disgresiones (narrativa)

Cállense viejos de mierda [escrito por Daniel Rojas Pachas]

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Cállense viejos de mierda [escrito por Daniel Rojas Pachas]


de “ficciones demasiado reales para ser ciertas…”



...hoy pasé por una supuesta actividad de escritores, la novela que presentaban era lo de menos en aquel sitio… no puedo decir mucho del texto pues no lo leo todavía… de cualquier modo espero hacerlo pronto para poder decir algo acerca de su posible aporte. Eso sí… “de forma menos mierdosa y simplista que lo hecho por ese viejo que pusieron de comentarista del lanzamiento y que tienen en mi universidad como disque baluarte académico”… Sólo porque vale seis puntos para la acreditación aunque viva desde hace diez años amparado por la fantasía del alzheimer.


Fue lobotomizante escucharlo… veinte minutos, quizá más… disparando apologías condescendientes que nos hablan de la metáfora y la autonomía de la palabra, del contexto y lo identitario, eso es lo más básico a lo que se puede apelar cuando no hay nada interesante que decir sobre un libro... “creo que de plano el abuelo no leyó el texto” así que no vale la pena hablar de interpretación, lo único que hizo el muy imbécil fue contar detalles de la historia y relacionarlos con opiniones buena onda sobre la crisis económica y la perdida de la moral en los jóvenes dentro de una sociedad neoliberal… tan entretenido como charlar con el barómetro de la contingencia nacional… El colectivero que me llevo de regreso a casa me dio una mejor lectura de la caída de la bolsa.


De verdad… como acto, porque de eso se trataba… un acto formal, rígido… anal y ritualista, faltó que nos obligaran a cantar el himno, lo cual no es de extrañar en algunos eventos literarios… En esta ciudad de mierda aún se estila. Ese oficialismo culiado me patea, trato de verlo como una retorcida performance, como un chiste demente al que te arrastran de las bolas, lo malo es que no termina en un suicidio colectivo, en fin… el sitio lleno de dinosaurios y dandys a destajo era una orgia de aplausos bien intencionados, dirigidos más que a la literatura, a la novela o al autor, al orden, al recato que se espera en tan solemne ceremonia, porque eso es la literatura para ellos, formalismo, etiqueta, rosones y risas graves en un ambiente clínico… un petit bouche que se meten por su retentivo culo… por ello en lugar de compulsivos lectores había una hinchada fervorosa de amigos y familiares. Supongo que eso cuenta… no soy tan asperger como para desconocer el apoyo y cariño o lo que sea que una abuela o primo hermano pueda sentir hacia el idiota de la familia… pero ¿dónde está el público literario? La cagada de lanzamiento sería un hoyo negro si sacamos a los pendejos de mierda jugando con el celular, a la hija o sobrina gótica atracando en el asiento del fondo con un hueva que tomaba fotos pajeras mientras aprovechaba de tomar aire al sacar la lengua de la garganta de la mina y los taitas y el resto de la tribu… y claro… cierto… cómo olvidar a los funcionarios de la municipalidad, al subrogante del gobernador que le cubre el culo al intendente del sheriff del pueblo… (Mierda, no quiero empezar con la digresión sobre la apretada agenda de los burócratas dada a conocer en pleno lanzamiento del libro) Me cago en el deber mesiánico del gobernador ¿por qué tengo que enterarme en un acto literario de cómo el alcalde justificado, saca la vuelta a la pega?… por la rechucha, no podemos aspirar al debate, a la crítica, a un minúsculo y aunque sea amorfo atisbo de espacio cultural libre de llanto y proselitismo…


Este es el arquetipo de lo que se entiende por arte y evento artístico en casa… estamos condenados a un acto de hora u hora y media o dos horas, en que el ochenta por ciento de la actividad se distribuye entre los monólogos y apologías de secretarios, actuarios y comodoros del arte y la cultura… Pero que más da, ahora sé algo más sobre las ideas de Ricardo Lagos y su dedo acerca de los fondos de cultura, sobre la pega del intendente y la infaltable opinión que algún mierdoso del público tira invocando al gran dios salitrero realista mágico al pedo de la narrativa del norte... en fin, mi instinto de supervivencia, mi salud mental, así como mi apretada agenda, (por apretada agenda me refiero a estar en cualquier lugar corriéndome una paja) me obligaron literal y literariamente a salir de allí sin poder escuchar al novelista y quizá tomar un pisco sour del coctel, de todas maneras a esa altura tenía nausea... destaco en todo caso la locuacidad del animador o presentador que puso la muni… todo un Sergio Lagos el hijo de puta ese… Hasta cuándo debemos soportar esta mierda… la literatura está en otra parte, lejos, muy lejos… a años luz de la universidad, de todo lo que huele a timbre, logotipo, decreto… Bien… habrá que esperar tres o cuatro años más para poder asistir a otro lanzamiento de una novela en esta flamante región.


EL COMETA HALLEY por Reinaldo Arenas

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Reinaldo Arenas


Para Miguel Ordoqui
«Nadie puede conocer su fin»
Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba

1

Aquella madrugada de verano de 1891 (sí, de 1891) en que Pepe el Romano huye con la virginidad de Adela, mas no con su cuerpo, todo parece haber terminado de una manera sumamente trágica para las cinco hijas de Bernarda Alba: Adela, la amante de Pepe, colgando de la viga de su cuarto de soltera, Angustias con sus cuarenta años de castidad intactos, y el resto de las hermanas, Magdalena, Amelia y Martirio, también condenadas a la soltería y al claustro.

No sucedieron las cosas, sin embargo, de esa manera. Y si García Lorca dejó la historia trunca y confusa, lo justificamos. Aún más arrebatado —y con razón— que sus propios personajes, se fue detrás de Pepe el Romano, «ese gigante con algo de centauro que respiraba como si fuera un león»... Pocas semanas después (pero ésa es otra historia) el pobre Federico perecía a manos de aquel espléndido truhán, quien luego de desvalijarlo, ay, y sin siquiera primero satisfacerlo (hombre cruelísimo), le cortó la garganta.

Pues bien, mientras Bernarda Alba disponía, con implacable austeridad, los funerales de su hija, las cuatro hermanas, ayudadas por la Poncia, descolgaron a Adela y entre bofetadas, gritos y reproches la resucitaron o, sencillamente, la hicieron volver de su desmayo.

Ya la voz de Bernarda Alba conminaba a las cinco mujeres a que abrieran la puerta, cuando, todas a una, decidieron que, antes de seguir viviendo bajo la égida de aquella vieja temible, era mil veces preferible darse a la fuga. Ayudadas por la Poncia, las cinco hermanas saltaron por la ventana de la casa, saltaron también la tapia y el establo y ya en pleno descampado (bajo una luna —hay que reconocerlo— espléndidamente lorquiana) el hecho de que se sintieran por primera vez libres abolió momentáneamente sus recíprocos rencores. Las cinco hermanas se abrazaron llorando de alegría y no sólo juraron abandonar aquella casa y aquel pueblo, sino toda Andalucía y toda España. Un tramo después las alcanzó la Poncia, a pesar de su cólera, y con un júbilo que tenía por origen no la felicidad de las señoritas sino la caída de Bernarda Alba, les entregó todas las joyas de la casa, sus propios ahorros y hasta la dote reservada para la boda de Angustias. Las muchachas le rogaron que las acompañara. Pero su sitio —respondió ella— no estaba del otro lado del mar, sino junto a la habitación de Bernarda Alba, cuyos gritos de rabia la arrullarían —así dijo— mejor que el mismísimo océano.

Se fueron.

Mientras Federico expiraba insatisfecho, ellas, cantando a veces los versos del poeta moribundo, atravesaron infinitos campos de girasoles, abandonaron Córdoba y Sevilla, se internaron en la Sierra Morena y ya en Cádiz sacaron un pasaje para La Habana, donde llegaron un mes después todavía eufóricas y como rejuvenecidas.

Alquilaron casa en la calle del Obispo, cerca del mar. Y esperaron (demasiado seguras) el arribo de los futuros amantes. Pero con excepción de Adela, ninguna de las otras hermanas parecía tener suerte con los hombres. Angustias se pasaba día y noche junto a la reja de la ventana, pero en vano. Magdalena, larga y treintona, paseaba todas las tardes por El Prado, logrando sólo que un Teniente de Dragones la atropellase con el caballo además de insultarla por obstruir el tráfico. Amelia, con su joroba, no recogía más que burlas y una que otra pedrada propinada por algún negrito del Manglar (por cierto que una noche, varios jovencitos del cuerpo de Voluntarios Españoles intentaron tirarla a los fosos del Castillo de la Fuerza, acusándola de bruja y de haberle faltado el respeto a los soldados del Rey). En cuanto a Martirio, tal vez con la esperanza de que algo se le pegara, no le perdía pie ni pisada a Adela, cuyo vientre aumentaba por días al igual que el número de sus amantes.

Pero aunque las demás hermanas sabían, y se resentían, de la vida amorosa que con tantos éxitos llevaba Adela en La Habana, el escándalo y la condena unánime sólo estallaron cuando ella dio a luz. Veinticinco hombres rotundos (entre ellos seis negros, cuatro mulatos y un chino) reclamaron la paternidad del niño, alegando que el mismo era sietemesino. Las cuatro hermanas, que vieron en el rostro del recién nacido la imagen de Pepe el Romano, no pudieron tolerar aquella ofensa —aquel triunfo— de Adela. La declararon maldita y decidieron abandonarla. También decretaron que el niño no era digno de vivir con una madre tan disoluta, por lo que se lo llevaron, no sin antes bautizarlo en la Catedral con el nombre de José de Alba. Adela lloró con sinceridad, pero allí estaban sus veinticinco pretendientes para consolarla.

Angustias, Magdalena, Amelia y Martirio decidieron establecerse cerca del mar, en un pueblo retirado. Luego de hacer numerosas indagaciones optaron por instalarse en Cárdenas.

El pueblo (ahora lo llaman ciudad) era minúsculo, absolutamente provinciano y aburrido, tan diferente de la calle del Obispo, siempre llena de pregones, carruajes, olores, mujeres, caballos y hombres. Cosas todas que de algún modo las desesperaban, obligándolas a ponerse el mejor traje, las mejores prendas, el mejor perfume, y salir a la calle... Pero en Cárdenas nada de eso era necesario. Las vecinas no se oían, y en cuanto a los hombres, siempre estaban lejos, pescando o trabajando en la tierra.

—Nacer mujer es el mayor de los castigos— dijo en voz alta Angustias cuando terminaron de instalarse en la nueva vivienda.

Y, tácitamente, desde ese mismo instante las cuatro hermanas se prometieron dejar de ser mujer.

Y lo lograron.

La casa se llenó de cortinas oscuras. Ellas mismas se vistieron de negro y, a la manera de su tierra, se encasquetaron cofias grises que no se quitaban ni en los peores días de verano, verano que aquí es infinito. Los cuerpos, sin aspiraciones, se abandonaron al sopor y a la desmesura del trópico, perdiendo las pocas formas que aún tenían. Todas se dedicaron, con pasión bovina y reglamentaria, a la educación del sobrino.

Desde luego, en aquella casa jamás se mencionó el nombre de Adela ni por equivocación. José, o Pepe, era para ellas, y aun para él, el sobrino traído de España luego de la muerte en parto de la madre. La historia era tan verosímil como cualquier otra, y como era además patética, todos, hasta ellas mismas, terminaron creyéndola. También con el tiempo —y ya habían pasado dieciocho años de su llegada a la isla— hasta ellas mismas se olvidaron no sólo de la historia de Adela, sino de la misma Adela. Por lo demás, las nuevas calamidades que hubieron de enfrentar unidas les fueron creando nuevos recuerdos o pesadillas: la guerra de independencia, que a ellas las discriminaba, la hambruna del 97, el nacimiento de una república que, en lugar de instaurar el fin de la guerra, parecía más bien desencadenar incesantes rebeliones. Y como si todo aquello fuera poco, una suerte de insolente populacho —la morralla, lo llamaban ellas— se había instalado por todos los sitios, y de alguna forma (ya las llamaban despectivamente «las monjas españolas») querían que ellas se integrasen a aquella suerte de barahúnda no sólo escandalosa sino también grotesca.

Pero las hermanas Alba se amurallaron aún más en su castidad y también en la próxima vejez, dedicando todos sus esfuerzos al cuidado de su sobrino, quien era ya un bello adolescente, tímido y de pelo ensortijado (como su padre), y que sólo salía a la calle a vender las flores de papel y esperma o los tejidos de punto que sus tías le entregaban.

A pesar de la envidia de algunos, la vida recogida y realmente intachable de las cuatro hermanas adquirió en toda Cárdenas una suerte de distante admiración. «Las monjas españolas» llegaron a ser las mujeres más respetadas del pueblo. Y cuando se quería elogiar en alguna mujer su moralidad, casi siempre se decía «es tan casta como una de las hermanitas Alba». El cura del pueblo (ellas iban siempre a misa acompañadas por su sobrino) las citaba como ejemplo de «tesón y moralidad cristiana». La fama llegó a su apoteosis cuando el párroco las elogió en un sermón un domingo de Pascua. Cierto que Angustias hacía también a veces de sacristana del viejo cura y, acompañada por sus tres hermanas, desempolvaba el altar, barría la iglesia y baldeaba el piso con tanta disciplina que tal parecía que el espíritu de Bernarda Alba la estuviese supervisando. Pero hay que reconocer que aquel trabajo lo hacían ellas no por obligación o por hipocresía, sino por devoción.

Lo único que interrumpía la monótona vida de las cuatro mujeres eran sus visitas dominicales a la orilla del mar. Vestidas de negro hasta los tobillos con sus mejores trajes, con grandes sombrillas también negras, llegaban hasta la costa más bien desolada de Cárdenas y allí, de pie entre la arena y los pedernales, permanecían a veces más de una hora, como extraños y gigantescos cuervos a quienes el incesante batir del mar los hechizase. Antes del oscurecer emprendían el regreso a la casa envueltas en esa luz insólitamente violeta que es atributo exclusivo de aquella región. Entonces parecía como si vinieran de una fiesta. José, sentado en el portal, las esperaba con el producto de la venta que ese día, por ser domingo, era mayor. Ellas entraban en la casa no sin antes mirar con cierto discreto orgullo la pequeña placa (VILLALBA FLORES Y TEJIDOS) que desde hacía años habían colocado junto a la puerta.

Todo parecía indicar que la vida de aquellas mujeres, cada día más devotas y silenciosas, iba a derivar hacia una beatería casi enfermiza donde todos sus movimientos estarían regidos por el toque de las campanas.

También es necesario tomar en cuenta el comportamiento del sobrino. Solitario, tímido, correctamente vestido (esto es, asfixiándose dentro de aquellos trajes negros), no tenía más trato con el exterior que el estrictamente necesario para realizar la venta de la mercancía de la cual vivían. Tenía dieciocho años, pero nadie le conocía novia o amiga alguna. Tampoco parecía que necesitase de otro cariño que de aquél, maternal y a la vez distante, que sus tías le brindaban. Y ese cariño compartido bastaba también para llenar la vida de las cuatro mujeres. Sí, ninguna de ellas se acordaba ya de haber tenido —las palabras son de la Poncia— «una lagartija entre los pechos». Mucho menos de que alguna vez llevaran entre las piernas —la expresión es de Martirio— «una especie de llamarada».

Cierto que nadie puede conocer su fin, pero el de las hermanas Alba en Cárdenas parecía que iba a ser apacible o, al menos, muy remoto de toda exaltación o escándalo.

Algo insólito tendría que ocurrir para sacar aquellas vidas, extasiadas en su propia renuncia, de sus sosegadas rutinas. Y así fue. Un acontecimiento fuera de lo común sucedió en aquella primavera de 1910. La tierra fue visitada por el cometa Halley.

No vamos a enumerar aquí las espeluznantes catástrofes que, según la prensa de aquella época, ocurrirían a la llegada del cometa. Las bibliotecas conservan esos documentos. Baste con decir que el más popular (y hoy justamente olvidado) de los escritores de aquel momento, el señor García Markos (quien, naturalmente, también se consideraba astrónomo), autor de libros como Astrología para las damas y Lo que las señoritas deben conocer de las estrellas, además de El amor en los tiempos del vómito rojo, dio a la publicidad una serie de artículos que en pocas semanas recorrieron el mundo y donde, con cierta verborrea seudocientífica, se explicaba que al entrar la cola del cometa en la atmósfera terrestre, ésta se vería contaminada («enrarecida») por un gas mortal que significaría el fin de la vida en todo nuestro planeta, pues, citamos, «al combinarse el oxígeno de la atmósfera con el hidrógeno de la cola cometaria, la asfixia inmediata sería inevitable». Esta descabellada información (descabellada ahora que han pasado cuarenta años de su publicación), quizás por lo insólita y dramática fue tomada muy en serio. Por otra parte, como hipótesis no era fácil de rebatir: el cometa, según García Markos, se acercaba un poco más a la tierra cada vez que repetía su visita. Ese año —¿por qué no?— podía llegar el fin... También el seudocientífico afirmaba que, conjuntamente con el fin del mundo, nos azotaría una plaga de centauros, hipogrifos, peces ígneos, extrañas aves viscosas, ballenas fosforescentes y «otros monstruos estratosféricos» que, producto de la colisión, caerían también sobre este mundo junto con una lluvia de aerolitos. Y todo eso fue también tomado al pie de la letra por la inmensa mayoría. No olvidemos que aquéllos (como todos) eran tiempos mediocres en los que la estupidez se confundía con la inocencia y la desmesura con la imaginación.

El cura de Cárdenas acogió con fanático beneplácito las predicciones apocalípticas del señor García Markos y todos sus seguidores. En un sermón inspirado y fatalista vaticinó abiertamente el fin del mundo. Un fin clásico, tal como lo anunciaba la Biblia, envuelto en llamas. Y, naturalmente, ese fin se debía a que las incesantes cadenas de excesos e impiedades cometidos por el hombre durante toda su trayectoria habían colmado ya la cólera divina. El fin no sólo era, pues, inminente, sino merecido. Lo cual no impidió, sin embargo, que muchos de los habitantes de Cárdenas (y seguramente de otros sitios) se dedicaran a la construcción de refugios subterráneos donde perentoriamente guarecerse hasta que el fatídico cometa se alejase de nuestra órbita. Es cierto que también algunos cardenenses, en vez de tomar precauciones contra el desastre, lo adelantaron quitándose la vida. En el municipio se conservan cartas desesperadas de madres que antes que enfrentarse a la conflagración universal prefirieron adelantarse a ella junto con toda su prole.

El cura, por supuesto, condenó esos suicidios, así como también la construcción de albergues para evitar el fin. Ambas acciones, declaró en otro sermón, eran actos soberbios, paganos y hasta ilegales, puesto que intentaban eludir la justicia divina.

Cuando Angustias, Martirio, Magdalena y Amelia volvían de escuchar el sermón, encontraron a su sobrino en el jardín, donde acababa de construir un refugio con capacidad para cinco personas.

