blog personal de Daniel Rojas, poesía, filosofía, pintura y literatura en general.

Septiembre, 2007

convicción



Ventanas, puertas, ventanas, algunos rostros temerosos ocultan su curiosidad, amparan el morbo tras el cortinaje, en balcones, desde el primer piso, ventanas, puertas, ojos, más ventanas luego sólo colores y mis pasos son a cada segundo más pesados, exigentes, demandan demasiado, la garganta es una lija, los ojos una caldera sudorosa…

Llevo dentro un motor deshecho, agotado, los brazos ya no me responden, no quiero pensar, no quiero saber lo que me harán, oigo sus caballos al doblar la esquina…

No estan lejos, maldicen, gritan azuzan a sus bestias, blasfeman y luego una nueva arenga por el rey, muerte a los anarquistas, muerte a los traidores de la corona…

Lo se, lo puedo ver, pero intento no imaginarlo… siguen el olor a sangre, ellos también lo imaginan, quieren ver mis tripas en una fosa común, no quiero terminar como el resto de mi familia, ahora solo veo manchas, hace tres cuadras que no escucho el castañetear de sus veloces patas, la fusta molesta. Al salir de la buhardilla pude entre cada zigzagueo sentir los tiros cortando el aire… la pólvora estallando, el metal contra el cemento de cada tiro errado, la mudez del toque de queda fue arrastrada por los suelos, entre el bramido de los belfos y las botas marciales… corre niño, corre, decía el idiota del pasaje, sólo vi las siluetas degollándolo junto a su lecho en un rincón, lo mataron por irresponsable, por escandaloso, por considerar todo un juego… la caballería no esta jugando… Me dio tiempo para salir… sus gritos, su agonía, evitaron que fuese victima mientras dormía, así han caído tantos… creo haberlos perdido, ya no puedo más, ya no puedo pero debo seguir, debo seguir… eso me decía al escribir ese libelo, debes seguir, hazlo, sigue, al repartirlo en las fabricas, en las plazas sigue, debes hacerlo…Ahora debo evitar ver atrás, convertir todo en una estela, seguir, ser un mirar de reojo, una exaltación general de mis sentidos… seguir y soñar con un día más si es posible, calles, esquinas un laberinto de casas y morros de basura con dueños, son los irresponsables, los idiotas de cada barrio, hay tantos estos días, tantos hambrientos, tantos laberintos, disparos, botas, cárceles…

Más disparos, cuerpos degollados, jóvenes tirados en la oscuridad cerrada, carreras abruptas abortadas, luchas por escapar, lo intentas de corazón, deseas seguir, fosas comunes, deseas; de pronto todo termina; silencio…



Autor: Daniel Rojas P


Habla





Comunica la afección,

pausas cortas

hechas

entre cada mención

entre cada nota.

Las fibras temporales

son una horca.

El profundo líquido

la homicida

triste
disolución…

Alarga plazos

Enarbola sumas

el orden multiplica

sus ojos diminutos.

La mirada enredadera

la escueta lengua

Recámaras con que

Juega

a la rusa ruleta…

Dispara hombres

Eyacula vidas

Están sobre tí

en tu nuca

bajo tus cejas.

Dan sepultura

a toda causa

erectan imperios

la voz única,

la torre que viola cirros

y cúmulos

pero la vida

pero la monotonía

pero la situación

perpleja

en el gran

anónimo rostro

de la confusión

de la sensación,

desintegra,
quebradiza,

rotatoria, Áurea, cobriza,

el injertado sueño,

el reposo

el salto del pez

el descenso del ave

y la utopía galante.

Con retórica conmoción

ello
ellos
nosotros

juntos, fronterizos, disociados

antípodas irreconciliadas.

No hace eso

todo más interesante.

Este barranco esperanzado

Sigue siendo

la misma carga

el mismo dolor

la cabeza cercenada

de hace años

de hace siglos

Encerrados en la máscara.

La tormenta de manos;

Mutilados troncos

a la deriva.

El mar bajo la luna

Perdida.

Tragicómica venganza

Pálida, ajena, llena de vació

Como el mañana

Día de noches y su

eterna trampa.

De vanidad y traición

De pudor y añoranza,

en que otro repite

ruega y se alza

hasta

el fin de los tiempos.

El mensaje inicial.

Distorsionado

Editado en las marañas

Prejuicios
Y temores.
Alaban
la razón
cantan

el contrato

zurcen
la norma
gastan
el lenguaje
imponen

la ciencia

fabrican y consumen,

la pesadilla humana.



Daniel Rojas P


Retazos de Memoria.




Retazos de Memoria.
x Daniel Rojas.



Ayer me encontraba frente el pc terminando de ver la película de Pancho Lombardi "La Boca del Lobo". Mientras los créditos se sucedían con una composición en quena de Bernardo Bonezzi, eterno colaborador de Almodóvar, una sensación ambigua entre nostalgia y desazón retumbaba en mi cabeza. El retrato realista de las masacres campesinas en Ayacucho por parte de la avanzada maoísta de Sendero Luminoso y la no menor crueldad de la milicia, fuerza armada a cargo de preservar el orden y erradicar al enemigo invisible de la sierra, me impacto no sólo por la capacidad fílmica del director peruano sino por el lugar que el tema terrorismo ocupa en mis recuerdos, específicamente en mis primeros años de vida. Con esto no quiero hacer una apología a mi infancia, sin embargo no puedo negar que el contexto político y social en el que nací y crecí antes de emigrar a Chile, la Lima que se configura entre los años 83 y 94, fue una época de convulsión, inestabilidad económica y violencia. Esta es la impresión que quisiera recrear, retrotraerme al punto de lograr ser ese niño nuevamente y si es posible, dar un testimonio libre de prejuicios más no de sarcasmo, de la realidad latinoamericana.



Para graficar un poco la época y dar orden a la retahíla inconexa de imágenes, hechos y personajes que fluyen en mi mente, voy a valerme de la sinestesia, tal como lo hacían los poetas simbolistas de Francia. Tres sonidos tallados profundamente en mi memoria, serán la base para estimular y lograr hacer fluir la narración. Me refiero en primer lugar a las sirenas nocturnas de la policía luego de alguna escaramuza, balacera o bombazo lejano, la tétrica música de Vangelis que aun hoy me produce escalofríos. Esta servia de opening a los boletines y edición central de 90 segundos, noticiero de canal 2, importante señal televisiva del Perú y favorita en mi hogar. Finalmente el apabullante y monótono traquetear del motor de los equipos electrógenos, grandes monstruos devoradores de gas, generosos productores de luz, indispensables debido al racionamiento nacional del suministro eléctrico. El discurso oficial señala que el origen de esta crisis estuvo en las torres eléctricas derribadas tanto por Sendero como por otras agrupaciones extremistas de izquierda (M.R.T.A). La situación concreta que se prolongo durante meses, implicaba vivir a oscuras días enteros de la semana, sometido a informes de distribución que llegaban periódicamente anunciando los cortes, por lo cual muchas familias y empresas ante la frustración y necesidad de contar con el recurso, optaban por tener equipos privados de generación eléctrica en casa o dentro del recinto laboral. Tal era el caso particular de mi familia, pese al disgusto de vecinos y uno mismo por la contaminación acústica, debimos adquirir un par de esos titanes para mantener operativa la fábrica textil que mis padres tenían en esa época.



Estos son sin duda tres puntos indispensables desde los cuales puedo reconstruir gran parte de la historia del país vecino, ocurrida como ya señale, entre los años 80 y comienzos de los 90, periodo que se extiende desde el final del gobierno del entonces reelecto Belaunde Terry (1980-1985) pasando por la frustrada primera administración de Alan García Pérez (1985- 1990) hasta la cartera Fujimoriana tras derrotar a Vargas Llosa (1991-1995).



Las sirenas policíacas el estado de guerra y el caos generalizado.


Un tour de force que revele la imagen de Lima por esos días, parte en mi mente desde un hecho tan común, como servirse el té junto a tu familia una noche cualquiera, digamos de 1988. A esta altura ya no podemos hablar del tema terrorismo como un conflicto armado entre la milicia y los revolucionarios, librándose en plena selva o sierra. Impactantes imágenes de archivo nos recordaban las matanzas ocurridas a comienzos de los ochenta en poblados rurales, sin embargo, situaciones concretas como los constantes apagones nocturnos, lo que por una parte tenia un factor positivo ya que en tales circunstancias y ante una vela o tenue luz es cuando la familia más reunida se encuentra, bromeando o departiendo libre de cualquier interrupción que puedan representar televisores o videojuegos, nos halaban bruscamente a un realista telón de fondo que distaba mucho de ser una recuadro perfecto de armonía fraternal. Las balaceras o esporádicas explosiones, llegaban como un rumor insidioso que hacia preguntar ¿qué pasa allí afuera?, ¿cuándo va a terminar esto?, ¿porqué debemos vivir así?, era claro que al día siguiente cuando el Comercio y Expreso (diarios de alta circulación nacional en ese entonces) estuviesen en la mesa o en manos de mi padre y se reestableciera la luz, podríamos enterarnos de lo ocurrido. Yo desde mi semiinconsciencia y en tontas y alucinadas charlas con mis compañeros de colegio, sumaria especulaciones fantásticas y nuevas imágenes a mi mente, los capitalinos en cambio, deberían por fin aterrizar el drama para dejar de una vez por todas de hacer la vista a un lado y señalar con su usual desparpajo criollo: Ese es problema de los serranos. Empezaban a sentir en carne propia la guerra.

