidad, caótico, irracional e irreductible cuya única esencia es la existencia misma, o sea la vida con todo lo que esta conlleva.


El somatismo en tal medida, como prolongación del cinismo de Diógenes, el empirismo de Hume, el nihilismo Nietzscheano, el existencialismo francés, la critica postmodernista y el pragmatismo norteamericano, busca recavar en las más potentes y fecundas líneas del pensamiento humano y configurar desestructuras y formas potenciales de creación y actuar, dotadas de miradas periféricas pero presentes en el devenir pese a su escamoteo y elusión.




Omisiones privilegiadas por la realidad ficcional que aceptamos en virtud de la doxa y el control o disciplina como oficial e inamovible. Imposibilidades de tipo artificial que no sólo podemos sino que estamos llamados a remover y sin lugar a duda mutar y encauzar desde el conspicuo yo al solidario nosotros (ínter subjetividad) Al desmitificar los iconos, símbolos y en última medida, los discursos culturales de mesura, moral, cortesía y autoridad, aceptando a la par del orden, el otro orden, la violencia innata, la ambigüedad de los géneros y dogmas, la escatología, el caos de las decisiones, la frustración, la ironía y cinismo, la imposibilidad de la comunicación, el dilema de la alteridad interna y externa y en el caso máximo de la realidad humana, que cómodamente abrazamos o dejamos de mala fe nos aplaste, podemos señalar las posibilidad libre y rizomática que acepta su nada, su sin sentido y absurdo enajenando la conciencia y sus objeciones de cualquier esencialidad o represión, configurándose en tal medida como una poderosa fuente vital que consciente de su angustiosa libertad desamparo y precariedad o finitud, podrá darse un sentido univoco y personal en la única antinomia veraz y no por eso reductible pero si perceptible en un intuitivismo de autocomprensión. La de nada y ser que se libra para si hasta la imposibilidad posible. Correlato de la nada, de la eterna indeterminación que pone fin a cualquier momentáneo y fugaz definir.




La barrera a destronar, será nuestro devenir histórico (progresión del inconsciente colectivo perpetuación de la existencia y vitalismo, en forma de esencialidades, labor realizada por el componente de la realidad humana que requiere ser y que por tanto al someter ideológicamente al universo construye realidades oficiales y verticales, siendo la más determinante de estas, la del hombre, situado claro entre otras categorías, roles y jerarquías)




Dichas jerarquías son producto de ese quehacer con que hemos derribado y erigido estructuras, esquemas de poder orden y control que nos atraviesan y dividen (ocurre esto al sacramentalizar y mitificar necesidades priorizadas por encima del autoconocimiento) de esta manera insistimos en que por miedo al componente ilógico, se han modificado las condiciones que rodean la existencia, dotando a numerosas esencialidades de espíritu, fuerza coercitiva y voz.




Sin embargo hay que recalcar que la existencia pese al descrédito de las sociedades y demás arbitrariedades del hombre, no se ve afectada por esta más que en la constitución de este planeta y en la preservación y lamentable pervivencia que hemos dado a otras nadas o entes vitales como los animales, las plantas y en general el completo ecosistema, empero más allá de cualquier componente ecológico, visión esencial del hombre para retomar parte física del componente vital que compone la vastedad de la nada universal.




Las disposiciones irreductibles de la nada incluyen en su continuo caos y movimiento, la destrucción de este minúsculo planeta que en nada afecta a la nada (el uni-verso). El mayor perjudicado al sostener guerras hambrunas o carreras armamentistas es la propia realidad humana y su entorno mediato. La inmediatez e infinitud mantienen incólume a la potencia universal. Ante lo cual podríamos aseverar incluso que la conciencia autodestructiva o inconciencia del hombre que atenta contra su propia existencia, es sólo parte del caos pleno e irracionalidad que también forma parte de esa existencia plena o nada universal que todo abarca y todo define en su indefinibilidad y movimiento. O sea el soma en su predominio hasta que el tiempo somático apague sin razón tal como comenzó, su voz y luz…




Daniel Rojas Pachas

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Fragmento del manifiesto nadaísta.


