Noviembre, 2007

Vea: La Joven de Buñuel.


la joven


Datos técnicos.



Título del film: La Joven

Aka: Island of Shame (UK) White Trash (USA)

Director: Luis Buñuel

Guionistas: Hugo Butler (como H. B. Addis) y Luís Buñuel, sobre el cuento "Travelin' Man" de Peter Mathiessen

Reparto:

Zachary Scott .... Miller

Bernie Hamilton .... Traver

Kay Meersman .... Evelyn o Evvie

Graham Denton .... Jackson

Claudio Brook .... Fleetwood


Año de Producción: 18 de enero de 1961 (USA)

Lenguaje: Ingles.



Sobre el film: Por muchos una cinta opaca en la filmografía del director Aragonés y como no, ante clásicos de la talla del Discreto Encanto de la Burguesía, el Ángel Exterminador, Belle de Jour o Viridiana , por nombrar solo algunos de los maravillosos relatos que nos lego el genio español.

Sin embargo y pese a las opiniones dispares que puede haber ante esta producción México-Norteamericana (lo cual la ubica dentro del periodo de producción del director en la republica Azteca) no cabe duda que hay mucho por reflexionar y claramente redescubrir en esos 96 minutos que aparentemente, nos sitúan ante una historia lineal de discriminación racial y violencia.


La atmósfera, a ratos desierta y por momentos exuberante, da forma a una isla pantanosa que sirve como coto de caza y terruño de Miller, el cuidador y su socio: El viejo Pee Wee y la nieta de éste, la adolescente Evvie.

Espacio cárcel-hogar, como los que acostumbra Buñuel. Resulta perfecto escenario, una especie de purgatorio aislado, en que seis vidas alegóricas se cruzan y colisionan, para dar sentido y mixtura a lo que yo considero ante todo, una historia de ángeles caídos y redención.


Traven un jazzista de color, es injustamente acusado de violar a una mujer. Es el símbolo central de la opresión, el fugitivo, el extranjero vapuleado por su piel y origen. En su fuga, la que sin duda da al espectador curso vertiginoso desde que arranca la primera imagen y sonido del celuloide. Esa zona rocosa constantemente abatida por el mar, fotograma acompañado de la canción de Leon Bibb. “Sinner man” que luego Nina Simone haría popular, nos zambulle de lleno en las orillas de este paraje que en otras condiciones, podría ser un espacio ideal de descanso y lo es, por lo que queda para la imaginación cuando los que viven allí, dan a conocer que es un lugar de relajo y diversión privado para acaudalados hombres. Buñuel no abandona su crítica al establishment aunque aquí prefiere hacerlo desde la periferia y centrarse en los abandonados. Eso si, sin dejar de exponer sus viejos fantasmas y fetiches: La relación hombre maduro-niña. Tal como en, Ese oscuro objeto del deseo y en la adaptación de la novela de Benito Pérez Galdoz,
Tristana , Evvie se convierte en el blanco culposo de las fijaciones de Miller, una vez muerto el abuelo de esta. El viejo Pee Wee, una presencia ausente, borracho irresponsable del cual solo vemos los pies (recurrente imagen en la filmografía del director) y la tumba, risoria en que su nieta quiere depositar una botella de whisky barato al pie de la cruz.


La ironía es una de las potencialidades del surrealista, mas eso no medra la tensión, ya que resultan tortuosos en extremo, los momentos en que vemos a la pequeña asediada por las garras del cazador. Sin duda toda una metáfora se vislumbra en el mapache que destaza y devora una gallina de manera explicita…


Evvie, La joven,
que en apariencia luce como una salvaje, esconde una belleza inocente y pura, otra marcada conceptualización, pues como dice Traven al conocerla y empezar a forjar su amistad, ella tiene ese algo. Recibe de esta un generoso trato (comida y provisiones), Alma generosa e ingenua, que sin embargo debe lidiar con el benefactor y apoderado que dista mucho de admirar esos rasgos y desde el comienzo se muestra como un impositivo canalla que la humilla y una vez enfrentado a Traven, extiende su red de odio procurando matarlo en reiteradas ocasiones. Opta finalmente cual Demiurgo omnipotente, a favor de este, procurando dejarlo respirar, de manera que pueda expandir su cólera y ánimo de control, engullendo como empleado. Tercera alegoría, la de este amo y señor, casi un noble feudal. De esta forma se van delineando las principales relaciones empero la dimensión de la tragedia Buñueliana no cesa simple y llanamente en este triangulo patético que raya en los limites de la legalidad y la moral, al presentarnos el estupro y las maquinaciones de seducción del guardia, al mismo tiempo que expone su odio hacia los negros, la intolerancia y su determinismo tan propio del sur americano (recuerda a Faulkner)


El único contacto con la isla es Jackson, una bestia que representa una imagen exagerada y grotesca, casi una caricatura burda de Miller, el compañero ideal para este. Como Caronte, Jackson conecta este erial lúgubre con el mundo externo y paradójicamente, en su viaje principal al sitio, trae consigo a un cura protestante (la religión otro elemento que no podemos eludir en los dardos del ojo de Buñuel) Estos dos arquetipos, el partner de cacería de Miller y el bonachón padre que viene a buscar a Evvie para llevársela a la ciudad a un hogar de menores, complican la trama en ambos sentidos, pues desnudan y hacen estallar el conflicto moral sexual y el de violencia racial. Jackson delata a Traven y la razón de su presencia en la isla, la fuga de un eventual linchamiento lo cual hace bullir la sangre indómita de Miller a la par que el cura suspicaz, descubre horrorizado la situación oculta que ha forzado a Evvie a convertirse en mujer y amante de Miller. Sin duda una historia que dista mucho de ser una simple anécdota fílmica, temáticas muy pertinentes y complejas que hacen de este reducido mundo que es la isla de caza, una olla a presión que no deja impávido al público…


De la prodigiosa filmografía de Buñuel, considero yo, una cinta que destaca por la madurez del director, el lenguaje narrativo limpio y el poder conceptual por encima de los adornos, claro sin menospreciar, las imágenes intrigantes y deliciosas a que nos tiene acostumbrado. Altamente recomendada para ser buscada en Internet y darle
"respaldo" o en su defecto, en alguna tienda de cine arte o de colección.


Autor: Daniel Rojas P.



Un Trailer de Nut-Ace (carrollera) para la película.


Relaxo-Visión 6- la imagen del día.






Franz Kline (1910-1962)
Untitled, c. 1958




UNTITLED
1959



Poemas de Severo Sarduy. ( Camagüey, Cuba, 1937 - París, 1993 )

PÁGINAS EN BLANCO

Cuadros de Franz Kline :


1. wax wing

No hay silencio
sino
cuando el Otro
habla
(Blanco no:
colores que se escapan
por los bordes).
Ahora
que el poema está escrito.
La página vacía.