Semejante sensación de inseguridad, te confinaba prácticamente al barrio. Vivíamos un toque de queda auto impuesto y no sólo por los terrucos . El caos se había generalizado. Debido a la corrupción, no podías confiar en la policía, te detenían alegando los cargos más ridículos y tan sólo para pedir una coima (soborno). A mi hermano mayor por ejemplo, cuando tenía alrededor de quince años lo detuvieron por correr, al no darse cuenta que un policía suspicaz venia gritándole alto. Tragicómicamente y por sospecha de quien sabe terrorismo o jogging le subieron a un furgón y le dieron un recorrido acido por el lado b del turismo capitalino, rodeado de fumones, monstruos de los cerros y asesinos de cambistas. No le quedo más que relajarse con el sutil sentido del humor del copiloto, que desde la cabina le daba ánimos diciendo que la parada final era el penal de Lurigancho.



Como culpar en todo caso a la ciudadanía y las fuerzas del orden, el estrés y tensión venia condimentado de una senda económica que era materia prima para los caricaturistas de los diarios y guionistas de cuanto programa de imitadores hubiese en la pantalla chica, mas al interior de los hogares al apagarse la caja tonta y silenciarse las risas comprometidas, empezaba a librarse la batalla contable. Recuerdo días en que camuflado por mis fortalezas de lego rodeada de thundercats, veía a mis padres en un sillón, discutir calculadora en mano, que era mejor hacer ante el inminente anuncio de un nuevo paquetazo (pack de leyes salvadoras del ministro de economía, tipo tablas de los diez mandamientos). Yo desde mi púber candidez me decía ¿qué diablos es eso?, sonaba aterrador, parecía que algo titánico se venia abajo, no estaba lejos de la verdad. La constante devaluación del dinero, la especulación y la escasez de víveres, impulsaba la toma de medidas drásticas y aventuradas por parte de productores y comerciantes. A veces era mejor vender todo y comprar materia prima y alimentos que se almacenarían, otras era mejor esperar y retener la mercadería, pues podías hacer el negocio a un precio fijo, bajo las reglas del crédito y luego, días mas tarde, no conseguir nada con lo obtenido. Literalmente el dinero que tenias en la mañana en la tarde no valía un céntimo. Esto empujo las transacciones a tiempos bíblicos (trueque). Hay que destacar además, entre las proezas del ejecutivo, la creación de un Frankenstein macroeconómico, el dólar MUC, tipo de cambio especial que luego serviría de fachada para millonarias estafas.

El congelamiento de las cuentas de ahorro en dólares, el impuesto a los cheques y el fallido intento de estatizar la banca, los seguros y financieras, arrastro al país a una condición pre-industrial que comenzaba a lindar con la realidad de Mad Max. El sentimiento generalizado de incertidumbre y desesperación fue matizado por las largas colas que había que hacer para comprar displays de alimentos no perecibles.


Si a esto sumamos que de acuerdo a las estadísticas, el 59% de la población total vivía en condiciones de pobreza extrema y tras la aparición del terrorismo, a la ya inmensa masa cesante o relegada de Lima se sumo el éxodo rural y cordillerano, no es difícil visualizar cuán atiborrada estaba la capital. Amplios sectores periféricos comenzaron a bullir, podías ver como los cerros de la gran ciudad comenzaban a llenarse de precarias comunidades que de sobra esta decir, carecían de recursos básicos. ¿Y cómo procesaba eso una mente de cinco o seis años?, en paseos dominicales a Cieneguilla viendo como pequeñas sombras o manchas de colores que eran autos o combis, subían una pendiente pronunciada por entre medio de apretujadas manchas de mayor tamaño que representaban no menos coloridas casas. De más esta decir que mi distancia con esa realidad, debido a mi condición social era inmensa, ¿Cómo sentir el dolor e impotencia de esa gente? La rabia y frustración de ser segregado. En ese entonces era muy pequeño para dimensionar la crisis en su magnitud, pero todo indica que el peruano promedio, tampoco podía o no quería sentir empatía. Prueba manifiesta de ello, es que el terrorismo haya tenido como principal argumento y arma, la necesidad de dar un giro a la pugna de clases por el pueblo y contra la burguesía y que no lejos de esos manifiestos bajo un discurso demagógico, candidatos con chullo, pala en mano y salsa o cumbia de escudo repartieran cual enardecido Quijote pan y leche para asegurarse votos.



Otra fuente bibliográfica era la que proveían las series de televisión que le buscaban al asunto el cariz humorístico, pícaro y pintoresco, me refiero a prodigios televisivos como los Choches, programa que puedo juzgar hoy como políticamente incorrecto en la medida que pretendía hacer caricaturesca una condición tétrica que asola a muchos niños que comercian en las calles como vendedores de golosinas, canillitas, lava autos o simplemente como pirañas (asaltantes) o pandilleros.

Mas no fue hasta que de nuevo la crisis toco las puertas del común de los peruanos, que se hizo evidente el tener que ayudar a estas personas en condiciones infrahumanas. En 1991 un brote epidémico del cólera, era evidente e inevitable consecuencia ante la falta de una decente canasta básica de alimentos y desde luego agua potable. Contribuyo a la crisis higiénica, la negligencia de autoridades sanitarias que no fiscalizaban al comercio ambulante principalmente el de alimentos, eso sin contar las constantes huelgas de los funcionarios públicos de centros asistenciales.


Una última e inevitable reflexión con respecto al rostro amargo de la capital, nace del mismo hacinamiento, sobrepoblación y falta de perspectivas laborales por la precaria educación. El comercio hormiga, abrumadora informalidad que más allá de dar un aspecto carnavalesco y medieval a las principales arterias de la capital, cimentó la desagradable costumbre de ver como habitual y corriente la suciedad de cuanto distrito fuese invadido. Tales aglomeraciones de improvisados puestos a lo largo de avenidas neurálgicas y calles se volvió por la cantidad de peatones transitando durante largas horas del día, en una invitación propicia para el crimen común. Asaltantes avezados, pirañitas en mancha y ladrones al paso pululaban completando el panorama decadente. Claro para un niño todo esto era un carrusel de luces y ruidos pues cada salida o paseo terminaba con la compra de alguna chuchería, ya que en cada cuadra había un puesto de juguetes y chizitos chipy (equivalente chicha de los chesters).



La prensa ¿sensacionalismo, manipulación o verdad?


El hacer una alusión directa al tema de Vangelis y un posible trauma personal con la famosa tonadita, lejos de ser una exageración es un reflejo de la forma en que estaban estructurados en esa época los noticieros y sus respectivos avances. Grandes y chicos estábamos inmersos en un tifón de desesperanzadora información. Era muy común estar en las tardes viendo el bloque de dibujos animados, cuando de pronto entre una serie y otra, aparece un conspicuo relator dando los principales titulares a desarrollarse en la edición central. Con una sensación similar a la de quien ve el exorcista o la profecía, presenciábamos una que otra masacre en algún pueblo joven: Un grupo de encapuchados desconocidos entraron en altas horas de la madrugada a la vivienda de n.n, dirigente sindical del distrito X, acribillándolo sin piedad y a quemarropa junto a su familia. O algún ajusticiamiento en las afueras del tribunal supremo: El auto del juez W fue baleado esta mañana desde un vehiculo en movimiento cuya placa se desconoce, la emboscada dejo como saldo al chofer K y a uno de los acompañantes del malogrado juez que se encuentra en la unidad de cuidados intensivos del hospital Z en estado de gravedad.


Podría parecer que estoy exagerando al inventar noticias de este tipo, sin embargo mi imaginación no da para tanto, la tónica de las entregas superaba por lejos la ficción y es que la televisión en su depredadora lucha por el raiting, era dadivosa procreadora de programas matutinos como contrapunto con sus ampays de la semana a los comerciantes bamba que hacían dulces con cola de carpintero y matrona cariñosa de ediciones nocturnas de fin de semana que contaban con tres horas o más de duración. Panorama o la Revista Dominical, con un desenfadado estilo, nos entregaba detalles escabrosos e investigaciones profundas que invitaban al paroxismo todo picantemente sazonado con imágenes altamente amarillistas y desde luego deporte.


Para muestra un botón, uno de los temas favoritos por esa época y que aun me genera cierta confusión, es la misteriosa y oscura personalidad de “Agustín Mantilla” ministro del interior de Alan García, mano derecha del gobernante y hombre emprendedor y proactivo que ha robado bastante cámara en su vida, claro, sin descuidar sus obligaciones, pues se tomo con celeridad y tesón la tarea de dirigir y fundar en sus ratos de ocio un grupo paramilitar o mejor dicho un escuadrón de la muerte como fue el comando Rodrigo Franco. Este debía servir como contingente antiterrorista pero termino convirtiéndose en una pesadilla similar o peor a la de Sendero. Lo cual es de un alto grado de patetismo, tomando en cuenta que se suponía estos eran los buenos de la película.