—Vuelve a tapar ese hueco —ordenó Angustias con voz lenta pero imperturbable.

Y como el sobrino protestara, las cuatro hermanas volvieron a colocar la tierra en su sitio. Terminada la faena, Martirio comenzó a sembrar las plantas que Pepe había arrancado.

—Mujer —le llamó la atención Magdalena—, no comprendes que todo eso ya es inútil.

Martirio, que sostenía en alto unas posturas de jazmines del Cabo, empezó a llorar.

—Entren —ordenó Angustias empujando a las hermanas—. ¿No se dan cuenta de que están dando un espectáculo? ¿Qué dirán los vecinos?

—¿Y tú no te das cuenta de que eso tampoco tiene ya ninguna importancia? —le dijo entonces Martirio secándose las lágrimas.

Por un momento Angustias pareció dudar, pero enseguida dijo:

—Tal vez nuestros últimos actos sean los que más se tomen en cuenta.

Y las cuatro hermanas entraron en la casa.

Oscurecía.

Llegaba, pues, la fatídica noche del 11 de abril de 1910. Para las primeras horas de la madrugada estaba anunciada la conjunción del Halley con la tierra, y, por lo tanto, el fin del mundo.

Es de señalarse que, a pesar de las apasionadas e incesantes prédicas del señor cura, algunos cardenenses no las tomaron en consideración. Otros, aunque estaban convencidos de que esa noche sería el fin, no se dedicaron al arrepentimiento y la oración, sino que, por el contrario, como eran ya las últimas horas que les quedaban en este mundo, decidieron disfrutarlas por lo grande. Desde por la tarde empezaron a salir a la calle grupos de jóvenes borrachos, quienes, además de provocar un barullo insólito para aquel pueblo, cantaban cosas atrevidísimas y usaban expresiones no menos desvergonzadas. A esos grupos se les unieron varias mujeres que hasta entonces llevaban una vida más o menos discreta. De modo que el barullo alteraba a veces hasta la letanía de las oraciones que, encabezada por Angustias, era repetida por sus hermanas.

En medio de aquel escándalo, oyeron el ruido de un carruaje que se detenía frente a la casa, y pocos segundos después los golpes de alguien que tocaba a la puerta.

—¡No abran! —gritó Angustias sin soltar el rosario.

Pero los golpes se hacían cada vez más fuertes, por lo que las cuatro hermanas, escoltadas por José de Alba, decidieron asomarse al exterior.

Frente a la puerta, que ahora se acababa de abrir con innumerables precauciones, estaba Adela. Vestía un hermosísimo traje de noche hecho de tafetán verde con encajes rojos, guantes blancos, mantilla también roja y espléndidos botines de fieltro; en las manos traía un bellísimo abanico hecho con plumas de pavo real y un bolso de lentejuelas que tiró al corredor para abrazar a sus hermanas. Pero éstas retrocedieron espantadas. Adela, sin inmutarse, entró en la casa contoneándose a la vez que le hacía una señal al cochero para que bajase el equipaje, un monumental baúl con excelentes vinos, copas de Baccarat, un gramófono y un óleo que era una reproducción ampliada del retrato de Pepe el Romano.

—Parece que la única cristiana que hay en esta familia soy yo
—dijo avanzando por la sala—. Me he acordado de ustedes en el momento extremo. Y, además, las perdono.

—Pero nosotros no —rechazó Angustias.

—Chica —respondió Adela, y ya se quitaba los zapatos—, entonces no sé cuál es tu religión, si ni siquiera en un momento como éste eres capaz de perdonar a tu propia hermana.

Y miró para el rosario que Angustias aún sostenía entre los dedos y que en estos momentos le pareció un objeto extraño, casi un estorbo.

—Hermanitas —dijo Adela emocionada y aprovechando la confusión que sus últimas palabras habían causado—, he venido porque ésta es la última noche. ¿No se dan cuenta? ¡La última noche que nos queda en el mundo! Al igual que nos escapamos juntas de aquel mundo que nos pertenecía y aborrecíamos, también quisiera que nos fuéramos juntas de éste donde de tan diferente manera hemos vivido, pero donde nunca, ¡ni un solo día!, he dejado de recordarlas.

Y si algo más iba a agregar no pudo hacerlo. Su cabeza se hundió entre los rojos tules de su falda y comenzó a sollozar.

Martirio fue la primera en acercársele y, arrodillándose, le abrazó las piernas. Al momento llegaron Amelia y Magdalena, también llorando. Por último Angustias le tomó una mano y señalando hacia José de Alba, le dijo a Adela:

—Ése es tu hijo. No creo que tengas ya mucho tiempo para explicarle quién eres.

—Ni es necesario —contestó Adela—. Él ya es un hombre y lo puede comprender todo.

Un hombre, era un hombre, se dijo para sí mismo con júbilo José de Alba, y no pudo impedir que sus mejillas se ruborizasen.

—Un hombre —repitió Adela—. Y muy guapo, como su padre.

Y luego de decirle al cochero que atendiese los caballos, fue hasta el gran baúl y comenzó a desempacar. Puso las copas y las botellas de vino sobre la mesa, sacó el enorme retrato de Pepe el Romano y, antes de que pudiera levantarse protesta alguna, colgó el espléndido lienzo (era una obra de Landaluze) en la pared de la sala.

Ante la vista de aquella imagen, las hermanas Alba quedaron súbitamente transformadas.

—Sí —continuó Adela, mirando arrobada al cuadro y luego a su hijo—, es el retrato de su padre, aunque más guapo. Y pensar que he venido a conocerte precisamente cuando se acaba el mundo. ¡Un sacacorchos!

—¿Cómo? —dijo Angustias, asombrada ante esa transición en el discurso de Adela.

—Sí, chica, un sacacorchos. ¿O es que vamos a esperar el fin del mundo sin tomarnos una copa?

Angustias fue a poner alguna objeción. Pero allí estaba Martirio con un sacacorchos.

—¿De dónde lo sacaste? —interrogó Magdalena asombrada—. En esta casa eso nunca se había utilizado.

—No lo utilizas tú porque nunca has cocinado. Pero, ¿con qué crees que se abren aquí las botellas de vinagre?

—¡Hombre! Pero parece mentira —interrumpió Adela llenando las copas de un excelente vino rojo—; se acaba el mundo y ustedes discuten por un sacacorchos. Tomad las copas y vamos al jardín a ver el cometa.

—No aparece hasta la medianoche —dijo Amelia.

—Se ve que no estás al día —objetó Adela—. A medianoche es cuando se acaba el mundo, pero desde que oscureció se puede ver el cometa. ¿Es que no han leído los diarios de La Habana?

—Nunca leemos esas cosas —protestó Angustias.

—Ustedes se lo pierden —dijo Adela—, y ya sí que es demasiado tarde.

Y tomando la mano de su hijo que la contemplaba embelesado, salieron al jardín.

Era una noche espléndida como sólo en ciertos lugares del trópico, y específicamente en Cuba, suelen observarse. De la tierra y del mar brotaba una pálida fosforescencia. Cada árbol parecía sobrecogerse sobre su propia aureola. El cielo, en aquel pequeño pueblo donde aún se desconocía la electricidad, resplandecía con la potencia de un insólito candelabro. Allí estaban todas las constelaciones, las más lejanas estrellas, lanzando una señal, un mensaje tal vez complicado, tal vez simple, pero que ya ellos no podrían descifrar jamás. La Cruz de Mayo (aunque estábamos en abril) se dibujaba perfectamente; Las Siete Cabrillas eran inconfundibles, Orión parpadeaba rojizo, lejano y a la vez familiar. Una luna de primavera se elevaba sobre el mar formando un camino que se perdía sobre las aguas. Sólo un cuerpo como una serpiente celeste rompía la armonía de aquel cielo. El cometa Halley hacía su aparición en la tranquila y rutilante inmensidad de la bóveda austral. Entonces, con voz remota, pero muy clara, Adela empezó a cantar.

Abrir puertas y ventanas

las que vivís en el pueblo,

el segador pide rosas

para adornar su sombrero.

Y súbitamente, como si un poderoso impulso, por muchos años contenido, se desatase, el resto de las hermanas la corearon.

El segador pide rosas

para adornar su sombrero.

Cantaban, y Adela, que había tenido la precaución de llevar una botella de vino, volvió a llenar las copas.

Abrir las puertas y ventanas

las que vivís en el pueblo.

Vamos a casarnos a la orilla del mar.

A la orilla del mar...

Y otra vez se vaciaron las copas. Entonces Adela comenzó a hablar.

—Sí —dijo, señalando para el cometa—. Esa bola de fuego que ahora cruza el cielo y que dentro de pocas horas nos aniquilará, es la bola de fuego que todas ustedes —y señaló tambaléandose a sus cuatro hermanas— llevan entre las piernas y que, por no haberla apagado en su momento oportuno, ahora se remonta y solicita justa venganza —aquí algunas intentaron protestar, pero Adela siguió hablando a la vez que servía más vino—. Esa bola de fuego es el carbón encendido que Bernarda Alba quería ponerle en la vagina a la hija de la Librada por haber sido mujer. ¡Hermanas!, esa bola de fuego son ustedes, que no quisieron apagar en vida sus deseos, como lo hice yo, y ahora van a arder durante toda la eternidad. Sí, es un castigo. Pero no por lo que hemos hecho, sino por lo que hemos dejado de hacer. ¡Pero aún hay tiempo! ¡Pero aún hay tiempo! —gritó Adela irguiéndose en medio del jardín, mezclando su voz con las canciones que los borrachos cantaban por las calles en espera del fin—. Aún hay tiempo, no de salvar nuestras vidas, pero sí de ganarnos el cielo. ¿Y cómo se gana el cielo? —interrogó ya ebria, junto a una de las matas de jazmín del Cabo—. ¿Con odio o con amor? ¿Con abstinencia o con placer? ¿Con sinceridad o con hipocresía? —se tambaleó, pero José de Alba, que ya se había transfigurado en la viva estampa de Pepe el Romano, la sujetó, y ella, en agradecimiento, le dio un beso en la boca—.¡Dos horas! ¡Nos quedan dos horas! —dijo mirando su hermosísimo reloj de plata, regalo de un pretendiente holandés—. Entremos en la casa y que nuestros últimos minutos sean de verdadera comunión amorosa.

Las seis figuras entraron tambaleándose en la sala. El calor del trópico las hizo despojarse, con la ayuda de Adela, de casi todas las indumentarias. Las cofias, los guantes, los sobretodos, las faldas y hasta las enaguas desaparecieron. La misma Adela desprendió a su hijo del bombín, el saco, la corbata y hasta la camisa. Así, semidesnudo, lo llevó hasta el retrato de Pepe el Romano y propuso un brindis general. Todos levantaron las copas.

—No sé lo que va a pasar aquí —dijo Angustias, pero sin acento de protesta; y como se tambaleara, buscó apoyo en el brazo de su sobrino.

—Un momento— dijo Adela, y llegándose hasta el baúl extrajo el gramófono que colocó en la mesa de centro.

De inmediato toda la casa se llenó con la música de un cuplé cantado por Raquel Meller.

No fue necesario organizar las parejas. Angustias bailaba con Pepe, Magdalena lo hacía con Amelia, y Martirio conducía a Adela, quien en ese momento, desprendiéndose de la blusa, confesaba que nunca se había acostumbrado al calor del trópico.

—No fue por amor a Pepe el Romano por lo que te delaté ante mamá —le dijo Martirio a manera de respuesta—, sino por ti.

—Siempre lo sospeché —le respondió Adela. Y ambas mujeres se abrazaron.

Como el clamor de los borrachos en la calle era ensordecedor (sólo faltaban una hora y tres minutos para que se acabase el mundo), decidieron cerrar las ventanas, correr las cortinas y poner el gramófono a todo volumen. Alguien, en uno de sus giros, apagó las luces. Y toda la casa quedó iluminada sólo por las estrellas, la luna y el cometa Halley.

Cuando la Meller cantaba Fumando espero (y de acuerdo con los cálculos sólo faltaban cuarenta y cinco minutos para el fin del mundo), Adela, entreabriendo la puerta, le hizo una señal al cochero para que entrase. Éste, un liberto estupendo del barrio de Jesús María, hizo una aparición jubilosa, liberándose al momento de su librea, su chaqueta y sus botas de cuero.

Antes de que se le acabase la cuerda al gramófono, tanto José de Alba como el cochero habían abrazado respectivamente a las cinco mujeres ya muy ligeras de ropa. Volvieron a llenarse las copas, y todos, ya desnudos, se entregaron al amor bajo el enorme retrato de Pepe el Romano.

—No vamos a esperar el fin del mundo dentro de estas cuatro paredes —dijo Adela—. Salgamos a la calle.

Las cinco hermanas Alba salieron desnudas a la calle acompañadas por José, que no se había quitado los calzoncillos, y por el cochero, quien sólo llevaba puestas sus espuelas.

Nunca, mientras el cielo gire (y confiamos en que no cese de girar jamás), se oirán en las calles de Cárdenas alaridos tan descomunales como los que entonces se emitieron. El cochero, instruido, justo es confesarlo, por Adela, poseía sucesivamente a las cinco mujeres, siendo sustituido de inmediato por José de Alba, quien debutó con verdadera maestría. Por último, numerosos campesinos («gañanes», según palabras de la propia Angustias) se unieron también a la cabalgata, poseyendo repetidamente a todas las mujeres, quienes al parecer no se daban por vencidas. Sólo Martirio aprovechaba a veces la confusión para abandonar los brazos de algún rufián e irse hasta los pechos de Adela. Hubo un momento en que estas dos hermanas (y ya sólo faltaban quince minutos para el fin del mundo) entraron en la casa, regresando al momento con el cuadro de Pepe el Romano.

—Ahora podemos continuar —dijo Adela, poniendo el óleo de cara a las estrellas.

Sólo faltaban cinco minutos para que el cometa Halley ocupase el centro del cielo.

Y lo ocupó. Y siguió su trayectoria. Y desapareció por el horizonte. Y amaneció. Y al mediodía, cuando las hermanas Alba despertaron, se sorprendieron, no por estar en el infierno o en el paraíso, sino en medio de la calle mayor de Cárdenas completamente desnudas y abrazadas a varios campesinos, a un cochero y a José de Alba, cuya juventud, inmune a tantos combates, emergía una vez más por entre los cuerpos sudorosos. Lo único que había desaparecido era el retrato de Pepe el Romano, pero nadie lo echó de menos.

—Pues a la verdad que parece que no se acabó el mundo —dijo medio dormida Adela, y desperezándose convenció a sus hermanas de que lo mejor que podían hacer era volver a la casa.

Guiaba la procesión Angustias, cuyos cincuenta y ocho años por primera vez recibían en pelotas la luz del sol; la seguía Magdalena del brazo del cochero; detrás, Amelia, con alguien que decía ser carpintero sin empleo. Y remataba la comitiva la apretada trilogía formada por Martirio, Adela y José. Así cruzaron el jardín, siempre oloroso a jazmines del Cabo, y entraron en la casa.

Pero antes de trasponer el corredor, Adela arrancó la placa de la puerta, VILLALBA FLORES Y TEJIDOS, sustituyéndola esa misma tarde por otra más pintoresca y reluciente que ostentaba el nombre de EL COMETA HALLEY.

El Cometa Halley fue uno de los más famosos y prestigiosos prostíbulos de toda Cárdenas, e incluso de toda Matanzas. Expertos en la materia afirman que podía competir con los de la misma Habana y aun con los de Barcelona y París. Durante muchos años fue espléndidamente atendido por sus fundadoras, las hermanas Alba, educadas y generosas matronas como ya en esta época (1950) no se encuentran. Ellas congeniaban el amor con el interés, el goce con la sabiduría, la ternura con la lujuria...Pero aquí hacemos mutis, pues nuestra condición de respetables caballeros de la orden de la Nueva Galaxia (sí, somos astrónomos y condecorados por el municipio de Jagüey Grande) nos impide dar más detalles sobre la vida de esas señoras. Sólo podemos afirmar, y con amplio conocimiento de causa, que ninguna de ellas murió virgen.


Biografía: Reinaldo Arenas nació en Holguin, Cuba, en el año 1943. Su infancia se desarrolló en el seno de una familia campesina y su precoz adolescencia se vio marcada por su manifiesto enfrentamiento al régimen de Batista. Colaboró con la revolución castrista hasta que el devenir del tiempo le demostró lo inoperante e injusta que ésta se manifestaba. Su presencia pública e intelectual le granjeo las suficientes antipatías en las más altas instancias de Estado, lo cual unido a su ser homosexual, provocó una implacable y horrenda persecución del poeta. Pero realmente Reinaldo Arenas, exquisito y sensual poeta, no fue perseguido por su tendencia homosexual. Realmente Reinaldo Arenas fue perseguido por su tozuda y loable oposición sistemática a un régimen opresor y canalla, que amparándose en la triste y cruel cortada de la "desviación sexual de un hijo de la patria" y sus pretendidas perversiones sexuales, amargó la existencia de una persona que debia ser expulsado de la "res" pública cundo no exterminado en su sentido más literal. Coetáneo y seguidor de Lezama Lima y Virgilio Piñera, ambos homosexuales, fue encarcelado y torturado llegando a confesar lo inconfesable y a renegar de si mismo. Ello provocó en la sensible personalidad del escritor un arrepentimiento que fue más allá de los muros de la prisión de El Morro (1974 -1976), calando tan hondo en su corazón que acabó por odiar todo cuanto le rodeaba, todo aquello que presumía de aspecto y fondo humano. Odió cualquier forma de poder equiparable a toda forma de represión y tiranía.

Escapó de la opresión castrista en 1980 y desplegó desde este momento y en el exilio nunca aceptado de Nueva York toda una visión intelectual de la existencia enmarcada entre la poesía más hermosa y la más amarga derrota del desencanto.

En nuestros días Reinaldo Arenas cobra actualidad gracias a "antes de que anochezca", película que sobre su libro autobiográfico ha dirigido Julian Schnabel e interpretado Javier Bardem.

Antes que anochezca es una obra dura y que clama dolor en el ocaso previsto y conocido de quien se sabe presa de la muerte a la que prefirió doblegarse antes que ser vencido por la peste de nuestro siglo: el sida. El 7 de diciembre de 1990 el escritor cubano Reinaldo Arenas se suicidaba en Nueva York.

Entre sus novelas destacamos:

Celestino antes del Alba

El mundo Alucinante

El Palacio de las Blanquísimas mofetas

La loma del Angel

Otra vez el mar

El portero

Viaje a la Habana

Arturo la estrella más brillante

amen de Antes de que anochezca.


Celestino antes del alba (Fragmento)


Celestino antes del alba (Fragmento)


Mi madre acaba de salir corriendo de la casa. Y como una loca iba gritando que se tiraría al pozo. Veo a mi madre en el fondo del pozo. La veo flotar sobre las aguas verdosas y llenas de hojarasca. Y salgo corriendo hacia el patio, donde se encuentra el pozo, con su brocal casi cayéndose, hecho de palos de almácigo.