2. shenandoah wall

La pared cruje.
Grieta en lo blanco.
Allá va, desunido,
el cuarto.
Detrás del tragaluz
un rostro, otro,
mirándose,
mirándonos.

3. étude pour crow dancer

Un cubo despegado.
Pegada la oreja a la pared.
Oye.
Algo va a romperse. Algo
crece.
Lo que en el muro
hierve.

4. harley red

El sueño no:
la pérdida.
El blanco roedor,
que ciega.
Pierdo pie. Todo es compuerta.
Mira:
el muro sangra.

5. zinc door

Abierta, no,
entrejunta.
Esa ranura mira.
Detrás de lo blanco,
blanco.
Ahora el silencio.
Las paredes se cuartean.
El cuarto desmoronado,
navega. Y ese brillo.
La puerta transparente.

6. black and white

La raya negra y el battello,
el monte siamo tutti,
el barco blanco sobre el agua blanca
y la fijeza
de los pájaros sobre la Salute.
Pase,
il fait beau del otro lado
del otro lado, digo,
del río.
Estamos todos.



Al C***** ALL




Tengo la garganta rasposa al borde del llanto, esa vil sensibilidad…

Mi cuerpo entero, una olla a punto de resquebrajarse y tengo la intención más bien el deseo, de sentirme solo…


¿Por qué no? Hundirme en mi propia infinitud, en esa desgracia, que años atrás, me parecía tan atractiva y excitante... pero desde que tu sonrisa apareció, allí, en mi atmósfera de mudo imbécil,


provocó la disociación,

de improviso era arena en cada paso seco


y quién sabe por qué mágico destello y extraño respiro de mi mismo…
tú le diste consistencia, otredad y sentido a mi yo, plagado de constante asfixia …


Pero ahora… y esto no significa en lo absoluto, que te ame menos

o que se me halla hecho un hábito… el verte cada mañana, hermosa como siempre…

Es sólo que necesito saber que ese muerto querido, esta acá…

Esperándome, cálido, en el nicho de mi propia miseria...


daniel

Relaxo-Visión 5- la imagen del día.




Francis Picabia

"Machine Turn Quickly"

picabia

Udine (Young American Girl: Dance)

picabia

Vea: La Virgen de Los Sicarios.



Datos técnicos.


Título del film: La Virgen de los Sicarios

Aka: Our Lady of the Assassins (título para su distribución en ingles)

Director: Barbet Schroeder

Guionistas: Fernando Vallejo (novela) Fernando Vallejo (Adaptación)

Reparto: Germán Jaramillo (Fernando), Anderson Ballesteros (Alexis), Juan David Restrepo (Wilmar)

Año de Producción: 2000
País: coproducción España/ Francia/ Colombia

Locaciones: Medellín, Antioquia, Colombia

Lenguaje: Español.


Sobre el Film: Segunda mitad de la década de los noventa, nos encontramos en Colombia más específicamente en Medellín o Medallo, han pasado treinta años desde que Fernando Vallejo, escritor de la novela, guionista del film homónimo y personaje protagónico, se autoexiliara para realizar un vagabundeo literario. De vuelta a su tierra, con la cual mantiene una relación amor-odio, sólo espera morir, pues la inutilidad de la existencia ante lo experimentado, ya comienza a sofocarle. La historia autobiográfica, lejos de ser una simple apología al desasosiego, es una visión cruda e hiperrealista, irónica y cínica de la situación violenta en que esta inmerso el vecino país.

En este aspecto, la visión narrativa de Barbet Schroeder, que en otras ocasiones ha sabido combinar muy bien la profundidad del dolor individual sin perder de vista la crisis social (barfly y Tricheurs), logra dar forma sin gratuidad y de manera honesta, a la polémica y compleja crónica en que hondos sentimientos personales no pueden alienarse del gran telón. El hecho de que Vallejo se comprometiera con el proyecto, adaptando el guión, permite además el celoso cuidado de las diversas capas de intelectualidad crítica y sentimiento que esta historia muy humana encierra. A la par que asistimos a un romance heterodoxo entre el maduro, depresivo y retórico escritor con un adolescente asesino (Alexis), sicario del narcotráfico, al que conoció en un prostíbulo, vivimos un tour de force por la capital de la droga y las armas automáticas.

Desnuda y documental percibimos en grandes planos aéreos la belleza de Antioquia, la mezcla de lo urbano con lo natural, mágico contraste que capta el ojo del director. La modernidad de la urbe se superpone microscópicamente a las comunas, poblaciones periféricas y en un plano casi surreal, bullen las iglesias, que dotan de un aspecto barroco, fúnebre y pacífico al mismo tiempo, a este purgatorio de muertos vivos, aplastados por la mixtura criolla y ambigua de nuestro continente. Música punk junto a ballenatos, tiendas importadas y niños aspirando pegamento.

Schroeder logra un diálogo íntimo con el espectador por medio de las imágenes bellas y al mismo tiempo decadentes. Esa atmósfera cáustica y carnavalesca que respira sangre e intolerancia, coloca al centro, como dos pecadores condenados, a Vallejo (Germán Jaramillo) y Alexis (Anderson Ballesteros) quienes desarrollan de manera alternativa al caos, su dulce amistad y particular romance. Las actuaciones son convincentes. Los diálogos ocurrentes, plagados de la cínica y coloquial voz del maestro Colombiano. Ambos fluyen muy bien en la interpretación. El peso de la cinta lo proveen estos dos actores, fogueados en el teatro principalmente. Hay química verdadera y uno sufre su precaria alegría.

En definitiva, asistimos a una pintura sublime en la que se revela la sordidez y ternura de nuestro rincón del mundo, sin obviar claro, el desfile de corrupción de los gobernantes, la apatía social frente a la cotidianidad de la muerte en las calles y la influencia del cartel, que simbólicamente, lanza juegos artificiales, tras lograr ingresar un nuevo cargamento de coca a Norteamérica. Todo filmado de manera estupenda con cámara digital, dato que no es menor, pues Schroeder no se caracteriza por ser un director de blockbusters y grandes aspavientos visuales, sino más bien hombre de carácter y desgarradoras tramas. Las escenas de acción muy bien logradas, demuestran un gran conocimiento del lenguaje y dominio de la cámara en movimiento. Uno vibra en los segundos en que fashionistas adolescentes con uzi en mano y montados en importadas motos de Japón, atraviesan las calles atestadas como ángeles de la muerte. Otro momento clave a destacar son las grotescas alucinaciones del escritor, las sombrías catacumbas en que se profetiza, la imagen constante de Cristo y la ciudad inundada por una lluvia de sangre. El cuadro naturalista de droga y muerte cobra una dimensión onírica y existencial.