En fin, fuera de toda burla, mi intención es conectar lo primero, el tema televisión basura y escándalo con este oscuro hombre de gobierno, el Sr. Mantilla. Pues tras múltiples situaciones que podrían haber sepultado la imagen de cualquiera, asesinato, violaciones a los derechos humanos, corrupción, robo al estado, su persona ha continuado activa en altas esferas del poder ya sea como ministro, senador, amigo intimo del jefe del servicio de inteligencia e incluso de dos presidentes. Determinando claro esta desde su cúpula y con ayuda de sus amigos, el gran hermano que nace de la suma poder central / medios de comunicación, el destino político y la conciencia de la población peruana, hasta no hace mucho y ¿quién sabe desde cuando? Claro en ese tiempo que idea iba yo a tener de esto, si mi primera preocupación era no perderme un capitulo de los transformers. Eso si, yo tenía a lo sumo siete años, sin embargo, el resto de supuestamente cáusticos televidentes y devoradores de prensa, no eran más que zombies morbosos deleitándose con una programación tipo 1984 de George Orwell. La catarsis publica de una voluntad ignorante y ciega vino con el posterior destape de los videos de Montesinos, en los cuales el Jefecito del servicio de inteligencia del Perú se codeaba con medio mundo en tratos no muy sanos de intercambio de dinero e influencias. La manipulación Fujimoriana había provocado un estado de pan y circo.

Semejante bromita hizo quedar a todos los “yo mismo soy” como tarados que digerían de forma atolondrada y sin conciencia, programas sobre brujería, curaciones frotando el huevo o cuye, violadores satánicos, las predicas del hermano Pablo, escolares posesas, calatas por doquier, Yola Polastri y la avalancha de novelas venezolanas y enlatados de Televisa.



El comienzo del fin.



Lima sábado 12 de septiembre de 1992 . La captura de Abimael Guzmán alias Presidente Gonzalo en su residencia de Surquillo, fue sin duda uno de los hechos que marco al país. Para muchos el tener tras las rejas al extremista, significaba el fin del terrorismo, específicamente de Sendero Luminoso. La desmantelación de su cúpula superior indicaba un gran avance en las medidas que la DINCOTE (dirección nacional contra el terrorismo) y el servicio de inteligencia peruano habían iniciado siguiendo las directrices del Ejecutivo. Y es que la personalidad de este ex profesor de filosofía que dio origen al partido revolucionario de corte marxista-leninista y maoísta que toma su nombre de los escritos de Mariategui, había alcanzado a tales alturas un carácter mesiánico y trascendental.


Los peruanos por su parte habían ingerido grandes cuotas de desolación en la lucha contra el terrorismo debido a la forma precipitada en que durante los últimos años, esta había recrudecido. Fácilmente podías estar en un supermercado Todos o Monterrey o en el centro de Lima y terminar convertido en una victima anónima.Sólo meses antes de la captura habíamos sido testigos atónitos de la explosión de 500 kilos de dinamita en Tarata, Miraflores, conocida zona residencial y comercial. El ataque dejo un saldo de 25 muertos, 200 heridos y cuantiosos daños psicológicos y materiales. Recuerdo haber visto eso por televisión, impactantes imágenes de hombres y mujeres buscando a sus familiares entre los escombros, algo similar ocurrió una noche cuando un coche bomba ataco la libertad de expresión, volando el recinto ocupado por canal 2, se sucedían además ataques a blancos dirigidos, personalidades que abogaban por la paz, como el sonado caso de María Elena Moyano. La muerte de la dirigente dejo un dolor profundo en la población. No cuesta entender entonces el júbilo que se sintió al recibir la noticia de la captura. Muchos pueden preguntarse hoy día en forma anecdótica, ¿ey dónde estabas cuando dieron a conocer la noticia?, en el baño, caminando por el barrio, durmiendo. Yo Tenia en ese entonces nueve inviernos y como muchos fines de semana me encontraba en la habitación de mis padres frente a la televisión. Seria algo así como las nueve de la noche, estaba viendo una vieja y repetida hasta la saciedad, película de Tarzán en blanco y negro, cuando de pronto la transmisión se interrumpe con un extra noticioso, si de 90 segundos y su música infausta, sin embargo la tonada tenia esta vez otra sensación. El golpe dado al terrorismo esa noche marcaba el comienzo del fin. Para el Perú comenzaba un largo pero prometedor camino hacia la reconciliación, para mi familia fue distinto, ese seria nuestro último año en el país.



Y es que si bien, la caída del cabecilla marco un hito en la guerra civil, también propicio la ruptura de nuestra calma vecinal, nada anticipaba que frente a nuestras propias narices, en la anodina casa roja de dos pisos que tuvimos por años, como vista directa al salir a la calle, habitaba Ketín Vidal, comandante en jefe y principal artífice del plan que apreso a Guzmán. El antiguo y calmo sector residencial de Cipriano Gutiérrez en el distrito de Pueblo Libre, se lleno de guardias armados y de un par de jeeps con ametralladoras en ambos extremos de la calle. El contingente militar rotaba y mantenía un ojo cáustico ante cualquier movimiento sospechoso que implicara alguna vendetta o represalia. Podía parecer emocionante, los primeros días fue como ver hecho realidad un episodio de Gi.Joe o alguna mala película de Stallone pero era más que eso, saturados por el clima de inestabilidad y tras largos años de apostar por una mejora global del país, mi padre, de nacionalidad chilena, tomo la tajante decisión de jugar sus cartas a la tierra que lo vio nacer y crecer. Chile en los noventa estaba entrando a una esperanzada democracia tras un golpe de estado, gobierno popular y cruenta dictadura militar. Y si bien hasta hoy mantenemos contacto con Perú por la familia de mi Madre y eventualmente por mi Padre, que regreso a vivir tiempo después a la capital, el tiempo, la distancia y la necesidad de empezar de nuevo, marco mi perspectiva hacia los hechos de aquellos años.


Hoy no veo con rabia ni autocompadecimiento mi infancia, creo que a la larga me dio una lectura general no sólo de la condición de nuestro continente sino también de la humanidad, pues aunque suene exagerado, años más tarde al leer a los grandes narradores americanos de nuestro tiempo, Llosa, Carpentier, Asturias, Donoso, Marques, Mallea, Fuentes, Arenas y muchos más, puedo tanto desde mi experiencia vital como actor y lector, entender en su justa medida y con risa, las famosas revoluciones con sabor a chicha y empanada, el marxismo como panfleto de escolares, la derecha como promesa incumplida y logia de dandys, la democracia como tapadera de abusos y las cruzadas de Guerrillas por los andes, la intervención de la mano negra de la irónicamente llamada Casa blanca y desde luego el surgimiento providencial y epifánico para su posterior caída estrepitosa y humillante de caudillos, demagogos, dictadores e iconos de poleras con boina y frases sobre la primavera a punta de fusil.


Como reflexión final a falta de moraleja recuerdo un verso de Cesar Vallejo al encender la televisión y luego de 15 años, ver tras un sucinto zaping que se resume en el único canal que nos llega del Perú (TNP), al actual presidente Alan García Pérez “si el único e inigualable” prometiendo mejoras económicas y el termino del tren eléctrico, para luego ceder palco al candidateable del 2011 Alberto Fujimori dando desde algún bunker, un rimbombante discurso sobre el futuro del Perú, amparado bajo la ética de los samuráis.


Quizá soy yo, quizá la gente tiene mala memoria o quizá como dijo el poeta, y esta noche sorda, obscura, ya no podrás jugar, porque la Tierra es un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura...


Daniel Rojas Pachas.


Lo real maravilloso (Alejo Carpentier)






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De lo real Maravilloso

…Lo que se ha de entender desto de
convertirse en lobos es que hay una enfermedad

a quien llaman los médicos
mu
nía lupina

(Los trabajos de Persiles y Segismundo)



A fines del año 1943 tuve la suerte de poder visitar el reino de Henrí Christophe —las ruinas, tan poéticas, de Sans-Souci; la mole, imponentemente intacta a pesar de rayos y terremotos, de la Ciudadela La Ferriére— y de conocer la todavía normanda Ciudad del Cabo —el Cap Françáis de la antigua colonia—, donde una calle de larguísimos balcones conduce al palacio de cantería habitado antaño por Paulina Bonaparte. Después de sentir el nada mentido sortilegio de las tierras de Haití, de haber hallado advertencias mágicas en los caminos rojos de la Meseta Central, de haber oído los tambores del Petro y del Rada, me vi llevado a acercar la maravillosa realidad vivida a la acotante pretensión de suscitar lo maravilloso que caracterizó ciertas literaturas europeas de estos últimos treinta años. Lo maravilloso, buscado a través de los viejos clisés de la selva de Brocelianda, de los caballeros de la Mesa Redonda, del encantador Merlín y del ciclo de Arturo. Lo maravilloso, pobremente sugerido por los oficios y deformidades de los personajes de feria — ¿no se cansarán los jóvenes poetas franceses de los fenómenos y payasos de la fête foraine, de los que ya Rimbaud se había despedido en su Alquimia del Verbo?—. Lo maravilloso, obtenido con trucos de prestidigitación, reuniéndose objetos que para riada suelen encontrarse: la vieja y embustera historia del encuentro fortuito del paraguas y de la máquina de coser sobre una mesa de disección, generador de las cucharas de armiño, los caracoles en el taxi pluvioso, la cabeza de león en la pelvis de una viuda, de las exposiciones surrealistas. O, todavía, lo maravilloso literario: el rey de la Julieta de Sade, el supermacho de Jarry, el monje de Lewis, la utilería escalofriante de la novela negra inglesa: fantasmas, sacerdotes emparedados, licantropías, manos clavadas sobre la puerta de un castillo.