Corriendo llego y me asomo. Pero, como siempre: solamente estoy yo allá abajo. Yo desde abajo, reflejándome arriba. Yo, que desaparezco con sólo tirarle un escupitajo a las aguas verduscas.

Madre mía, ésta no es la primera vez que me engañas: todos los días dices que te vas a tirar de cabeza al pozo, y nada. Nunca lo haces. Crees que me vas a tener como un loco, dando carreras de la casa al pozo y del pozo a la casa. No. Ya estoy cansado. No te tires si no quieres. Pero tampoco digas que lo vas a hacer si no lo harás.

Lloramos detrás del mayal viejo. Mi madre y yo, lloramos. Las lagartijas son muy grandes en este mayal. ¡Si tú las vieras! Las lagartijas tienen aquí distintas formas. Yo acabo de ver una con dos cabezas. Dos cabezas tiene esa lagartija que se arrastra.
La mayoría de estas lagartijas me conocen y me odian. Yo sé que me odian, y que esperan el día... «¡Cabronas!», les digo, y me seco los ojos. Entonces cojo un palo y las caigo atrás. Pero ellas saben más de la cuenta, y enseguida que me ven dejan de llorar, se meten entre las mayas, y desaparecen. La rabia que a mí me da es que yo sé que ellas me están mirando mientras yo no las puedo ver y las busco sin encontrarlas. A lo mejor se están riendo de mí.

Al fin doy con una. Le descargo el palo, y la trozo en dos. Pero se queda viva, y una mitad sale corriendo y la otra empieza a dar brincos delante de mí, como diciéndome: no creas, verraco, que a mí se me mata tan fácil.

«¡Animal!», me dice mi madre, y me tira una piedra en la cabeza. «¡Deja a las pobres lagartijas que vivan en paz!» Mi cabeza se ha abierto en dos mitades, y una ha salido corriendo. La otra se queda frente a mi madre. Bailando. Bailando. Bailando.



Alfa 5




Alfa 5


Era un mocoso cuando escuche la voz por primera vez. Tendría algo así como doce años, te cuento esto, porque, mirando en retrospectiva mi experiencia y las escuetas pistas que mi guardián no escamoteo por completo, he concluido que la entrada a la adolescencia, es el punto clave en que la “mayoría”, padres, hijos, aprendices, grandes dignatarios y mano obrera, nos enteramos de nuestra responsabilidad suprema; claro tu dirás - dah!!! Obvio que es así genio, tienes un sentido magnífico para lo evidente, yo también bordeo los doce y oh coincidencia te mandan a ser mi voz… bueno si hubieses puesto suficiente atención te darías cuenta de que dije la “mayoría” y no “todos” y es así, pues tengo serias razones para creer que hay excepciones, escúchame primero, luego sacas tus conclusiones. En lo personal, Doni, el tiempo me ha hecho incapaz de confiar y suponer cosas al interior de este sistema, no hay nada al azar en él, pero todo esta envuelto de forma tan misteriosa que es una maldita ambigüedad tras otra. Por ejemplo, hay un rumor entre tantos que circulan tímidamente, secreto a voces o no, señala que existe gran parte de la población de Alfa 5, especialmente de la periferia y en condición de lumpen-proletariado, que no esta supeditada a nuestro orden moral. Así es, aunque te sorprenda, oh es terrible, ya no exageremos… de la misma manera y de forma más escandalosa, me he enterado que hay algunos, al interior de nuestra sociedad que son restringidos en la apelación. Como oyes, limitados. La causa se basa en monitoreos y estudios que son realizados por el centro logístico, ese fantasma corporativo que tanto nos intriga y que probablemente nunca sabremos si su existencia es verdad o no. Ellos recomiendan la no intervención de los guardianes en estos individuos, debido a posibles fallas en la comprensión y psiquis. En otras palabras son idiotas. ¿Qué como los saben? Ay Donald, si que eres ingenuo, si suponemos como cierta la presencia del centro logístico, no te parece que también tendremos que aceptar que no hay duda, de que ellos lo saben todo, que son como su nombre lo dice, el centro vigilante por antonomasia. El chip es lo más ilustrativo, esta en nuestro cerebro y nos permite este diálogo. De la misma manera ha permitido muchos más, millones, incluido el mío con Godart en su momento. El bendito chip esta a cargo de ellos. Al momento de nacer y sin el consentimiento o conocimiento de nuestros padres nos lo instalan y el saber en torno a esa maravilla tecnológica como todo en esta vida, nos es revelado sólo por la voz. Nada de esto hallaras en la red informativa mundial o en cable-visión… Créeme soy tu voz, tu guardia, y cómo lo sé, bueno mi voz me lo dijo y a ella la suya y así hasta el infinito… dónde empieza el asunto, imagino que en el que esta sentado al centro del centro logístico, bueno qué sé yo, sólo soy tu voz y como te dije, a mí también todo me lo han dado a conocer en una instancia dudosa y ambigua como esta…

… bueno Donald, cómo vas hasta ahora, supongo que bien, que bueno que asientas, pero vamos ánimo, no titubees, esto es sólo una parte de las cosas que debes entender y hacer primordiales, hay mucho más y lo más importante

es… te recomiendo que en este instante te concentres y pongas alerta tus sinapsis chico, porque de esto depende mucho… y es que nada, pero absolutamente nada de lo que te estoy diciendo, se lo debes revelar a alguien, a quien sea… ni a tu madre ok… y si la amas en verdad, claro que la amas…


No te lo recomiendo, porque nadie te escuchará, ni siquiera ella, nadie es tan tonto en alfa 5 como para ponerse en riesgo con las digresiones de un descabellado suicida que quiere hacer público nuestra forma de vida y organización, no somos salvajes muchacho… Así que ya estas advertido,

el único perjudicado si es que te lanzas a hacer bailar la lengua serás tú y claro yo y Godart que me cuida a mí y así en forma escalonada una serie de guardianes, pero no permitiremos que nos arruines, te estamos vigilando para eso. Claro, si estoy aquí cuidándote, que sentido tiene que te lo advierta, bueno yo prefiero confiar en la gente, comunicarme y no amenazar, eso de la coacción no es mi estilo. Es el último recurso, sin embargo, nunca se sabe como es la gente, a veces tienes que apretar un botón y producir una migraña, una diarrea, en casos extremos un desmayo, borrar algo de memoria que se yo… pero tengo confianza en ti, eres mi muchacho ahora, y obviamente no estas en la lista negra del centro, tu cabeza funciona bien por lo que veo, eres despierto hábil, he leído tu historial hasta ahora, buena salud, buenas notas… llegaremos lejos y tranquilo, ya te acostumbraras a mi, yo también pase por esto, tuve mis dudas y es normal, a todos nos pasa. Nos aterroriza que de la noche a la mañana una voz aparezca en tu mente y te empiece a decir que de ahora en adelante no estarás solo en tus decisiones pero si en el cuidado de este secreto precioso que garantiza la armonía de nuestra completa sustanciación como comunidad y estructura social… es un gran peso ¿no?

Increíble. Magníficamente espeluznante. Bienvenido a nuestra utopía Donald, llego la hora de crecer, alfa 5 es lo mejor… el anonimato y la vigilia nos ha permitido desarrollarnos como La crème de la crème de la galaxia, ¿no te parece?… ¿Qué a que me refiero con anonimato? Vaya si que eres lento, pensé que lo captarías en el acto… bueno, mira hijo, te lo voy a explicar con manzanitas. Tú para mí eres transparente, tu cabeza, tu voluntad, tus sentimientos todo eso es, como ya te habrás dado cuenta, algo

sencillo y plenamente legible, piénsalo de esta forma, eres una habitación escrutable, manipulable y organizada por mi supervisión, pero en sentido inverso, yo no soy para ti más que tu voz, algo así como tu consciencia, tu guardián, ese es el término exacto. Ahora yo te pregunto, ¿sabes algo de mí?

Algo que yo no te haya dicho intencionalmente… desde luego que no y acostúmbrate, porque no lo sabrás… yo en cambio gozaré con tu primer beso, disfrutare con la primera chica que te acuestes, con tus fantasías, claro también sufriré tus derrotas, me captas… Godart paso lo mismo conmigo y si te preguntas como se su nombre, pues no lo se… yo lo bauticé así… ahora tu puedes ponerme el nombre que quieras… pues no te diré el mío Donald Marcus Quintus Damerox… lo vez, se todo de ti, pero por el bien del sistema tu no sabrás nunca si soy tu vecino, o tu padre o un extraño en una región a miles de kilómetros de tu casa, quizá estoy en una de nuestras comunidades en el espacio o colonizando uno de nuestros satélites…

Veo que el asunto te frustra un poco… lo siento pero es así chico, yo no hice las reglas, sólo me desperté un día como tú, después de haber vivido apacible una infancia al arbitrio de mis padres y mis instintos infantiles, si la memoria no me falla, esa mañana entré a la ducha, estaba en plena pubertad, comencé a meneármela pensando en una chica del colegio, una rubia de último grado y bam… apareció esta voz y me dio una perorata aburrida… alégrate yo soy más casual que Godart, más tolerante y amistoso… pero en fin eso es harina de otro costal, la cosa es que esta voz, comenzó a dirigirme y bueno como íbamos a pasar tanto tiempo juntos, le puse Godart, he vivido con ella custodiándome el culo trece años, nada más y nada menos y sabes, las sorpresas nunca terminan, llevo un cuarto de siglo vivo y de pronto como el primer día, me entero de que la cosa no termina allí, de repente he alcanzado un nivel superior y bam ahora me toca a mi interrumpir, que estabas haciendo… ah sí cagando… bueno lo mío fue más agradable aunque igual de escatológico… ya llegara tu momento y debes acostumbrarte chico, no hay vuelta atrás…

Te guste o no, en tu familia es igual, tus padres tienen sus guardianes y esos a su vez los suyos y son de una clase distinta o quizás no, a la tuya y mía que si es, definitivamente la misma. Por algo estas a mi cargo, vas entendiendo…

Debemos comprometernos, Nada te prepara para esto, nada sabes previamente y nada puedes decir acerca de ello cuando te ocurre y aun así, todos, al mirarnos, sabemos que sabemos pero no podemos probarle al otro que sabemos.

Mi padre por ejemplo, nunca me contó y nunca me contará sobre su llamado, no puede y yo tampoco puedo compartir la magia, locura o como quieras adjetivizar el evento desde tu perspectiva. La cosa es que… recuerdo y esto es cierto… que en su intuición y sabiduría paternal, me brindo una sonrisa pícara pero ambigua, el día que fui apelado. La idea era demostrar su orgullo, así era mi viejo, chapado a la antigua, yo estaba creciendo y el quiso compartirlo, dejarme ver su aprecio, claro que sin delatarse pues eso implicaría un riesgo al propósito mismo de la armonía en que vivimos…

¿Qué que riesgo?, que bueno que lo preguntes… Mira la situación es la siguiente, esto que nos pasa, se sostiene por el bien del llamado orden social y la seguridad de la cadena vital que todos integramos. Se que esto puede sorprender a mentes inferiores e incivilizadas que han alabado el caos absoluto, el libertinaje o la simple represión, máximas tiranías aplicadas al cuerpo pero no a nosotros Donald, somos gente de Alfa 5 ok… Para nosotros, el proceso de adaptación es básico, la lógica del sistema tiene sus recursos, si por buena fe del apelado o competencia del guardián, no se impide el cuestionamiento y rebeldía ante esta preciosa forma que tenemos de estar delimitados en márgenes seguros a los cuales siempre podremos recurrir… Bueno esos márgenes se estrechan y nos estrangulan… Godart como ya te mencione, no es tan suelto y ameno como yo, él se preocupo de inmediato en poner las cartas sobre la mesa, Me dijo -Mira bastardo onanista, si no cambias esa conducta y te sacas de la cabeza el culo y tetas de esa mamona de último año de preparatoria, te van a empezar a ir mal las cosas en la vida y si te van mal las cosas más de tres veces, te degradan y eso significa que a mi también y con nosotros a una serie de tipos encima, lo cual no es bueno porque una vez que acumulas muchos puntos negros, pedazo de pervertido, pasas a una lista especial de pulverización y aquí son sutiles ok, o te da un ataque cardiaco o te pisa un tren y todos te lloran pero en el fondo y aunque no lo digan, la causa es que la cagaste más de la cuenta y el sistema te hizo un monumental game over y una vez fuera del partido, a mi me sacan y a mi guardián y al de él hasta que llegan a la cabeza de nuestra formación y a él lo bajan de clase y le dan una cadena de perdedores a ver si la salva y así de paso restituye su culo.

- eso fue mas o menos lo que me dijo y así de simple es chiquillo, no puedo decirte que lugar ocupamos en nuestra formación, porque Godart no lo sabe, quizá Godart encabeza la fila, lo dudo, nunca lo sabremos, la única forma de saberlo es que se desarme tu línea por culpa de algún palurdo y en vez de que te pulvericen como al resto solo te degraden, pero dudo que nadie en su sano juicio probaría la cuestión sólo para saber como esta rankeado, me entiendes o ¿no?

Bueno Donald, esos seria prácticamente todo lo que debo decirte, de aquí para adelante así como Godart conmigo, es mi deber encauzar tus actos en función del bien de la comunidad, nuestras existencias están enlazadas, espero que podamos llevarnos bien, en esto no hay posibilidad de cambios, estamos podridamente unidos y en esta ínter-subjetividad muda, todos damos forma a nuestro hogar. Espero que sea uno bueno…

Y recuérdalo, nada de hablar, la pena por hacerlo es la eliminación. Se que parece majadero repetirlo pero es tan serio que nunca esta de más, es parte de la burocracia… y lo acepto porque es mi culo, el de Godart y así, saca tu cuenta, esta incluida la cadena completa y que la cagues no seria una jugada maestra porque pondrías en riesgo tu propia vida, la de los de tu línea y aunque te parezcan extraños inútiles, piensa que puede estar allí tu familia, tu madre, yo que se, y es que a su vez esos extraños están vinculados por sus guardias o apelados a otras líneas y la maraña crece y se pone intrincada y sin querer puedes joderte a todo Alfa 5. No quiero asustarte pero por un simple error, la bola de nieve arrasaría, el mundo como lo conocemos y eso no es buena onda. Pasar a la historia como el que se jodio a Alfa 5, no esta bien hermano…

Y no quiero presumir pero hasta ahora he tenido un actuar modelo, no he recibido amonestaciones espero que las cosas, ya que vamos a trabajar juntos, continúen igual. No quiero que solapadamente por estupideces

me hagan sufrir un descenso dentro de mi clase y que aparezcan molestos traspiés y exceso de barreras circunstanciales a mis empresas, imagino que tu tampoco quieres eso para ti, medítalo con la almohada, continuos equívocos o faltas son causales de accidentes o muerte abrupta por causas naturales, así que pórtate bien, ten buenos pensamientos, cepíllate los dientes, saca buenas notas y resérvate las maldiciones para ti… en otras palabras se como yo, hay mucho que debes actuar… ya veremos eso… ah y otra cosa… deja de mirarle el escote a la señorita Betsy, eres demasiado evidente Donald… Ciao, Cambio y fuera…



Autor: Daniel Rojas P.

Elvira.





Elvirita y yo nos conocimos en las condiciones más divertidas, dije divertidas, quise decir sublimes. Fue durante esas reuniones para solteros en que te sientan por unos cuantos minutos frente a otro perdedor como tú. Una vez cumplido el tiempo, suena un implacable timbre. Hay que cambiarse de asiento en busca de otro, a menos que lo que tengas en frente… llene tus expectativas. Participar de algo así, no habla muy bien de nuestras capacidades para conseguir pareja. Prácticamente es un manotazo de ahogado, creo que dentro de todo, somos afortunados, le dije.

Estaba renuente y muda, algo pálida pese a lo blanco de su piel -Es que somos retraídos Elvita, puedo decirte así ¿cierto?… mira niña, esta es mi teoría. Lo mejor es compartir, desinhibirse… pronto te darás cuenta que una vez que la charla tome forma y color, descubriremos mayores semejanzas… creo que somos… temperamentos afines, siameses podría decirse… descubierto eso, no habrá barrerilla prejuiciosa o miedo hacia lo desconocido. No soy excéntrico como podrás darte cuenta. Tengo mis manías eso si, nada de cuidado. No soy un loco –Rápidamente vi en sus ojos achinados, que tras esa calma voraz, había una fiera en potencia, un espíritu libre buscando el momento ideal para desbordarse. Lo sé, yo también he esperado mucho tiempo por ello.

Exagerado en mis actos, algo infantil en la intimidad, logre sonsacarla y saber qué hacia para ganarse la vida. Tanto tiempo en el mismo trabajo y sin ascensos notables, me mostró que al igual que yo, era responsable y trabajadora aunque carente de ambición. Tales cualidades, si es que pueden llamarse así, se aplicaban de lleno a nuestras relaciones privadas. Cumplíamos los requisitos básicos. Buenos para escuchar, atentos con el otro, pendientes de las fechas importantes, así podían retratarse cerca de treinta años de fallidos intentos.

-Al final del día, somos incapaces para un romance novelesco. Es gracioso, nos hacen crecer soñando con ello, deslumbrar a otro con una pasión avasalladora. Hace tiempo que abandone esa opción. ¿Tú no? Furtivamente miraba alrededor, el rabillo de su ojo brillaba, eso empezó a exasperarme, me daba a entender que prefería estar en otro sitio… con otro quizá… no, como si eso fuera posible. -Oye preciosa estoy aquí, aún tenemos tiempo, no lo perdamos te parece. –De improviso su talante muto, comenzó a jugar a hacerse la dura. Imitas a los vegetales Elvi, le dije… había que insistir, romper el hielo… en ello reside el encanto, el desafió último. Hemos perdido las cualidades del cazador prehistórico. Es un arte que se debe recuperar. –Mira hija, nuestra escasa creatividad… esta basada según creo… en una precoz lejanía, de aquellos campos en que se libra sin tregua, el tráfico amatorio, ¿no lo sientes así? En este punto de la conversa, Elvita lucia algo comprometida, peor que al principio tal vez. Dejo todo en mis manos, técnicamente me ignoró, pero no podía irse. El tiempo aún corría a mi favor, debía cumplir las reglas, quedarse, escucharme y mantener la compostura. Parecía sin embargo incomoda, me dio pena su rostro, quería largarse, por qué tanta desesperación. Se notaba cuánto le dolía aguantar… luchaba por encima del deseo de aire, de verse fuera del trance. ¿Qué la retenía?, sería el terror a franquear las reglas quizá o por ahí, esperaba el timbre, la señal.

