Septiembre, 2008

Cerramos nuestra edición de Septiembre 250 notas

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Cerramos nuestra edición de Septiembre con 250 notas, y ya empezamos a preparar el quinto número de nuestra revista en pdf, pronto a estrenarse, aproximadamente, en la quincena del mes entrante.

A su vez, seguimos creciendo como espacio virtual dedicado a la literatura y la cultura en general, aprovechamos el espacio, para agradecer a todos nuestros redactores y desde luego al público que fielmente lee y comenta las notas. Esperamos sugerencias para ir siempre mejorando la calidad en las entregas y desde luego colaboraciones de autores de todos partes del mundo, a fin de lograr un intercambio libre de las odiosas fronteras que limitan cualquier tipo de comunicación y diálogo.

Finalmente estamos contentos por el ingreso a la prestigiosa red de Blogeratura.

Cinosargo tiene La palabra!!!!

Hasta Pronto

Daniel Rojas Pachas.



Notas.


Cerramos la edición de Agosto (lea)

Megaencuentro de Poetas (leer)

Lectura Descentralización (leer)

El puñal -Concurso de poesía (lea)

Taller de Comic -Engranaje (lea)

Dragostea: Lady Lazarus (leer)

Programa Descentralización (lea)

Descentralización poética (leer)

Letras en rebeldía (leer)

Encuentro de poetas y trovadores (lea)

La Generación Beat (leer)

Homenaje a Arteche (leer)

Congresos, ferias y encuentros (lea)

Poquita fe 2008 (leer)

Cinosargo en otras webs (leer)

Estrenamos Cinosargo nº 4 (lea)

Novedades en la Cinosargoteca (leer)


Música


Smith entrevista de Burrougsh (lea)

Meta-Jazz (leer)

a Cash un verdadero poeta (leer)


Cine.


El arte de Bill Plimpton (leer)


Autores.


Interzona Z: César Moro (lea)

Charlie Melnick (leer)

Maldito Mito por Pauls (leer)

Walter Mondragon- La intrusa (lea)

Poemas de León Felipe (leer)

Un poema de Alfonso Reyes (leer)

Bolaño: Siete poemas breves (lea)

Bolaño: La nueva poesía... (leer)

Paul ÉLuard: Poemas (leer)

Nicanor Parra: Poemas (leer)

Libro del Amor: Menglong (leer)

Ishmael Reed: Poemas (leer)

Lérmentov: Poemas (leer)

Dinastía T`ang Poemas (leer)

Morrison: toque su pierna... (leer)

Gustavo Ossorio: Poemas (lea)

Todo es mio en el sentido que (lea)

Llosa: El dato escondido (lea)

Giardinelli: Viaje en la literatura (lea)

Poemas de Anne Waldman (leer)

Poemas de Anselm Hollo (leer)

Pablo de Rokha: Poemas (lea)

José V. Andrade: Poemas (lea)

Un poema de Gloria Frym (leer)

José Asunción Silva: Poemas (lea)

Juan Antonio Masoliver Poemas (lea)

Lezama: Muerte de Narciso (leer)

Macedonio Fernández: Poemas (lea)

Piglia: ideología en Borges (lea)

Bolaño: Prologo de Amberes (leer)

Juan Larrea Poemas (leer)

Oda al caldillo de congrio (leer)

Pedro Garfias Poemas (leer)

Vargas Llosa, cartas a Oe (leer)

Llosa: Sirenas en el amazonas (lea)

Poemas de Huidobro (leer)

Beckett: Whoroscope (leer)

Aster: Morgue y otros poemas (lea)

Auster: Los poemas y los días (leer)

Poemas de Lord Byron (leer)

Borges: Ficción e intertextualidad (lea)

Poemas de Quasimodo (leer)

Onetti Entrevista (leer)

Poemas de Evaristo Carriego (Leer)

Poemas de Blas de Otero (Leer)

Poemas de Cavafis (Leer)

Poemas de Yeats (Leer)

Poemas de Derek Walcot (Leer)

Poemas de Felix de Ázua (Leer)

Poemas de Trakl (Leer)

Una pasión no correspondida (Leer)

Poemas de Benjamin Peret (leer)

Poemas de Miguel Hernádez (leer)

Poemas de Maikowski (leer)

Panero ha vuelto (leer)

Cage: conferencia sobre la nada (lea)

Poemas de Gambarotta (leer)

Poemas de Ramón López Velarde (lea)

Poemas de Vicente Aleixandre (leer)

Echeverría y el lugar de la ficción (lea)

Prefacio de Cromwell (leer)

Sabato: El consumo no es... (leer)

El escritor Federíco Andahazi (lea)

Piglia: La Isla (leer)

Bolaño: Principio del Apocalipsis (lea)

Berti: Aleister Crowley la bestia (lea)

Berti: Semblanza a Gombrowicz (lea)

Llosa: El Gran Gatsby (leer)

Lihn: Si he de escribir... (leer)

Poemas de Salvador Novo (leer)

Poemas de Leonidas Yerovi (leer)

Parra: Autorretrato (leer)

Poemas de Xavier Villaurrutia (leer)

Poemas de Jorge Teillier (leer)

Poemas de José Santos Chocano (lea)

Poemas de Pablo Guiñez (leer)

Poemas de Gabriela Mistral (leer)

Poemas de Nicolás Guillén (leer)

Un poema de Eduardo Llanos (leer)

La Destrucción del Danzante (leer)


Poesía


Diarios de Motocicleta (leer)

Tarjetas de navidad (lea)

Reposo capitalista del che (lea)

El estruendo de los violines (leer)

Ghigliotto: Poesía (leer)

Aldo Alba: Poemas (leer)

Escrito de Junio (leer)

Poemas de Jean Narciso Bispo (lea)

El insecto ignorado (leer)

Poemas de José Martínez (leer)

Poemas de Miguel Morales (leer)

Patas del perro furioso (leer)

Viajeros de la calle de Varsovia (lea)

L`Amar: Rincón de la Ira (Leer)

Poemas de Cumbreno (Leer)

Poemas de Tafury (Leer)

Poemas de Francesc Puertas (Leer)

Poema no insistas: (leer)

Poemas de Cristian Franco (leer)

Poema de Jorge Maturana (leer)

Poemas de Ferrer (leer)

Poemas de Rolando Gabrielli (leer)

Las cartas de Baudelaire (leer)

La triste historia de la tigresa (leer)

El Abecedario de las cosas (leer)

Locus Pocus por Daniel Rojas (leer)

Virus: Un poema de Daniel R (leer)

Poemas de Daniel Rojas (leer)


Comic, arte visual, teatro y pintura


Tiza en tres dimensiones (leer)

Rayas, letras, manos (leer)

Caligramas de Parra a Bolaño (lea)

Caricaturas de Luis Bagaria (lea)


Narrativa.