Pero, a fuerza de querer suscitar lo maravilloso a todo trance, los taumaturgos se hacen burócratas. Invocado por medio de fórmuías consabidas que hacen de ciertas pinturas un monótono baratillo de relojes amelcochados, de maniquíes de costurera, de vagos monumentos fálicos, lo maravilloso se queda en paraguas o langosta o máquina de coser, o lo que sea, sobre una mesa de disección, en el interior de un cuarto triste, en un desierto de rocas. Pobreza imaginativa, decía Unamuno, es aprenderse códigos de memoria. Y hoy existen códigos de lo fantástico, basados en el principio del burro devorado por un higo, propuesto por los Cantos de Maldoror como suprema in
versión de la realidad, a los que debemos muchos "niños amenazados por ruiseñores", o los "caballos devorando pájaros" de André Masson. Pero obsérvese que cuando André Masson quiso dibujar la selva de la isla de Martinica, con el increíble entrelazamiento de sus plantas y la obscena promiscuidad de ciertos frutos, la maravillosa verdad del asunto devoró al pintor, dejándolo poco menos que impotente frente al papel en blanco. Y tuvo que ser un pintor de América, el cubano Wilfredo Lam, quien nos enseñara la magia de la vegetación tropical, la desenfrenada Creación de Formas de nuestra naturaleza —con todas sus metamorfosis y simbiosis —, en cuadros monumentales de una expresión única en la era contemporánea. Ante la desconcertante pobreza imaginativa de un Tanguy, por ejemplo, que desde hace veinticinco años pinta las mismas larvas pétreas bajo el mismo cielo gris, me dan ganas de repetir una frase que enorgullecía a los surrealistas de la primera hornada: Vous qui ne voyes pas, pensez a ceux qui voient. Hay todavía demasiados "adolescentes que hallan placer en violar los cadáveres de hermosas mujeres recién muertas" (Lautreamont), sin advertir que lo maravilloso estaría en violarlas vivas. Pero es que muchos se olvidan, con disfrazarse de magos a poco costo, que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de "estado límite". Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos, ni los que no son Quijotes pueden meterse, en cuerpo, alma y bienes, en el mundo de Amadís de Gaula o Tirante el Blanco. Prodigiosamente fidedignas resultan ciertas frases de Rutilio en Los trabajos de Persiles y Segismunda, acerca de hombres transformados en lobos, porque en tiempos de Cervantes se creía en gentes aquejadas de manía lupina. Asimismo el viaje del personaje, desde Toscana a Noruega, sobre el manto de una bruja. Marco Polo admitía que ciertas aves volaran llevando elefantes entre las garras, y Lutero vio de frente al demonio a cuya cabeza arrojó un tintero. Víctor Hugo, tan explotado por los tenedores de libros de lo maravilloso, creía en aparecidos, porque estaba seguro de haber hablado, en Guernesey, con el fantasma de Leopoldina. A Van Gogh bastaba con tener fe en el Girasol, para fijar su revelación en una tela. De ahí que lo maravilloso invocado en el descreimiento —como lo hicieron los surrealistas durante tantos años nunca fue sino una artimaña literaria, tan aburrida, al prolongarse, como cierta literatura onírica "arreglada'', ciertos elogios de la locura, de los que estamos muy de vuelta. No por ello va a darse la razón, desde luego, a determinados partidarios de un regreso a lo real — término que cobra, entonces, un significado gregariamente político—, que no hacen sino sustituir los trucos del prestidigitador por los lugares comunes del literato "enrolado" o el escatológico regodeo de ciertos existencialistas. Pero es indudable que hay escasa defensa para poetas y artistas que loan el sadismo sin practicarlo, admiran el supermacho por impotencia, invocan espectros sin creer que respondan a los ensalmos, y fundan sociedades secretas, sectas literarias, grupos vagamente filosóficos, con santos y señas y arcanos fines nunca alcanzados—, sin ser capaces de concebir una mística válida ni de abandonar los más mezquinos hábitos para jugarse el alma sobre la temible carta de una fe.



Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Haití, al hallarme en contacto cotidiano con algo que podríamos llamar lo real maravilloso. Pisa ba yo una tierra donde millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes licantrópicos de Mackandal, a punto de que esa fe colectiva produjera un milagro el día de su ejecución. Conocía ya la historia prodigiosa de Bouckman, el iniciado jamaiquino. Había estado en la Ciudadela La Ferriére, obra sin antecedentes arquitectónicos, únicamente anunciada por las Prisiones Imaginarias del Piranese. Había respirado la atmósfera creada por Henri Christophe, monarca de increíbles empeños, mucho más sorprendente que todos los reyes crueles inventados por los surrealistas, muy afectos a tiranías imaginarias, aunque no padecidas. A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de la América entera, donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza como la coronela Juana de Azurduy. Siempre me ha parecido significativo el hecho de que, en 1780, unos cuerdos españoles, salidos de Angostura, se lanzaran todavía a la busca de El Dorado, y que, en días de la Revolución Francesa —¡vivan la Razón y el Ser Supremo!—, el compostelano Francisco Menéndez anduviera por tierras de Patagonia buscando la Ciudad Encantada de los Césares. Enfocando otro aspecto de la cuestión, veríamos que, así como en Europa occidental el folklore danzario, por ejemplo, ha perdido todo carácter mágico o invocatorio, rara es la danza colectiva, en América, que no encierre un hondo sentido ritual, creándose en torno a él todo un proceso iniciado: tal los bailes de la santería cubana, o la prodigiosa versión negroide de la fiesta del Corpus, que aun puede verse en el pueblo de San Francisco de Yare, en Venezuela.


Hay un momento, en el sexto canto de Maldoror, en que el héroe, perseguido por toda la policía del mundo, escapa a "un ejército de agentes y espías" adoptando el aspecto de animales diversos y haciendo uso de su don de transportarse instantáneamente a Pekín, Madrid o San Petersburgo. Esto es "literatura maravillosa" en pleno. Pero en América, donde no se ha escrito nada semejante, existió un Mackandal dotado de los mismos poderes por la fe de sus contemporáneos, y que alentó, con esa magia, una de las sublevaciones más dramáticas y extrañas de la Historia. Maldoror —lo confiesa el mismo Ducasse— no pasaba de ser un poético Rocambole”. De él sólo quedó una escuela literaria de vida efímera. De Mackandal el americano, en cambio, ha quedado toda una mitología, acompañada de himnos mágicos, conservados por todo un pueblo que aun se cantan en las ceremonias del Vaudou. (Hay, por otra parte, una rara casualidad en el hecho de que Isidoro Ducasse, hombre que tuvo un excepcional instinto de lo fantástico-poético, hubiera nacido en América y se jactara tan enfáticamente al final de uno de sus cantos, de ser “ Le Montevidéen"). Y es que, por la virginidad del paisaje, por la formación, por la ontología, por la presencia fáustica del indio y del negro, por la Revelación que constituyó su reciente descubrimiento, por los fecundos mestizajes que propició, América está muy lejos de haber agotado su caudal de mitologías.

Sin habérmelo propuesto de modo sistemático, el texto que sigue ha respondido a este orden de preocupaciones. En él se narra una sucesión de hechos extraordinarios, ocurridos en la isla de Santo Domingo, en determinada época que no alcanza el lapso de una vida humana, dejándose que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles. Por que es menester advertir que el relato que va a leerse ha sido establecido sobre una documentación extremadamente rigurosa que no solamente respeta la verdad histórica de los acontecimientos, los nombres de personajes —incluso secundarios—, de lugares y hasta de calles, sino que oculta, bajo su aparente intemporalidad, un minucioso cotejo de fechas y de cronologías. Y sin embargo, por la dramática singularidad de los acontecimientos, por la fantástica apostura de los personajes que se encontraron, en determinado momento, en la encrucijada mágica de la Ciudad del Cabo, todo resulta maravilloso en una historia imposible de situar en Europa, y que es tan real, sin embargo, como cualquier suceso ejemplar de los consignados, para pedagógica edificación, en los manuales escolares. ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real-maravilloso?



A.C.