Entre en una disyuntiva. Debía actuar como caballero y cederle su libertad o ser el macho dominante y retenerla hasta que fuese mía. Tenia que ser justo conmigo, me importaba su comodidad pero tengo necesidades, por algo estoy aquí, jugando mi tiempo y lo mejor de mí. A lo lejos, uno de los que esta a cargo de mantener el orden y hacer sonar la campana, dejaba en suspenso su entretenida charla con una niña que no tenia mayor razón para estar aquí, era su amiga, su novia probablemente, muy linda la mocosa, buen cuerpo, rostro de niña de teleserie…

Ellos no son especimenes raros como nosotros, están adaptados, a él le pagan por dirigirnos como ganado, ella viene a hacerle compañía y de paso reírse con este show ridículo. Pero qué hago sobre analizando las cosas, Elvira esta aquí, al frente mió y se diluye y yo me pongo a cavilar, que iluso, cuánto habré perdido. Elvira se abanica con un volante, una mosca no deja de molestarme, el tipo avanza, cielos lo que temía, corre como el tiempo, mira su reloj, va a sonar la campana. Lo sabía. Tengo que arriesgarme, no he llegado hasta aquí para irme a casa solo de nuevo, no es justo, ya no habrá otra oportunidad. Llevamos más de cuatro horas en esto. Va a terminar por hoy y sólo unos cuantos, más por urgencia de sexo que por otro cosa, se han ido emparejados y sin embargo, cielos, por patético que suene, aún queda gente esperanzada. Ansiando una migaja. Por qué no podemos ponernos de acuerdo. Por qué si somos tan miserables, no podemos compartir nuestra tristeza con otro. Será que estamos negados. -Uno debe reconocerse, esto es muy patético, absurdo diría, hay que saber cuánto vale uno,

No hacerse mayores expectativas ¿no te parece?, le pregunte de la nada, no lo pensé demasiado, sólo lo dije como una prolongación de mi monologo, no imagino cómo lo habrá tomado, quizá sintió rabia, confusión, impotencia al ver que toda la noche no le han tocado más que tipos raros y aburridos, incapaces de deslumbrarla, quizá ella aun no rechaza esa opción de protagonista de Corin Tellado ¿ah que se yo? sólo soy un simple mortal en medio de esta broma.

No hubo forma de reavivar el fuego… se que hubo un fuego en todo caso.

El timbre sonó, ella estaba parándose, recogió su cartera y se largó con un escueto adiós que no pronuncio sino que sus cejas me enviaron.

Oficialmente habían acabado las rondas, un tipo muy encopetado que era algo así como el maestro de ceremonias, dio agradecimientos y despedidas, nos invito a participar de nuevo, olvide decir que hay que pagar para participar. No es gran cosa. Cuando estas solo, la plata es lo de menos.

Una vez fuera, pensé por un segundo, todos nos abalanzábamos por la estrecha salida, algunos seriamente frustrados otros indiferentes. Dejen pasar, por favor señora córrase, ey déjame salir quieres. Quizá podría alcanzar a Elvira me dije. No es que sea tan especial pero de todas con las que me tope esta noche, además de ser la última, fue la más agradable. Iba cerca de la esquina, camino a tomar el bus. Le grite, me hizo una seña de desprecio como lárgate o algo así. Al menos de esa forma lo interprete. No hice caso y le di alcance. Hay que pelear hasta el final. Una vez ante ella, le dije – Lo siento te hice perder la micro, bueno no te he detenido por eso, esto puede que no sea correcto, ya que el juego terminó, pero como ya no somos desconocidos y ambos estamos…

-detén tus caballos campeón, mira esto no es nada personal, sé lo que pretendes y… vine a esto empujada por mi hermana ok, ella compró la inscripción y sin ánimo de ofender… después de haber oído tus teorías y tus miedos, no se si eran eso pero en fin… no estoy tan desesperada hermanito…

-Así como así, tomo un taxi y se marchó, quede un rato en medio de la pista, saboreando la sensación, luego un chofer me puteo obligándome a volver a la acera y empezar el regreso a casa y bueno… hacer de tripas corazón. Siempre habrá otra oportunidad… De cualquier forma, ya empiezo a acostumbrarme al timbrecillo.


Daniel Rojas P.

Bocanada.








Respira fuerte, trata de devorar el universo de una bocanada, eso solía decir mi padre, luego se encerraba a escribir poesía o cuentos en su biblioteca.

Entonces no podíamos hacer ruido, no es que fuese a pegarnos o algo parecido, era un hombre pacífico. Respondíamos con silencio, debido a un acuerdo tácito que todos respetábamos sin cuestionar. Mamá no tenía problemas con ello, ella lo conocía muy bien, le entendía, lo amaba por eso. Mi hermana mayor tampoco parecía sufrir su encierro, lo admiraba demasiado, pasaba horas viéndolo, qué pensaría, no lo se, probablemente se veía reflejada a si misma en unos años, se profetizaba en el viejo. Hoy es una destacada escritora, heredo todo de él. Yo en cambio, me desenfocaba, me sacaba de quicio el no poder disfrutar como los otros niños, al menos eso creía yo, que todos los otros pasaban el día entero jugando o conversando con sus padres mientras que yo, solitario, abandonado por culpa de esos mugrosos libros y sus fiebres creadoras, debía apañármelas.

Ciertamente no tenia a los nueve, la imaginación suficiente para semejante carga.

Crecí ignorando todo respecto a él, distanciado, un tanto resentido y sin embargo, a donde fuera, todos decían, tu viejo es un gran hombre, un erudito. Debe ser increíble ser su hijo, jamás debes aburrirte escuchándolo. He oído que la biblioteca de tu antigua casa es magnífica, copias de obras que considerábamos perdidas, debes pasar horas revisando ese material ahora que él falleció… Es algo valioso el conocimiento, la prueba fehaciente, la labor de tu señor padre.

Yo me pavoneaba, me hacia sentir bien que hablaran así de él, era como si esas cosas las dijesen de mí, aunque en el fondo yo nunca le conociese a ciencia cierta y hasta hoy, luego de veinticinco años, no me haya atrevido por cólera, a entrar a su gran estudio, atestado de obras que no tienen ningún significado especial en mi memoria. En realidad, eso no es del todo cierto, ellos fueron la barrera entre nosotros, sus paredes, ese olor dulce del papel ajado y amarillento mezclado con tonos opacos de madera muerta, siguen siendo el muro. Aquí se forjo el destino de dos hombres, mi apatía hacia el conocimiento y el amor a las grandes empresas movidas por un carácter depredador y claro como olvidar la augusta figura pensativa, que todos elevan en su imaginario y que luego pasaría a formar parte de contratapas de muchas obras reconocidas para terminar como fotos en libros escolares y en más de alguna biblioteca o museo, junto a las de otros, que contribuyeron a dar identidad a nuestra cultura. Me sorprende como los recuerdos engañan. Mi impresión de este sitio, la biblioteca, no es la misma de antes, la creía enorme. Es grande pero no descomunal y fria como en mis pesadillas. Todo cambia y obviamente con los años los elogios no estuvieron exentos. Pasaron a ser llaves para oportunidades insuperables, aunque también una constrictiva comparación, un comentario inevitable. -Ah usted no escribe como su hermana o su padre, la oveja negra eh. Un hombre de negocios, gris hasta el alma, es broma, un gusto tenerlo aquí… ojala sea tan brillante con las cuentas como su padre lo era con la pluma.

Y lo he sido, ahora me encargo de las regalías y reediciones de su trabajo,

soy dueño de una de las más grandes casas editoras y manejo la creación de

muchos que han seguido la arenga de convertirse en un pequeño Dios ante el papel. Mi hermana no es una de mis clientes por supuesto, ella me detesta, dice que soy un buitre, un mercachifle que tijereteo lo espontáneo, lo vivo. Ella le va a lo independiente. En numerosas entrevistas ha dejado ver desnuda su brutal opinión hacia basuras comerciales y consumistas como yo. -Han llenado los anaqueles de las librerías y bibliotecas con lo peor, formulas miserables, prosas en serie, explotan tesoros de la humanidad, ponen precio a lo sensible a la belleza. No nos hablamos desde hace cinco años. Enloqueció cuando compre a mi madre la casa en que crecimos para volverla un museo cuyo principal atractivo seria mostrar al mundo la biblioteca del vate, el rapsoda moderno que redefinió la modernidad desde su lógica trascendente, dejando impregnado cada muro con su sabiduría y trasgresión visionaria… soy muy bueno para vender… me he vuelto un poeta de los slogans y mi viejo no es más que una pegatina o estampado, en un gift shop al terminar el tour… no lo veo como una venganza, es más bien lo que merezco como compensación ante tantos años de silencio…


Sólo aquí hay calma, ante el bullicio y griterío, los libros se mantienen en sus posturas impasibles, el mundo afuera no ha cambiado para ellos y sin embargo su contenido cobra más fuerza, su mensaje se nutre en oposición a la barbarie de esos desgraciados. Cuelgan a las pobres gentes que reclaman su derecho a ser libres… están quemando, saqueando a las familias y entre cada zapateo

y ráfaga, sepultan una parte de todos. Cada día se llevan a más personas… El destino de esos cuerpos es un rumor oscuro, desdibujado… Ahora están aquí por esto, para echar abajo este lugar y cada hoja inocente que no se doblega.

No soportan el pasado, saben que en estas letras, en estas hermosas paredes con oídos, hay una tolerancia que sus corazones extrañan y que no se condice con el futuro que quieren modelar.

Desde un sanguinario y unilateral presente, procuran raspar lo que hemos vivido, soñado, sufrido y colocar su emblema, el palimpsesto vulgar que llaman verdad.

Suenan los vehículos, sus ruedas sobre la tierra y comienzan a retumbar esos cantos imperiales, la voz de su líder discursea en un estúpido galimatías.

Empapa las frías calles y llega por las ventanas hasta aquí. Los muros resisten su voz muerta, su mensaje de odio. Aquí estoy a salvo, pero no tardarán en derribar esas puertas y reducir cada palmo del edificio con antorchas. Yo soy parte ahora de él, de sus pasadizos y laberintos, en que tantos se perdieron para reencontrarse entre ideas originales… La madera estalla en miles de pequeños fragmentos, el cemento del umbral cae, no se dan el tiempo de considerar sutileza alguna, de discernir sobre el contenido del mundo que los devora, el tanque entra aplastando mesas y estanterías, luego gritos, maldiciones, botas y uniformes como destellos que van y vienen con grandes haces de luz en sus manos. Depositan su calor y el papel arde mudo, ahora no hay refugio para el canto y proclama del emperador, salgo de mi oficina demudado, consciente de mi suerte, decepcionado de la humanidad y los veo disfrutar la insensatez, son máquinas. Qué los llevo a esto, jamás podré descubrirlo. Respiro fuerte, trato de devorar el universo de una bocanada, abren fuego y terminan por consumir la vida. El silencio se reestablece, se marchan y detrás suyo quedan absurdos despojos.


…Mi padre escribía este tipo de cosas, sensiblerías. Probablemente validas para otros tiempos, el mundo es distinto ahora, es un lujo amargarse y buscar preguntas de esquiva resolución. Mucha gente sintió a flor de piel su mensaje, lo aman, tienen una opinión de él, una buena.. Yo nunca lo entendí, debió ser más directo.




Autor: Daniel Rojas P.


Nos-otros.




Nos-otros.

Él inicio su viaje sin mayores expectativas… era un martes, llevaba cinco minutos de retraso y tendría que olvidar el desayuno, de lo contrario habría que escuchar al jefe y su iluminante perorata sobre la productividad. Él estaba harto de ser un cagatintas, llenar esos formularios que justifican archivos que a su vez permiten circulares para notificaciones que dan parte de un incidente a prueba para la formulación de nuevos manuscritos. Él sentía tener una deuda consigo mismo, le debían sus vacaciones, podría exigirlas y darse una oportunidad. Estaba inspirado, la noche anterior en el recorrido de vuelta a casa, había terminado de leer a Hemingway. La chica del cubículo de al lado se lo recomendó, quería decirle que le había encantado, nunca había conocido una prosa tan limpia, sincera. Gracias al barbudo y su historia del viejo lobo de mar, tenía una nueva forma de ver las cosas, debía darse un espacio para abrazar la vida. Seria un buen tema para conversar. No podía sacárselo de la cabeza, ella había sido grandiosa al convencerlo de comprar el libro, ese día que estaban por el centro haciendo un trámite. Ella le agradaba. Ella le coqueteaba. Él tenía reticencias, lo habían lastimado muchas veces. Solía confundir las señales de ellas. Nunca volvería a verla de cualquier forma, todo estaba cambiando…


Bajo las escaleras del tercer piso corriendo, recordó un fragmento de una canción de los Beatles, la tarareó hasta dejar el edificio como una silueta boceteada. Al llegar al almacén de la esquina, cambio de frecuencia mental,

recordó un pasaje de la obra: El viejo peleaba con los tiburones, triste por su presa arrebatada…no pudo sustraer la nostalgia, en la parada dio vuelta y de reojo alcanzó a divisar la ventana de su cuarto. Llevaba ya dos años viviendo solo en aquel departamento. Extrañaba las tranquilas mañanas provincianas en casa de su madre, sin embargo allí no tenia futuro laboral, y qué futuro se dijo burlesco. Opto por no hundirse en cavilaciones amargas… Renegó contra su jefe, se excitó ligeramente con la imagen de ella, tembló por el trabajo atrasado, imploró por la micro y su providencial aparición desde la otra cuadra, todo en un segundo. De improviso, volvió la vista, disipó su confusión y vio dos personas a su lado. Una silueta masculina y una pequeña figura anciana. La última le sonrió, era vieja, iba al mercado de seguro. Le recordó a su casera, le gustaba su casera, era una abuela amable, atenta, hacia juego con el barrio. Era un barrio tranquilo el suyo, barato y estaba cerca de una avenida importante. Eso facilitaba la toma de locomoción. Sus compañeros le envidiaban. Ella por ejemplo, vivía quejándose, debía tomar dos autobuses y salir de casa cuando menos una hora y media antes del comienzo de la jornada. Era afortunado, aunque… algunas noches, el ruido de los vehículos, los tacos y maldiciones acompasadas por el claxon, podían llegar a ser un molesto arrullo. Por otra parte, Él no era de esos que se dejan perturbar fácilmente. Le veía al asunto su lado positivo. Como jugando, en sus oscuras vigilias producto del estrés, le fascinaba mirar al interior de las micros desde detrás de sus cortinas. Ver más allá de los rostros y preguntarse por los horarios, rutas y destinos de los desconocidos. ¿Quién será esa señora encopetada de medias de red y labios escandalosos? ¿A dónde va ese tipo de perfil renegrido y encorvada mueca? parece apurado pero estatuario al mismo tiempo, ¿por qué la luna debe ser muda testigo del furtivo manoseo de un par de universitarios? ambos de barba, amparados por la soledad de la máquina y la indiferencia comprometida del chofer y su radio. De igual forma, algo pensarían de Él, aquellos rostros que veía cuando le tocaba ser pasajero. Desde la micro divisaba en los balcones y ventanas, miradas esquivas, algunas graciosas y consideradas otras juiciosas y preocupadas, penetrantes. Entonces no podía evitar pensar desde su vertiginoso vaivén, en la ociosidad, pausa y forma de ganarse la vida de aquellos, que como Él, durante sus peores insomnios, no tenían nada mejor que hacer que vigilar y tratar de construir pasajeras historias ficticias y reconstruir las suyas, sedentarias aunque también ficticias.


Él se encontró solo de repente, la vieja y su bolsa de mercado ya se habían esfumado, el otro tipo, nunca supo como era en verdad. Sin percatarse, había perdido más de media hora. -Hoy no iré al trabajo se dijo alegremente. La calma que experimentó al proponérselo, le sorprendió. Nunca había faltado sin razón. Siempre creyó que abandonar su puesto por negligencia o desidia le acarrearía una gran culpa y dolor.


Se sintió sorprendido y liberado, lleno de deseos antes ennegrecidos. Jamás lo hubiese imaginado… Quiso continuar sintiéndose así, dar rienda suelta al yo, si fuera posible. Sentía que lo era, ansiaba desencadenar su voz, arrancar el motor y perderse como un bólido en la bruma de su interioridad dormida. –Ah es más, no volveré nunca a ese sitio horrible, estoy harto me oyen, hasta aquí aguanto… no quiero volver… -gritó y abrazó el alivio que sólo un condenado a muerte puede saborear al ser perdonado en último minuto. En todo ese tiempo, pasaron cinco micros que hacían la ruta directo a su trabajo. La primera de ellas, -debo pensarlo… pensar qué en todo caso, qué debo pensar… La segunda - Intentar justificarlo no cambia nada, de qué me sirve sopesar pros y contras, lo único que esa oficina tiene a su favor… La tercera micro -…es la sonrisa, los hermosos labios de ella, el resto son miles de incomodas formas que te hunden en llanto… he sido injusto conmigo… vaya estúpido. No tengo por que ser un mártir anónimo. Lo repensó, pues todavía quedaba una brecha de arrepentimiento, por la cual colarse de golpe en su circular agenda, postrado ante su cuadrada mesa y obtusa realidad. Cuando la micro numero cuatro se fue, confirmó su renuncia a la geometría del desamparo. –Lo siento por ella, realmente le he tomado aprecio. Pero no… no, no, no. Más bien sí… es necesario afirmar, afirmar ante el mundo que existo. Es necesario ser tajante… no mirar atrás… contar con lo poco que tengo, lo que llevo encima… dar un giro, caer estrepitoso, absurdo, insospechado, inaudito, lejos de mi mismo, de ese yo prefabricado… él no soy yo. Yo no debo ser él, nunca he querido ser así, me he obligado, malicioso, por interés, por dinero más que por comodidad o placer… pensé que lo ultimo vendría como parte de lo primero… de nada sirve negar el pasado, amparar los actos más insignificantes y diarios, como tomar locomoción y sometido, inconsciente, elegir un rumbo que se repetirá hasta el cansancio… No había marcha atrás, rechazó todo, la comodidad de la rutina, el placer junto a Ella, el dinero bien ganado pero a costa de que… pasó la quinta y ultima…Si se viera sentado en ella, desde lejos, desde su ventana, avanzando en el tráfico agazapado y con una tenue esperanza de cambio cifrada en un aumento de sueldo y años de circulares como compañía, se avergonzaría. No quería eso, quería mirarse desde otro ángulo, uno inesperado, atrevido, interesante, ojala ella le acompañara, quizá estaba siendo duro… Ella le entendería, era sensible, sensata, podrían ir juntos en una nueva carroza… Así ya no se quejaría de tener que ser esclava de dos monstruosas máquinas… No, ella estaba demasiado acostumbrada, era inteligente claro, pero hace rato que había perdido ese matiz dorado que te da el inconformismo. Temía admitirlo, pero estaba opaca, gris como el cielo, como el edificio donde trabajaban juntos… gris como el jefe y su discursillo… era hora de brillar, de entablar un diálogo real consigo mismo… por eso sin pensarlo más, sin mayores expectativas… se subió sin rumbo fijo y tiempo de llegada, a la primera micro extraña que paso. Pago se sentó y antes de desvanecerse en el movimiento relajante de un incierto porvenir, miró en señal de despedida hacia su ventana, allí estaba Él, sonriéndome, le devolví un gesto que no puedo entrar a definir… Todo estaba cambiando…



Autor: Daniel Rojas P

El sol esta por salir.