Sin embargo, no hay que olvidar el libro homónimo del cual surge la historia. La narración de Vallejo nos provee de otras lecturas y no deja de maravillarnos con esa ácida y serpenteante locuacidad que lo caracteriza. Defenestrador de ídolos, la pluma del autor es capaz de maniobrar en parajes tan disimiles, vasos que comunican lo coloquial y culto, al punto de permitirse bromas tan ingeniosas como:

¿Qué le pediría Alexis a la Virgen? Dicen los sociólogos que los sicarios
le piden a María Auxiliadora que no les vaya a fallar, que les afine la
puntería cuando disparen y que les salga bien el negocio. ¿Y cómo lo
supieron? ¿Acaso son Dostoievsky o Dios padre para meterse en la
mente de otros? ¡No sabe uno lo que uno está pensando va a saber lo
que piensan los demás!

Sin duda una interesante narración y una gran adaptación fílmica acerca del flagelo del narcotráfico, la deshumanización y el dolor en América Latina. Altamente recomendada.

Autor: Daniel Rojas P.











Relaxo-Visión 4- la imagen del día.







Composition VIII

kandinsky



Negro y Violeta.


k

Small Pleasures

k




Saludo


Pistas de mar calmo, grandes huertos, en que cada
palma cascada, revienta mi ceño fruncido.
Al máximo.
El sonido descuella por la garganta inútil
y la tonta reverberación, de aves quebradas
por ese azul infame...
Enfermas telas, rumiando el amanecer
con espanto
y algo
sólo a veces
una pizca
de ternura.



Daniel Rojas P.


capital 3




La costra al costado
unida al cartón,
Mojado techo,
Ratas fraternas…
Un ciclón de pasos,
la bebida y
el néctar estrellado.
Ese pardo ácido,
en el rostro, junto a la saliva del
pueblo…
En mi esquina palacio,
comiendo la mierda feliz,
la cajita honrada.
La basura de mimos
y los niños que apuntan

la M de oro…

Al salir corriendo, de su burbuja,
la reunión paterna, materna…
La bofetada,
el insulto, la mirada oscura
y otra exhortación.
Un puntapié y de vuelta a tu hogar
A tu rincón estúpido,
de allí no sales
¿Por qué?
Para qué,
Si aquí tienes todo
El olvido alegre,

el justo perdón…


Autor: Daniel Rojas P


Relaxo-Visión 3- la imagen del día.



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Edvard Munch.
"A veces es mejor callar"


capital 2



Algo mejor.
Quién puede afirmar qué
o lo contrario,
espera rozando,
tu escurridiza
falda,
de nocturna furia
y antropófaga
rama,
cercenan
la pereza del alba,
los grilletes de tu
rodilla, junto a las pinzas
de mi dulce reja
y corriendo,
por los callejones del alma,
profusa forma
de mercurio y patas de mosca
depravada, las alambradas sin
delicia,
de esa comisura
que reposa entre tu yema y uña,
delinean la
esperanza,
no me queda más que afirmar, prendido
de tu adiós, que la estela de carne roja
sabe…
aunque;
Quién puede afirmar qué
o lo contrario…

Autor: Daniel Rojas P

Grandes Autores Continentales: Julio Ramón Ribeyro

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A los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía porque en sus vidas están privados de la palabra. «Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias»


Cortazar una vez dijo que la novela ganaba por puntos mientras que el cuento por knock out, no pude sacarme esa metáfora pugilística de la cabeza cuando decidí escribir una nueva semblanza sobre grandes autores continentales, en este caso dirigí mi atención hacia el Perú y pensé, bueno quién será esta vez, a la fecha he hablado del cubano barroco, padre del real maravilloso, el chileno obseso con las genealogías escamoteadas y los vasos opuestos que comunican identidades cercenadas, tampoco podía faltar en la lista nuestro Faulkner uruguayo, el misántropo mitómano y nervioso creador de Santa María… Ahora ustedes se preguntarán, por que partí hablando de Julito “Rayuela” Cortazar y la narrativa corta, sencillo, para introducir a un hombre que a mi juicio no necesita mayores presentaciones aunque para muchos, frente a nombres como Mario Vargas Llosa, José María Arguedas, Cesar Vallejo y Ciro Alegría, puede resultar desconocido y una elección aciaga. Sin embargo, Julio Ramón Ribeyro (Peruano 1929-1994), para aquellos que no lo sepan, merece un lugar de honor junto a los ya nombrados y ante todo, un reconocimiento por su extensa obra como cuentista y no cualquier cuentista, me atrevería a decir que con Rulfo, Borges y el otro vanguardista argentino, autor “de la noche boca arriba”, forman una especie de hipercubo en lo que a la prosa breve atañe.

Ribeyro, el más clásico de los contemporáneos, jamás se considero un artista de vanguardia, sino mas bien de retaguardia, no carecía de elementos experimentales y talento rupturista y sin embargo, pese a ser contemporáneo del boom y encontrarse produciendo gran literatura en Francia, durante esa época de efervescencia europea hacia nuestros creadores, se mantuvo al margen, haciendo gala de su timidez y el escepticismo que lo caracterizó. Es penoso irse del mundo sin haber adquirido alguna certeza dice su alter ego Luder en su aforística obra Los dichos de Luder (1989) para rematar dentro de la misma, con un certero cuestionamiento. ¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad?" A lo que Luder responde: "Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para ser completamente desconocido." Probablemente ese temperamento escurridizo y esquivo ante la figuración, lo llevo a convertirse con los años, más que en un divo e ídolo dorado, en un consecuente y sencillo hombre dedicado de manera vital, a su quehacer literario. Escritor de culto alrededor del globo, llego a ser comentado, leído y admirado por sus pares, incluido el barón rampante, miembro del OuLiPo, Italo Calvino.

Aunque… para hacernos una idea fiel; es mejor remitirse a la fuente: La propia percepción que Ribeyro, autor textual, tiene de Ribeyro, autor empírico. En su cuento autobiográfico, solo para fumadores, que versa sobre su estrecha y apologética relación con el cigarro, el peruano plantea que la literatura es para él: un acto creativo que ha adquirido la misma naturaleza de los vicios: un hábito que luego se convierte en una enfermedad incurable, autodestructiva y fanática ("escribir es desoír el canto de sirena de la vida"), pero que se revela, al final, como la única medicina posible contra la grisura del mundo.

Lo que nos lleva indefectiblemente a su obra. Al hacer un seguimiento por los diversos parajes en que esta deambula, podremos apreciar una escalonada mixtura de movimientos y temas que lo hacen una unidad heterogénea de ricas voces, múltiples atmósferas, desde el viejo mundo al Amazonas pasando por la sierra agreste y la opaca urbe Limeña, lo cual conlleva dimensiones humanas desarraigadas, flemáticas, tropicales, ingenuas y maliciosas, en todos los escalafones, colores, gustos y sabores.