Bocaccio: Los Tres Anillos (leer)

Quiroga: Juan Darien (leer)

La condesa de Tende (leer)

Dazet: Hematuria (leer)

Wilde: El Imán (leer)

Imbert: El Ganador (leer)

Hasíodo la Teogonía (leer)

Cortázar: La señorita Cora (leer)

Denevi: Precursor de Cervantes (lea)

Akutagawa: Cuerpo de Mujer (lea)

Walsh: Los nutrieros (leer)

Koestler: El Verdugo (leer)

Balzac: Cúpula de los inválidos (lea)

Lillo: El Pozo (leer)

Monterroso: Pigmalion (leer)

Queiroz Memorias de una Horca (lea)

Kafka: Prometeo (lea)

Relatos basados en la Odisea (lea)

Ciro Alegría: Cuentos (lea)

Anticuentos Mario Halley Mora (lea)

Relatos de Amado Nervo (leer)

Navokov: El Leonardo (leer)

Flaubert: Un corazón sencillo (lea)

Muestra narrativa generación 98 (lea)

Arenas: El Cometa Halley (leer)

El Arte Mortifero (lea)

Cuentos populares_rusos (lea)

El Caballero De Las Dos Espadas (lea)

Leyendas de Guatemala (lea)

Emma Zunz (lea)

Narrativa de Leandro Urbina (lea)

El disparo de Pushkin (lea)

El loro pelado (lea)

El album de Chejov (lea)

El árbol del orgullo (lea)

Genet: 4 horas en Chatila (lea)

Marcel Schwob: El Zueco (leer)

Hesse: Leyenda China (leer)

Lawrence: El Ganador (leer)

Cortázar Minicuentos (leer)

Marías: De cuando fui mortal (leer)

Loriga: La Muerte del hermano (leer)

Casares: El gran serafín (leer)

Onetti: El infierno tan temido (lea)

Martin Amis: Los inmortales (leer)

Anais Nin: Corazón cuarteado (leer)

Cantos de marineros en la pampa (lea)

La obra de Jorge Edwards (leer)

Soldán Continuidad de los parques (lea)

Un Paciente en disminución (leer)

Villoro: Yambalon y sus 7 perros (lea)

Bolaño: El ojo Silva (leer)

La portuguesa de Musil (leer)

Bukowski: Deje de mirarme (leer)

Hugo Correa: Meccano (leer)

Arango: Un inesperado visitante (lea)

Dostoievski: El gran inquisidor (lea)

Yourcenar: Cuento Azul (leer)

Cervantes: Rinconete y Cortadillo (lea)

Salinger: Antes de la guerra con... (lea)

Burroughs Naked Lunch (lea)

Infante: El Héroe Lacónico (leer)

Soriano: La California Argentina (lea)

Milagro Divino _ J. Carlos de León (lea)

Roberto Arlt: Las Fieras (leer)

Lobo-Hombre de Boris Vian (leer)


Filosofía


Bajtin sobre Rabelais (leer)

Eros Malancólico (leer)

I.S el desvío como negación (leer)

La sociedad mundial de control (lea)

Sábato: Ensayos breves (leer)

Nietzsche y el circulo vicioso (lea)

Hakim: Religión y revolución (lea)

Freud: Lo Perecedero (leer)

Geertz: Géneros confusosos (Leer)

Freud: Poetas y sueños diurnos (lea)

4 reglas del método Cartesiano (lea)

Debord: Métodos tergiversación (lea)

Deleuze esquizoanalista (leer)

Fromm: Amor y su desintegración (lea)

La personalidad Potencial (leer)

Barret: Despertar anarquista (lea)

Nietzsche filosofía y antifilosofía (lea)

Mutis: La Desesperanza (leer)

Los sueños bajo vigilancia (leer)

Maternidad antipatriarcal (leer)

Política del rebelde (leer)

Lacan: La familia (leer)

La cultura y los medios (leer)

Deseo y simulación (leer)

Manifiesto Cyborg (leer)

Los ruinosos pilares delprogreso (leer)

Nuevos movimientos globales (leer)

Wittgenstein (leer)

Lucha, acontecimiento, media (lea)

Deleuze: La Literatura y la Vida (leer)

Deleuze: Control y devenir (leer)


Ensayos y crónicas de nuestros autores.


Anverso Literario:Mijail Shólojov (lea)

Anverso Literario: Sieveking (leer)

Anverso Literario: Steinbeck (leer)

Anverso Literario: El presente de la poesía joven del norte fronterizo de chile (lea)

Semblanzas Profundas: Amuleto de Roberto Bolaño (leer)

Conociendo a José Martínez (lea)

Entrevista con Pablo de Rokha (lea)

Dolores equívocos (leer)

La Posesión de Delaura (leer)

La muerte de Copiapó (leer)

Gabrielli: Sobre el chico Molina (lea)

El amor del poeta ateo por una santa (leer)

Florencio Faúndez Hacedor de poesía (lea)

Bolaño se la jugo (leer)

Sobre el arte de Evolucionar involucionando (leer)

Ferlinghetti vive en San Francisco (lea)

Prado: poeta que olvidamos (lea)

Recordando a Baldomero Lillo (lea)

Adiós all poeta Jaime Moya (lea)

Recordando a Hugo Correa (leer)


EDICIÓN DE MAYO 50 NOTAS : (leer)

EDICIÓN DE JUNIO 192 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE JULIO 285 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE AGOSTO 269 NOTAS (leer)



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En torno a la poesía Ariqueña en Revista El Puñal de Santiago

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Leer el artículo completo en la siguiente dirección.



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Semblanzas Profundas: Amuleto de Roberto Bolaño.

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(…)Y los oí cantar, los oigo cantar todavía, ahora que ya no estoy en el valle, muy bajito, apenas un murmullo casi inaudible, a los niños más lindos de Latinoamérica, a los niños mal alimentados y a los bien alimentados, a los que lo tuvieron todo y a los que no tuvieron nada, qué canto más bonito es el que sale de sus labios, qué bonitos eran ellos, qué belleza, aunque estuvieran marchando hombro con hombro hacia la muerte, los oí cantar y me volví loca, los oí cantar y nada pude hacer para que se detuvieran, yo estaba demasiado lejos y no tenía fuerzas para bajar al valle, para ponerme en medio de aquel prado y decirles que se detuvieran, que marchaban hacia una muerte cierta.(…)

(…) Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer.Y ese canto es nuestro amuleto.


En las páginas finales del libro Amuleto de Roberto Bolaño, encontramos este monólogo en boca de Auxilio Lacouture, uruguaya, madre de la poesía mexicana, flaca y espigada como una versión femenina del Quijote.