El sol esta por salir, amo estas horas imprecisas en que la naturaleza desafía al arte con su gusto por degradar tonos opacos y luminosas aberturas aéreas… cubierto por la sal y arena… algo inexplicable, indefinible que ni siquiera intento pensar, tan sólo reconocer,
destila el hondo vació del fin. Es un placer real, protegido por solidarias capas… bellos segundos para contraer los pulmones y dejarse marear por la inmensidad, la plenitud infinita… sentir que todo terminará pronto… más allá del humo y la polvareda frenética… No vale la pena recordar… ahora estoy aquí…


-Trata de respirar… así lento, no te muevas, guarda energía L, pronto llegarán los helicópteros… vamos, no intentes hablar… ¿qué? Quieres que te acerque al mar, a la orilla… vamos L, no vale la pena… sólo aguanta… estas en shock aguanta quieres… debemos esperar… aguanta L, aguanta…


-Muéranse chinos de mierda, fritos como pescado… jajajajaja… quiero aloz con mis pescado señol… jajajajaj saluden a Ho Chi Minh en el infierno


-F, qué demonios haces, apaga esa maldita cosa lunático imbecil… apágala te digo… Esto no es un juego… que no te das cuenta que debemos salir de aquí… estamos rodeados… era una emboscada hombre, una trampa… el resto esta esperándonos en la playa… En el punto de encuentro… hay que moverse…


-¿De qué hablas?


-de la playa tío, la playa… han hecho la llamada, G se llevo a los que pudo junto a L y están ahí… esperándonos… debemos darnos prisa… Vamos hombre, yo no quiero morir aquí, vámonos…


-Yo no voy…

-pero qué dices, debes estar bromeando…


-no que va, yo de aquí, no me muevo… no sin saldar cuentas con estos comemierda, no a esta altura del partido…


-Deja eso F, no te parece que ya fue suficiente… lo que hemos hecho… qué quieres ahora… quemar toda la condenada villa…


-Si es necesario… si es necesario lo haré.


-Estas demente… son civiles viejo… niños y ancianos, sólo eso, mocosos y abuelos, hay que dejarlos en paz… eran cebo nada más… lo único que querían era traernos aquí… ahora debemos irnos…


-Mira escuálido… yo no me enrole para hacer amigos y jugar al rescate del espíritu humano…


-Pero nos están masacrando allí fuera, míralo tu mismo… tenemos que reagruparnos y esperar a los helicópteros… como nos dijeron… ¿vienes o no? dime… ¿vienes o no?



-Surcando el cielo con mi amigo en brazos, aún sostengo la helada jeringa de morfina entre los dedos y a medida que el motor de esta bestia brama cortando la pálida mudez… pienso en los que quedaron atrás y nos alejamos y vuelvo a pensar en ellos y veo sus cuerpos entre un verde palúdico y mostazas corrientes… la selva arde, la villa es un cenicero y las anónimas ráfagas muerden hasta devorar la idea de esos rostros ausentes. Sus siluetas tan sólo puedo imaginarlas, corriendo de un lado a otro como insectos justicieros, saldando una afrenta que nace de una lucha mayor, estúpida pero más grande que nuestras vidas y sin saber por qué… no puedo llorar, sólo me queda la mueca de L, esa extraña postura de sus labios… quizá soñando sin respirar, con este paraíso profanado…


Autor: Daniel Rojas P.

Al C***** ALL




Tengo la garganta rasposa al borde del llanto, esa vil sensibilidad…

Mi cuerpo entero, una olla a punto de resquebrajarse y tengo la intención más bien el deseo, de sentirme solo…


¿Por qué no? Hundirme en mi propia infinitud, en esa desgracia, que años atrás, me parecía tan atractiva y excitante... pero desde que tu sonrisa apareció, allí, en mi atmósfera de mudo imbécil,


provocó la disociación,

de improviso era arena en cada paso seco


y quién sabe por qué mágico destello y extraño respiro de mi mismo…
tú le diste consistencia, otredad y sentido a mi yo, plagado de constante asfixia …


Pero ahora… y esto no significa en lo absoluto, que te ame menos

o que se me halla hecho un hábito… el verte cada mañana, hermosa como siempre…

Es sólo que necesito saber que ese muerto querido, esta acá…

Esperándome, cálido, en el nicho de mi propia miseria...


daniel

Eso.



Una bocanada, un poco de aire puedo sentir la rejilla aplastando mi rostro, momentáneamente el fresco me libera del nauseabundo hedor líquido, las ratas corren persiguiendo mi respiración… rápido vuelvo al infierno, aquí abajo están todos muertos, mis amigos, esos extraños que se unieron en el camino y eso, eso que se llevo sus cabezas, no tardará en alcanzarme. No hay salida, estamos solos. Afuera los quejidos lastimeros y las sombras torpes arrebatan entre gritos atropellados las vísceras a mujeres y tipos condenados… no hay escapatoria. Ilusos, no tienen como evitarlo, la locura esta carcomiendo mis ojos, me recreo con los últimos instantes, esa lucha inútil, enfermiza, perdida entre legiones de brazos…de una forma u otra, aunque te quites la vida, terminarás siendo uno de ellos, olfateando la sangre, en busca de un cerebro… esto no es una maldita película, aquí no hay héroes… sólo mutilados… Dios despiértame, despiértame hijo de perra… yo no merezco esto… gaz gaz gaz gaz gaz gaz. –Ya viene. Gaz gaz gaz. - Es él o lo que sea… gaz gaz gaz gaz, esta cerca, a la vuelta, no es como los demás, es veloz, fuerte, una bestia inmunda… implacable… no voy a correr, no tiene sentido intentarlo… voy a esperarlo aquí, ver sus dientes, sus garras… resignarme a ser testigo de mi propia muerte… que más da, gaz gaz gaz, todos somos parte de la misma mierda… un mundo lleno de zombies, gaz gaz gaz gaz gaz gaz. –Hola si, te estaba esperando… Un zarpaso invisible, no siento mis piernas, empiezo a perder la conciencia, el dolor, la sangre el sabor metálico comienza a recorrer mi traquea, me ahogo, mis pensamientos van y vienen… empieza a destrozar mi rostro, ya no veo, sólo puedo sentir su aliento, su respiración en mi cuello, luego la traquea, un desastre entre sus dedos… y todo acaba, con un estallido, un ligero clic apaga mis sentidos y todo se va a negro...



Autor: Daniel Rojas P

El Loco



Yo soy la Ira de Dios, el Príncipe de la Libertad

y del reino de Tierra Firme y provincias de Chile...




Hablan de mi personalidad con arrogancia. En esa lejana ínsula de señores finos y debilitados por el ocio de sus carnes, azotan mi nombre mientras engordan las caderas y arcas, a costa de nuestra cólera. Enriquecidos pese a evitar el cauce amazónico, la vertical pendiente, la abismal niebla y el reticente carácter del indio rebelde, estos salvajes no son lo que hemos querido creer, no son irracionales vástagos, abandonados en la estulticia. Sólo esperan su momento, llevan nuestras provisiones a fuerza de látigo... desde luego, han cargado en sus desnudos hombros a nuestras mujeres, a mi hija, el más preciado tesoro, sin embargo, al menor descuido flagelarán nuestros cuellos. Somos demonios en su mirar, los asesinos de su tierra, de su imperio piramidal. Mala sombra han traído a nuestros pasos los precursores, Cortés y Pizarro. Pobre cura castellano, amargamente ha bebido de la realidad. Pueden besar la cruz y arrodillarse con las manos juntas mirando al amplio azul, sin embargo odian el evangelio y nuestras palabras y aún así, yo me pregunto, reconocen ustedes príncipes, la carga que nos impone ser sus vasallos, oh caros reyes, aún al tanto de nuestros itinerarios, del oneroso tráfico de almas desde su imperio hasta esta arcadia que sólo nos embarga con promesas y emboscadas desde la lejana y exuberante selva. Por qué, con qué derecho abusan de la condescendía que albergamos hacia el brillo gastado de sus áureas imágenes, reyes de España, podrido linaje. Cómo osan describirme cual mosquito, segundón, hijodalgo sin mayor provecho que el sable… el valor dicen es una cualidad que no debe sobrestimarse, pues no hay caballero de la corona que carezca de esta. –Lope de Aguirre debes obedecer, someter tu ímpetu a la nobleza que te comanda, pues en ella reside la grandeza del reino de este mundo. Yo les insto a mirar su nobleza bajo el metal de mis pisadas, menos que barro, oh padres del cielo europeo, contemplen la gloria de mi rabia. Tengo la cabeza de su amado Ursúa en un cesto y he colocado en su lugar, regalado su precioso cetro a mi emperador al uso, Guzmán, mi títere providencial, su blasón es el cerdo y el afeminado pavo real.


Oh ingenuos monarcas de esa oscura ciudadela, el comando de este barco ya no responde a sus timbres de cera y terrenos imaginarios para la loa de sus zapatos inmundos. La prueba viva de mis designios, se ceba con nuestras últimas provisiones, el magnánimo don Fernando de Guzmán ríe ignorante como ustedes. Se retuerce en el trono que he mandado fabricar a la medida de su gigante trasero, se sienta en un poder que no es más que una frágil apariencia, yo sostengo los hilos, la verdad última, el hierro candente que esgrimen nuestras trabajadoras manos. Esta empresa es producto de la lógica de aventureros, dementes, desesperados sin nada que perder. El Dorado no es suelo para castas antiguas, el Dorado es el destino de quienes tienen el valor de tomarlo al pulso de su sangre y fuego.


Carta a Fernando II

Dios Salve al Emperador de la Nueva Hispania Don Fernando de Guzmán



Esta gran vena sobre la cual flotamos parece una cárcel para nuestros sentidos, nos arrastra, nos empuja, reconocidos como intrusos por ella, por las sombras de los caníbales sus veloces pies y sus traidoras flechas que pasan inesperadas por nuestras cabezas sumergiendo a negros y blancos en el fondo del furioso cauce. Dos palabras se repiten constantemente como una maldición en la boca de nuestros esclavos, jíbaros, marañón, jíbaros marañón, jíbaros marañón, jibañon, mararos, mabajos, mararos, mabajos miraron, mabajos no se detienen, no tienen piedad de nuestros oídos, el sonido se entrevera, se vuelve ridículo inexpugnable, un galimatías que arremete perentorio contra nuestra débil cordura y cada vez más fuerte, implacable a medida que golpetean las silabas, rápido, temeroso, destructivo, rápido, jabaros, miraron, mabajos, mararos, mabajos, la tonada sin sentido, persecutoria se suma al trino de las aves y el silbado de los vientos que azota contra las nubes de cada árbol mas gigante que el otro y no podemos cerrar los ojos sin miedo a perder la noción del tiempo, no podemos ignorar nuestro destino, sólo mirar al frente, esperando que a la vuelta de esa curva verde que parece repetirse una y otra vez como la voz cáustica de los indios, este el reino bañado en oro. Pero no tenemos esa suerte, el paisaje continua como al principio. El cura dice que Dios esta castigando mi idolatra, mi ego asesino, el haber enviado esa carta a la corona, el escupir al rey. Patrañas, hemos perdido a la mitad de la expedición y el emperador, miserable Guzmán es una bestia insaciable, devora todo, ya llegara su momento, pero esto no es más que un giro de tuerca, ahora, sólo podemos seguir… en este desierto de musgo, en este infierno palúdico… escuchando la armonía de la demencia…



…Prolongándose desde la garganta, el canto de los siervos agazapados, su trino aun resuella estremeciendo mi columna, no puedo dejar amputadas en el pasado las amargas caras de los confiados a mi brazo, ni yo mismo puedo aceptar el clímax de la empresa, la amplitud, la anchura de la noche, del descanso atento a las emboscadas y el aire libre. Son un recuerdo pesado, el río de mi frustración, la infructuosa orilla que nunca llega, el caudal infinito de muertos que mi deceso no podrá apagar, por que ahora, hombre y naturaleza somos uno… -Aguirre ha llegado tu momento, levántate. –La luz lastima mis ojos, no reconozco las miradas, pero las voces, el acento, son los guardias de mi caída anunciando la venganza real. –Apura el paso, tu público espera. –Me conducen por el laberinto de cemento, afuera una turba grita, quieren sangre, una conclusión. En la palestra, el hombre del rey se pronuncia airado, grita a viva voz, enardece a los antropófagos de seda y modales cortesanos. Me condenan. -Lope de Aguirre se le acusa del severo crimen de lesa majestad, el precio a su comportamiento, será morir descuartizado y sus restos serán esparcidos en los territorios violados por su cruel tiranía, su cabeza será entregada a los perros del rey. ¿Tiene algo que declarar? –En un último estertor, con una furia animal, antes de que el mundo se cierre, la lección final, indómita, insalvable como el río que arrastra todo sin piedad reclama al universo -Yo soy Aguirre, yo soy la Ira de Dios, el Príncipe de la Libertad y del reino de Tierra Firme y provincias de Chile...


Daniel Rojas P.

Arica 1 de Octubre del 2007

Primer Lugar del Tercer concurso de Narrativa organizado por el Departamento de Español de La Universidad de Tarapacá





turn into...




Las operadoras a cargo del número de emergencia carecían de manos y orejas para hacer frente al tsunami de repiqueteos y versiones histéricas o enardecidas del suceso. Los patrulleros, cual plaga bíblica, se desbandaban tiñendo hasta el último callejón con su monótono verdiblanco y roja sirena. No faltaban aquellos aventureros materialistas que previendo un mañana peor, se lanzaron a las calles, con piedra y palo al rescate de la propiedad ajena. Pequeños almacenes, supermercados y casas comerciales del centro eran a esas horas, bajo el reflejo de sus luminosas vitrinas, testigos omniscientes de una nueva guerra de trincheras. Algunos corazones débiles y sensibles al caos, acostumbrados por años a la tarea de entregar panfletos desechables sobre el advenimiento a fin de ganarse un lugar en el rebaño estelar, se precipitaban rosario en mano a las dantescas pero muchas veces estrechas puertas del templo, anunciando sin malignidad pero con fe expectante, la prueba ultima de la carne, el fin de todos los tiempos. Otros, unas cuadras abajo, más mundanos y estoicos, preferían continuar su sacro ritual de la confesión en la barra, afrontando con un honesto salud el Apocalipsis. Así lo definieron sutilmente los medios, en su alborotada carrera por no perder la exclusiva de alguna nueva explosión o mutilamiento pues en sectores donde aun no se cortaba la energía eléctrica, residían potenciales cifras para alimentar el raiting. En esos momentos, compartiendo con otros desde el vertiginoso bamboleo del bus, la repentina emoción de un cielo púrpura sanguinolento cayendo a pedazos producto de los truenos y el pánico que en plena avenida infundía una horda de muertos vivos desollando a desesperados que gritaban en un ultimo intento al chofer: Pare por favor… Dios pareeee!!!!!!! continué la escritura que inicie al salir de la universidad. Mi ojo y lápiz eran una cámara que en lugar de fotos capturaba palabras, algo me comandaba a no parar. Pensé en mi familia, en cómo estarían mis padres en sus trabajos… mi hermano y sobrino en casa. ¿Pensarían ellos en mi? Desde luego… ¿Pensaba yo en mi? No mucho, me preocupaba más el chofer… el tipo era un as. Había pisoteado sin titubear esos lentos cuerpos de tipos caminando con los sesos afuera o las tripas de otros en la boca, esquivaba autos volcados con chóferes ardiendo o pataleando para no ser devorados y en el intertanto con espíritu de líder, logro imponer su voz

-No se ustedes gente, pero yo no voy a parar de aquí hasta el regimiento, es el mejor refugio, allí estos malditos van a comer plomo -Da vuelta maricón… déjame en la esquina… Para que no entiendes!!! –Termina el recorrido, no pares hasta el cerro! -yo necesito ir a buscar a mi hijo al colegio señor, por favor… por favor. -Mierda el tipo era duro, un tío de lo más cabrón y cojonudo, además tenia razón, no es que yo fuese un desalmado, a mi también me importaban los míos, pero había visto suficientes películas de Romero como para saber que teníamos que buscar un fuerte con armas y provisiones. Pero la turba, cada vez más enardecida y violenta… No debieron reaccionar así, estúpidos, jodieron todo, todo. Mierdoso pensamiento de masas, temor, desesperación, darwinismo que se yo. Se volvieron bestias, tomaron el control del volante, el lucho pero al final se impusieron por número. Trate de ayudarle pero me contuvieron entre cinco… no me fue tan mal, me empujaron y me di un golpe contra un vidrio… él en cambio… Ahora es parte de las llamas y cuerpos retorciéndose que deje cuatro cuadras atrás… pero antes de volcarnos por la pelea en pos del manubrio, sufrió repetidos golpes de un poderoso extintor en la nuca… no creí que chillaría así, no lo vio venir. Creyó ser un héroe para ellos… por unos cuantos metros lo fue… ahora es un muerto más, uno de esos que llamó malditos… Malditos… Se lo que son, tienen un nombre, forman parte de una larga tradición de criaturas del terror, sin embargo me parece tan ridículo llamarlos así, tan absurdo que prefiero no gastar fuerza en ello y seguir corriendo… llegar a casa.