V. El texto nadaísta

“No amo las letras, no me dicen nada,

amo la vida vida que cual nada

se erige hermosa en luz que es también nada,

hermosa por ser luz y por ser nada.”

Francisco Pino ( Antisalmos )






Un texto nadaísta expresa la Nada a través de la tensión entre sus elementos, ya sean estos palabras, frases, espacios, formas, conceptos etc. Encaja en está idea la concepción de la poesía como la tensión entre dos palabras, propuesta por Octavio Paz.



La contradicción, la paradoja, la ironía, el juego y la desestructuración del lenguaje son habituales en los textos nadaístas.



Si la literatura nadaísta se caracteriza por algo en concreto, es por no tener una forma definida. La forma debe surgir de la idea (Vicente Huidobro). Una idea nadaísta conducirá inevitablemente a un estilo extremo y personal, sea éste minimalista o ruidista. No existe una idea unívoca de nadaísmo. En él se da tanto la modalidad gesticulante y estruendosa de los futuristas como la aparentemente opuesta contención y silencio que manifiesta la práctica literaria del haiku.



La obra poética tenderá al contacto centelleante con la Nada. Esa Nada será aprehendida por la sensación y la intuición, pero no será posible transmitirla sin el intelecto. La literatura debe ser el trabajo, la forja de esa materia bruta de por sí inservible.


La literatura también debe ser como la embriaguez: provocar reacciones en uno mismo y en los demás, dar asco o agradar, infamar, divertir, seducir… hasta perder la consciencia; y todo ello es lícito por medio de la impostura. En tanto que artificio, la literatura es impostura. Trabaja sobre una verdad o realidad construida, aunque parta de lo real. Siempre partir de lo real y no quedarse en ello. El nadaísmo rechaza toda manifestación de la llamada poesía de la experiencia, así como de lo social (trascendido puede ser fantástico como un film de Kusturica) o de todo tipo de realismo prosaico. La experiencia individual no trascendida es banal e impide el proceso nadaísta de lo eterno. Los objetos deben transmitir la Nada; no se debe tapar la Nada con objetos.



El nadaísmo del texto empieza a hacerse físico (hablamos otra vez de lo formal y no del contenido) con Mallarmé, el Satie de las letras. Al leer Valéry su libro Un coup de dès, habló de que su “vista entraba en contacto con los silencios que se habían materializado” y contemplaba “seres enteramente rodeados de su nada hecha sensible”. La poesía concreta y la visual derivarán de este principio, así como del objeto duchampiano, superación del texto como único formato posible para la poesía. En su forma expresan la idea del nadaísmo, pero no por ello son siempre paradigmas del movimiento. Como hemos apuntado antes, el nadaísmo no entiende sólo de estructuras.


Son nadaístas los aforismos de Ciorán, el nihilismo místico de Ekhart, las puertas cerradas de Sartre, el paraíso terrenal de Thomas Traherne, Lo innombrable en Beckett, los procesos de Kafka, los andenes de Benjamín Jarnés, las reflexiones de Chuang Tse, los haiku de Issa, la soledad sonora de San Juan de la Cruz, el miedo de Al Berto, las greguerías de Gómez de la Serna, los lingüistijuegos de Joyce, los infiernos de todos, el aspaviento de la materia en Ungaretti, el “troppo mare” de Pavese, la síntesis de Pignatari, las formas concretas de Haroldo de Campos, la aglutinación postista, las piedras de Melo e Castro, la otredad de Unamuno, también el otro, los amantes de Cortázar, la atemporalidad cabalística de Borges, la patafísica de Jarry, la euforia ruidista de la poesía fonética, el ajedrez, los rinocerontes de Ionesco, las frustraciones de Roussel, etcétera, pero sobre todo el cinismo de Diógenes y de los que no escriben la Nada más que con su propia vida…



Kafka




Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde.

—Es posible —dice el guardián—, pero ahora, no.

Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice:

—Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero.

El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo —hasta lo más valioso— en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo:

—Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo.

Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse.

El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino.