La mujer, pues parece poco decir simplemente el personaje, como ocurre en la mayoría de casos de aquellas existencias que originó la mente del chileno, más bien narrador y poeta continental, ofició como secretaria y barrendera del estudio de dos poetas españoles exiliados y que fueron parte valiosa de la genial vanguardia del 27, Pedro Garfias y León Felipe. Curiosos nexos como este, no tan anecdóticos o pretenciosos como podrían parecer en un principio, dan rienda al juego preferido del autor, desafiar los límites de lo verosímil, así comienza la trasgresión y se da la trascendencia del papel a lo mundano, lo vital emerge en cada párrafo, en cada desafiante discurso capaz de movilizar los hilos de lo extratextual, configurado por el pensamiento y las aprehensiones del lector.

El maridaje se va estrechando en torno a la cultura y siempre con un contenido irremediable, oscuro, violencia y locura entrelazadas, no por nada la historia parte señalando:

Ésta será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.

Bolaño es un digno maestro en el diseño de mundos literarios, los que curiosamente o más bien, felizmente, orbitan en torno a lo literario, la literatura es su obsesión, la medula de su espíritu creativo, de su herida como fabulador, lo valioso es que en su calidad de autodidacta y lector, y creo eso es lo que más se le reconoce, pues jamás perdió la capacidad de asombro y de ver más allá, cediendo a lo que un mero segmento del público espera. Bolaño no es complaciente con las camarillas y sectas académicas ni tampoco con el fandom y los cultistas, él por su propia inclinación y libre creatividad, inicia indistintamente un libro con un epígrafe de su amigo Mario Santiago, el poeta mexicano autor del Aullido del Cisne y que leía en la ducha o hace alusión a una cita de Petronio.

Para Bolaño, el arte no es un pañuelo de seda en que sólo cabe el fraseario erudito y la intertextualidad con los clásicos y los Nobeles, música docta y museos parisinos, y si bien no se va al otro extremo, propio del realismo sucio y crónica urbana al uso, Bolaño demuestra con talento que el pañuelo de seda, no siempre está exento de sangre y otras excrecencias. Los vasos comunicantes entre los grandes pensadores de una sociedad y el lumpen más desastroso, están a un paso y rodeando al habitante común en su horario de oficina, pues son vidas solitarias, periféricas, al límite. Así, sus personajes, físico culturistas, ex boxeadores, criminales, proxenetas y locos artistas, fascistas de la brocha y la pluma, son esplendidos lectores y creadores, hacen de sus fechorías y vidas, actos poéticos. En la autopista paralela, sus personajes eruditos, aquellos escritores y críticos, investigadores y muralistas, son detectives salvajes, viajeros como los héroes de las tragedias griegas, guerreros y poetas que deambulan en la noche, que se mutilan y guardan cadáveres en el patio trasero gestando los extramuros de la cotidianidad.

Bajo esa cuña que para algunos es un despliegue exagerado de conocimiento, sólo queda recalcar lo exagerado de su limitación como interpretes, pues basta con revisar la vida de muchos escritores, dementes genios como Vallejo famélico, Baudelaire con sífilis, Hemingway volándose la cabeza de un tiro, Kafka tuberculoso desafiando a su progenitor, Rimbaud con sífilis traficando armas, Joyce traficando libros con un look de pirata, Delmira Agustini victima de un crimen pasional terrible, Pessoa creando heterónimos, Vian creando heterónimos de color para escribir violentas historias de racismo y jazz, Crane saltando al vació, Berryman saltando al vacío, Pascal cortándose las venas, Chetterton envenado, Panero recluido, Salinger auto recluido y muchos más que Bukowski pudriéndose en sus moteles, borracho y recluido se pregunta, ¿qué pretenden estos que algunos consideran pequeños dioses?, verdaderos dionisiacos, posicionados en los anaqueles de la insanidad, balanceándose como elefantes sobre un delgado hilo hacia el más insondable abismo. La realidad entonces, se reescribe en fantasmales y maravillosas voces que impulsan al lector a indagar más a fondo en periodos, lecturas, generaciones y movimientos, cruzados por numerosas anécdotas, vidas que en la autotelia de la palabra, algo tan ansiado por los escritores, esa patria que es tu lenguaje en acción más allá de cualquier pedazo de concreto, va desafiando los lindes de lo humano, de lo histórico, relegando a cronistas y glosadores a un segundo plano ante el predominio de la ficción verosímil bien edificada.

Podemos en tal medida señalar que Auxilio y su mente son una alegoría de la memoria de América del mundo, ella misma lo señala: Luego me desperté. Pensé: yo soy el recuerdo.

Y así dicen sus juegos adivinatorios.

(…)Estoy en el lavabo de mujeres de la Facultad y puedo ver el futuro, decía yo con voz de soprano y como si me hiciera de rogar.Ya lo sé, decía la voz del sueño, ya lo sé, tú empezá con las profecías que yo las anoto.Las voces, decía yo con voz de barítono, no anotan nada, las voces ni siquiera escuchan. Las voces sólo hablan.Te equivocas, pero es igual, tú di lo que tengas que decir y procura decirlo fuerte y claro.Entonces yo tomaba aliento, dudaba, ponía la mente en blanco y finalmente decía: mis profecías son éstas.Vladímir Maiakovski volverá a estar de moda allá por el año 2150. James Joyce se reencarnará en un niño chino en el año 2124. Thomas Mann se convertirá en un farmacéutico ecuatoriano en el año 2101. (…)

Juego que proyecta la resurrección de poetas y narradores universales hasta el fin de los tiempos en un infierno en vida que cierra bajo el enigmático y penumbroso 2666.

(…)no un cementerio de 1974, ni un cementerio de 1968, ni un cementerio de 1975, sino un cementerio del año 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo.

Las evidencias son muy marcadas, la mujer que resistió acalambrada dentro de un baño el quiebre de la autonomía universitaria cuando la UNAM fue invadida por los militares, convirtiéndose en una ambigua leyenda, pasa más allá de ser un mero personaje, reducirla a esa categoría sería ofensivo, igual que reducir a Arturo Belano, alter ego del autor y a Ernesto San Epifanio, a Remedios Varo y Lilian Serpas la amante del che Guevara, todos presentes en el particular fluir de la conciencia de Auxilio y sus delirios claustrofóbicos, durante su hacinamiento que buscaba salvar su pellejo del fascismo. En esas condiciones la mujer se empapa de mágicas percepciones, volviéndose una especie de Tiresias.

Moderna versión del profeta que transita entre el pasado y futuro no sólo el personal y de sus coetáneos, amigos y conocidos, poetas infrarrealistas, perdón realvisceralistas de los 70 sino que su voz se prolonga a todo el quehacer literario joven de nuestro continente, e ahí la fuerza del discurso disperso de una mente enfebrecida y que usé para abrir el artículo. La similitud de este con Howl de Ginsberg, tampoco se puede obviar. En este punto además, no es secreto, la afición beatnik de Bolaño, como ignorar entonces la obra del budista y sus compañeros, la influencia de Kerouac, de Corso y Burroughs, en él, que fue un gran lector de poesía, un autodidacta sapientísimo.