-Ayúdanos por favor… sácanos de aquí… -debo llegar al colegio de mi hijo…

Debo llegar… no veo nada, el fuego esta muy cerca… -Esos lamentos esos gruñidos... ahí vienen… cuidado ahgggggggg –corran ahgggg –sálvese quien pueda… -Cielos tuve suerte de no partirme en dos como el par de viejas y el tipo ese, ése que parecía contador… él fue el que me empujo… un asiento lo rebano y segundos después, la parte superior, reptando, fue en busca de tripas… ya no quiero pensar en ello… ya estoy lejos… pude reaccionar y salir de allí… debo salir de allí mentalmente… ya estoy llegando a casa…


Lentos pasos, gruñidos, avanza un cuerpo que agoniza, que sufre… gutural,

semiconsciente grita -hijooooo…. rompe el silencio del lugar, torpemente se arrastra y parece venir desde una habitación al fondo, en ella hay una ventana rota y pedazos de esta regados por el suelo ensangrentado, a pocos metros junto a una cómoda, otro cuerpo, con el cráneo destrozado reposa y revela lo que antes fue un hombre, descompuesto, tiene sangre en la boca, allí hubo una pelea… la sangre llega hasta el pasillo en un camino que se forma con el estrepitoso liquido rojo que cae del brazo del primero… ese que cada vez menos él.. Menos lucido, grita -hijoooo… perdón!!!. Arriba, un niño llora encerrado en un armario, desconsolado, hasta que finalmente se desmaya del dolor. Le faltan dedos de una mano. El cuerpo diminuto protegió hasta el final su extremidad herida, confuso, ¿Por qué le ataco su padre? Su padre no responde, ahora sólo avanza con los ojos blancos, sin vida y con un único deseo, saborear la carne de otros. Un ruido atolondrado viene de afuera, una llave pelea con el picaporte, la puerta se azota y al fin puedo entrar, detrás hay un infierno, estoy a salvo aquí ¿lo estoy?… debo encontrar a mi hermano, al pequeño… grito, no responden, quizá se marcharon, quizá están muertos, quizá eso seria lo mejor, quizá me equivoco… no, él esta muerto, viene por mi. Su silueta en el living se retuerce, avanza como entrecortada, babeando, idiota por el olor a sangre. Estúpidos, malditos, todo esta jodido… mataron al tipo del bus… Ya no puedo pensar en nadie… sólo debo sobrevivir, arrojar cosas al cuerpo de mi hermano. Olvidar que es él e implorar que el niño este a salvo. El teléfono le da directo en la frente, cae mal y se parte el cuello al chocar con una silla, sus piernas son lo último que veo. Arriba hay ruido, subo rápido, tengo esperanzas, eso es bueno ¿creo?, no… no lo es, disminuye mi adrenalina, me adormece, el niño es uno de ellos, no lo vi venir, sale de un armario y antes de que pueda mandarlo escaleras abajo me muerde la pierna… estoy jodido… mierda… todo acabo… me queda poco tiempo… corro a mi habitación guiado no se por qué… por la nostalgia quizá, veo mi librero… hay un espacio vació, ahí estaba Maupassant… empiezo a perder la conciencia… me retuerzo en el piso… todo va a terminar… mi ultimo pensamiento es para María, debí invitarla a salir… pudo resultar, quizá no… Estoy jodido mi mundo es ahora un gruñido que reclama sangre.


-María apúrate tu papá nos espera en el coche, debemos ir rápido…

-Pero que pasa mamá es tarde de que hablas y por que andas con linterna ¿se fue la luz acaso? -Algo ha pasado, no sabemos que es pero en la radio no pueden explicarlo, gente enferma, muchos heridos, recomiendan ir al regimiento o al estadio. Por favor no digas más y vamos… -De acuerdo deja vestirme… -Ven así no más… da igual… -Afuera hay ruido, sombras avanzan como legiones, al unísono un canto cierra la noche y en la mesa, junto a la cama de ella, un libro de Guy de Maupassant se titula. ¿Fue un sueño?



Autor: Daniel Rojas P.

Nuclear




Guijarros aventados al estrépito mundano, la urbe como una polvareda, panorama otrora repleto de calzados y tajante edición del movimiento, en ojos mezquinos, apesadumbrados, expectantes cautivos, agotados por el humo artificial, la niebla y grima del hacinamiento y ambulante ganarse el pan de cada día, ahora hueca borrasca sin el alma de las risas, la angustia de los desesperados el llanto de los anónimos en cada esquinoso recoveco. La mañana se muestra confusa sin su habitual rostro de ir y venir, de llegar, arrastrar, transar, abrir puertas, gritar ofertas, rechazar cuerpos intrusos, extraños pedidos de limosna más ofertas, algún descanso y nuevas compras, tramites, timbres y llamados a comer, locales bullentes, siestas y de nuevo el ritmo alocado, ahora censurado abrupto aborto por quién sabe que inexplicable misterio, no hay mentes, no hay conciencias capaces de discernir y aplacar el silencio. El fotograma urbano es el mismo gélido erial en cada calco mundial, las calles abandonadas en un éxodo impuesto y todo es de pronto, sepultante y perentorio desierto. No mas inexpugnable frontera de pasos y rumiantes coches que aplacan el urgir de los seres, animados inanimados, Inanimados como reyes de los pensamientos, en las vitrinas sin testigos, en los magníficos anaqueles sin manos, dedos ausentes antes ávidos de coger los colores, marcas, sabores y aromas para depositar el rancio papel o gastado metal, divisas del goce privado, en las bolsas insaciables de terceros. La adquisitiva conquista, truncada, aquella que separa a hombres de vagabundos, mas ya no hay presentes en torno a los cuales discernir sobre esos temas y jerarquías de valores, sólo vagos guijarros rodando a la ventura en su tirantumbeado tonterenteado torrente de tirantes torintorreantes toron toran toron toran ton ton toton ton ton de metros que se suceden en un viento que gira sin centro, sin cabellos que golpear o rumores insípidos, murmurantes pedidos, proclamas discursivas, suplicantes confesiones y voces… es la voz del ultimo principio, la ausencia de palabras, de ojos juiciosos, enjuiciantes códigos y canciones, solo queda una tonada y retina, el gran ojo rojo en el cielo que con furia mira la extinción del absurdo mono y su jungla de acero. Reposando en mares de esqueletos, océanos de cuerpos luego del gran fuego, telón de sombras en las paredes, manchas de grasa como recuerdos, tímidos amigos de la mudez, asistimos in absentia al imperio del guijarro que sigue libre en su infinito rotatorio reconstruir del tiempo. Horas sin minutos, minutos sin segundos, ejes, manecillas, mecanismos que no marcarán mas el destino, el tirantumbeado torrente torintorreante del universo.



Autor: Daniel Rojas P

convicción



Ventanas, puertas, ventanas, algunos rostros temerosos ocultan su curiosidad, amparan el morbo tras el cortinaje, en balcones, desde el primer piso, ventanas, puertas, ojos, más ventanas luego sólo colores y mis pasos son a cada segundo más pesados, exigentes, demandan demasiado, la garganta es una lija, los ojos una caldera sudorosa…

Llevo dentro un motor deshecho, agotado, los brazos ya no me responden, no quiero pensar, no quiero saber lo que me harán, oigo sus caballos al doblar la esquina…

No estan lejos, maldicen, gritan azuzan a sus bestias, blasfeman y luego una nueva arenga por el rey, muerte a los anarquistas, muerte a los traidores de la corona…

Lo se, lo puedo ver, pero intento no imaginarlo… siguen el olor a sangre, ellos también lo imaginan, quieren ver mis tripas en una fosa común, no quiero terminar como el resto de mi familia, ahora solo veo manchas, hace tres cuadras que no escucho el castañetear de sus veloces patas, la fusta molesta. Al salir de la buhardilla pude entre cada zigzagueo sentir los tiros cortando el aire… la pólvora estallando, el metal contra el cemento de cada tiro errado, la mudez del toque de queda fue arrastrada por los suelos, entre el bramido de los belfos y las botas marciales… corre niño, corre, decía el idiota del pasaje, sólo vi las siluetas degollándolo junto a su lecho en un rincón, lo mataron por irresponsable, por escandaloso, por considerar todo un juego… la caballería no esta jugando… Me dio tiempo para salir… sus gritos, su agonía, evitaron que fuese victima mientras dormía, así han caído tantos… creo haberlos perdido, ya no puedo más, ya no puedo pero debo seguir, debo seguir… eso me decía al escribir ese libelo, debes seguir, hazlo, sigue, al repartirlo en las fabricas, en las plazas sigue, debes hacerlo…Ahora debo evitar ver atrás, convertir todo en una estela, seguir, ser un mirar de reojo, una exaltación general de mis sentidos… seguir y soñar con un día más si es posible, calles, esquinas un laberinto de casas y morros de basura con dueños, son los irresponsables, los idiotas de cada barrio, hay tantos estos días, tantos hambrientos, tantos laberintos, disparos, botas, cárceles…

Más disparos, cuerpos degollados, jóvenes tirados en la oscuridad cerrada, carreras abruptas abortadas, luchas por escapar, lo intentas de corazón, deseas seguir, fosas comunes, deseas; de pronto todo termina; silencio…



Autor: Daniel Rojas P


Retazos de Memoria.




Retazos de Memoria.
x Daniel Rojas.



Ayer me encontraba frente el pc terminando de ver la película de Pancho Lombardi "La Boca del Lobo". Mientras los créditos se sucedían con una composición en quena de Bernardo Bonezzi, eterno colaborador de Almodóvar, una sensación ambigua entre nostalgia y desazón retumbaba en mi cabeza. El retrato realista de las masacres campesinas en Ayacucho por parte de la avanzada maoísta de Sendero Luminoso y la no menor crueldad de la milicia, fuerza armada a cargo de preservar el orden y erradicar al enemigo invisible de la sierra, me impacto no sólo por la capacidad fílmica del director peruano sino por el lugar que el tema terrorismo ocupa en mis recuerdos, específicamente en mis primeros años de vida. Con esto no quiero hacer una apología a mi infancia, sin embargo no puedo negar que el contexto político y social en el que nací y crecí antes de emigrar a Chile, la Lima que se configura entre los años 83 y 94, fue una época de convulsión, inestabilidad económica y violencia. Esta es la impresión que quisiera recrear, retrotraerme al punto de lograr ser ese niño nuevamente y si es posible, dar un testimonio libre de prejuicios más no de sarcasmo, de la realidad latinoamericana.



Para graficar un poco la época y dar orden a la retahíla inconexa de imágenes, hechos y personajes que fluyen en mi mente, voy a valerme de la sinestesia, tal como lo hacían los poetas simbolistas de Francia. Tres sonidos tallados profundamente en mi memoria, serán la base para estimular y lograr hacer fluir la narración. Me refiero en primer lugar a las sirenas nocturnas de la policía luego de alguna escaramuza, balacera o bombazo lejano, la tétrica música de Vangelis que aun hoy me produce escalofríos. Esta servia de opening a los boletines y edición central de 90 segundos, noticiero de canal 2, importante señal televisiva del Perú y favorita en mi hogar. Finalmente el apabullante y monótono traquetear del motor de los equipos electrógenos, grandes monstruos devoradores de gas, generosos productores de luz, indispensables debido al racionamiento nacional del suministro eléctrico. El discurso oficial señala que el origen de esta crisis estuvo en las torres eléctricas derribadas tanto por Sendero como por otras agrupaciones extremistas de izquierda (M.R.T.A). La situación concreta que se prolongo durante meses, implicaba vivir a oscuras días enteros de la semana, sometido a informes de distribución que llegaban periódicamente anunciando los cortes, por lo cual muchas familias y empresas ante la frustración y necesidad de contar con el recurso, optaban por tener equipos privados de generación eléctrica en casa o dentro del recinto laboral. Tal era el caso particular de mi familia, pese al disgusto de vecinos y uno mismo por la contaminación acústica, debimos adquirir un par de esos titanes para mantener operativa la fábrica textil que mis padres tenían en esa época.



Estos son sin duda tres puntos indispensables desde los cuales puedo reconstruir gran parte de la historia del país vecino, ocurrida como ya señale, entre los años 80 y comienzos de los 90, periodo que se extiende desde el final del gobierno del entonces reelecto Belaunde Terry (1980-1985) pasando por la frustrada primera administración de Alan García Pérez (1985- 1990) hasta la cartera Fujimoriana tras derrotar a Vargas Llosa (1991-1995).



Las sirenas policíacas el estado de guerra y el caos generalizado.


Un tour de force que revele la imagen de Lima por esos días, parte en mi mente desde un hecho tan común, como servirse el té junto a tu familia una noche cualquiera, digamos de 1988. A esta altura ya no podemos hablar del tema terrorismo como un conflicto armado entre la milicia y los revolucionarios, librándose en plena selva o sierra. Impactantes imágenes de archivo nos recordaban las matanzas ocurridas a comienzos de los ochenta en poblados rurales, sin embargo, situaciones concretas como los constantes apagones nocturnos, lo que por una parte tenia un factor positivo ya que en tales circunstancias y ante una vela o tenue luz es cuando la familia más reunida se encuentra, bromeando o departiendo libre de cualquier interrupción que puedan representar televisores o videojuegos, nos halaban bruscamente a un realista telón de fondo que distaba mucho de ser una recuadro perfecto de armonía fraternal. Las balaceras o esporádicas explosiones, llegaban como un rumor insidioso que hacia preguntar ¿qué pasa allí afuera?, ¿cuándo va a terminar esto?, ¿porqué debemos vivir así?, era claro que al día siguiente cuando el Comercio y Expreso (diarios de alta circulación nacional en ese entonces) estuviesen en la mesa o en manos de mi padre y se reestableciera la luz, podríamos enterarnos de lo ocurrido. Yo desde mi semiinconsciencia y en tontas y alucinadas charlas con mis compañeros de colegio, sumaria especulaciones fantásticas y nuevas imágenes a mi mente, los capitalinos en cambio, deberían por fin aterrizar el drama para dejar de una vez por todas de hacer la vista a un lado y señalar con su usual desparpajo criollo: Ese es problema de los serranos. Empezaban a sentir en carne propia la guerra.

Semejante sensación de inseguridad, te confinaba prácticamente al barrio. Vivíamos un toque de queda auto impuesto y no sólo por los terrucos . El caos se había generalizado. Debido a la corrupción, no podías confiar en la policía, te detenían alegando los cargos más ridículos y tan sólo para pedir una coima (soborno). A mi hermano mayor por ejemplo, cuando tenía alrededor de quince años lo detuvieron por correr, al no darse cuenta que un policía suspicaz venia gritándole alto. Tragicómicamente y por sospecha de quien sabe terrorismo o jogging le subieron a un furgón y le dieron un recorrido acido por el lado b del turismo capitalino, rodeado de fumones, monstruos de los cerros y asesinos de cambistas. No le quedo más que relajarse con el sutil sentido del humor del copiloto, que desde la cabina le daba ánimos diciendo que la parada final era el penal de Lurigancho.



Como culpar en todo caso a la ciudadanía y las fuerzas del orden, el estrés y tensión venia condimentado de una senda económica que era materia prima para los caricaturistas de los diarios y guionistas de cuanto programa de imitadores hubiese en la pantalla chica, mas al interior de los hogares al apagarse la caja tonta y silenciarse las risas comprometidas, empezaba a librarse la batalla contable. Recuerdo días en que camuflado por mis fortalezas de lego rodeada de thundercats, veía a mis padres en un sillón, discutir calculadora en mano, que era mejor hacer ante el inminente anuncio de un nuevo paquetazo (pack de leyes salvadoras del ministro de economía, tipo tablas de los diez mandamientos). Yo desde mi púber candidez me decía ¿qué diablos es eso?, sonaba aterrador, parecía que algo titánico se venia abajo, no estaba lejos de la verdad. La constante devaluación del dinero, la especulación y la escasez de víveres, impulsaba la toma de medidas drásticas y aventuradas por parte de productores y comerciantes. A veces era mejor vender todo y comprar materia prima y alimentos que se almacenarían, otras era mejor esperar y retener la mercadería, pues podías hacer el negocio a un precio fijo, bajo las reglas del crédito y luego, días mas tarde, no conseguir nada con lo obtenido. Literalmente el dinero que tenias en la mañana en la tarde no valía un céntimo. Esto empujo las transacciones a tiempos bíblicos (trueque). Hay que destacar además, entre las proezas del ejecutivo, la creación de un Frankenstein macroeconómico, el dólar MUC, tipo de cambio especial que luego serviría de fachada para millonarias estafas.

El congelamiento de las cuentas de ahorro en dólares, el impuesto a los cheques y el fallido intento de estatizar la banca, los seguros y financieras, arrastro al país a una condición pre-industrial que comenzaba a lindar con la realidad de Mad Max. El sentimiento generalizado de incertidumbre y desesperación fue matizado por las largas colas que había que hacer para comprar displays de alimentos no perecibles.


Si a esto sumamos que de acuerdo a las estadísticas, el 59% de la población total vivía en condiciones de pobreza extrema y tras la aparición del terrorismo, a la ya inmensa masa cesante o relegada de Lima se sumo el éxodo rural y cordillerano, no es difícil visualizar cuán atiborrada estaba la capital. Amplios sectores periféricos comenzaron a bullir, podías ver como los cerros de la gran ciudad comenzaban a llenarse de precarias comunidades que de sobra esta decir, carecían de recursos básicos. ¿Y cómo procesaba eso una mente de cinco o seis años?, en paseos dominicales a Cieneguilla viendo como pequeñas sombras o manchas de colores que eran autos o combis, subían una pendiente pronunciada por entre medio de apretujadas manchas de mayor tamaño que representaban no menos coloridas casas. De más esta decir que mi distancia con esa realidad, debido a mi condición social era inmensa, ¿Cómo sentir el dolor e impotencia de esa gente? La rabia y frustración de ser segregado. En ese entonces era muy pequeño para dimensionar la crisis en su magnitud, pero todo indica que el peruano promedio, tampoco podía o no quería sentir empatía. Prueba manifiesta de ello, es que el terrorismo haya tenido como principal argumento y arma, la necesidad de dar un giro a la pugna de clases por el pueblo y contra la burguesía y que no lejos de esos manifiestos bajo un discurso demagógico, candidatos con chullo, pala en mano y salsa o cumbia de escudo repartieran cual enardecido Quijote pan y leche para asegurarse votos.



Otra fuente bibliográfica era la que proveían las series de televisión que le buscaban al asunto el cariz humorístico, pícaro y pintoresco, me refiero a prodigios televisivos como los Choches, programa que puedo juzgar hoy como políticamente incorrecto en la medida que pretendía hacer caricaturesca una condición tétrica que asola a muchos niños que comercian en las calles como vendedores de golosinas, canillitas, lava autos o simplemente como pirañas (asaltantes) o pandilleros.

Mas no fue hasta que de nuevo la crisis toco las puertas del común de los peruanos, que se hizo evidente el tener que ayudar a estas personas en condiciones infrahumanas. En 1991 un brote epidémico del cólera, era evidente e inevitable consecuencia ante la falta de una decente canasta básica de alimentos y desde luego agua potable. Contribuyo a la crisis higiénica, la negligencia de autoridades sanitarias que no fiscalizaban al comercio ambulante principalmente el de alimentos, eso sin contar las constantes huelgas de los funcionarios públicos de centros asistenciales.


Una última e inevitable reflexión con respecto al rostro amargo de la capital, nace del mismo hacinamiento, sobrepoblación y falta de perspectivas laborales por la precaria educación. El comercio hormiga, abrumadora informalidad que más allá de dar un aspecto carnavalesco y medieval a las principales arterias de la capital, cimentó la desagradable costumbre de ver como habitual y corriente la suciedad de cuanto distrito fuese invadido. Tales aglomeraciones de improvisados puestos a lo largo de avenidas neurálgicas y calles se volvió por la cantidad de peatones transitando durante largas horas del día, en una invitación propicia para el crimen común. Asaltantes avezados, pirañitas en mancha y ladrones al paso pululaban completando el panorama decadente. Claro para un niño todo esto era un carrusel de luces y ruidos pues cada salida o paseo terminaba con la compra de alguna chuchería, ya que en cada cuadra había un puesto de juguetes y chizitos chipy (equivalente chicha de los chesters).