—¿Qué quieres saber ahora? –pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos buscan la Ley –dice el hombre—. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella?

El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras.

—Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente. Ahora cerraré.






Aurora (Fragmentos)


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Nietzsche

LAS PALABRAS NOS OBSTACULIZAN EL CAMINO . Siempre que los hombres de las primeras épocas introducían una palabra creían haber realizado un descubrimiento, haber resuelto un problema. ¡Qué error el suyo! Lo que habían hecho era plantear un problema y levantar un obstáculo que dificultaba su solución. Ahora, para llegar al conocimiento, hay que ir tropezando con palabras que se han hecho duras y eternas como piedras, hasta el punto de que es más difícil que nos rompamos una pierna al tropezar con ellas que romper una palabra.


EL ORIGEN DE LAS RELIGIONES . ¿Cómo es posible que alguien considere como una revelación lo que no es más que su propia opinión sobre las cosas? Pues éste es el problema del origen de las religiones: que siempre ha habido un individuo en el que podía darse este fenómeno. La primera condición es que creyera previamente en las revelaciones. Un buen día, le asalta de pronto una nueva idea, su idea, y lo que tiene de embriagador toda gran hipótesis personal que afecte a la existencia y al mundo entero, penetra con tanta fuerza en su conciencia, que no se atreve a pensar que él es el creador de semejante beatitud, y atribuye la causa y el origen de su pensamiento a su Dios, a una revelación de ese Dios. ¿Cómo va a ser un hombre el causante de una felicidad tan enorme? Se pregunta con una duda pesimista. Pero hay, además, otros impulsos que actúan en secreto: por ejemplo, se refuerza ante sí una opinión sintiéndola como revelación, borra su carácter hipotético, la sustrae a la crítica, a la duda incluso, la hace sagrada. [...]


La Autoridad.



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Por Manuel González Prada, Anarquía


Según los antiguos, el poderoso Zeus, al arrebatarle la libertad a un hombre, le quitaba la mitad de su virtud. Muy bien: perdemos lo más grande y lo mejor de nuestro ser al sufrir el oprobio de la esclavitud; pero ¿qué ganamos desde el instante que ascendemos al rango de autoridad? Cojamos al ente más inofensivo, otorguémosle la más diminuta fracción de mando, y veremos que instantáneamente, como herido por una vara mágica, se transforma en un déspota insolente y agresivo.

Pocos, poquísimos hombres conservan en el mando las virtudes que revelan en la vida privada. La piedra de toque para valorizar a un alma no debemos buscarla en el infortunio sino en el poder: encumbremos al justo, y en la cima le descubriremos imperfecciones que no le notábamos en el llano.

Nada corrompe ni malea tanto como el ejercicio de la autoridad, por momentánea y reducida que sea. ¿Hay algo más odioso que un niño vigilando a sus condiscípulos, que un sirviente haciendo el papel de mayordomo, que un jornalero desempeñando el oficio de caporal, que un presidiario convirtiéndose en guardián de sus compañeros? Si alguacil, si nada más que sustituto de alguacil pudiéramos nombrar al inerme gusano, al punto lograríamos metamorfosearle en víbora.

Preguntaba un viejo yanqui a un inmigrante recién desembarcado en Nueva York:

-¿Es usted republicano?

-No; yo no soy republicano.

-¿Es usted demócrata?

-No; yo no soy demócrata.

-¿Entonces ... ?

-Soy de la oposición; siempre contra el Gobierno.

Este dialoguillo resume los sentimientos de un alma libre, rechazando el principio de autoridad y declarándole guerra donde le encuentra. (Ojalá todos pensaran como él!

Porque, si en opinión de los fanáticos, el principio de la sabiduría es el temor de Jehovah, en concepto de los hombres libres la cordura de un pueblo estriba en el menosprecio a la autoridad. Eso que llaman desacato y lesa majestad carece de sentido para gentes emancipadas, sólo tiene significación para el enjambre de palaciegos y cortesanos.