Amuleto, novela corta, repleta de personajes, más bien existencias, es entonces una prolongación del genio lector de Bolaño, capaz de crear dualidades carismáticas que no dejan de ser fantasías y que en esa ambivalencia tan especial entre real y ficticio, permiten la flexibilidad del trato con cada persona que los reconoce y dialoga al leerlos, al interpretarlos, en un presente que se diluye rápidamente y siempre remite a esas lozas, a esa pulcritud y silencio abismal del baño universitario, a esos minutos de asfixia que compartimos en el silencio de nuestra propia conexión con el amuleto, con la palabra, con el canto. El amuleto de la creación y de la sabiduría y también de la caníbal demencia de América, de la llegada de exiliados, genios europeos, que revolucionaron nuestras letras, el giro político, las dictaduras y utopías comunistas, el vacío posterior de generaciones que soñaron y fueron abortadas y el inicio de nuevas generaciones impávidas que nada saben y poco les importa la tierra y las reivindicaciones del pasado, huérfanos, cosmopolitas hijos del soundtrack y el pop culterano, Amuleto es una bitácora de toda la narrativa de Bolaño, y en palabras exactas de otra de sus existencias, el investigador literario Amalfitano de 2666, Amuleto como Baterbly o La Metamorfosis, sería un ejercicio de esgrima perfecto, no como sus hermanos mayores, batallas desordenadas, sangrientas, atemorizantes, fétidas y carentes de aplicación, geniales en su caos, en su apertura, Amuleto en cambio, redonda, exacta, entrenada previamente, presenta la finitud, es limpia, maravillosa y digna del gusto de un farmacéutico ilustrado.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

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Un paciente en disminución

Arquicaricatura de Macedonio Fernandez por sALGUERO DELa hanty.jpg



Un paciente en disminución

Macedonio Fernández



El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:

-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.




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Anverso Literario: El Presente de la Poesía Joven en el Norte Fronterizo de Chile (Arica)

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En torno a Arica, desértica y fantasmal región, que nada tiene que ver con una moderna Comala o el realismo mágico situado en la pampa salitrera, los medios se han encargado de dejar bien claro que más bien somos el infame paso de todo tipo de tráfico, humano y químico, rápido podemos afirmar que no hay panorama joven en lo poético, si para calificar este, nos ceñimos con exclusividad al concepto topográfico, territorial y centralizador que nos ubica como creadores provinciales o de la recién estrenada y cómicamente bautizada XV región (última pese a ser la que encabeza el país).

El amplío titulo de poetas jóvenes del norte grande de tan árido y ancho se torna ajeno, y en vez de identificarnos, produce en la determinación categórica de nortino una negación rotunda que no da cabida a una gama inconmensurable y heterogénea de voces y posibilidades creativas

Lo cual, paradójicamente, pese a no permitirnos hablar de poetas jóvenes nortinos ariqueños en estricto rigor, si nos permite recalcar la existencia y riqueza en la voz peculiar y osada de talentosos jóvenes poetas que nacidos o formados sensitiva y sensorialmente en estas latitudes, se han vuelto su propia región indecible llena de potencialidad y discursos, influencias varias e influjo en si mismos, fuentes inspiradoras que en la palabra y sus matices, no temen en lo absoluto a la experimentación y afrontar con crudeza, otras veces con cinismo, ironía, amplia visión y poca fe pero con ardua voluntad creativa, el pasado, presente y futuro de un arte que por estos lados, se perfila cada vez más menguado y reducido a feudos espaciales y naturalistas, reino de absoluta falta de editoriales, estos huérfanos de la metáfora con una gravitante escasez de lectores sufre víctima del virus chauvinista establecido en el ideario colectivo, mediático, y sensible del lector promedio, ya sea de la localidad y a veces con mayor injusticia en la boca de foráneos y hermanos de pisos australes.

El problema del logocentrismo nacional es inevitable en este punto, pues el nutre aquellos detestables determinismos y la analogía más ilustrativa de la realidad creativa del llamado poeta joven de Arica o del norte grande, se asemeja a lo que en mayor escala pesa sobre el escritor latinoamericano que no quiere perfilarse en aras del realismo maravilloso y sus engendros y llega a Europa o Norteamérica con una alternativa de novela, digamos realismo sucio, de género o de distorsión lingüística y estructural en cualquiera de sus variantes que se ven antecedidas por el famoso Post-algo, sólo para recibir el siguiente comentario no libre de connotaciones peyorativas, muy bonito, pero que usted no es de por allá, de donde viene García Márquez y Carlos Fuentes, entonces que hace que no escribe como ellos, bueno con iguales resultados, el escritor del norte que no adhiere al tropo paisajístico y sentimental ligado a la tierra y sus bondades, el dizque espacio vital que se debate entre la residencia marina y la llanura altiplánica, sufre el rechazo tajante o siquiera la duda inocente: Oye, por que no hay cactus y vicuñas en este texto, puede sonar desvirtuado y satírico pero es una realidad, prueba de ello, es el efecto inverso que sufre en ojos de sus pares aquel creador, demente prometeo que cruza los límites que impone el bendito adjetivo, provincial, regional o si aspiramos a la grandilocuencia, “vate nortino”. Este para los otros poetas, los oficialistas, los que si son nortinos de tomo y lomo, es un bicho raro, un misfit producto de una metamorfosis caprichosa y envilecedora. Sus calificaciones son capaces de reducir cualquier intento de experimentación a un simple epíteto cargado de hiriente intención: Es hermético, culterano elitista, efecto del oscurantismo juvenil, y entre pasillos y en comidillas, se proscriben sus páginas como meros simulacros, pobre pastiche de Santiago, de Poeta maldito, bohemio, afrancesado, alienígena, alienado, o poeta adolescente, carente y a medias tintas entre impostor y profano, con un afán de identidad desesperada.

De cualquier modo, sea local o externa la calificación, el poeta joven en esta localidad, es blanco de una creciente extinción y cacería ante barreras subsecuentes impuestas a la posibilidad de difusión, de diálogo y en gran medida, quizá esto es lo que más duele, al suministro básico de textos, quizá hoy menos, gracias al antídoto que significa Internet y sus benditos downloads, sin embargo estamos en el extremo del mundo con pocos libros y muy caros para un lector sensible que requiere para su educación emocional y cordura, mucho más que la lista que entrega mineduc y el paradigma que constituye a un verdadero escritor fronterizo.

Empero, lejos de sumirnos en una auto conmiseración, el estado de salud de nuestra escena local, presenta una segunda paradoja, si bien envilece, también nutre, la muestra son grupos como Vertizonte y M.A.L, cuyo ojo crítico, ansia de lectura y disociación, fomenta la búsqueda de vías rizomáticas, el do it yourself o su variante criollo, ráscate con tus propias uñas y sal a buscar la montaña por que este feudo rocoso se quedo pegado a pies de las ruinas de Humberstone.