Libros de Grandes Narradores Latinoamericanos (Asturias, Borges, Carpentier) Biblioteca

Un baldazo de mierda (realismo sucio)

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Absténganse del siguiente articulo: Puritanos, pacatos recalcitrantes, hombres de fe, inquisitivos maestros de las buenas costumbres, dandys finolis, funcionarios de comités de censura, grupos de padres y defensores del orgullo gay con ganas de manifestar y culpar a algún chivo expiatorio en pro de sus causas, feministas devoradoras de almas y gente que se asquea con cualquier tipo de secreción verbal, vaginal, anal...

La imagen “http://media.ohlog.com/carrollera_dibujo1.jpg” no puede mostrarse, porque contiene errores. Nombres como Raymond Carver, Charles Bukowski, Pedro Juan Gutiérrez, Michel Houellebecq y Richard Ford son sin ánimo de ofensa, sinónimos de pestilente suciedad, decadencia anecdótica en vidas rutinarias y afectadas por el vacío, morbosidad sexual, altas cuotas de provocación contracultural, soliloquios profundos pero políticamente incorrectos y desde luego, vicios perpetuos y lindes con la ilegalidad, todo como ya pueden imaginar retozando a mil, entre francas maldiciones a lo establecido, a la estupida cortesía y diplomacia.

Para muchos defensores de la edad de oro y críticos literarios de la vieja escuela, ver la obra de estos autores como espolón de la actual literatura y toda una corriente de imitadores resulta para ir acorde con la nota y su escatología, no sólo ofensivo sino también, vomitivo y degradante. Pese a ello, destacan por lo personal y arriesgado. Apuestas con altas cuotas de absurdo irracional, hedonismo y profundidad dionisíaca. Hay que ser un verdadero tipo duro, un demente o suicida para vivir como ellos. No es tarea fácil como dice Jaspers "vivir de acuerdo a lo que se profesa" Y lo que más podemos destacar en estos autores es su consecuencia y honestidad, a la hora de novelar o poetizar desenfadadamente sobre el yo y sus avateres con alter egos (Chinaskys o Pedros Juanes) que no pretenden en lo más mínimo separar la ficción de la cotidianidad.


No es de extrañar entonces, que para el hombre contemporáneo resulte en extremo atractivo entrar en contacto con altas dosis de urbanidad, desasosiego y la suma de interrelaciones que marcan un camino de amplios terrenos donde la vida se libra entre caos, muerte y locura.

Y como todo nicho capaz de acaparar atención, este tampoco se libra de aquellas pretenciosas y depravadas sanguijuelas que buscan lucrar y hacer de la espontánea y cínica humildad una producción en serie.

Además, vale la aclaración, de que por mucho que se pretenda ante la ingenuidad lectora de algunos y la inmadurez de tantos centros culturales, imponer como la última buena nueva, hay que aclarar que algunos textos, se remontan a más de 20 o 30 años atrás como parte de un género que ya enterró la corona under, llegando a alcanzar el status de culto y una recua de fieles adeptos, congregaciones tan devotas e inmensas como las de starwars y algunas iglesias.

En cualquier caso, no me referiré en lo profundo a este fenómeno, por mucho que este vinculado al tema y a ese centenar de aficionados que han brotado alrededor del globo como hongos en el rincón del baño, con la única intención realizar pobres ejercicios de ego y ensalzamiento de su mísera retórica, apelando desde luego a lo más básico y superficial que pueden captar de estas formas artísticas. Lo sexual, la violencia, la imprecación gratuita. Se desprende de esto ultimo, la sobrada preocupación de ciertos escritores y ávidos lectores que ven como amenazador el que estos modelos se vuelvan padres o abuelos de una moda idiota que no haga más que empobrecer las fuentes de referencia y al género. Sólo me queda recalcar sin dar nombres, pues todos sabemos quienes son los malamente llamados enfants terribles, que siempre ha habido parásitos literarios y donde surjan maestros con propuestas innovadoras e interesantes, siempre habrá aficionados de poca monta que pretenden destronar a sus sucesores sin acercarse o remotamente hacerles sombra. Y para refrescar un poco la memoria de los tradicionalistas que no hallan mejor cosa que descargar su ira en contra de los iniciadores, me atrevo a recordarles las hordas legionarias de Marquesitos y Borgeanitos que pululan por la atmósfera.





En fin volviendo al tema. La prosa sucinta que estructura estos dramas, sigue los preceptos del viejo Hemingway que enfático invitaba a desconfiar de los adjetivos, por tanto resulta a ratos minimalista y cruda con una clara herencia beatnik, elementos que no le restan contundencia en lo absoluto sino que por el contrario la hacen capaz de revelar grandes cuotas de hipocresía que nuestras sociedades procuran enmascarar.

Asistimos en novelas como Factotum, la senda del perdedor, animal tropical y relatos de Rock springs a un desfile orgiástico de borrachos, prostitutas, micro traficantes, vagabundos, desempleados y frustrados hombres con talento, por lo general artistas o intelectuales que siempre parecen estar pasando por su peor momento, faltos de dinero, amor, techo y comida, padeciendo alguna esquiva y costosa enfermedad que los empuja desesperados a limites insospechados, la periferia humana o degradantes trabajos para cualquier ser que precie tener algo de orgullo o amor propio, faceta que contraviene aquel viejo proverbio que nos habla de la dignificación del género al someterse a un salario insultante, tareas que empeoran su salud y por sobre todo enloquecen al ponerte de rodillas ante pequeños retorcidos renacuajos descerebrados que abusan de su cargo o minúsculo poder. De cualquier forma mujeres no le faltan, el trago o su vicio se lo apañan con un camarada fiel y la más atroz de las ordalías existenciales que puedas concebir, la sortean para culminar la odisea en algún húmedo y oscuro departamento o pátetico tugurio en las mismas condiciones en que todo empezó o quizá peor.

En el caso de Chinasky presenciamos el triunfo del underdog al alero de la muerte del sueño del Tío Sam, y si nos remitimos al trabajo del Cubano Gutiérrez, olfateamos la perpetua defenestración de la tierra virgen, esa utópica Arcadia que tan sólo un ojo critico y solipsista puede desnudar entre orgias, jineteras, planes mal paridos y hambruna, sin los prejuiciosos y demagogia partidista de regimenes que adulan y envilecen descaradamente a sus siervos retraídos. Houellebeccq y Delillo por otra parte muestran a clases sociales abúlicas dormitando en una implosiva violencia y en una comoda hogera de degeneración mientras Carver talla el estigma de la soledad del fracaso profundo como cuna y destino en un gelido laconismo.


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Una muestra

Charles Bukowski

Como ser un gran escritor



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tenés que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes

y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos.

sólo tomá más cerveza más
y más cerveza.

Andá al hipódromo por lo menos una vez
a la semana

y ganá
si es posible.

aprender a ganar es difícil,
cualquier boludo puede ser un buen perdedor.

y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.

no te exijas.
dormí hasta el mediodía.

evitá las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.

acordáte de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977)

y si tenés capacidad de amar
amáte a vos mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.

un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.

quedáte afuera de las iglesias y los bares y los
museos
y como las araña sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición

toda esa basura.

quedáte con la cerveza

la cerveza es continua sangre.

una amante continua.
agarrá una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana

dale duro a esa cosa
dale duro.

hacé de eso una pelea de peso pesado.

hacé como el toro en la primer embestida.

y recordá a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.

si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a vos ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...

entonces no estás listo

tomá más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual

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Estrellas y pendejos
Pedro Juan Gutiérrez

Me gusta masturbarme oliéndome las axilas. El olor a sudor me excita. Sexo seguro y oloroso. Sobre todo cuando estoy caliente por las noches y Luisa anda por ahí buscando los pesos. Aunque ya no es igual. Con cuarenta y cinco años se me reduce la libido. Tengo menos semen. Apenas un chorrito una vez al día. Comienzo el climaterio: menos deseo, menos semen, glándulas más lentas. De todos modos, las mujeres siguen revoloteando a mi alrededor. Ahora creo que tengo más espíritu. Jajá, yo con más espíritu. No voy a decir que estoy más cerca de Dios. Ésa es una hermosa frase, bien pedante: «Oh, estoy más cerca de Dios.» No. Para nada. Dios me da señales a veces. Y yo sigo intentando. Eso es todo.

Bueno, me voy. Masturbarse uno mismo es igual que bailar solo: primero estás alegre y funciona, pero después te das cuenta de que eres un imbécil. ¿Qué hago aquí desnudo frente al espejo pajeándome? Me visto y me voy. Me pongo ropa sucia, sudada. Hoy estoy asqueroso, definitivamente. Bajo las escaleras y me encuentro con los bobos llorando, en el quinto piso. Son jóvenes, pero bobos, mongólicos, o locos, zanacos, no sé, algo así, subnormales, fronterizos. Llevan años juntos. Apestan a suciedad. Se cagan a escondidas en la escalera. Mean en todos los rincones. A veces andan en cueros en la casa y se asoman a la puerta. Escandalizan, se babean. Ahora ella está sentada en un escalón, llorando a grito pelado. Se le va el mundo en las lágrimas y le dice al tipo: «Yo te quiero mucho, pero así no puedo. Yo te quiero mucho, pero así no puedo. Yo te quiero mucho. ¡Ayyy, tito! ¡Ayyy! Yo te quiero mucho, pero así no puedo.» Él encendió un cigarro, se hizo a un lado para dejarme pasar, y le dijo: «Yo sé que tú me quieres, chinita, yo sé que tú me quieres, chinita.» Y el tipo comienza a sollozar también.