(Qué náuseas sentiríamos si conociéramos el número de crímenes y bajezas que simbolizan la banda de un presidente, la mitra de un obispo, la medalla de un magistrado y las charreteras de un general! (Cuántas genuflexiones y curvaturas! (Cuántos empeños y chismes! (Cuántos perjurios y cohechos! (Cuántas prostituciones de las madres, de las hermanas, de las esposas y de las hijas! A mayor encumbramiento, mayor ignominia, pues hubo que arrastrarse más para subir más alto.


Las muchedumbres no deben alucinarse con títulos pomposos ni dejarse deslumbrar con uniformes o vestiduras churriguerescas. Se hallan en la obligación de repetirse noche y día que el mando no implica superioridad sobre la obediencia, que la blusa del jornalero no tiene por qué humillarse al frac del Presidente. Si cabe alguna diferencia entre el Jefe Supremo y el simple ciudadano, ella redunda en honor del segundo: el ciudadano paga; el Jefe Supremo recibe la remuneración: uno es el amo; el otro es el doméstico. Los pequeños y los grandes dignatarios de la nación no pasan de lacayos más o menos serviles; todo uniforme es librea, como todo sueldo es propina.


Odiemos, pues, a las autoridades por la única razón de serlo: con el solo hecho de solicitar o ejercer mando, se denuncia la perversidad en los instintos. El que se figura tener alma de rey, posee corazón de esclavo; el que piensa haber sido creado para el señorío, nació para la servidumbre. El hombre verdaderamente bueno y libre no pretende mandar ni quiere obedecer: como no acepta la humillación de reconocer amos ni señores, rechaza la iniquidad de poseer esclavos y siervos.

(1904)







el existencialismo es un humanismo (fragmento)


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Quisiera defender aquí el existencialismo de una serie de reproches que se le han formulado.
En primer lugar, se le ha reprochado el invitar a las gentes a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible y desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa. éstos son sobre todo los reproches de los comunistas.
Se nos ha reprochado, por otra parte, que subrayamos la ignominia humana, que mostramos en todas las cosas lo sórdido, lo turbio, lo viscoso, y que desatendemos cierto número de bellezas risueñas, el lado luminoso de la naturaleza humana; por ejemplo, según Mlle. Mercier, crítica católica, que hemos olvidado la sonrisa del niño. Los unos y los otros nos reprochaban que hemos faltado a la solidaridad humana, que consideramos que el hombre está aislado, en gran parte, además, porque partimos —dicen los comunistas— de la subjetividad pura, por lo tanto del “yo pienso” cartesiano, y por lo tanto del momento en que el hombre se capta en su soledad, lo que nos haría incapaces, en consecuencia, de volver a la solidaridad con los hombres que están fuera del yo, y que no puedo captar en el cogito.
Y del lado cristiano, se nos reprocha que negamos la realidad y la seriedad de las empresas humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la eternidad, no queda más que la estricta gratuidad, pudiendo cada uno hacer lo que quiere y siendo incapaz, desde su punto de vista, de condenar los puntos de vista y los actos de los demás.
A estos diferentes reproches trato de responder hoy; por eso he titulado esta pequeña exposición: El existencialismo es un humanismo. Muchos podrán extrañarse de que se hable aquí de humanismo. Trataremos de ver en qué sentido lo entendemos. En todo caso, lo que podemos decir desde el principio es que entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana. El reproche esencial que nos hacen, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana. Una señora de la que me acaban de hablar, cuando por nerviosidad deja escapar una palabra vulgar, dice excusándose: creo que me estoy poniendo existencialista. En consecuencia, se asimila fealdad a existencialismo; por eso se declara que somos naturalistas; y si lo somos, resulta extraño que asustemos, que escandalicemos mucho más de lo que el naturalismo propiamente dicho asusta e indigna hoy día. Hay quien se traga perfectamente una novela de Zola como La tierra, y no puede leer sin asco una novela existencialista; hay quien utiliza la sabiduría de los pueblos —que es bien triste— y nos encuentra más tristes todavía. No obstante, ¿hay algo más desengañado que decir “la caridad bien entendida empieza por casa”, o bien “al villano con la vara del avellano”? Conocemos los lugares comunes que se pueden utilizar en este punto y que muestran siempre la misma cosa: no hay que luchar contra los poderes establecidos, no hay que luchar contra la fuerza, no hay que pretender salir de la propia condición, toda acción que no se inserta en una tradición es romanticismo, toda tentativa que no se apoya en una experiencia probada está condenada al fracaso; y la experiencia muestra que los hombres van siempre hacia lo bajo, que se necesitan cuerpos sólidos para mantenerlos: si no, tenemos la anarquía. Sin embargo, son las gentes que repiten estos tristes proverbios, las gentes que dicen: “qué humano” cada vez que se les muestra un acto más o menos repugnante, las gentes que se alimentan de canciones realistas, son ésas las gentes que reprochan al existencialismo ser demasiado sombrío, y a tal punto que me pregunto si el cargo que le hacen es, no de pesimismo, sino más bien de optimismo. En el fondo, lo que asusta en la doctrina que voy a tratar de exponer ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre?