Lector ferviente de Maupassant y Chejov logro como Joyce lo hiciese con Dublín, dar a la Lima de los años cincuenta, un rostro que aún se mantiene vigente, podríamos definir la mirada del peruano hacia sus compatriotas como neorrealista, casi rozando el naturalismo, debido a que sin tapujos, de manera cruda y comprometida, desnudo las problemáticas de aquellos mudos, apaleados por una desmedida e improvisada urbanización: hacinamiento, pobreza extrema en la periferia y abuso de poder, son los ingredientes que sazonan los relatos, Los Gallinazos sin plumas (1954), y Al pie del acantilado (1959), Interior “L” o Mar afuera, sin embargo allí no termina la versatilidad de su voz, observador y estudioso del maestro expresionista Kafka, Julio Ramón añade a sus historias elementos que el Checo plasmo certeramente, al dar inicio a la explotación del absurdo, en contraste con lo anodino de burdas existencias.

Si bien Ribeyro no llega a los extremos de metamorfosear en cucarachas a sus protagonistas, si plaga con un agridulce desasosiego, fracaso ante la movilidad social y silencios suicidas de desesperación, las vidas rutinarias de la clase media y en especial de los mercaderes y burócratas típicos, de las capitales tercermundistas, Algo así como lo que Jorge Edwards hizo en su gente de la ciudad (1961). Aquí destacamos, Espumante en el sótano (1967), Junta de acreededores (1954), Dirección equivocada (1957) o La solución, en esta última, plantea el tema de la infidelidad, la violencia y rutina al interior de clases intelectuales y acomodadas, dando de refilón, forma, a un interesante juego que muestra la gesta de una novela al interior de un cuento, lo cual se condice con la opinión de Borges, de que el cuento puedo con mayor alegría, sintetizar y dar vida, a lo que en la extensa narrativa, se diluye y torna retórico de sobremanera.

La fantasía tampoco fue tema ajeno a Ribeyro, con sutil belleza rompe la causalidad y nos obliga a redefinir el mundo sensible, rápidamente se me viene a la memoria Doblaje (1955), Rider y el pisapapeles (1971) y La insignia, esta, una historia sobre un tipo que por accidente encuentra un imperdible de una misteriosa organización, adorno que decide usar por simple monería para terminar invitado a una reunión no menos misteriosa y sacramentalizada y desde allí con ingenuidad guiado por la hermética cabala, abraza la realización de tareas sin sentido que lo hacen ascender hasta una posición privilegiada de multimillonario y orador de la secta, sin nunca como el primer día, saber que función tenían las tareas encargadas, el origen y finalidad de la institución a la cual sin embargo, debe todo y mantiene en alto, jugando el rol de presidente.
…Sin duda una metáfora del incierto viaje que todos realizamos desde nuestra concepción. Búsqueda del significado e incesante carga de ser, la conciencia, su peso y a la vez la materialidad, la res (cosa), un discurrir enmarañado de lenguaje y lógica, inundado por obsesiones y paranoias. Juego lúdico de anagramas y autodescubrimiento que detalló muy bien, en uno de sus maravillosos cuentos: Silvio en el Rosedal (1977)

Semejante imaginaria, probablemente desbordaba en función del libro de su propia vida. En lo personal, Ribeyro fue un joven limeño taciturno y humilde, perteneciente a la clase media, consiguió viajar a Francia becado, ciudad de luces y poetas malditos, en ella vivió alrededor de cuarenta años, en los cuales conoció el agridulce de la soledad e independencia. Avatares no libres de esa sonrisa irónica e incertidumbre capciosa que imprimía a los finales inesperados y tensos de sus cuentos. Como anécdotas, hay que señalar que Julio Ramón siempre tuvo problemas con las editoriales, cuando su primer libro salió impreso en Europa, la alegría lo embargo de sobremanera, hasta el fatal instante en que miro el reverso de su publicación para descubrir atónito que en la foto de la contraportada salía un escritor Africano, alcance de nombres que sin racismo le llevo a preguntarse ¿Quién es ese negro? Parco e introspectivo debió dirigirse a la empresa y pedir por favor, si podían corregir el equívoco… cuestionándose para sus adentros ummmm un argumento valido y que no pareciese racista… otra situación particular, es la de su deceso, escritor de altura pero como señalara, de reservado carácter y desligado de la proyección de su persona, recibió paradójicamente uno de los mayores premios latinoamericanos, el Juan Rulfo (que lo ostentara por primera vez, en 1991 el Antipoeta Parra) de manera póstuma. Su ironía y desprecio final a la fama, pues días antes de serle concedido, el maestro nos dejo.

Finalmente la estatuilla de bronce que lo conmemoraba en un parque de la ciudad de Lima, fue robada para ser vendida por unos jóvenes drogadictos que nunca supieron quien era Ribeyro, curiosamente, anécdotas como estas, de retorcidos errores, intrincados giros del destino que parecen burlarse de actores y personajes como el mismo Ribeyro, intelectual de clase media, algo así como un K moderno y esos jóvenes sumidos en la crudeza de una ciudad alienada, casi sacados de la Rusia Zarista, fueron líneas de la profética visión latinoamericana del escritor.

Ribeyro es en definitiva un autor difícil de encasillar, por mucho que la fértil vertiente de su pluma siempre circulara por el cauce de la prosa. Además de los grandiosos cuentos, se cuentan tres novelas, un diario y lo más extraño para la critica especializada, dos libros inclasificables o al menos desconcertantes, Los dichos de Luder (1989) colección de frases obviamente dichas por Luder y el llamado Prosas Apátridas (1975). Síntesis de una personalidad esquiva y escéptica, amalgama de ensayo, retórica, poesía en prosa y cuento, todo a la par… sin duda una personalidad basta que merece nuevas y constantes lecturas, diálogos y como él dijese, un compromiso ético, no moralista sino de reflexión con nuestro actuar y pensar. Tajante afirmaba a los cuatro vientos sobre su posición como creador: "Lo importante no es ser cuentista, novelista, ensayista o dramaturgo, sino simplemente escritor" vale la pena añadir que nosotros somos en justa medida, los escritores de nuestra realidad…

AUTOR: DANIEL ROJAS P.


Primera parte de un corto en tres entregas, que edite con imágenes de la película "Caidos del Cielo" de Pancho Lombardi, basada en el cuento Los Gallinazos sin plumas de Ribeyro. Segunda parte y tercera en mi canal Nut-Ace en You tube.

Próxima Entrega: Manuel Puig (Argentino 1932-1990)

Cuentistas latinoamericanos (Ribeyro y Cortazar)





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Julio Ramón Ribeyro (Peruano) Julio Cortazar (Argentino)




Continuidad de los parques
Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.




LA INSIGNIA
Julio Ramón Ribeyro


Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamente de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles. Me la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al asunto, regresé a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en aquel traje que usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me entregó una cajita, diciéndome: "Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su bolsillo".

Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo que decidí usarla.