Al menos hoy no se han cagado en la escalera. Lo que necesitan es una rasqueta, un jabón y una ducha fría. Salgo a la luz de las cuatro de la tarde y ahí me detengo: ¿qué hago? ¿Voy al gimnasio a boxear un poco, o a Paseo y 23? La última vez gané veinte dólares en la ruleta rusa. Es buena hora. Seguro que hay alguien por allí. Me voy a la ruleta rusa.

Me gusta caminar despacio, pero no puedo. Siempre camino aprisa. Y es absurdo. Si tengo el rumbo perdido, ¿para qué me apuro? Bueno, seguramente por eso mismo: estoy tan aterrado que corro sin cesar. Me da miedo detenerme un instante y descubrir que no sé dónde coño estoy.

Entré por Las Vegas. Es eterno Las Vegas. Siempre va a estar ahí, es el lugar donde ella cantaba boleros, con el piano en la oscuridad y las botellas de ron y el hielo. Todo. Como siempre. Es bueno saber que algunas cosas no cambian. Me soné dos cuerazos de ron. Había mucho silencio y mucho frío y mucha oscuridad. Tanto calor y humedad y tanta luz ahí fuera. Y tanto ruido. Y de pronto todo cambia cuando entras a este cabaret. En realidad es una sepultura con el tiempo detenido para siempre. Me senté un instante y ya el cerebro se dispara a pensar.

Espíritu y materia. Eso es todo. Me tomo un vaso de ron y ya están enfrentados dolorosamente. El espíritu hacia un lado y la materia hacia otro. Y yo en el medio, fragmentado. Cortado en pedazos. Intentaba entender algo. Pero era difícil. Casi imposible entender algo. Y el miedo. Desde niño siempre el miedo. Ahora me imponía vencerlo. Iba a un gimnasio de boxeo, y me endurecía. Boxeaba con cualquiera y siempre temblando por dentro. Intentaba golpear duro. Intentaba ser arrojado, pero no. El miedo estaba ahí, haciendo lo suyo. Y yo me decía: ah, no te preocupes, todos tenemos miedo. El miedo aflora antes que cualquier otra cosa. Sólo tienes que olvidarlo. Olvida el miedo. Haz como si no existiera, y vive.

Me soné otros dos cuerazos de ron. Estaba sabroso. Yo me puse sabroso, quiero decir. El ron no tanto. Sabía a diesel. Y fui para la ruleta rusa. Me quedaban siete dólares y veintidós pesos. No está mal. He estado mucho peor y siempre salgo a flote.

Había gente en Paseo y 23. Y el Fórmula Uno allí, con su bicicleta. Era buena hora. Casi las cinco de la tarde. Hay mucho tráfico en ese cruce. En todas las direcciones. Nos pusimos de acuerdo. Jugué los siete dólares uno a cinco. Si ganaba eran treinta y cinco para mi. Yo siempre apuesto a que el muchacho pasa. Allí va un negro con mucha plata y cadenas de oro hasta en los tobillos. El muy cretino, siempre apuesta a que el tipo no pasa: «Yo le apuesto a la sangre, acere. Siempre a la sangre, no me tienes que preguntar más na.» Cada vez que coincidimos allí me acepta la apuesta uno a cinco. Así y todo nunca he hecho buena plata.

Hace un mes tuve un récord: gané treinta y cinco dólares de un golpe. Tuve suerte. Delfina estaba conmigo. Cobré, le enseñé los dólares y se volvió loca. Le digo Delfi porque tiene el nombre más jodio de La Habana. Nos fuimos para la playa. Alquilamos un cuarto y tuvimos dos días de fiesta, con comida, ron y mariguana. Delfi es una negra hermosa y provocativa, pero parece que ya no sirvo para esas orgías. Delfi sólo quería pinga, ron y mariguana. En ese orden. Pero yo no podía estar jodiendo siempre. Cuando no se me paraba, Delfi, insaciable, intentaba meterme el dedo por el culo para lograr algo más. Yo le daba unos bofetones y le decía: «Sácame el dedo del culo, negra de mierda.» Y de todos modos seguíamos más y más. Por inercia tal vez. Cuando se acabó el ron y la mariguana y los dólares, recuperé mi cerebro. Todo me ardía: la cabeza, el culo, la garganta, la pinga, los bolsillos, el hígado, el estómago. A Delfí no. Ella tiene veintiocho años y es un tronco de negra, musculosa y dura. Estaba lista para seguir dos o tres días más, sin parar. Incansable esa negra. Maravillosa. Es un prodigio de la Naturaleza.

El muchacho que iba a jugar la ruleta rusa cogió su bicicleta. Tenía un pañuelo rojo amarrado en la cabeza. Era un mulatico muy joven, de quince o dieciséis años. Vivía pegado a su bicicleta. No la soltaba ni para cagar. Era una bici pequeña, robusta, de
gomas gruesas, bien niquelada. Vivía de eso. Ganaba veinte dólares limpios cada vez que pasaba. Era bueno. Otras veces hacía acrobacias y también cobraba: ponía diez niños acostados uno junto al otro, en medio de la calle. Se alejaba unos metros, se persignaba, salía disparado y volaba sobre los muchachos. Eso lo hacia en cualquier calle. Donde lo llamaran. La gente apostaba, pero él no. Él cobraba sus veinte dólares y ser perdía. Era vanidoso y le decía a la gente: «Yo soy Fórmula Uno.»

Ahora el Fórmula Uno salió por Paseo, hacia arriba. Hizo unas cabriolas sobre su bicicleta, entre los autos. Daba vueltas, se elevaba en el aire, giraba dos veces y caía en una sola rueda. Era un maestro. La gente lo miraba pero no sabía qué se traía entre manos aquel negrito. Nosotros éramos siete y nos hacíamos los desentendidos en la esquina del convento de monjas, bajo los árboles. No había ni un policía por allí. El Fórmula tenía que esperar la orden de uno de nosotros. En el momento en que pusieron la luz verde para 23, un tipo a mi lado bajó el brazo y el Fórmula se largó como un rayo Paseo abajo. Por 23, hacia La Rampa, había unos treinta autos, muy stressados a esa hora, que se lanzaron a ganar la verde. Y calle arriba, hacia el Almendares, rugiendo y desesperados, otros treinta o cuarenta más. Sumando: el Fórmula tenía setenta papeletas para morir-se aplastado. Y una sola para vivir. Ahí estaban flotando mis siete dólares. Si mataban al tipo, me quedaba en cero. Yo necesitaba que el Fórmula cruzara y ganara sus veinte dólares. ¡Y lo logró! El tipo era una centella. No sé cómo cojones lo hizo. Igual que una mosca. De pronto ya brillaba haciendo acrobacias y riéndose, al otro lado de Paseo.

Vino hasta nosotros riéndose a carcajadas: «¡Yo soy Fórmula Uno!» Cobré mis treinta y cinco dólares. Le di cinco al Fórmula, y lo llamé aparte. Le estreché las manos. Las tenía secas y firmes. Lo miré a los ojos y le pregunté: «¿No te da miedo?» Sacudió los hombros: «Ah, blanquito, no jodas. ¡Yo soy Fórmula Uno, acere! ¡Fórmula Uno!»

Antes de él, allí mismo se mataron cuatro muchachos. No quiero acordarme. Otros dos no tuvieron cojones para lanzarse. Así es. Sólo unos pocos sobreviven: los muy estrellas y los muy pendejos.

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Michael
Houellebecq
Ampliación del campo de batalla (fragmento)


Desde el punto de vista amoroso Veronique pertenecía, como todos nosotros, a una generación sacrificada. Había sido, desde luego, capaz de amar; le habría gustado seguir siéndolo, se lo concedo; pero ya no era posible. Fenómeno raro, artificial y tardío, el amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se reúnen, y que son de todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la época moderna. Veronique había conocido demasiadas discotecas y
demasiados amantes; semejante modo de vida empobrece al ser humano, infligiéndole daños a veces graves y siempre irreversibles. El amor como inocencia y capacidad de ilusión, como aptitud para resumir el conjunto del otro sexo en un solo ser amado, rara vez resiste un año de vagabundeo sexual, y nunca dos. En realidad, las sucesivas experiencias sexuales acumuladas en el curso de la adolescencia minan y destruyen con toda rapidez cualquier posibilidad de proyección de orden sentimental y novelesca; poco a poco, y de hecho bastante
deprisa, se vuelve uno tan capaz de amar como una fregona vieja. Y desde ese momento uno lleva, claro, una vida de fregona; al envejecer se vuelve menos seductor, y por lo tanto amargado. Uno envidia a los jóvenes, y por lo tanto los odia. Este odio, condenado a ser inconfesable, se envenena y se vuelve cada vez mas ardiente; luego se mitiga y se extingue, como se extingue todo. Y solo quedan la amargura y el asco, la enfermedad y esperar la muerte.