autor: Jean Paul Sartre.

postdata sobre las sociedades de control




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I. Historia

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos obreros: “me pareció ver a unos condenados...”. Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales. Pero lo que Foucault también sabía era la brevedad del modelo: sucedía a las sociedades de soberanía, cuyo objetivo y funciones eran muy otros (recaudar más que organizar la producción, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición se hizo progresivamente, y Napoleón parecía operar la gran conversión de una sociedad a otra. Pero las disciplinas a su vez sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser.

Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.

“Control” es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próximo. Paul Virilio no deja de analizar las formas ultrarrápidas de control al aire libre, que reemplazan a las viejas disciplinas que operan en la duración de un sistema cerrado. No se trata de invocar las producciones farmacéuticas extraordinarias, las formaciones nucleares, las manipulaciones genéticas, aunque estén destinadas a intervenir en el nuevo proceso. No se trata de preguntar cuál régimen es más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres. Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros. No se trata de temer o de esperar, sino de buscar nuevas armas.


II. Lógica

Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común de todos esos lugares existe, pero es analógico . Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables, que forman un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es numérico (lo cual no necesariamente significa binario). Los encierros son moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones, como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento al otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro. Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del “salario al mérito” no ha dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa.

En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades disciplinarias (entre dos encierros), la moratoria ilimitada de las sociedades de control (en variación continua), son dos modos de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa . Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo (Foucault veía el origen de esa doble preocupación en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada uno de los animales- pero el poder civil se haría, a su vez, “pastor” laico, con otros medios). En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseñ a, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en “ dividuos ”, y las masas, en muestras, datos, mercados o bancos . Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El viejo topo monetario es el animal de los lugares de encierro, pero la serpiente es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, en el régimen en el que vivimos, pero también en nuestra forma de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de las disciplinas era un productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un haz continuo. Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes .

Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del siglo XIX es de concentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja de los costos de producción. Pero, en la situación actual, el capitalismo ya no se basa en la producción, que relega frecuentemente a la periferia del tercer mundo, incluso bajo las formas complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que sólo tiene administradores. Incluso el arte ha abandonado los lugares cerrados para entrar en los circuitos abiertos de la banca. Las conquistas de mercado se hacen por temas de control y no ya por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más aún que por baja de costos, por transformación del producto más que por especialización de producción. El servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos.


III. Programa

No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.

El estudio socio-técnico de los mecanismos de control, captados en su aurora, debería ser categorial y describir lo que está instalándose en vez de los espacios de encierro disciplinarios, cuya crisis todos anuncian. Puede ser que viejos medios, tomados de las sociedades de soberanía, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones : la búsqueda de penas de “sustitución”, al menos para la pequeña delincuencia, y la utilización de collares electrónicos que imponen al condenado la obligación de quedarse en su casa a determinadas horas. En el régimen de las escuelas : las formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigación en la Universidad, la introducción de la “empresa” en todos los niveles de escolaridad. En el régimen de los hospitales : la nueva medicina “sin médico ni enfermo” que diferencia a los enfermos potenciales y las personas de riesgo, que no muestra, como se suele decir, un progreso hacia la individualización, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por la cifra de una materia “dividual” que debe ser controlada. En el régimen de la empresa : los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no pasan por la vieja forma-fábrica. Son ejemplos bastante ligeros, pero que permitirían comprender mejor lo que se entiende por crisis de las instituciones, es decir la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación. Una de las preguntas más importantes concierne a la ineptitud de los sindicatos: vinculados durante toda su historia a la lucha contra las disciplinas o en los lugares de encierro (¿podrán adaptarse o dejarán su lugar a nuevas formas de resistencia contra las sociedades de control?). ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera.