La prensa ¿sensacionalismo, manipulación o verdad?


El hacer una alusión directa al tema de Vangelis y un posible trauma personal con la famosa tonadita, lejos de ser una exageración es un reflejo de la forma en que estaban estructurados en esa época los noticieros y sus respectivos avances. Grandes y chicos estábamos inmersos en un tifón de desesperanzadora información. Era muy común estar en las tardes viendo el bloque de dibujos animados, cuando de pronto entre una serie y otra, aparece un conspicuo relator dando los principales titulares a desarrollarse en la edición central. Con una sensación similar a la de quien ve el exorcista o la profecía, presenciábamos una que otra masacre en algún pueblo joven: Un grupo de encapuchados desconocidos entraron en altas horas de la madrugada a la vivienda de n.n, dirigente sindical del distrito X, acribillándolo sin piedad y a quemarropa junto a su familia. O algún ajusticiamiento en las afueras del tribunal supremo: El auto del juez W fue baleado esta mañana desde un vehiculo en movimiento cuya placa se desconoce, la emboscada dejo como saldo al chofer K y a uno de los acompañantes del malogrado juez que se encuentra en la unidad de cuidados intensivos del hospital Z en estado de gravedad.


Podría parecer que estoy exagerando al inventar noticias de este tipo, sin embargo mi imaginación no da para tanto, la tónica de las entregas superaba por lejos la ficción y es que la televisión en su depredadora lucha por el raiting, era dadivosa procreadora de programas matutinos como contrapunto con sus ampays de la semana a los comerciantes bamba que hacían dulces con cola de carpintero y matrona cariñosa de ediciones nocturnas de fin de semana que contaban con tres horas o más de duración. Panorama o la Revista Dominical, con un desenfadado estilo, nos entregaba detalles escabrosos e investigaciones profundas que invitaban al paroxismo todo picantemente sazonado con imágenes altamente amarillistas y desde luego deporte.


Para muestra un botón, uno de los temas favoritos por esa época y que aun me genera cierta confusión, es la misteriosa y oscura personalidad de “Agustín Mantilla” ministro del interior de Alan García, mano derecha del gobernante y hombre emprendedor y proactivo que ha robado bastante cámara en su vida, claro, sin descuidar sus obligaciones, pues se tomo con celeridad y tesón la tarea de dirigir y fundar en sus ratos de ocio un grupo paramilitar o mejor dicho un escuadrón de la muerte como fue el comando Rodrigo Franco. Este debía servir como contingente antiterrorista pero termino convirtiéndose en una pesadilla similar o peor a la de Sendero. Lo cual es de un alto grado de patetismo, tomando en cuenta que se suponía estos eran los buenos de la película.



En fin, fuera de toda burla, mi intención es conectar lo primero, el tema televisión basura y escándalo con este oscuro hombre de gobierno, el Sr. Mantilla. Pues tras múltiples situaciones que podrían haber sepultado la imagen de cualquiera, asesinato, violaciones a los derechos humanos, corrupción, robo al estado, su persona ha continuado activa en altas esferas del poder ya sea como ministro, senador, amigo intimo del jefe del servicio de inteligencia e incluso de dos presidentes. Determinando claro esta desde su cúpula y con ayuda de sus amigos, el gran hermano que nace de la suma poder central / medios de comunicación, el destino político y la conciencia de la población peruana, hasta no hace mucho y ¿quién sabe desde cuando? Claro en ese tiempo que idea iba yo a tener de esto, si mi primera preocupación era no perderme un capitulo de los transformers. Eso si, yo tenía a lo sumo siete años, sin embargo, el resto de supuestamente cáusticos televidentes y devoradores de prensa, no eran más que zombies morbosos deleitándose con una programación tipo 1984 de George Orwell. La catarsis publica de una voluntad ignorante y ciega vino con el posterior destape de los videos de Montesinos, en los cuales el Jefecito del servicio de inteligencia del Perú se codeaba con medio mundo en tratos no muy sanos de intercambio de dinero e influencias. La manipulación Fujimoriana había provocado un estado de pan y circo.

Semejante bromita hizo quedar a todos los “yo mismo soy” como tarados que digerían de forma atolondrada y sin conciencia, programas sobre brujería, curaciones frotando el huevo o cuye, violadores satánicos, las predicas del hermano Pablo, escolares posesas, calatas por doquier, Yola Polastri y la avalancha de novelas venezolanas y enlatados de Televisa.



El comienzo del fin.



Lima sábado 12 de septiembre de 1992 . La captura de Abimael Guzmán alias Presidente Gonzalo en su residencia de Surquillo, fue sin duda uno de los hechos que marco al país. Para muchos el tener tras las rejas al extremista, significaba el fin del terrorismo, específicamente de Sendero Luminoso. La desmantelación de su cúpula superior indicaba un gran avance en las medidas que la DINCOTE (dirección nacional contra el terrorismo) y el servicio de inteligencia peruano habían iniciado siguiendo las directrices del Ejecutivo. Y es que la personalidad de este ex profesor de filosofía que dio origen al partido revolucionario de corte marxista-leninista y maoísta que toma su nombre de los escritos de Mariategui, había alcanzado a tales alturas un carácter mesiánico y trascendental.


Los peruanos por su parte habían ingerido grandes cuotas de desolación en la lucha contra el terrorismo debido a la forma precipitada en que durante los últimos años, esta había recrudecido. Fácilmente podías estar en un supermercado Todos o Monterrey o en el centro de Lima y terminar convertido en una victima anónima.Sólo meses antes de la captura habíamos sido testigos atónitos de la explosión de 500 kilos de dinamita en Tarata, Miraflores, conocida zona residencial y comercial. El ataque dejo un saldo de 25 muertos, 200 heridos y cuantiosos daños psicológicos y materiales. Recuerdo haber visto eso por televisión, impactantes imágenes de hombres y mujeres buscando a sus familiares entre los escombros, algo similar ocurrió una noche cuando un coche bomba ataco la libertad de expresión, volando el recinto ocupado por canal 2, se sucedían además ataques a blancos dirigidos, personalidades que abogaban por la paz, como el sonado caso de María Elena Moyano. La muerte de la dirigente dejo un dolor profundo en la población. No cuesta entender entonces el júbilo que se sintió al recibir la noticia de la captura. Muchos pueden preguntarse hoy día en forma anecdótica, ¿ey dónde estabas cuando dieron a conocer la noticia?, en el baño, caminando por el barrio, durmiendo. Yo Tenia en ese entonces nueve inviernos y como muchos fines de semana me encontraba en la habitación de mis padres frente a la televisión. Seria algo así como las nueve de la noche, estaba viendo una vieja y repetida hasta la saciedad, película de Tarzán en blanco y negro, cuando de pronto la transmisión se interrumpe con un extra noticioso, si de 90 segundos y su música infausta, sin embargo la tonada tenia esta vez otra sensación. El golpe dado al terrorismo esa noche marcaba el comienzo del fin. Para el Perú comenzaba un largo pero prometedor camino hacia la reconciliación, para mi familia fue distinto, ese seria nuestro último año en el país.



Y es que si bien, la caída del cabecilla marco un hito en la guerra civil, también propicio la ruptura de nuestra calma vecinal, nada anticipaba que frente a nuestras propias narices, en la anodina casa roja de dos pisos que tuvimos por años, como vista directa al salir a la calle, habitaba Ketín Vidal, comandante en jefe y principal artífice del plan que apreso a Guzmán. El antiguo y calmo sector residencial de Cipriano Gutiérrez en el distrito de Pueblo Libre, se lleno de guardias armados y de un par de jeeps con ametralladoras en ambos extremos de la calle. El contingente militar rotaba y mantenía un ojo cáustico ante cualquier movimiento sospechoso que implicara alguna vendetta o represalia. Podía parecer emocionante, los primeros días fue como ver hecho realidad un episodio de Gi.Joe o alguna mala película de Stallone pero era más que eso, saturados por el clima de inestabilidad y tras largos años de apostar por una mejora global del país, mi padre, de nacionalidad chilena, tomo la tajante decisión de jugar sus cartas a la tierra que lo vio nacer y crecer. Chile en los noventa estaba entrando a una esperanzada democracia tras un golpe de estado, gobierno popular y cruenta dictadura militar. Y si bien hasta hoy mantenemos contacto con Perú por la familia de mi Madre y eventualmente por mi Padre, que regreso a vivir tiempo después a la capital, el tiempo, la distancia y la necesidad de empezar de nuevo, marco mi perspectiva hacia los hechos de aquellos años.


Hoy no veo con rabia ni autocompadecimiento mi infancia, creo que a la larga me dio una lectura general no sólo de la condición de nuestro continente sino también de la humanidad, pues aunque suene exagerado, años más tarde al leer a los grandes narradores americanos de nuestro tiempo, Llosa, Carpentier, Asturias, Donoso, Marques, Mallea, Fuentes, Arenas y muchos más, puedo tanto desde mi experiencia vital como actor y lector, entender en su justa medida y con risa, las famosas revoluciones con sabor a chicha y empanada, el marxismo como panfleto de escolares, la derecha como promesa incumplida y logia de dandys, la democracia como tapadera de abusos y las cruzadas de Guerrillas por los andes, la intervención de la mano negra de la irónicamente llamada Casa blanca y desde luego el surgimiento providencial y epifánico para su posterior caída estrepitosa y humillante de caudillos, demagogos, dictadores e iconos de poleras con boina y frases sobre la primavera a punta de fusil.


Como reflexión final a falta de moraleja recuerdo un verso de Cesar Vallejo al encender la televisión y luego de 15 años, ver tras un sucinto zaping que se resume en el único canal que nos llega del Perú (TNP), al actual presidente Alan García Pérez “si el único e inigualable” prometiendo mejoras económicas y el termino del tren eléctrico, para luego ceder palco al candidateable del 2011 Alberto Fujimori dando desde algún bunker, un rimbombante discurso sobre el futuro del Perú, amparado bajo la ética de los samuráis.


Quizá soy yo, quizá la gente tiene mala memoria o quizá como dijo el poeta, y esta noche sorda, obscura, ya no podrás jugar, porque la Tierra es un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura...


Daniel Rojas Pachas.


Empatía



Las miradas cruzaban todos los espacios de la habitación, la atmósfera era en esos precarios instantes una densa masa de respiraciones agolpándose, chocando, compitiendo por un segundo extra de oxígeno, cada rostro era un océano al menos eso podía pensar quien ligeramente viese de reojo al vecino, la tenue luz de la recámara aumentaba la confusión, la difícil tarea de sentir empatía por ese, que sin querer, trata de ganar un sitio, acomodarse sin miramientos para sobrellevar de mejor manera la situación, el abatimiento. Algunos desfallecieron desde el comienzo, era evidente que sería demasiado, sobre todo para los más viejos, ellos saben lo que nos espera, no tienen la alegría del que ignora como los pequeños, de cualquier forma, es sorprendente la fuerza de su espíritu más allá de toda falta de conocimiento. Pese a lo arbitrario del destino y lo extraño del ritual, parecían haberse adaptado a ello, como si fuese un sencillo juego, poco se podía decir también de la embarazada, había tenido la tenacidad suficiente para soportar el encierro y sobrellevar la carga de un no nato sin opciones, yo en cambio, por momentos creí sucumbir, no voy a negarlo, a esta altura habrían pasado ya casi siete horas, el estomago comenzaba a reclamar alimento, pero no era el único, muchos otros compartían la sensación, el silencio contribuyó a crear un coro de tripas retorciéndose, da igual, yo no importo mucho, de hecho nadie importa ya, yo no soy yo, ellos no son ellos, sólo anónimos cuerpos, conciencias mudas esperando el fatal desenlace, que la puerta se abra y todo termine en las fauces del gigante.


Autor: Daniel Rojas P

El sofá de terciopelo.


No me brinda seguridad alguna el estar recostada aquí. Frágil, sutilmente ansiosa y mirando al techo. Las grietas, minúsculas pero evidentes, su desnivel deforme, oculto. Todo apacible e intencionalmente ideado con rústicas tonalidades café, como si ello brindara el telón propicio, al monótono ritual del psicoanálisis.

Disección de patologías y traumas acompañado por la anestésica voz de un altivo y pomposo cirujano mental: Doc que asiente y dice -Uhm, interesante!!!- Frente a cada palabra que mi boca deja escapar. ¡No querida; la seguridad es un mecanismo obsoleto, obsoleto!!!. Detesto el lugar, me da escalofríos, pese a ser una oficina, despacho, consultorio o como se le quiera llamar. Luce igual a la cabaña en que solía pasar los veranos junto a mi familia. ¡Siempre odie esas vacaciones!!!. Aun las odio, pero no tanto como los días de clase. Y que se supone que debo pensar de esa repisa llena de libros… sorprenderme extasiada con los títulos impronunciables en Alemán. Apenas si se sostienen.

Juraría que las enciclopedias solo han sido visitadas por las polillas y esos galardones, es más que seguro que este idiota los compro en un remate de saldos; y para que hablar del olor a lavanda y aerosol de limón… si se trata de una regresión, lo único que ha conseguido colocar en mi cerebro, son miles de imágenes de incómodos momentos de la adolescencia: La biblioteca del colegio, la oficina del director, las visitas a la orientadora y tantos días que pase ahí, castigada por llegar tarde o simplemente fugarme. Las escapadas al baño para hacer humo lo que tuviésemos a mano y nuestras carcajadas... ...los insultos y maldiciones al par de imbéciles, Lagos y Carrasco… Solo dije lo que sentí cierto!!!. Mierda, que hago aquí entonces!!! Estoy la mar de bien, claro, si exceptuamos este sofá y el hecho de que este obligada a asistir a terapia.

Es una real estupidez!!! Es cuestión de mirarnos. Ambos confiados y serenos; tu más que yo. Aburridos pero sin decírnoslo a la cara para no ofendernos; yo mas que tú. Miento; tú lo disfrutas y yo; yo me quiero largar. No por que te deteste, poco me importas en realidad. Lo que no soporto es esta burda interacción en este. .. consultorio.

Tests que parecen juegos para niños retrasados: Hacer unos dibujos ridículos, memorizar tarjetas de colores y decir lo primero que se me viene a la mente mientras lleno formularios igual a los de la p.a. Todo para alargar la sesión y así puedas cobrar más!!! Meterte al bolsillo un jugoso cheque que costee tus inmundas y secretas necesidades de hombre ejemplar!!! Mamá paga; así que, de igual. Si de mí depende; estaremos aquí todo el día y así podrás completar tu colección de videos "Chicas con pene". Felicidades por ti cabrón. La muy perra se lo merece en todo caso.

¡Cinthya es quien quiere seguridad!. ¡Cinthya es quien quiere una hija que pueda presentar a sus amigas sin avergonzarse! Entonces que pague por ello como lo hizo con sus nuevas tetas.

-Marylin, no has dicho nada en los últimos diez minutos. ¿Qué ocurre, estas incomoda?.

-No para nada!!!

-Vamos. No debes encerrarte, sabes cuales son las reglas. Yo se que algo pasa por tu cabeza.

-Lo sabes realmente, como es posible, ni yo misma puedo descifrarlo. -Pienso al mirar de reojo y darme cuenta que tienes una gran capacidad para entender lo obvio y aun axial, no un simple sarcasmo Pobre imbecil!!!

Estas petrificado en medio de un callejón sin salida, inmóvil como un ciervo a punto de ser despedazado, la luz esta directo en tu cara hijo… puedo oler tu nerviosismo, te sobas los dedos, ese tick estupido en tu labio y luego de un rato, casi como cronometrado, cambias de posición cruzando la pierna que estaba debajo de la otra. Es automático e involuntario, me encanta llevarte ahí, desorientar tu mirada y reír entre dientes por ese prefabricado look de Sigmund Freíd. Que ridículo y se supone que yo soy la que tiene problemas de autoestima. -Nuevamente estas bloqueando la comunicación Marylin. Esa no es la idea tras estas sesiones. Debemos interactuar y así poder afrontar tu disfuncionalidad. La confianza es básica, dime sin vacilar lo que estas pensando. -¿Creí que lo sabias?. -Ríes con una mueca tonta y buscas excusarte. -Tengo ya esbozos del conflicto a erradicar; pero necesito confirmar mi análisis. Así que por favor... -¿Que quieres que te diga?. -tu inquisitoria insistencia comienza a elevar mi tono, me muevo desde la completa y hermética mudez hasta el chillido desgarrador. De pronto me hallo entre la ironía y el desgano. Sin embargo como buen profesional, no te rindes, opones fundamentos y revoloteando en alto tu estúpida tablilla y papeles, balbuceas razones inconexas, lecciones de una moral y protocolo que no caben en mi cabeza y al final, me veo obligada a responder. De lo contrario intentaras sacarme con ganzúa ese atochamiento de frases que preferiría tragar por que no tienen mayor importancia. -Marylin por ultima vez; dime que has estado pensando durante estos últimos minutos. Así no podemos avanzar. Se que algo te inquieta, se que quieres compartirlo, por mucho que te muestres esquiva mirando el techo o por la ventana hacia el edificio del frente. ¡No te cierres querida!.

-Querida, que diablos significa eso!!!- Es lo único que puedo pensar, claro, eso y otras miles de incomodas ideas que nacen desde tu diminuto cerebro para circular hacia tu no menos diminuto miembro. Tu forma de observar incomodaría a cualquiera Doc, pero a mi no, no tengo pudor al respecto -¡De acuerdo Doc!. -Perfecto, puedes empezar cuando gustes. -El goce que te produce es una invitación y el que ingenuo te adelantes abandonando la comodidad del acolchonado respaldar de tu silla, a fin de hacer mas intima la confesión, me fuerza con ferocidad, directo al charco de mierda al que quiero lanzar a todos y a ti en especial. -¡Me reía de tu estúpida apariencia!. -¿Perdón?. -Me reía de tu falsa chaqueta importada, lo vulgar que es, al igual que ese pantalón mal zurcido y que apenas cubre esas piernas peludas y asquerosamente bronceadas que tienes. Tus afeminados zapatos italianos son horribles y esa barba retorcida y neuróticamente emparejada, vaya, pero no olvidemos tus lentes. Dios santo, hacen de tus ojos dos puntos negros sin sentido y esas patillas, que nadie te ha dicho que el rey murió hace cincuenta años. Eres patético!!!, pareces un retentivo anal del siglo dieciocho. Te preocupas mucho de como lucir y buscas así... -¡Basta! Ya entendí. -Más que el grito ahogado e impotente al que estoy acostumbrada, me sorprende la forma en que tu moderado y snob animo se derrumba, te revela como el tipejo que en verdad eres. Joder, pensaba que todos los estirados de tu oficio, debían tener más correa! Si tuve algún gramo de respeto hacia tu personita, se acaba de desvanecer amigo. -Disculpe no quise incomodarle era solo una broma Doc. Claro, con serios matices de realidad desde luego.

-¡Marylin, Marylin, Marylin!.