Dostoievski, crimen y castigo y la tesis de Raskolnikov


La Tesis de Raskolnikov





Crimen y Castigo en la pantalla grande.





The Bully Raskolnikov





Autor de los videos: Daniel Rojas P "Carrollera"
NUT ACE (carrollera videos)



FRAGMENTO DE "Crimen y Castigo"
La Tesis de Raskolnikov


Raskolnikof volvió a sonreír. Habia comprendido inmediatamente la intención de Porfirio y lo que éste pretendía hacerle decir. Y, recordando perfectamente lo que habia dicho en su artículo, aceptó el reto.

‑No es eso exactamente lo que dije -comenzó en un tono natural y modesto‑. Confieso, sin embargo, que ha captado usted mi modo de pensar, no ya aproximadamente, sino con bastante exactitud.

Y, al decir esto, parecía experimentar cierto placer.

‑La inexactitud consiste en que yo no dije, como usted ha entendido, que los hombres extraordinarios están autorizados a cometer toda clase de actos criminales. Sin duda, un artículo que sostuviera semejante tesis no se habría podido publicar. Lo que yo insinué fue tan sólo que el hombre extraordinario tiene el derecho..., no el derecho legal, naturalmente, sino el derecho moral..., de permitir a su conciencia franquear ciertos obstáculos en el caso de que así lo exija la realización de sus ideas, tal vez beneficiosas para toda la humanidad... Dice usted que esta parte de mi artículo adolece de falta de claridad. Se la voy a explicar lo mejor que pueda. Me parece que es esto lo que usted desea, ¿no? Bien, vamos a ello. En mi opinión, si los descubrimientos de Képler y Newton, por una circunstancia o por otra, no hubieran podido llegar a la humanidad sino mediante el sacrificio de una, o cien, o más vidas humanas que fueran un obstáculo para ello, Newton habría tenido el derecho, e incluso el deber, de sacrificar esas vidas, a fin de facilitar la difusión de sus descubrimientos por todo el mundo. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que Newton tuviera derecho a asesinar a quien se le antojara o a cometer toda clase de robos. En el resto de mi artículo, si la memoria no me engaña, expongo la idea de que todos los legisladores y guías de la humanidad, empezando por los más antiguos y terminando por Licurgo, Solón, Mahoma, Napoleón, etcétera; todos, hasta los más recientes, han sido criminales, ya que al promulgar nuevas leyes violaban las antiguas, que habían sido observadas fielmente por la sociedad y transmitidas de generación en generación, y también porque esos hombres no retrocedieron ante los derramamientos de sangre (de sangre inocente y a veces heroicamente derramada para defender las antiguas leyes), por poca que fuese la utilidad que obtuvieran de ello.

»Incluso puede decirse que la mayoría de esos bienhechores y guías de la humanidad han hecho correr torrentes de sangre. Mi conclusión es, en una palabra, que no sólo los grandes hombres, sino aquellos que se elevan, por poco que sea, por encima del nivel medio, y que son capaces de decir algo nuevo, son por naturaleza, e incluso inevitablemente, criminales, en un grado variable, como es natural. Si no lo fueran, les sería difícil salir de la rutina. No quieren permanecer en ella, y yo creo que no lo deben hacer.

»Ya ven ustedes que no he dicho nada nuevo. Estas ideas se han comentado mil veces de palabra y por escrito. En

cuanto a mi división de la humanidad en seres ordinarios y extraordinarios, admito que es un tanto arbitraria; pero no me obstino en defender la precisión de las cifras que doy. Me limito a creer que el fondo de mi pensamiento es justo. Mi opinión es que los hombres pueden dividirse, en general y de acuerdo con el orden de la misma naturaleza, en dos categorías: una inferior, la de los individuos ordinarios, es decir, el rebaño cuya única misión es reproducir seres semejantes a ellos, y otra superior, la de los verdaderos hombres, que se complacen en dejar oír en su medio "palabras nuevas. Naturalmente, las subdivisiones son infinitas, pero los rasgos característicos de las dos categorías son, a mi entender, bastante precisos. La primera categoría se compone de hombres conservadores, prudentes, que viven en la obediencia, porque esta obediencia los encanta. Y a mí me parece que están obligados a obedecer, pues éste es su papel en la vida y ellos no ven nada humillante en desempeñarlo. En la segunda categoría, todos faltan a las leyes, o, por lo menos, todos tienden a violarlas por todos sus medios.

»Naturalmente, los crímenes cometidos por estos últimos son relativos y diversos. En la mayoría de los casos, estos hombres reclaman, con distintas fórmulas, la destrucción del orden establecido, en provecho de un mundo mejor. Y, para conseguir el triunfo de sus ideas, pasan si es preciso sobre montones de cadáveres y ríos de sangre. Mi opinión es que pueden permitirse obrar así; pero..., que quede esto bien claro..., teniendo en cuenta la clase e importancia de sus ideas. Sólo en este sentido hablo en mi artículo del derecho de esos hombres a cometer crímenes. (Recuerden ustedes que nuestro punto de partida ha sido una cuestión jurídica.) Por otra parte, no hay motivo para inquietarse demasiado. La masa no les reconoce nunca ese derecho y los decapita o los ahorca, dicho en términos generales, con lo que cumple del modo más radical su papel conservador, en el que se mantiene hasta el día en que generaciones futuras de esta misma masa erigen estatuas a los ajusticiados y crean un culto en torno de ellos..., dicho en términos generales. Los hombres de la primera categoría son dueños del presente; los de la segunda del porvenir. La primera conserva el mundo, multiplicando a la humanidad; la segunda empuja al universo para conducirlo hacia sus fines.


Franz Kafka un visionario de las sociedades de control.




La imagen “http://media.ohlog.com/carrollera_k.jpg” no puede mostrarse, porque contiene errores. Desde su tiempo, previo a lo que seria el holocausto y las guerras mundiales, este novelista Checo que nos ha sorprendido no tan sólo por la profundidad de su obras sino por su ávido y desenfadado interés por mantener el anonimato, logro adelantarse prefigurando lo que serian las sociedades actuales o como Gilles Deleuze prefiere llamarlas, de control en oposición y como sucesor al orden previo que Foucault, otro teórico francés posmodernista definió a partir de Napoleón como mundo disciplinario. Y es que independiente de que el tiempo actual de Kafka y el inmediatamente posterior a su deceso, digamos los cuarenta años siguientes, estuviese enmarcado dentro de los rasgos de sociedades de disciplina en las que los administradores de justicia y orden dirigían la fuerza de sus poderes coercitivos a fin de gravar el cuerpo procurando el encierro, el adoctrinamiento en campos de concentración, clínicas o recintos militares bajo la modalidad del castigo físico, la enseñanza conductista, la lobotomía y en términos mas políticamente correctos y aceptados por la comunidad, en forma de educación con el examen y la superación de estadios que

midieran la capacidad para pasar a centros de reclusión menos constrictivos, del colegio a la universidad o milicia y desde allí al trabajo, Kafka no halló límite para su visión, estancándose con lo meramente pre-concebido o experimentado. Consiguiendo proyectar su inquietud y adelantarse al próximo paso, detallando un camino cegado para sus contemporáneos e incluso me atrevería a decir sucesores.

Las vías que la tiranía gregaria y masificante fraguan para el individuo, no fueron un secreto al interior de su inquietud artística. En su trabajo somos testigos directos de la perdida de la conciencia, el control constante que te sume en la ignorancia de sus medios y fines pero con el cual debes convivir para poder desenvolverte con libertad. Tal es el caso de Joseph K que se resiste a seguir la ruta que el proceso le impone, sesiones denigrantes ante tribunales montados, un abogado inútil, honorables jueces y estudiantes que hacen gala de su desviación, los consejos de un vasallo como Titorelli que vende su talento y recoge murmullos de poderosos que solo alimentan su ego y fastuosidad y como núcleo del cóctel destructivo la aceptación de una culpabilidad que se le impone y que sólo se presume sin posibilidad de ser refutada pues desconoce los principios que lo juzgan y condenan.

Kafka expone la impotencia y futilidad del hombre moderno ante una fuerza invisible y avasallante cual hidra a la que decapitas para impávido ver como las cabezas a afrontar se multiplican. La metáfora del monstruo mitológico se aplica con exactitud a sus enemigos, pues son millones de rostros que llevan el mensaje de un centro neurálgico al que temen y respetan pero al cual ni siquiera conocen.
Sin ir más lejos el ejemplo idílico es nuestra condición de neonatos marcada por expectativas y regulaciones previas a nosotros mismos. Las leyes civiles tanto como el lenguaje, instrumento esencialista por antonomasia y que determina nuestra lógica; nos es impuesto y debemos trabajar y educarnos bajo sus directrices para poder acceder según dicen, libres, a mayores beneficios de esa regulación o en un sentido opuesto pero necesario, apartándonos de los perjuicios que esta prescribe. Se trata en tal caso de una libertad con centros y márgenes preestablecidos que te están vedados y los cuales debes evitar o aceptar con sumisión. Por otro lado, el castigo de indagar sobre ellos, es desaparecer, caer a manos de los verdugos que también son parte de la ley pero nunca de la justicia, pues acá no hablamos de un problema axiológico, sino positivo, de codificación, por tanto es mejor un cómodo y democrático vasallaje.