De aquel estigma territorializante y el portentoso título de nortino surge un conflicto agonal invariable, la lucha con los antepasados, con las publicaciones y autores que marcaron la tónica de lo que es ser un escritor del norte, Sabella, Bahamonde y demáses, con el respeto que merecen, el poeta joven del norte como dice en su teoría poética el crítico norteamericano Harold Bloom, debe ser fuerte y debe desintegrar la forma que los del pasado cincelaron, sólo así podrá dar origen a su particular verdad, al desleer y se diría incluso desinterpretar lo impuesto por tradición.

Sin animo de excluir y realizar una lista de quienes deben ser considerados en estos últimos veinte años, como deslectores de la realidad local y creadores de sus propios límites, debemos profundizar en dos focos creativos de la ciudad de Arica y sus alrededores, fenómenos irreductibles e irrepetibles como por allí escribió alguien, Vertizonte y el Grupo M.A.L, cada uno con sus miembros diseminados por el mundo. Desde mediados de los ochenta hasta la fecha, lograron con mayor o menor fortuna y pervivencia, forjar en sus aciertos y fracasos una repercusión e identidad propia, peculiar y digna de ser reconocida o mejor aún superada, pues su presencia marca un después en la producción consciente, está ha ubicado en otro estadio y nivel la poética Ariqueña, de manera que el conflicto y la acción de futuros creadores tendrá que medirse con otras voces, con otras lecturas por tanto se moviliza el arte poético

En el caso de los Vertizontidas hay una introducción de cara a la vanguardia, a formas periféricas y lenguajes cultos, manejo de distintos registros y géneros, visuales, pop, música y cine, técnicas de producción y perspectivas lectoras del arte y la realidad relegadas de las primeras filas del canon de pulcritud y santidad poético, la prueba está en su antología Heptadarica y en la vigencia de sus integrantes, aún activos y sembrando su semilla en otras verticalidades de la palabra y horizontalidades del ser, por otro lado M.A.L al cual se adscribe el redactor y otros poetas que prefieren el anonimato y la creación en un maridaje simbiótico.

Estos escritores que persiguen ir más allá de las letras, surgieron de distintas áreas del pensamiento, Ingeniería eléctrica, Física, Filosofía, psicología y lenguaje, refrescando el contexto de producción y añadiendo a las ya nombradas técnicas y usos, un factor indispensable, el aporte que despierta a la zona de su letargo investigativo, crítico y difusor. Los objetivos a corto plazo de M.A.L, además de talleres que siempre han estado presentes junto a la organización de recitales y encuentros, involucran la creación de una editorial independiente de la mano de Cinosargo.

En definitiva, podemos señalar que si bien no hay poetas jóvenes del norte grande en Arica tal y como muchos esperarían, si existen, sudan y sangran desterritorizalizados, una variedad de poetas que por convicción y necesidad de nacimiento y sentido, son cada uno en su palabra autónoma y genio, su propio norte.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.



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Virus: Un Poema de Daniel Rojas Pachas.

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Un Poema de Daniel Rojas Pachas.

Virus.



Virulentos, prosaicos, rumiosos,
los críos descansan entre baños digitales
y la noche de Cien-fuegos estrellados (…)
revienta la garganta de tanta pobre muchacha (…)
“dulce gimiendo contra el parabrisas trasero”
y se repiten, graban, la cinta vuelve atrás, un percutor, un clic
y ruedan en su esfera.
Cada recuadro,
esquinas apacibles de la sombra pura de tu infierno (…)
La durmiente se consuela entre cada pierna
y entre aquella brasa ruinosa de celos
en que maltrechos ojos,
macilentos brazos desgajan la flor de las edades con un mapa hecho de insinuaciones
las delicadas perforaciones del mal llamado “honra de doncellas”
pudre cada deliquescenia con amarga confusión de hibernaciones.
“No puedo reconocer ni mi propia piel”
ni la identidad de cada parte noble: Mudan las heridas, intercambiamos quejas sensoriales, telepáticos gestos (si es posible), con gargantas heladas y saltos de cada mugir de dedos encriptados, enfurecidos por las metálicas orugas y las cuerdas en que descansan tus uñas que van cosiendo mi subrepticio orgasmo y el rey de los putos, tu rey, el de todos nosotros, pálido como siempre, te espera y tiene en su cohorte a cien caballos de cien pretéritos cuerpos que han perdido su delicadeza y los úteros gozan confusos y tus señas brillan, ríen con la locura del beso y herméticos babean la suculenta cólera, madre hecatombe de tu patriarcal ceño, clausura, silente ronda y simulacro de venas dando latigazos a los sables del público perfil y muertos, muerto, muerta la codicia, oblicua se agrieta el nexo informe.


Autor: Daniel Rojas Pachas.


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Semblanzas Profundas: Hugo Correa y el arte de Género en Chile

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En esta ocasión, más que indagar en la obra y vida de un autor, he querido detenerme en el problema de la producción de arte de género en Chile.

Al respecto debo señalar que por género, no me refiero a la consabida oposición hombre y mujer y el rol de lo masculino y femenino dentro de los procesos creativos y las implicancias de poder del tema, sino al simple hecho de que en Chile, el arte narrativo, cine y literatura específicamente, no se ha caracterizado por “profundizar” en las perspectivas que brinda el terror, la fantasía, el cine negro o género policial y la literatura de anticipación o ciencia ficción. Quisiera además con esta nota, rendir un sincero y sencillo homenaje a quienes han cultivado de manera genuina, esas dimensiones de la narrativa, especialmente al eternauta de Curepto, Hugo Correa, fallecido recientemente, el pasado mes de marzo del presente año.

Este autor, creador de obras como Los Altísimos de 1959, El que Merodea en la Lluvia del 62 y la colección de cuentos de Ficción Espacial, Cuando Pilato se Opuso del 71, entre otras obras que prolongan la sapiencia de su pluma hasta el comienzo de este nuevo siglo, lo sitúan como uno de los pocos pero no escasos autores, que con mayor devoción y consecuencia, se entregó al generó, pese a la escasa y pobre recepción que su obra tuvo en nuestras fronteras, más allá de haber conseguido logros que ya quisieran algunos autores de la narrativa dizque tradicional.

Correa fue elogiado por el mismo Bradbury y traducido e incluido dentro de prestigiosas publicaciones y antologías en diversos idiomas, y ubicado a la par, en la constelación de otros latinoamericanos destacados como Ángel Arango, Daína Chaviano y Oscar Hurtado en Cuba, donde si hay una cultura basta, en torno a la novela y cuento de anticipación y en argentina, compartiendo la galaxia con Bioy Casares y la autora de Kalpa Imperial Angélica Gorodischer.