autor: Gillez Deleuze.

Franz Kafka un visionario de las sociedades de control.




La imagen “http://media.ohlog.com/carrollera_k.jpg” no puede mostrarse, porque contiene errores. Desde su tiempo, previo a lo que seria el holocausto y las guerras mundiales, este novelista Checo que nos ha sorprendido no tan sólo por la profundidad de su obras sino por su ávido y desenfadado interés por mantener el anonimato, logro adelantarse prefigurando lo que serian las sociedades actuales o como Gilles Deleuze prefiere llamarlas, de control en oposición y como sucesor al orden previo que Foucault, otro teórico francés posmodernista definió a partir de Napoleón como mundo disciplinario. Y es que independiente de que el tiempo actual de Kafka y el inmediatamente posterior a su deceso, digamos los cuarenta años siguientes, estuviese enmarcado dentro de los rasgos de sociedades de disciplina en las que los administradores de justicia y orden dirigían la fuerza de sus poderes coercitivos a fin de gravar el cuerpo procurando el encierro, el adoctrinamiento en campos de concentración, clínicas o recintos militares bajo la modalidad del castigo físico, la enseñanza conductista, la lobotomía y en términos mas políticamente correctos y aceptados por la comunidad, en forma de educación con el examen y la superación de estadios que

midieran la capacidad para pasar a centros de reclusión menos constrictivos, del colegio a la universidad o milicia y desde allí al trabajo, Kafka no halló límite para su visión, estancándose con lo meramente pre-concebido o experimentado. Consiguiendo proyectar su inquietud y adelantarse al próximo paso, detallando un camino cegado para sus contemporáneos e incluso me atrevería a decir sucesores.

Las vías que la tiranía gregaria y masificante fraguan para el individuo, no fueron un secreto al interior de su inquietud artística. En su trabajo somos testigos directos de la perdida de la conciencia, el control constante que te sume en la ignorancia de sus medios y fines pero con el cual debes convivir para poder desenvolverte con libertad. Tal es el caso de Joseph K que se resiste a seguir la ruta que el proceso le impone, sesiones denigrantes ante tribunales montados, un abogado inútil, honorables jueces y estudiantes que hacen gala de su desviación, los consejos de un vasallo como Titorelli que vende su talento y recoge murmullos de poderosos que solo alimentan su ego y fastuosidad y como núcleo del cóctel destructivo la aceptación de una culpabilidad que se le impone y que sólo se presume sin posibilidad de ser refutada pues desconoce los principios que lo juzgan y condenan.

Kafka expone la impotencia y futilidad del hombre moderno ante una fuerza invisible y avasallante cual hidra a la que decapitas para impávido ver como las cabezas a afrontar se multiplican. La metáfora del monstruo mitológico se aplica con exactitud a sus enemigos, pues son millones de rostros que llevan el mensaje de un centro neurálgico al que temen y respetan pero al cual ni siquiera conocen.
Sin ir más lejos el ejemplo idílico es nuestra condición de neonatos marcada por expectativas y regulaciones previas a nosotros mismos. Las leyes civiles tanto como el lenguaje, instrumento esencialista por antonomasia y que determina nuestra lógica; nos es impuesto y debemos trabajar y educarnos bajo sus directrices para poder acceder según dicen, libres, a mayores beneficios de esa regulación o en un sentido opuesto pero necesario, apartándonos de los perjuicios que esta prescribe. Se trata en tal caso de una libertad con centros y márgenes preestablecidos que te están vedados y los cuales debes evitar o aceptar con sumisión. Por otro lado, el castigo de indagar sobre ellos, es desaparecer, caer a manos de los verdugos que también son parte de la ley pero nunca de la justicia, pues acá no hablamos de un problema axiológico, sino positivo, de codificación, por tanto es mejor un cómodo y democrático vasallaje.