Son estos los sistemas actuales, que ya no buscan adoctrinar a fuerza de garrotes y amenazas, sino haciéndote consciente de que estas mejor dentro, siendo un precario usuario con ciertas garantías que abandonado y proscrito. Pues fuera del control esta el mundo de la barbarie, el anonimato en el cual conviven sistemas arcaicos propios del tercer mundo o de naciones flotantes y segregadas como lo son las grandes comunidades de obreros que operan en la ilegalidad o dentro del régimen de advenedizos en alguna potencia.

Actualmente vivimos la crisis con el auge de los tratados de libre comercio, las interminables ofertas de crédito y especialización, lo cual no ocurre en Europa y Norteamérica. Metrópolis donde ya han sido implantadas las redes de control pues de allí surge hoy en día el orden occidental.
No queda duda entonces que en el grueso de sus obras y con la critica incisiva que da a los sistemas burgueses y por supuesto a la principal arma de estos sistemas la ley y la burocracia Kafka fija lo que serán nuestros días, ello lo define como un visionario adelantado casi 80 años a su tiempo, pues sus pesadillas son los que actualmente vemos en operación, mecanismos incipientes en Latinoamérica, al menos en su completa masificación.

Detallemos ahora la forma en que el surgimiento de este sistema, provoca la crisis de las antiguas instituciones, la caída de estas es un síntoma del proceso general en que estamos inmersos. El Colegio y su incapacidad de ajustarse a las nuevas tecnologías, las brechas generacionales, profesores añejos que mantienen obsoletas cátedras mas allá de su vigencia como profesionales debido a las míseras pensiones y seguros tras la jubilación, las cárceles hacinadas y el sistema judicial abarrotado de causas, la corrupción de las fuerzas armadas y los sindicatos incapaces de responder a la tensión necesaria con empresas que han optado por contratar jornaleros o simplemente manufacturar en países de informal regulación laboral, sometidas al sistema anterior o en proceso de reforma por lo cual aun mantienen altas tasas de cesantía y población en condiciones de lumpen proletariado.

De tal forma las principales instituciones sociales, al menos tal como las conocemos están ante el auge tecnocrático impuesto por las nuevas formas ya no de producción sino de consumo y redistribución, condenadas a desaparecer, ser remanentes proscritos o periféricos del gran centro.

Las fronteras son también elementos del pasado, ante ellas surge un nuevo tipo de nación con ingresos superiores al per-capita de países pequeños, los conglomerados económicos, IBM, Microsoft. Warner, etc, ellas exigen nuevos tipos de legislación a los países debido a que tienen propiedades a lo largo del globo y con múltiples cabezas, consejos, accionistas y ya no concentrados en el interés de un solo propietario. El hecho mismo de que tengan una diversidad de inversiones y casas matrices hace más compleja la desmantelación o sabotaje que antes operaba destruyendo un único eje central, la flexibilidad es un elemento característico del nuevo mundo y los medios de comunicación debido a su alcance y persuasión se han convertido en una herramienta totalitaria para ese espíritu concensuado que es la empresa. Como en 1984 de Orwell se busca la opinión inmediata que evita el verdadero proceso, el que nuestras mentes deben hacer al leer la realidad e interpretarla, se busca la sintetización de todo esfuerzo intelectivo, que este sea remplazado por un mensaje directo y sin filtros, de preferencia con signos sencillos o imágenes.

Kafka da el primer genuino vislumbramiento del sistema empresarial, del capitalismo que ya no desea esclavos u operarios sino autómatas dependientes del sistema, inmersos en libertades restringidas de antemano, seres que operen ideologizados por la necesidad de pertenencia y viabilidad, un hombre crédito, que requiere de un password, de un constante perfeccionamiento en los sistemas de educación para poder ser competitivo un hombre que no protesta o que cuando lo hace, actúa dentro del circulo que el mismo sistema le ha dado para su desahogo. La muerte de k, en esa medida es un acto simbólico, es la muerte de la conciencia y el comienzo del proceso que procesa la vida y el conocimiento para nosotros. Kafka ya nos mostró la pesadilla y las fauces del Leviatán esta en nosotros ahora la tarea de despertar.


Autor del texto y video: Daniel Rojas P.
"Carrollera"

Título: Kafka Nightmare
Música: Omar Rodriguez Lopez, A Dressing Failure
CARROLLERA VIDEOS





Poesía



Carga libido

dispara sangre,

de mis sentidos

deseos

miseria

nace un ayer.

Somos como extraños

desde fuera hacia adentro

escuchando voces huecas

torcidas en encierro

fornican mientras duermo

sobre el suelo,

tu piel
herida

tu estupida mueca.


Bailarines pies

ojos profundos

negro manto,

la oscuridad en plenitud

el calor de sombra huérfana

en los murales de odio.

Un entierro a mi destino

un renacer del fuego

despierta al demonio

que tengo ahí,

haciendo cabañas

y vírgenes pueblos.

Hace años, que bebo del silencio

mirando desde el claustro

el cuarto de enfrente

donde se producen los

peores actos,

de la cólera que veo

respiro y dejo correr.

todo lo que me hace hombre

es una condena

un collar

y estas ahí riendo

la mirada

el reflejo

en esos ojos que son los míos

pero en otro rostro

el de vidrio

que responde

con mi cara temiendo.


Rompe mis oídos

el engranaje dispara la noche

mientras encalló en las besos

y el muelle de tus piernas

donde la vida revive.

me hace crecer

me da algo

en que creo

creyendo rió y juego a morir

en el infierno

de todos

los santos esqueléticos.


Persiste la cárcel

de mis dientes

y orejas

arde la venganza y manoseo

Celebramos la noche

y el encuentro de

los genitales

que son nuestros cerebros,

pensando

creamos un nuevo paraíso,

el que siguen nuestros cuerpos

y en el podemos ser uno

el sueño universal

la forja de dioses

en algo simple

tan sencillo

como la poesía


Autor: Daniel Rojas P.

Empatía



Las miradas cruzaban todos los espacios de la habitación, la atmósfera era en esos precarios instantes una densa masa de respiraciones agolpándose, chocando, compitiendo por un segundo extra de oxígeno, cada rostro era un océano al menos eso podía pensar quien ligeramente viese de reojo al vecino, la tenue luz de la recámara aumentaba la confusión, la difícil tarea de sentir empatía por ese, que sin querer, trata de ganar un sitio, acomodarse sin miramientos para sobrellevar de mejor manera la situación, el abatimiento. Algunos desfallecieron desde el comienzo, era evidente que sería demasiado, sobre todo para los más viejos, ellos saben lo que nos espera, no tienen la alegría del que ignora como los pequeños, de cualquier forma, es sorprendente la fuerza de su espíritu más allá de toda falta de conocimiento. Pese a lo arbitrario del destino y lo extraño del ritual, parecían haberse adaptado a ello, como si fuese un sencillo juego, poco se podía decir también de la embarazada, había tenido la tenacidad suficiente para soportar el encierro y sobrellevar la carga de un no nato sin opciones, yo en cambio, por momentos creí sucumbir, no voy a negarlo, a esta altura habrían pasado ya casi siete horas, el estomago comenzaba a reclamar alimento, pero no era el único, muchos otros compartían la sensación, el silencio contribuyó a crear un coro de tripas retorciéndose, da igual, yo no importo mucho, de hecho nadie importa ya, yo no soy yo, ellos no son ellos, sólo anónimos cuerpos, conciencias mudas esperando el fatal desenlace, que la puerta se abra y todo termine en las fauces del gigante.


Autor: Daniel Rojas P

CARROLLERA VIDEOS 3


La imagen “http://media.ohlog.com/carrollera_dostoievski.gif” no puede mostrarse, porque contiene errores.
Video: Dostoievski (crimen y castigo)
Autor: Daniel Rojas P
Música: OST Old Boy
Escenas: Diversas adaptaciones fílmicas de clásico ruso.
Woody Allen, Menahem Golan, Robert Wiene, Francisco Lombardi, etc.

Descripción: Colección de escenas de las distintas adaptaciones fílmicas de la obra de Fiodor Dostoievski. Intertextualidad basada en el clásico ruso. Música del ost de Old Boy




caída


Caída, giro y retroceso, ojos vivos, ojos muertos, miles de miradas, retroceden, caen, giran y el talvez se hace eterno, ¿quien cae?, ¿quien gira y retrocede?, aunados en un canto colectivo, en un amor profano; sentimos la sorpresa de un cuerpo, el titubeo de esos labios, carne rarifica la herejía del beso y