Hugo Correa.jpg Correa es sin duda un autor de culto, hoy su resonancia y difusión parece maxificarse día a día en blogs, foros en los cuales su obra se discute y sigue encantado tras la lectura por medio de reediciones digitales que no impiden en lo absoluto, la cacería de los coleccionistas y devotos, que pelean por hacerse con una copia original de su obra prima Los Altísimos. Podemos en tal medida señalar que se cumple su deseo personal en torno a la literatura. Correa mismo señaló en su última entrevista “Nunca busqué reconocimiento ni promoción, sino que las editoriales regularmente se interesaran por mi obra. Nunca he esperado otra cosa, sino simplemente que los lectores encuentren bueno lo que escribo”


Correa sin duda, es un nombre ineludible para los conocedores, para el lector especialista, y los escritores, pero no es el único, muchos se preguntarán entonces, ¿hay más?, ¿quiénes son y de dónde vienen?, ¿dónde puedo leerlos?, o siquiera por curiosidad, saber qué han hecho. Bueno para despejar un poco esas dudas, vale la pena dar un vistazo a sitios como puerto de escape, y descubrir que pese a que no tenemos una tradición, el mismo Correa lo dijo, “Aquí siempre estamos en un presente que se prolonga, que no pasa nada. Los grandes descubrimientos no pasarán aquí, porque no se estimula la investigación.” Empero eso no implica que no haya una línea que se escapa por discreta y periférica que esta sea.

Claramente, tras el deceso del maestro, empezará en torno a su figura una promoción mayor del trabajo que hizo y brotará el que se le vincula, merecidos homenajes y reconocimientos que no tuvo en vida, permitirán destapar la olla y quizá dar luces del género más allá del fandom o el círculo de convenciones.

Aún así, la problemática no termina, la condición de relegados del medio oficial, el ninguneo editorial y el trato de buena fe, tiene un origen que vale la pena indagar o siquiera describir someramente, este procede del prejuicio que ubica a los cultores del género como productores menores, hermanos pequeños y anecdóticos dentro de la gran masa creativa.

En Chile todavía existen temas que son adecuados y otros que sólo merecen ser relegados al anonimato, a la sonrisa y palmada de consuelo, “Ey, está bien, lo intentaste hijo, muchacho, hiciste una historia de vampiros, quisiste crear tu distopía cyberpunk, tu Blade Runner, tu hombre bicentenario, tu versión de la jungla de asfalto, ahora vete a jugar por allí, te parece” y si por aquellos azares, el subrepticio creador logra éxito, bueno, empiezan los siempre bien ponderados comentarios de la llamada crítica especializada: “Como no podría vender tanto, si es literatura de consumo, paraliteratura, cine para las masas, le da en el gusto a todos”.

Es que estamos tan acostumbrados al drama político, a la revisión histórica y a jugar con los tipos humanos: Estos son caricaturizados en comedias o elogiados desde perspectivas documentales que buscan rescatar su espíritu noble, casi de mártir de la tierra, pampa, mar y alturas indomables o en otra medida, renegando de ese fundacionalismo, las historias se zambullen de cara al conflicto urbano, existencial y económico, relaciones de pareja, discriminación social, sexual y el día a día del que a pulso se debate en la depredadora capital, queriendo mantenerse impoluto como un moderno Martín Rivas llegado de provincia o buscando una redención de su caos personal, la típica historia del drogadicto o la prostituta a lo Renton o Pretty woman criollos, que no podemos salir de esos esteriotipos de fabulación y más aún, de las formas de contarlas, creyendo que la única manera de abordar los temas es con linealidad y en el retrato fiel de lo captado por los sentidos, sin proyección a otros mundos, a otras perspectivas, quizá por miedo o repudio a Hollywood, al llamado cine o literatura de mercado y por una reverencialidad absoluta hacia el neorrealismo italiano, el cine francés y el tratado de costumbres o la novela decimonónica, cuyo efecto inmediato y empalagoso, es un feudo monotemático y monocorde en que nos releemos hasta el hartazgo y en que siempre vemos los mismos nombres y el mismo producto añejo o simulacro pobre de otras latitudes, desfilar con prestigio por las carteleras y anaqueles.

Algo más grave ocurre con disciplinas como el comic. El noveno arte queda relegado a un público infantil, esta afirmación no quiere para nada, remarcar la inexistencia de un público con criterio formado y con una visión más amplia al respecto, tampoco quiere señalar que no hayan autores que pese a lo que la corriente indica no se hayan atrevido a saltar la frontera de lo que se espera y hayan dado la espalda a la mezquina e ingrata fama y popularidad con el fin de crear en los ámbitos que le eran propios y queridos, por eso la mención inicial que destaca la labor de Correa y de muchos otros contemporáneos a él y sucesores dignos de su mirada.

Sin embargo mientras no se abra un poco la mente a otras pulsaciones y sensibilidades, existirán ingratas confusiones que disminuyen por ejemplo una novela gráfica como La Casta de los Metabarones al ámbito de una tira cómica o comic strip propia del suplemento dominical. La mención de la historia magistralmente ilustrada por el argentino Juan Jiménez, no es casual, pues curiosamente ella tiene por guionista al tocopillano Alejandro Jodorowsky, director además de cintas como el Topo, un western metafísico de alto vuelo.

En su novela gráfica, se plantea como en otras grandes sagas, adultas del comic y manga, El Incal, Watchmen o Akira, un mundo de profundas lecturas, en este caso un drama espacial de carácter épico que mezcla conocimientos de diversas culturas, mitología occidental, tradición oriental, humor, fantasía espacial y una pincelada para los patrioteros de siempre, de historia nacional, no por nada aparecen personajes como Doña Vicenta Gabriela de Rokha, la abuela. Constituida la saga familiar de honor y venganza, nada tiene ella que envidiar a cintas de Kurosawa, así como la mentada y altamente recomendada obra en extenso de Correa que tampoco debe ser ignorada, pues su genio nos permite despejar dudas y prejuicios con respecto al pasado, presente y sobre todo futuro del arte de género en Chile.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.

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Los cautivos de Longjumeau

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León Bloy

Los cautivos de Longjumeau

Les Captifs de Longjumeau

El Postillón de Longjumeau anunciaba ayer el deplorable fin de los Fourmi. Esta hoja tan recomendable por la abundancia y por la calidad de su información, se perdía en conjeturas sobre las misteriosas causas de la desesperación que había precipitado al suicidio a esta pareja, considerada tan feliz.

Casados muy jóvenes, y despertando cada día a una nueva luna de miel, no habían salido de la ciudad ni un solo día.

Aliviados por previsión paterna de las inquietudes pecuniarias que suelen envenenar la vida conyugal, ampliamente provistos, al contrario, de lo requerido para endulzar un género de unión legítima, sin duda, pero poco conforme a ese afán de vicisitudes amorosas que impulsa al versátil ser humano, realizaban, a los ojos del mundo, el milagro de la ternura a perpetuidad.