Aquí empieza realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron. Lo primero fue un incidenbte que tuve en una librería de viejo. Me hallaba repasando añejas encuadernaciones cuando el patrón, que desde hacía rato e observaba desde el ángulo más oscuro de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad, entre guiños y muecas convencionales, me dijo: "Aquí tenemos libros de Feifer". Yo lo quedé mirando intrigado porque no había preguntado por dicho autor, el cual, por lo demás, aunque mis conocimientos de literatura no son muy amplios, me era enteramente desconocido. Y acto seguido añadió: "Feifer estuvo en Pilsen". Como yo no saliera de mi estupor, el librero terminó con un tono de revelación, de confidencia definitiva: "Debe usted saber que lo mataron. Sí, lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga". Y dicho esto se retiró hacia el ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo silencio. Yo seguí revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi pensamiento se hallaba preocupado en las palabras enigmáticas del librero. Después de comprar un libro de mecánica salí, desconcertado, del negocio.

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Durante algún tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho incidente, pero como no pude solucionarlo acabé por olvidarme de él. Mas, pronto, un nuevo acontecimiento me alarmó sobremanera. Caminaba por una plaza de los suburbios cuando un hobre menudo, de faz hepática y angulosa, me abordó intempestivamente y antes de que yo pudiera reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos, desapareciendo sin pronunciar palabra. La tarjeta, en cartulina blanca, sólo tenía una dirección y una cita que rezaba: SEGUNDA SESION: MARTES 4. Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la numeración indicada. Ya por los alrededores me encontré con varios sujetos extraños que merodeaban y que, por una coincidencia que me sorprendió, tenían una insignia igual a la mía. Me introduje en el círculo y noté que todos me estrechaban la mano con gran familiaridad. En seguida ingresamos a la casa señalada y en una habitación grande tomamos asiento. Un señor de aspecto grave emergió tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó a hablar interminablemente. No sé precisamente sobre qué versó la conferencia ni si aquello era efectivamente una conferencia. Los recuerdos de niñez anduvieron hilvanados con las más agudas especulaciones filosóficas, y a unas disgresiones sobre el cultivo de la remolacha fue aplicado el mismo método expositivo que a la organización del Estado. Recuerdo que finalizó pintando unas rayas rojas en una pizarra, con una tiza que extrajo de su bolsillo.

Cuando hubo terminado, todos se levantaron y comenzaron a retirarse, comentando entusiasmados el buen éxito de la charla. Yo, por condescendencia, sumé mis elogios a los suyos, mas, en el momento en que me disponía a cruzar el umbral, el disertante me pasó la voz con una interjección, y al volverme me hizo una seña para que me acercara.
- Es usted nuevo, ¿verdad? -me interrogó, un poco desconfiado.
- Sí -respondí, después de vacilar un rato, pues me sorprendió que hubiera podido identificarme entre tanta concurrencia-. Tengo poco tiempo.
- ¿Y quién lo introdujo?
Me acordé de la librería, con gran suerte de mi parte.
-Estaba en la librería de la calle Amargura, cuando el...
- ¿Quién? ¿Martín?
- Sí, Martín.
-!Ah, es un colaborador nuestro!
- Yo soy un viejo cliente suyo.
- ¿Y de qué hablaron?
-Bueno... de Feifer.
-¿Qué le dijo?
-Que había estado en Pilsen. En verdad... yo no lo sabía
-¿No lo sabía?
- No -repliqué con la mayor tranquilidad.
- ¿Y no sabía tampoco que lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga?
- Eso también me lo dijo.
-!Ah, fue una cosa espantosa para nosotros!
-En efecto -confirmé- Fue una pérdida irreparable.
Mantuvimos una charla ambigua y ocasional, llena de confidencias imprevistas y de alusiones superficiales, como la que sostienen dos personas extrañas que viajan accidentalmente en el mismo asiento de un ómnibus. Recuerdo que mientras yo me afanaba en describirle mi operación de las amígdalas, él, con grandes gestos, proclamaba la belleza de los paisajes nórdicos. Por fin, antes de retirarme, me dio un encargo que no dejó de llamarme la atención .
-Tráigame en la próxima semana -dijo- una lista de todos los teléfonos que empiecen con 38.
Prometí cumplir lo ordenado y, antes del plazo concedido, concurrí con la lista.
-!Admirable! -exclamó- Trabaja usted con rapidez ejemplar.

--

Desde aquel día cumplí una serie de encargos semejantes, de lo más extraños. Así, por ejemplo, tuve que conseguir una docena de papagayos a los que ni más volví a ver. Mas tarde fui enviado a una ciudad de provincia a levantar un croquis del edificio municipal. Recuerdo que también me ocupé de arrojar cáscaras de plátano en la puerta de algunas residencias escrupulosamente señaladas, de escribir un artículo sobre los cuerpos celestes, que nunca vi publicado, de adiestrar a un meno en gestos parlamentarios, y aun de cumplir ciertas misiones confidenciales, como llevar cartas que jamás leí o espiar a mujeres exóticas que generalmente desaparecían sin dejar rastro.

De este modo, poco a poco, fui ganando cierta consideración. Al cabo de un año, en una ceremonia emocionante, fui elevado de rango. "Ha ascendido usted un grado", me dijo el superior de nuestro círculo, abrazándome efusivamente. Tuve, entonces, que pronunciar una breve alocución, en la que me referí en térmios vagos a nuestra tarea común, no obstante lo cual, fui aclamado con estrépito.

En mi casa, sin embargo, la situación era confusa. No comprendían mis desapariciones imprevistas, mis actos rodeados de misterio, y las veces que me interrogaron evadí las respuestas poque, en realidad, no encontraba una satisfactoria. Algunos parientes me recomendaron, incluso, que me hiciera revisar por un alienista, pues mi conducta no era precisamente la de un hombre sensato. Sobre todo, recuerdo haberlos intrigado mucho un día que me sorprendieron fabricando una gruesa de bigotes postizos pues había recibido dicho encargo de mi jefe.

Esta beligerancia doméstica no impidió que yo siguiera dedicándome, con una energía que ni yo mismo podría explicarme, a las labores de nuestra sociedad. Pronto fui relator, tesorero, adjunto de conferencias, asesor administrativo, y conforme me iba sumiendo en el seno de la organización aumentaba mi desconcierto, no sabiendo si me hallaba en una secta religiosa o en una agrupación de fabricantes de paños.

A los tres años me enviaron al extranjero. Fue un viaje de lo más intrigante. No tenía yo un céntimo; sin embargo, los barcos me brindaban sus camarotes, en los puertos había siempre alguien que me recibía y me prodigaba atenciones, y en los hoteles me obsequiaban sus comodidades sin exigirme nada. Así me vinculé con otros cofrades, aprendí lenguas foráneas, pronuncié conferencias, inauguré filiales a nuestra agrupación y vi cómo extendía la insignia de plata por todos los confines del continente. Cuando regresé, después de un año de intensa experiencia humana, estaba tan desconcertado como cuando ingresé a la librería de Martín.