-Que ocurre, ya le dije que no fue con el afán de herir sus sentimientos.

-Lo que ocurre querida... ummmm, no mejor prosigue, yo entiendo... -Odio tus anotaciones, el como mueves la cabeza a la par que el lápiz avanza probablemente sin nada coherente que redactar, tu pantomima me inquieta y la curiosidad fluye... -Continuare evaluándote si no te importa, ah y por cierto no te tomes la molestia de tratarme de ud Marylin...

-Y tu no pongas esa cara de pelotudo y muevas la cabeza como si te hubiese decepcionado.

-¿Perdón?.

-Perdón!!!, Perdón!!! Acabas de decirme que puedo tutearte y que la confianza es primordial...

-Ah ya veo donde nace tu forma de reaccionar. Te incomoda la superioridad ¿No es cierto?

-No; pero a ti si y de hecho no te sienta en lo absoluto. ¡Sin ofender!!!.

-No lo has hecho linda… tu actitud es sumamente interesante y reveladora, ya comienzo a tener una idea de que clase de chica eres.

-En serio, podrías decírmelo. ¡Por favor me encantaría saberlo!!!. Tengo años tratando de encontrarme Doc. Ilumíname!!!

-La ironía es un buen escudo. Destruir algo que ni siquiera te pretende atacar, pero sientes amenazador. Oh si, ese un medio defensivo idóneo y bastante cómodo.

-Me has leído al revés y al derecho Doc!!!.
-Ahí lo tienes, no puedes evitarlo. Temes la confrontación.

-Claro que no, solo me estoy divirtiendo un poco. ¿Que hay de malo en ello?. Nunca trato así a quien no se lo merezca, por entrometido o palurdo que pueda ser.

-Y yo soy todo eso y me lo merezco ¿verdad?. -Al fin descubrió algo Doc, ya ve, no fueron quince años en la universidad por nada. Puede sentirse realizado. Repetir todos los cursos tres veces, al fin esta dando frutos.

-Ummm, interesante estrategia la tuya, pero siento decepcionarte, como medico, tengo el entrenamiento para soportar tu forma de ver las cosas.

-Realmente puedes Doc...

-Ya te dije Marylin que si, sin embargo ummmm, eso no implica que tu comportamiento y actitud lastima a los demás.

-Cual actitud no seas tarado!!!
-Esa actitud de mierda que tienes niña!!!.
-¿Mierda?. Vaya Doc, dejamos los formalismos a un lado tan pronto.

-Perdón no debí exaltarme. Lo lamento y bueno... ummmm, el hecho es que tu sabes a lo que me refiero. Con esa acidez y esas constantes criticas a todo lo que esta en tu entorno, no solo te dañas aislándote sino que perjudicas a tus seres queridos.

-¿Seres queridos? Por favor, ellos están acostumbrados y el que no me quiera escuchar, se puede ir al infierno a tomar Coca cola. ¡Nunca les he puesto una pistola en la cabeza, para que estén conmigo!. Es más, me harían un gran favor al largarse.

-¡Que terrible forma de enfrentar la vida!.

-uy ya saco conclusiones, Veo que le molesto el que atacara su guardarropa.

-de que hablas
-de quien te viste Edipo. Tu madre
-¡niña cielos!. No ves que estoy tratando de ayudar.

-Bueno para eso te pagan ¿o no? pequeño albert. Hay que descifrar quien soy y seré...

-Eres inteligente Marylin, no tienes que usar una mascara, he visto tus notas y analizado tu desempeño académico. El que por cierto; seria impecable de no tener una conducta tan agreste y autodestructiva.

-Si es cierto, soy un caso perdido.
-Debemos trabajar con premura. Tienes demasiada ira acumulada.
-Doc, deja de hablar como si tuvieses atravesado un ají en el culo...
-Santo cielo muchacha contrólate...

-Mira por que no te sueltas un poco y te relajas como cuando dijiste que mi actitud era una "mierda", me sorprendiste en ese instante. Todo se puso entretenido… pensé que ibas a seguir en esa tónica, la que por cierto haría de esto algo menos

-Ummmmm

-no ponga esa cara Doc; ya ve que siempre digo de una u otra forma lo que me molesta. No me reprimo, esa es la razón principal para que estar aquí; en este, digamos "centro medico". Si no me cree, pregúntele a mamá, ella es quien quiere callar mi boca floja.

-¡Lo dudo Marylin!.

-No la conoces Doc. Cynthia es capaz de freírme como a Nicholson en Cooko`s nest, si eso mejora mi bocazas.

-Cynthia es una gran amiga mía. Creo conocerla y se cuanto te equivocas.

-Doc, el que día por medio la lleves a un mugroso motel y le apliques tus limitados movimientos en cada uno de sus orificios. No quiere decir que sepas quien es. O acaso esa es tu técnica medica. Dudo que así sea. De lo contrario conocerías a la perfección los dilemas de todas las putas que pululan por las calles. Incluyendo tu mujer y secretaria.

-Eres una... -Una perra, claro soy hija de mi madre, algo tenia que heredar de ella. Pero descuida, el buen gusto; gracias al Olimpo, lo obtuve de papá. Nunca me fijaría en una bazofia como tú.

-Yo estoy divorciado Marylin. Tu madre y yo... -Deja las confesiones para tu propio loquero woody allen, se lo que se traen entre manos y descuida, a mi viejo hace tiempo ya que se lo comieron los gusanos, no es como que a estas alturas voy a empezar a jugar el rol de Hamlet.

-¡Entonces no te importa!. -Si estas en eso de la necrofilia y te acomoda follarte a una vieja hipócrita, quien soy yo para juzgar. Imagino si que nos harás un descuento, cuando pases a ser mi nuevo papí.

-Probablemente será mejor que traspase tu caso a algún colega.

-¿Que pasa; tan rápido te rindes? -¡No, pero empiezo a ver que carezco de objetividad!.

-¡Entonces hemos estado perdiendo el tiempo aquí!!!. -¡Estoy haciendo un favor a tu madre Mary!. Personalmente No se que la hizo decidirse a traerte, pero estaba preocupadísima por tu salud. Muy por el contrario de lo que a ti te pueda parecer.

-¡Ya ves que no la conoces!. Ni siquiera te dijo la razón para contratar tus servicios. Así empieza. Luego te ocultara todo y de pronto, ¡caput no sabrás quien carajo esta a tu lado!. Vive mutando tanto su rostro de acuerdo a la moda y amistades. Que dudo sepa ya quien es. ¡Pero da lo mismo!. Yo soy quien tiene el cerebro cagado.

-Ummm, definitivamente tenemos que subsanar esa relación que tienen. -Yo la acepto como es Doc. Ella es la que no me tolera. Debería venir a estas estúpidas sesiones en mi lugar. Pero claro, no lo hará, pues cree que la terapia es para dementes y es mejor culparme a mí, que tengo las horas y disposición de perderlas poniéndome bajo el reflector y escrutinio de un charlatán. -¡Eres dura Marylin!.

-Quizá, pero eso no significa que no diga la verdad.

-La única verdad, es el conflicto que tienes con tu madre. El resto y esa condición... -¿Cual condición? Tu condición de fantoche comemierda. -¡Tu rabia reprimida!. Si sigues, pronto te sobrepasara y no sabrás como comunicarte con otros.

-Sabe Doc, sobre eso, me gustaría añadir algo. Si me lo permite claro.

-¡Adelante!. -Debo darle crédito, al menos tiene paciencia, otro ya se hubiera marchado o me hubiese dado un golpe en el rostro. Bueno, que no lo haga le da algunos puntos a su favor, aunque no disminuye mi apatía claro, ya que sigue siendo un cerdo y cretino. –justo lo que quería oír niña.

-Doc en serio, si uno esta bien como es y los demás... la sociedad, digámoslo así, inconsciente considera que eres adaptado solo por que no te conoce y se guía solo por lo que puede o quiere ver. ¿Cual es el gran dilema?. Yo soy feliz y el resto, pese a ser una bicho raro, parece gustar de mí. Al menos de frente así lo demuestran. Ya sea por mi apellido o como usted dijo, "logros académicos", no me cuestionan. De seguro me destripan cuando no estoy, pero eso que mas da, no vivo de y para un montón de comemierdas. Vivimos en un mundo de apariencias. Lleno de caretas, fachadas y expectativas inmediatas. En él; todos los que conocen las reglas. Ganan.

-Y tu las conoces a la perfección.

-Desde luego, por algo me gradué con honores del colegio, no me podían hechar por las notas y menos por la contribución que la chequera que mi viejo nos lego, hacia. ¡Le gane al sistema Doc!. ¿Hay algo de malo en eso?. Claro, fuera de demostrar la incompetencia de la educación en este país y la falta de cojones del director.

-Muy lindo, tienes todo bajo control. Eres un caso típico de libro. Te gusta experimentar, llegar al límite, escuchar el clic del martillo y contentarte luego cuando sabes que la bala estaba en otra cámara. Te produce placer, te da bríos y ante todo un sentido de superioridad que ansias con urgencia.

-¡Guarda esa mierda para alguien que se la compre Doc! Ya debes haberte dado cuenta de que no soy una incauta. Invertir mis palabras y poner otras en mi boca, no hará diferencia alguna. No he dicho sentirme superior. Lo que no implica si; que los demás sean mediocres ratas. ¡Pero ese no es mi problema!!!. No puedo ir por el mundo arreglando la miserable "condición" de los otros. Son estúpidos, se esfuerzan al máximo en dejar a la vista el abismo que nos separa.

¡Oh por favor, deja de tomar nota y mover la cabeza mirando al suelo!. Ya te dije que yo no hago las reglas, juego con ellas simplemente. Si no las conocen. Allá ellos.

-Una individualista de primera. Tienes el patrón común del narcisismo y para ello...

-...Hay un fin terrible. "La soledad". Ibas a decir eso, ¿verdad Doc?. No es la primera vez que escucho lo mismo. Ya no creo en ello. Y es que, dime de corazón, acaso no preferirías estar solo. Mira a tu alrededor; hay puros palurdos torpes. Esclavos que dependen de la validación que terceros les dan. Inconformes piden a gritos un poco de amor. Es triste, aceptan golpes o rutina solo por miedo al desamparo. Usados para sentir un beso, el calor de otro cuerpo que les de seguridad o una palabra bonita aunque signifique nada. Yo prefiero mandar todo eso al diablo y continuar, lejos de tanta urgente dependencia. Si sabes lidiar con esa "condición" puedes elegir entre compañía para deleitarte o tu vacío que reposa de tanta imbecilidad. La ausencia no es enfermedad Doc, es ser libre si lo puedes controlar. No los necesitas, no te complementan y si quieres, bien, tu eres quien los puede usar.

-¡Ni tu misma quieres creer eso niña!.

-No lo creo, lo se. Llenamos nuestras miserables vidas con actividades y grupos de amigos. Pero al final estamos solos. Todo es una palmada de consuelo, una perdida de tiempo y un pedido desesperado que clama un rescate emocional.

No es ser individualista, pienso y conozco los hilos que nos mueven, por eso estoy bien así. Sin saltar al ritmo del titiritero.

-¿Entonces que haces aquí, boquifloja? Por que no te ahorras la molestia!!!

-Si vine aquí es por mamá, ahí tiene un ejemplo de mi falta de egoísmo. Otro la hubiera mandado a rodar. Claro, dudo que esto vaya a servir de algo, pero si le da tranquilidad a la vieja y a usted le permite llevarla a la cama con mas facilidad y ganarse de paso unos morlacos extras. ¡Quien soy para oponerme!!!. Ya te dije, tengo el tiempo y me divierte joderla en su afán por hacerme "normal" "adaptada" y "ejemplar" -¡Maldita muchacha!. -Al final nadie pierde Doc, ella no me fastidia y usted sigue aumentando su capital.

-¡Estas cagada de la cabeza!. No lo quieres aceptar.

-Por que tengo que aceptarlo. Tu más bien deberías hacerte revisar, una cosa es ser miserable, pero otra muy grave el proyectarse. Instrumentalizar a otros y en el juego hacer falsas esperanzas a una viuda cincuentona solo para salvar tu carrera. -¿Que dices? -No toleras ni besarla y menos acercarte a mi, crees que no me doy cuenta cuando me miras. Tienes miedo, me encuentras atractiva pero también sabes que estoy tan desquiciada que seria capaz de rebanar en dos a tu pequeño amigo.

-¡Cállate! -Ah, pero si solo estoy bromeando. No se lo habrá tomado en serio Doc.

-¡Deja de decirme Doc!.

-Pero Doc, por que se exaspera, solo estamos conversando, pense que la confianza era lo primordial.

-¡Estas loca aléjate!. -Vamos doc, acaso no quieres besarme el cuello y apretarme entre tus brazos. Sacarme toda la ropa y pasar tu lengua por...

-Aléjate he dicho!!!
-Tranquilo Doc, solo estoy jugando, no quise hacerle sentir mal.
-Deja de decirme Doc. ¡Estas loca!. ¡Loca! Loca!!!
-Tranquilo, mire si le hace sentir mejor puedo ir de vuelta al sofá...

-No es eso, maldita seas perra loca, maldita seas. Tienes razón. Tienes razón y ese es el jodido problema!!!

-Solo bromeaba.
-¡No, tienes razón, soy un mediocre!.
-Doc, no llore por favor…

-Al retroceder al sofá y poner mi mano sobre su hombro, fui testigo de como toda su seguridad se volvió arcilla. El tiritar lo hacia un muñeco de trapo a punto de sucumbir ante la presión de dos pistones de acero. Su columna de paja se doblo y su mirada se escurría hacia una infinita caída -Tienes razón, todo lo que dijiste es verdad, me van a quitar el consultorio y necesito el dinero de tu padre para mantenerlo abierto. Perdí todo por el juego y las putas. Por eso mi mujer me dejo. Por eso soy una mierda que vive de las apariencias, odio a tu madre pero la necesito. Susurrarle un par de palabras lindas y falsas al oído me sirve para llevarla a la cama mientras pienso en ti. En traje de baño, como ese día que estabas en la piscina. No puedo dejar de imaginarte desnuda, ahora mismo, desnuda sobre el sofá, tu piel, tus labios, oh pero te odio, te odio por ser tan...

-No lo diga, solo bromeaba. Solo bromeaba!!!. No llore, póngase de pie doc, doc no sea cobarde, no se hunda…. usted es un profesional, salga de allí, usted puede arreglarlo, yo no quise, yo no quise…




Autor: Daniel Rojas P

La vieja


Al caminar por oscuros pasadizos, de lo que podría pensarse es un túnel laberíntico,

Comienzo a sentir que cada paso resulta más confuso que el anterior y de pronto, con el pulso acelerado y la respiración entrecortada, procuro mirar atrás y volver raudo por donde se supone llegue, entonces recuerdo de golpe que no hay un momento preciso en el itinerario de mi vida, que marque el paso de otro sitio o habitación a este cámara. Por momentos ella resulta en extremo opresiva y húmeda para luego tornarse imponente e inasible a cualquiera de mis sentidos… olvido con facilidad el detalle de la transición, pese a no ser algo menor. Quizá es parte de la confusión y aún no me he dado cuenta de ello y aunque de improviso estoy consciente y preguntándome con una risa irónica que puedo imaginar; lo que no tiene tregua e ideario, es la forma deshilachada en que opera mi cerebro para justificar los ¿porqué? y ¿cómo? Entonces ocurren dos cosas o lo olvido y continúo avanzando o simple y llanamente me duermo y al despertar sigo caminando sin sentido pero como si fuese indispensable no parar hasta que la duda me asalte otra vez…

¿Como confiar en mi sensibilidad?, mucho tampoco puedo decir de la lógica y sus mecanismos. Aquí no operan más que para generar mayor frustración.

No me hallo cerca, de lo que mi cabeza puede considerar una salida y a lo que me refiero en términos más concretos por laberinto, es a una trampa infinita, casi como andar vagando de noche por el desierto y sin esperanza. De cualquier forma, se lo que parece esto, un estúpido y común símil de la mente o el estado de animo, la metáfora más barata que se pueda encontrar, un lugar lúgubre y descuidado, lleno de dolor e incomprensión, con ratas y cucarachas manando de cada rincón y en cada poro de mi piel, la penumbra que aumenta con el aliento frió de la niebla, bah que idiotez, falta que me ponga a monologar sobre la vida como una droga o haga la típica elegía acerca del mural de rostros enjuiciantes. Pero no, ya he pasado por eso, ya no tengo dieciséis y ese tipo de espectrales y sin duda cliché imágenes me resbalan…

Aunque no da lo mismo, nunca da lo mismo, siempre hay algo a lo que no te acostumbras, para mí… el silencio es inaudito. Lo cual no se si es por una condición intrínseca del sitio o quizá, sólo soy yo. El caso es que la regla se rompe y aparece lo peor que puedo traer a la memoria…

Lo hago con serias aprehensiones y a riesgo de arrepentirme, pues temo que al repetirlo en voz alta, fuerce su ocurrencia.

Es así que un susurro empieza a recorrer las galerías… esta pasando, no lo creo, no debí haberlo pensado, no debí siquiera pretender contarlo. Ahí esta, esta pasando, es ella, llego y sonríe como siempre… al comienzo parece inocente, ¿porqué lo hice?, ¿porqué creí que esta vez seria distinto?, soy un imbecil, su sonrisa es maliciosa, deforme no cabe en su rostro y sus ojos lucen desorbitados, amarillos como dos grandes faros que me impiden voltear, y ahora ese chirrido… ese metálico pitillo y luego la carcajada, es la vieja, la vieja viene, es la maldita bruja con su traje floreado, su moño gris aplastado con aceite y toma vuelo, esta feliz y desesperada, en su cara las dos luciérnagas bajo su frente estallan entre los pliegues interminables de la arrugada carne. Es la vieja con su sonrisa como la de un niño demente que no puede cerrar la boca, que no quiere hacerlo ya que todo es arrastrado hacia sus fauces de dientes desgastados… presurosa llega gritando, no lo soporto, esta cada vez más cerca, siento su vaho y no lo puedo esquivar, no puedo por que los músculos no responden, estoy condenado a ver como grita y gime mientras me mira profundamente, escrutando todo lo que veo y siento. Eso la complace ya que por mucho que sepa lo que va a ocurrir, no me queda más que tolerarlo, vivir la experiencia como la primera vez y así hasta el infinito ya que no puedo acostumbrarme al choque, a su piel contra la mía… no es un sueño, no, no lo es, quisiera creer que es sólo una pesadilla, que hay un giro sorpresivo e inesperado, que una vez que sus manos alzadas que mueven los dedos como gusanos hambrientos lleguen a mi rostro y empiecen a danzar impúdicos, todo terminará… rápido con un sencillo destellar de mi mirada hacia un nuevo día. Pero eso nunca pasa, la espera no termina, aquí no hay sol, aquí no hay despertar. No es un sueño. Este es mi hogar.


Autor: Daniel Rojas.
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