Son estos los sistemas actuales, que ya no buscan adoctrinar a fuerza de garrotes y amenazas, sino haciéndote consciente de que estas mejor dentro, siendo un precario usuario con ciertas garantías que abandonado y proscrito. Pues fuera del control esta el mundo de la barbarie, el anonimato en el cual conviven sistemas arcaicos propios del tercer mundo o de naciones flotantes y segregadas como lo son las grandes comunidades de obreros que operan en la ilegalidad o dentro del régimen de advenedizos en alguna potencia.

Actualmente vivimos la crisis con el auge de los tratados de libre comercio, las interminables ofertas de crédito y especialización, lo cual no ocurre en Europa y Norteamérica. Metrópolis donde ya han sido implantadas las redes de control pues de allí surge hoy en día el orden occidental.
No queda duda entonces que en el grueso de sus obras y con la critica incisiva que da a los sistemas burgueses y por supuesto a la principal arma de estos sistemas la ley y la burocracia Kafka fija lo que serán nuestros días, ello lo define como un visionario adelantado casi 80 años a su tiempo, pues sus pesadillas son los que actualmente vemos en operación, mecanismos incipientes en Latinoamérica, al menos en su completa masificación.

Detallemos ahora la forma en que el surgimiento de este sistema, provoca la crisis de las antiguas instituciones, la caída de estas es un síntoma del proceso general en que estamos inmersos. El Colegio y su incapacidad de ajustarse a las nuevas tecnologías, las brechas generacionales, profesores añejos que mantienen obsoletas cátedras mas allá de su vigencia como profesionales debido a las míseras pensiones y seguros tras la jubilación, las cárceles hacinadas y el sistema judicial abarrotado de causas, la corrupción de las fuerzas armadas y los sindicatos incapaces de responder a la tensión necesaria con empresas que han optado por contratar jornaleros o simplemente manufacturar en países de informal regulación laboral, sometidas al sistema anterior o en proceso de reforma por lo cual aun mantienen altas tasas de cesantía y población en condiciones de lumpen proletariado.

De tal forma las principales instituciones sociales, al menos tal como las conocemos están ante el auge tecnocrático impuesto por las nuevas formas ya no de producción sino de consumo y redistribución, condenadas a desaparecer, ser remanentes proscritos o periféricos del gran centro.

Las fronteras son también elementos del pasado, ante ellas surge un nuevo tipo de nación con ingresos superiores al per-capita de países pequeños, los conglomerados económicos, IBM, Microsoft. Warner, etc, ellas exigen nuevos tipos de legislación a los países debido a que tienen propiedades a lo largo del globo y con múltiples cabezas, consejos, accionistas y ya no concentrados en el interés de un solo propietario. El hecho mismo de que tengan una diversidad de inversiones y casas matrices hace más compleja la desmantelación o sabotaje que antes operaba destruyendo un único eje central, la flexibilidad es un elemento característico del nuevo mundo y los medios de comunicación debido a su alcance y persuasión se han convertido en una herramienta totalitaria para ese espíritu concensuado que es la empresa. Como en 1984 de Orwell se busca la opinión inmediata que evita el verdadero proceso, el que nuestras mentes deben hacer al leer la realidad e interpretarla, se busca la sintetización de todo esfuerzo intelectivo, que este sea remplazado por un mensaje directo y sin filtros, de preferencia con signos sencillos o imágenes.