--

Han pasado diez años. Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con librea que me respetan y me temen, y hasta una mujer encantadora que viene a mí por las noches sin que yo le llame. Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala.



capital 1




Algún oxido
citadino.
Pardas muecas,
agujeros y coches,
roídos como
manzana sucia
y célula de podrido cristal,
cantan en los dedos
de un advenedizo muchacho
y sus alas
grises por la respiración,
marcan la enfermedad,
la austral cabeza y el llanto en rueda.
Tu sensible pena
da vestido
a las niñas de
esquina bondadosa
y la derrota
de verte allí
me deleita con un bonus track…

Tu oscuro suelo, pisa

mi aire
de vista inflamada…
En mi horizonte se multiplican,
vísceras verticales y a
tardes sublimes
como las sendas de nuestra sangre,
se tienden amistosas
las bocas y
los metálicos gemidos
de tu público labio
de cuerpo entero
y certero orgasmo,
se dispone el
intercambio de amores,
cuando nada cree y sueña
cuando todo comienza a ser ajeno
y tu rostro es sólo,
el eslabón perdido
de un encuentro errado…
Vuelves a tropezar conmigo y las carrozas
y el mísero payaso…
Soy en esas miles de privadas revueltas,
ayahuasca y última cena,
una cinta, tu canción quemada

por el mudo cigarro…


Autor: Daniel Rojas P.


La Corporación.






Nut-Ace Videos.
Autor del Video: Daniel Rojas (carrollera)
Música: Joey Ramone, what a wonderful world.

Den un salto a Te estamos Vigilando


"George Orwell 1984"

Afuera, incluso a través de los ventanales cerrados, el mundo parecía frío. Calle abajo se formaban pequeños torbellinos de viento y polvo; los papeles rotos subían en espirales y, aunque el sol lucía y el cielo estaba intensamente azul, nada parecía tener color a no ser los carteles pegados por todas partes. La cara de los bigotes negros miraba desde todas las esquinas que dominaban la circulación. En la casa de enfrente había uno de estos cartelones. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las grandes letras, mientras los sombríos ojos miraban fijamente a los de Winston. En la calle, en línea vertical con aquél, había otro cartel roto por un pico, que flameaba espasmódicamente azotado por el viento, descubriendo y cubriendo alternativamente una sola palabra: INGSOC. A lo lejos, un autogiro pasaba entre los tejados, se quedaba un instante colgado en el aire y luego se lanzaba otra vez en un vuelo curvo. Era de la patrulla de policía encargada de vigilar a la gente a través de los balcones y ventanas. Sin embargo, las patrullas eran lo de menos. Lo que importaba verdaderamente era la Policía del Pensamiento.




Relaxo-Visión 2- la imagen del día.

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El fantasma de una Pulga
El gran Dragon Rojo y la mujer revestida del sol



WILLIAM BLAKE.
PINTURAS Y POESÍA.

La Mosca

Pequeña mosca,
tu jugueteó veraniego
fue truncado
por mi descuidada mano.
¿No soy yo
una mosca como tú?
¿O no eres tú
un hombre como yo?
Porque bailo
y bebo, y canto
hasta que alguna mano ciega
me barre el ala.
Si el pensamiento es vida,
fortaleza y aliento;
y la carencia
de pensamiento es muerte;
entonces yo soy
una mosca feliz,
ya vivo, ya muerto.


El Tigre

Tigre, tigre, que ardes brillante
en los bosques de la noche:
¿qué mano u ojo inmortal
pudo delinear tu tremenda simetría?
¿En qué profundidades o cielos
distantes
ardió el incendio de tus ojos?
¿Con qué alas se atreve su aspiración?
¿Cuál es la mano que osa atrapar tal
fuego?
¿Y cuál escápula, cuál arte pudo
entrelazar las fibras de tu corazón?
Y cuando tu corazón comenzó a latir
¿qué mano tremenda, qué pies
tremendos?
¿Cuál es el martillo, cuál es la cadena?
¿En cuál horno se forjó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué terrible garra
se animó a asegurar sus mortíferos
terrores?
Cuando las estrellas dispararon sus
dardos
y regaron el cielo con sus lágrimas:
¿sonrió Él al ver su obra?
¿El que hizo al Cordero fue quien
te hizo?
Tigre, tigre que ardes brillante
en los bosques de la noche:
¿qué mano u ojo inmortal se atrevió
a delinear tu tremenda simetría?






Grandes Autores Continentales: Juan Carlos Onetti





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Si a estas alturas podemos decir que Carpentier, Borges y Asturias entre otros, son los abuelos de la literatura latinoamericana del siglo XX, debemos señalar sin afán de burla que Juan Carlos Onetti (uruguayo 1909-1994) seria algo así como el tío abuelo extravagante y un poco misántropo, nervioso, medio maniático pero que todos amamos por sus historias o como él prefería llamarlas, mentiras de alto calibre.
Su personalidad alternativa y su discurso de Lado B, ilumina retorcidas y enmarañadas dimensiones de la mente humana. Le admiramos aunque a la vez tememos su hermetismo, su visión sórdida propia de novela negra, de tragedia Bíblica con aroma a buhardilla y cuchitril de mala muerte. El pesimismo noventa y ochista de Baroja bulle en las páginas de su obra, fermentando esa palúdica atmósfera de almas desesperadas, aglutinándose en espacios de deshumanización, algo digno del sur Faulkneriano.

No en vano, muchas veces se le comparó con este maestro de las letras inglesas, sobre todo, por su fecunda imaginación. William Faulkner, escritor de “Santuario” y “El sonido y la furia”, encabezo con Hemingway, el revival de la literatura de los Estados unidos (la generación perdida.) En su quehacer literario, Faulkner, quien también fuese referente de Llosa, creo Yoknapatawpha, una ciudad típica del sur de Norteamérica, intolerante y obtusa, bella pero violenta, conservadora y hedonista, en ese paraje situó muchas de sus novelas. El Uruguayo que nos ocupa, por su parte, edificó Santa María, una ciudad que viene a ser algo así como una cruza bastarda entre Buenos aires y Montevideo, lo cual prueba que antes de Macondo, ya habían regiones fantasmales pobladas de seres ficticios que rayan en lo verosímil, alimentando nuestra muchas veces, no menos ficcional realidad.