Una hermosa tarde de mayo, el día que siguió a la caída del señor Thiers, aparecieron en el tren de circunvalación con sus padres, venidos para instalarlos en la propiedad deliciosa que albergaría su dicha.

Los longjumelianos de corazón puro contemplaron con enternecimiento a esta linda pareja, que el veterinario comparó sin titubear a Pablo y Virginia.

En efecto, ese día estaban muy bien y parecían niños pálidos de gran casa.

Maitre Piécu, el notario más importante de la región, les había adquirido, en las puertas de la ciudad, un nido de verdura, que los muertos hubieran envidiado. Pues hay que convenir que el jardín hacía pensar en un cementerio abandonado. Este aspecto no debió desagradarles, pues no hicieron, en lo sucesivo, ningún cambio y dejaron que las plantas crecieran a su arbitrio.

Para servirme de una expresión profundamente original de Maitre Piécu, vivieron en las nubes, sin ver casi a nadie, no por maldad o desprecio, sino, sencillamente, porque no se les ocurría.

Además, hubiera sido necesario soltarse por algunas horas o algunos minutos, interrumpir los éxtasis, y a fe mía, dada la brevedad de la vida, les faltaba el valor para ello. Uno de los hombres más grandes de la Edad Media, el maestro Juan Tauler, cuenta la historia de un ermitaño a quien un visitante inoportuno pidió un objeto que estaba en su celda. El ermitaño tuvo que entrar a buscar el objeto. Pero al entrar olvidó cuál era, pues la imagen de las cosas exteriores no podía grabarse en su mente. Salió pues y rogó al visitante le repitiera lo que deseba. Este renovó el pedido. El solitario volvió a entrar, pero antes de tomar el objeto, ya había olvidado cuál era. Después de muchas tentativas, se vio obligado a decir al importuno.

-Entre y busque usted mismo lo que desea, pues yo no puedo conservar su imagen lo bastante para hacer lo que me pide.

Con frecuencia, el señor y la señora Fourmi me han hecho pensar en el ermitaño. Hubieran dado gustosos todo lo que se les pidiera si lo hubieran recordado un solo instante.

Sus distracciones eran célebres y se comentaban hasta en Corbeil. Sin embargo, esto no parecía afectarlos, y la funesta resolución que ha concluido con sus vidas tan generalmente envidiadas tiene que parecer inexplicable.

Una carta ya antigua de ese desdichado Fourmi, a quien conocí de soltero, me ha permitido reconstruir, por inducción, toda su lamentable historia.

He aquí la carta. Se verá, quizá, que mi amigo no era ni un loco, ni un imbécil.

"... Por décima o vigésima vez, querido amigo, faltamos a nuestra palabra, infamemente. Por paciente que seas, supongo que ya estarás harto de invitarnos. La verdad es que esta última vez, como las anteriores, no tenemos excusa, mi mujer y yo. Te habíamos escrito que contaras con nosotros y no teníamos absolutamente nada que hacer. Sin embargo, hemos perdido el tren, como siempre.

"Hace quince años que perdemos todos los trenes y todos los vehículos públicos, hagamos lo que hagamos. Es horriblemente estúpido, es de un atroz ridículo, pero empiezo a creer que el mal no tiene remedio. Somos víctimas de una grotesca fatalidad. Todo es inútil. Para alcanzar el tren de las ocho, por ejemplo, hemos ensayado levantarnos a las tres de la mañana, y hasta pasar la noche en vela. Y bien, amigo mío, en el último momento, se incendiaba la chimenea, a medio camino se me recalcaba un pie, el vestido de Julieta se enganchaba en alguna zarza, nos quedábamos dormidos en la sala de espera, sin que ni la llegada del tren ni los gritos del empleado nos despertaran a tiempo, etcétera, etcétera... La última vez olvidé mi portamonedas. En fin, te repito, hace quince años que esto dura y siento que ahí está nuestro principio de muerte. Por esa causa tú lo sabes, todo lo he malogrado, me he disgustado con todo el mundo, paso por un monstruo de egoísmo, y mi pobre Julieta se ve envuelta, claro está, en la misma reprobación. Desde nuestra llegada a este lugar maldito, hemos faltado a setenta y cuatro entierros, a doce casamientos, a treinta bautismos, a un millar de visitas o diligencias indispensables. He dejado que reventara mi suegra sin volver a verla ni una sola vez, aunque estuvo enferma cerca de un año, cosa que nos privó de tres cuartas partes de su herencia, que nos escamoteó furiosa, en un codicilo, la víspera de su muerte.

"No acabaría con la enumeración de las torpezas y de los fracasos ocasionados por la circunstancia increíble de que jamás pudimos alejarnos de Longjumeau. Para decirlo en una palabra, somos cautivos, ya sin esperanza, y vemos acercarse el momento en que esta condición de galeotes se nos hará insoportable..."

Suprimo el resto en que mi pobre amigo me confiaba cosas demasiado íntimas. Pero doy mi palabra de honor, de que no era un hombre vulgar, de que fue digno de la adoración de su mujer y de que esos dos seres merecerían algo mejor que acabar estúpida e indecentemente como han acabado.

Ciertas particularidades que me permito reservar me sugieren la idea de que la infortunada pareja era realmente víctima de una maquinación tenebrosa del Enemigo del hombre, que los condujo, por medio de un notario evidentemente infernal, a ese rincón maléfico de Longjumeau de donde no ha habido poder humano que los arranque. Creo, en verdad, que no podían huir, que había alrededor de su morada un cordón de tropas invisibles, cuidadosamente elegidas para sitiarlos, contra las cuales era inútil toda energía.

El signo, para mí, de una influencia diabólica es que los Fourmi vivían devorados por la pasión de los viajes. Esos cautivos eran, por naturaleza, esencialmente migratorios.

Antes de unirse, habían tenido la sed de rodar tierras. Cuando no eran más que novios, fueron vistos en Enghien, en Choisy-le-Roi, en Meudon, en Clamart, en Montre-tout. Un día alcanzaron hasta Saint-Germain.

En Longjumeau, que les parecía una isla de Oceanía, esta rabia de exploraciones audaces, de aventuras por mar y tierra, se había exasperado.

Su casa estaba abarrotada de globos terráqueos y de planisferios, de atlas ingleses y de atlas germánicos. Hasta tenían un mapa de la luna publicado por Gotha bajo la dirección de un botarate llamado Justus Perthes.

Cuando no se entregaban al amor, leían juntos historias de navegantes célebres, libros exclusivos de esa biblioteca; no había diario de viajes, Tour du Monde o boletín de sociedad geográfica, del que no fueran suscritores. Llovían en la casa, sin intermitencia, las guías de ferrocarril y los prospectos de las agencias marítimas.