Kafka da el primer genuino vislumbramiento del sistema empresarial, del capitalismo que ya no desea esclavos u operarios sino autómatas dependientes del sistema, inmersos en libertades restringidas de antemano, seres que operen ideologizados por la necesidad de pertenencia y viabilidad, un hombre crédito, que requiere de un password, de un constante perfeccionamiento en los sistemas de educación para poder ser competitivo un hombre que no protesta o que cuando lo hace, actúa dentro del circulo que el mismo sistema le ha dado para su desahogo. La muerte de k, en esa medida es un acto simbólico, es la muerte de la conciencia y el comienzo del proceso que procesa la vida y el conocimiento para nosotros. Kafka ya nos mostró la pesadilla y las fauces del Leviatán esta en nosotros ahora la tarea de despertar.


Autor del texto y video: Daniel Rojas P.
"Carrollera"

Título: Kafka Nightmare
Música: Omar Rodriguez Lopez, A Dressing Failure
CARROLLERA VIDEOS





El "ser" consecuente...

El ser consecuente es una afirmación bastante paradójica a mi parecer y esto por que la idea nace con el germen de su propia destrucción incluido, es así en la medida que el concepto de "consecuencia" esta determinado por el verbo rector ser (pongan atención en el hecho que destaque la palabra determinación) y eso no es casualidad pues para hablar de consecuencia en los actos de un hombre (ser) debemos hablar primero del constituir qué guía esos actos en el tiempo o sea del ser a secas y cómo este llega a definirse o determinarse para luego hablar ya con propiedad de una prosecución de ese ser que puede mantenerse prolongando su similitud en el tiempo u oponerse en busca de una nueva determinación… Se que suena a trabalenguas pero e ahí el problema en cuestión por ejemplo ¿Qué ocurre si ese ser se falsea a si mismo?, si nunca accede con voluntad, consciencia y libertad a su constituir, si sólo es una mera representación o reflejo de una voluntad que se le impone por medio de alteridades externas que lo subyugan, alejándolo de la autodeterminación y el libre proseguir, o sea si atendemos a ideales absolutos en un claro platonismo que divide al mundo en realidades inteligibles y rectoras y realidades sensibles que deben ajustarse al orden de las primeras o sea, verdades ulteriores como patria, sociedad, civilización, religión, Dios o economía, ese ser se vuelve una marioneta o instrumento de un concepto valórico o una suma de axiomas y por ende se halla falseado de si mismo; alienado en principio y por tanto consecuente sólo con lo ajeno; con las ideas que lo rigen.

Entonces estamos ante un ser falsamente consecuente, que lo único que permite es la consecuencia y perpetuidad de ideas que lo niegan. Parafraseando a Hegel en un sentido inverso, nos hallamos ante un hombre alienado por la idea, y no una idea absoluta representada a medias por una realidad imperfecta. La dialéctica en el universo humano es por tanto inversa a la planteada por este filósofo. Lo principal es el ser biológico "existencia material" y la idea, cualquier constructo derivado de su evolución racional, lo secundario lo cultural en otras palabras. El problema ocurre cuando estas ideas se superponen a su existencia como esencialidad absoluta. En tales casos, se niega al verdadero ser, matando a lo biológico, absurdo, caótico y natural.

Y es que nuestra filosofía occidental le debe demasiado a Hegel y por ello estamos ante una ontología idealista, dominada por las instituciones y el organicismo colectivo, alejados del ser verdadero e inmanente; el que en sentido opuesto se podría constituir pero con relatividad y de esa manera, no tendría por que la humanidad entera abrazar servilmente
el esplendor griego socrático-platónico; y ser consecuentes simplemente con la negación del "yo" a favor del abstracto "ellos" o en el mejor de los casos ponderando el ingenuo "nosotros".

Entonces de que podemos hablar hoy como especie, como realidad humana, según creo, solo nos poemos remitir a una consecuencia decadente como alineación y destrucción del sensible yo. Consecuencia única a la que el hombre podrá aspirar sino conquista grandes terrenos, volviéndose arquitecto de su propia moral, legislador y dueño de su destino y porvenir y en un caso más extremo y lapidario, si no alcanza jamás el dominio de su propia lengua, la cual le es ajena desde su origen, con todo lo que semejante arbitrio conlleva.


Paz yo me borro…
DANIEL ROJAS PACHAS.

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