Presente en múltiples obras del autor, desde su gestación en La vida breve, una de sus novelas más reconocidas; Santa María se configuró como un hito de la literatura latinoamericana. Y es importante dentro de nuestra tradición continental, pues en ese telón agridulce se desarrollan las profusas y alambricadas historias de seres introspectivos, verdaderas existencias con una madurez y profundidad vital increíble. En su primera novela, El pozo, la que escribió a los treinta años, podemos vislumbrar la carga de la racionalidad, lo difícil que es para un hombre lidiar con su soledad, con la tarea de respirar y sentir. Sufrir el poder de la culpa y el tiempo inclemente que arrastra todo a su paso. El miedo a la alteridad, a la mirada que juzga y define, que limita y talla nuestro contorno como personas, como roles inmersos en la comunidad… No hay empatía en los personajes de Onetti, empero si, mucho de desconexión con la fibra que palpita por el otro, traición y desasosiego, desamparo y roces con la locura. Sinceramente como lector y escritor, considero que es necesario que esas historias se cuenten, este uruguayo amante de la buena literatura y el tango, asumió esa difícil tarea, ocuparse del underdog, de aquel que dice: Paren el mundo me bajo en la esquina… Fue en tal medida, un bardo para todos los que por voluntad prefieren callar y disociarse…

Recibió por lo que escuchamos decir a sus personajes y a él mismo, la saeta de los que ven en esta actitud de alienación, el germen burgués… allí más bien fluye la esperanza muerta y fracasada de los anarquistas del alma, hijos del silencio que nacen para morir, recorriendo noches cerradas de clima ruin y tras las puertas de esos edificios anónimos de grandes y grises urbes, en que todos avanzamos impávidos, él nos fuerza a preguntarnos ¿Qué sabemos verdaderamente, los que nos decimos ciudadanos de tomo y lomo, de los que están al otro lado de la puerta, el vecino, ese extraño que nos limitamos a categorizar como inadecuado y más definitorio aún, qué hay del que tenemos encerrado en el cuartucho de nuestro subconsciente. Hay sin duda mucho de autobiográfico, Onetti es en definitiva algo así como nuestro Henry Miller o al revés, Henry Miller es algo así como el Onetti de los norteamericanos.

La imagen mitificada y enrarecida del originario de Montevideo, culmina para sus lectores con su exilio en España y las imágenes que nos llegan de su persona en un cortometraje-entrevista llamado El Dirigible. Recluido por voluntad propia, paso diecinueve años sin salir de su departamento, pero jamás perdió el filo que tuvo para desnudar los parajes más ocultos del hombre moderno. Desaliñado aunque siempre lúcido y mordaz, Onetti en su cama, sin afeitar y en pijama podríamos decir, discursea de la vida, de la crisis metafísica de su tierra y del hombre americano.

Él mismo se definía como un defensor del intimismo, un escritor que no se granjeaba en tertulias y que pasaba malas noches pensando que al día siguiente tenia que toparse con ese eterno otro que posee miles de rostros y lamentablemente, la mayoría de veces, más que caras alegres y sinceras, máscaras ocultan la horripilante verdad de la desilusión… Era sin duda Onetti una sensibilidad especial, pero tras esa personalidad de oscuridades infranqueables, brilló una de las más fecundas voces del siglo recién pasado, los del boom lo reconocen como padrino, como amigo, como maestro. Un autor para rescatar, releer y altamente recomendado para conocer por primera vez y empezar a familiarizarnos con la novelística y relato corto, gestado al interior de nuestro continente.

Próxima entrega: Julio Ramón Ribeyro. (Peruano 1929 - 1994)


AUTOR: DANIEL ROJAS PACHAS.







Relaxo-Visión 1- la imagen del día.




CRONOS DEVORANDO A SU HIJO.




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RUBENS
GOYA


FRAGMENTO DE LA TEOGONIA DE HESIODO.

Y Rea, subyugada por Cronos, parió una ilustre raza: Istia, Deméter, Here la de sandalias doradas y el poderoso Edes, que habita bajo tierra y cuyo corazón es inexorable; y el retumbante Poseidón, y el sabio Zeus, padre de los Dioses y de los hombres, cuyo trueno conmueve la tierra anchurosa.

Pero el gran Cronos los tragaba a medida que desde el seno sagrado de su madre le caían en las rodillas. Y lo hacia así con el fin de que ninguno ente los ilustres Uranidas poseyese jamas del poder supremo entre los Inmortales. Porque, efectivamente, Gea y Urano estrellado le enteraron de que estaba destinado a ser domeñado por su propio hijo, por los designios del gran Zeus, a pesar de su fuerza. Y por eso, no sin habilidad, meditaba sus estratagemas y devoraba a sus hijos. Y Rea estaba abrumada de un dolor grande.


Pero, cuando iba a partir a Zeus, padre de los Dioses y de los hombres, suplicó a sus queridos padres, Gea y Urano estrellado, que le enseñasen los medios de que se valdrían para ocultar el alumbramiento de su querido hijo y para poder castigar los furores paternos contra los otros hijos a quienes Cronos había devorado. Y Gea y Urano atendieron a su hija bienamada y le revelaron cuáles serían los destinos del rey Cronos y de sus hijos magnánimos.


Y la envidiaron a Lictos, rica ciudad de la creta, en el momento de ir ella a partir al último de sus hijos al gran Zeus. Y la gran Gea le recibió en la vasta Creta, para criarle y educarle. Y por lo pronto le llevó a Lictos, atravesando la noche negra; luego, cogiéndole con sus manos, le escondió dentro de un antro elevado, en los flancos de la tierra divina, sobre el monte Argeo, cubierto de espesas selvas. Después, tras envolver entre mantillas una piedra enorme, Rea se la dio al gran príncipe Uranida, al antiguo rey de los dioses, y éste la cogió y se la echó al vientre.


¡Insensato! No preveía en su espíritu que, merced a esta piedra, sobreviviría su hijo invencible y en seguridad y domeñándole muy pronto con la fuerza de sus manos, le arrebataría su poderío y mandaría por sí solo en los inmortales. Y el vigor y los miembros robustos del joven rey crecían rápidamente y transcurrido un tiempo, embaucado por el consejo astuto de Gea, el sagaz Cronos devolvió toda su raza, vencido por los artificios y por la fuerza de su hijo.

Y primero vomitó la piedra que se había tragado la última. Y Zeus la sujetó fuertemente a la tierra espaciosa, sobre la divina Pito, en el fondo de las gargantas del Parnesio para que fuese un monumento futuro y una maravilla para los hombres mortales.


Y Zeus libró de sus cadenas abrumadoras a sus tíos, los Uranidas, a quienes habían encadenado sus padres en un acceso de demencia. Y correspondieron ellos en este beneficio, y le dieron el trueno, y la blanca centella, y el relámpago, que hasta entonces había escondido la gran Gea en su seno. Y desde aquella sazón, confiado en sus armas, Zeus manda en los hombres y en los dioses.



Eso.



Una bocanada, un poco de aire puedo sentir la rejilla aplastando mi rostro, momentáneamente el fresco me libera del nauseabundo hedor líquido, las ratas corren persiguiendo mi respiración… rápido vuelvo al infierno, aquí abajo están todos muertos, mis amigos, esos extraños que se unieron en el camino y eso, eso que se llevo sus cabezas, no tardará en alcanzarme. No hay salida, estamos solos. Afuera los quejidos lastimeros y las sombras torpes arrebatan entre gritos atropellados las vísceras a mujeres y tipos condenados… no hay escapatoria. Ilusos, no tienen como evitarlo, la locura esta carcomiendo mis ojos, me recreo con los últimos instantes, esa lucha inútil, enfermiza, perdida entre legiones de brazos…de una forma u otra, aunque te quites la vida, terminarás siendo uno de ellos, olfateando la sangre, en busca de un cerebro… esto no es una maldita película, aquí no hay héroes… sólo mutilados… Dios despiértame, despiértame hijo de perra… yo no merezco esto… gaz gaz gaz gaz gaz gaz. –Ya viene. Gaz gaz gaz. - Es él o lo que sea… gaz gaz gaz gaz, esta cerca, a la vuelta, no es como los demás, es veloz, fuerte, una bestia inmunda… implacable… no voy a correr, no tiene sentido intentarlo… voy a esperarlo aquí, ver sus dientes, sus garras… resignarme a ser testigo de mi propia muerte… que más da, gaz gaz gaz, todos somos parte de la misma mierda… un mundo lleno de zombies, gaz gaz gaz gaz gaz gaz. –Hola si, te estaba esperando… Un zarpaso invisible, no siento mis piernas, empiezo a perder la conciencia, el dolor, la sangre el sabor metálico comienza a recorrer mi traquea, me ahogo, mis pensamientos van y vienen… empieza a destrozar mi rostro, ya no veo, sólo puedo sentir su aliento, su respiración en mi cuello, luego la traquea, un desastre entre sus dedos… y todo acaba, con un estallido, un ligero clic apaga mis sentidos y todo se va a negro...



Autor: Daniel Rojas P

Nuevos Reyes 6




Soberano,

las bocas,

el discurso,

Juak Juak

Juak.

Su hambre y nuestras lágrimas…

La carga dorsal,

no detienes el motor Juak Juak

Juak, los designios empujan,

esa enlutada locomotora y carbón.

La bilis
de tu puño Juak Juak

Juak, industrial raíz

y caravana enjuta y tullida,

lenta y con faroles en señal de sonrisa.

Juak Juak

Juan, encierra

los rostros humeantes

la fosa andante y

el hollín de flácidos bebes,

Juak Juak

Juak y el pulir de balas y poleas,

escuadrón de la muerte, corregidores

y pretorianos.

Es la cima de tu ejército,

el ejemplo honrado, el ministerio del amor y

la forja de premios a tu causa, medallas

y púrpuras corazón.

Juak Juak

Juak, Costra

de esta estupida roca, tercera en el vacío universal.

Juak Juak

Juak, la comisura, herpes y tu lengua lujuriosa, empapa

la frente de mamá y esas dignas señoras y frac pensante,

leen la historia de héroes y epopeyas.

Juak Juak

Juak, piadoso remojas sus interiores, la olla muda y la frente en alto.

El aplauso, la marcha televisada, los camiones lanza agua,

rompecaminos,

mutilaespaldas,

violaniñas,

desgarraguaguas.

Así fabricas tu moderno Cartago.

Esclavos y soldados, victimas de tu esplendida,

Juak Juak

Juak, solidaridad




AUTOR: DANIEL ROJAS P .

Fragmento del manifiesto nadaísta.


V. El texto nadaísta

“No amo las letras, no me dicen nada,

amo la vida vida que cual nada

se erige hermosa en luz que es también nada,

hermosa por ser luz y por ser nada.”

Francisco Pino ( Antisalmos )






Un texto nadaísta expresa la Nada a través de la tensión entre sus elementos, ya sean estos palabras, frases, espacios, formas, conceptos etc. Encaja en está idea la concepción de la poesía como la tensión entre dos palabras, propuesta por Octavio Paz.



La contradicción, la paradoja, la ironía, el juego y la desestructuración del lenguaje son habituales en los textos nadaístas.



Si la literatura nadaísta se caracteriza por algo en concreto, es por no tener una forma definida. La forma debe surgir de la idea (Vicente Huidobro). Una idea nadaísta conducirá inevitablemente a un estilo extremo y personal, sea éste minimalista o ruidista. No existe una idea unívoca de nadaísmo. En él se da tanto la modalidad gesticulante y estruendosa de los futuristas como la aparentemente opuesta contención y silencio que manifiesta la práctica literaria del haiku.



La obra poética tenderá al contacto centelleante con la Nada. Esa Nada será aprehendida por la sensación y la intuición, pero no será posible transmitirla sin el intelecto. La literatura debe ser el trabajo, la forja de esa materia bruta de por sí inservible.


La literatura también debe ser como la embriaguez: provocar reacciones en uno mismo y en los demás, dar asco o agradar, infamar, divertir, seducir… hasta perder la consciencia; y todo ello es lícito por medio de la impostura. En tanto que artificio, la literatura es impostura. Trabaja sobre una verdad o realidad construida, aunque parta de lo real. Siempre partir de lo real y no quedarse en ello. El nadaísmo rechaza toda manifestación de la llamada poesía de la experiencia, así como de lo social (trascendido puede ser fantástico como un film de Kusturica) o de todo tipo de realismo prosaico. La experiencia individual no trascendida es banal e impide el proceso nadaísta de lo eterno. Los objetos deben transmitir la Nada; no se debe tapar la Nada con objetos.



El nadaísmo del texto empieza a hacerse físico (hablamos otra vez de lo formal y no del contenido) con Mallarmé, el Satie de las letras. Al leer Valéry su libro Un coup de dès, habló de que su “vista entraba en contacto con los silencios que se habían materializado” y contemplaba “seres enteramente rodeados de su nada hecha sensible”. La poesía concreta y la visual derivarán de este principio, así como del objeto duchampiano, superación del texto como único formato posible para la poesía. En su forma expresan la idea del nadaísmo, pero no por ello son siempre paradigmas del movimiento. Como hemos apuntado antes, el nadaísmo no entiende sólo de estructuras.


Son nadaístas los aforismos de Ciorán, el nihilismo místico de Ekhart, las puertas cerradas de Sartre, el paraíso terrenal de Thomas Traherne, Lo innombrable en Beckett, los procesos de Kafka, los andenes de Benjamín Jarnés, las reflexiones de Chuang Tse, los haiku de Issa, la soledad sonora de San Juan de la Cruz, el miedo de Al Berto, las greguerías de Gómez de la Serna, los lingüistijuegos de Joyce, los infiernos de todos, el aspaviento de la materia en Ungaretti, el “troppo mare” de Pavese, la síntesis de Pignatari, las formas concretas de Haroldo de Campos, la aglutinación postista, las piedras de Melo e Castro, la otredad de Unamuno, también el otro, los amantes de Cortázar, la atemporalidad cabalística de Borges, la patafísica de Jarry, la euforia ruidista de la poesía fonética, el ajedrez, los rinocerontes de Ionesco, las frustraciones de Roussel, etcétera, pero sobre todo el cinismo de Diógenes y de los que no escriben la Nada más que con su propia vida…



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