Cosa increíble, sus baúles estaban siempre listos. Siempre estuvieron a punto de partir, de realizar un viaje interminable a los países más lejanos, más peligrosos o más inexplorados.

He recibido como cuarenta telegramas anunciándome su partida inminente para Borneo, la Tierra del Fuego, Nueva Zelanda o Groenlandia.

Muchas veces, en efecto, estuvieron a un ápice de la partida. Pero el hecho es que no partían, que no partieron jamás porque no podían y no debían partir. Los átomos y las moléculas se coaligaban para sujetarlos.

Un día, sin embargo, hará diez años, creyeron escapar. Habían conseguido, contra toda esperanza, meterse en un vagón de primera clase que los conduciría a Versalles. ¡Libertad! Ahí, sin duda, se rompería el círculo mágico.

El tren se puso en marcha, pero ellos no se movían. Se habían ubicado, naturalmente, en un coche destinado a quedar en la estación. Había que volver a empezar. El único viaje que debían lograr era evidentemente el que acababan de emprender, ay de mí, y su carácter, que conozco tan bien, me induce a creer que lo prepararon temblando.

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Anverso Literario: John Steinbeck

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John Steinbeck (27 de febrero de 1902 – 20 de diciembre de 1968) fue sin duda un gran escritor norteamericano. A lo largo de su carrera sufrió altos y bajos, su vida personal fue dura y su labor literaria no estuvo exenta del vituperio crítico, para algunos, su arte fue un tanto irregular. De excelencia, al ser considerado por momentos una voz señera en la narrativa inglesa de los 30, se hizo acreededor en 1939 del pulitzer y posteriormente en 1962 del nobel, más tarde, llego a ser considerado imperceptible e incapaz de superarse a si mismo, por mucho que fuese digno de ser de la primera línea, junto a otros de la generación perdida como Dos Passos, William Carlos Williams, Hemingway y Faulkner.

Incluso se dice que muchas veces los superó, sin embargo, tales reconocimientos, entre muchos que obtuviera producto de su trabajo, no impidieron que fuese injustamente censurado por su inclinación a retratar de forma realista a los braseros explotados de manera caníbal por sus coterráneos. Sus libros fueron quemados, prohibidos y hasta precio tuvo su cabeza.

La polémica se ciño sobre sus letras y su producción paso a estar grabada con el encasillamiento en que se suele ubicar a un autor cuando este parece haber alcanzado su epitome o cielo, devorando entre sombras cualquier sincero intento posterior de fabulación. Sin embargo, por mucho que en su camino estuviese la poderosa carga de no poder repetir obras maestras como las Uvas de la ira o De hombres y ratones o la hermosa novela La Perla, jamás tal estigma consiguió desorientar el espíritu franco de su pluma, lo cual nos llama hoy a escribir sobre él.

Steinbeck que ubicó muchas de sus historias en California, es un excelente creador de personajes y ambientes, más bien edificador de vidas y mundos, pues su universo en la palabra respira y sangra, por otra parte, sería injusto decir que es un retratista y que su arte es una mera mímesis o imitación, ya que si bien maneja el realismo social, su perspectiva goza de ángulos inauditos los cuales dan un vuelco a lo que en manos de un simple escribidor o artesano de las letras, sería solamente una canción de protesta o una denuncia cronística. Plagado de ironía, humor negro y exageraciones que vuelven retorcidas pero verosímiles y sensibles caricaturas a los seres que aborda, el americano consigue ubicar la tragedia y la ternura en un mismo plano, la simetría de estos polos en pugna crea de forma inevitable climas de esperanza y fracaso maravillosos, a través de los cuales hila una historia irresistible incapaz de no conmover hasta al más impávido e indiferente lector.

Steinbeck no es un ideólogo, eso hay que destacarlo en un hombre como él, con una plena conciencia del drama existencial que agota a los más desposeídos, experiencia que no teme hacer explicita sin tapujos y la cual aborda de manera reiterada pero sin majadería.

En su prosa firme no hay explotación hacia las formas de vida y habla, las costumbres y manías de aquellos que sufren las consecuencias de una economía que pese a estar muy lejana a su realidad, cruentamente los abofetea, por ejemplo pensemos en wall street y su debacle frente a una comunidad rural o de pescadores artesanales, la cual contempla su ruina como consecuencia de los manejos de la bolsa, carente e incapacitada de cualquier posibilidad de queja. El ideario democrático o el sueño de una nación en su más elevado racionalismo descubre en las páginas de Steinbeck su negra faz. A diferencia de lo que ocurre con Fitzgerald o Faulkner no se hace eco a la vida desde la esfera de los acaudalados, ya sea en su arribismo o en el conflicto devastador que afrontan y sufren estos al colisionar sus mundos impolutos de manera fortuita o premeditada con los olvidados.

Aquí la mirada emerge desde el lado b o más bien z del sistema, los extramuros citadinos son la raíz protagónica y como en las antiguas tragedias, el sino es inevitable para estos héroes de lo cotidiano. Como en el caso de un Edipo, Eneas o Aquiles condenado a su destino infausto, pruebas cruentas y definitorias para cualquier temple, se presentan a los hombres y mujeres de su obra, él recrea así, esa característica del campeón trágico, condenado a sobrellevar las circunstancias con determinación pese al conocimiento pleno de su inminente fracaso, y si bien aquí, la prueba no es producto de los dioses, si son fuerzas inamovibles las que impiden la progresión y rotación social, las condiciones dadas son demasiado agrestes como para ser volcadas, lo cual va configurando el halo de patetismo que nos mantiene en vilo pues desde las primeras líneas, amamos las voces y mundos que este lírico narrador nos presenta y ansiamos a fondo que vidas como las de George, Lennie, Kino y su mujer e hijo, logren salir a flote, aún cuando sabemos es virtualmente imposible, pues son vidas que por maquiavélico que parezca, llegan a este mundo sólo para sufrir y aguantar, pues su condición es tan ignorante o débil que cruzar la frontera de la miseria por mucho que este en sus planes y se presenten las oportunidades, sabemos que el mundo no se lo permitirá. A propósito se les mantiene en esa situación, aquí no hay paliativos o sueños de fuga, todo es temporal, lo único posible es el acto y el sueño es un combustible escaso, se posee, se mata por él y en última instancia se espera alcance pues ante todo, se es consciente que la ilusión, la quimera, por mucha belleza que ostente y que permita verla como un fin, no es una meta en potencia verificable y no pasa de ser otro medio más, para no dejar de avanzar, pues lo único cierto es eso, no rendirse. Lo contrario, la única alternativa viable, sería el suicidio o la locura, de manera que sólo queda sobrevivir y procurar lo mínimo, lo mejor que se pueda, dentro de la encrucijada en la cual ha tocado vivir.

En definitiva, no hay predestinación, Steinbeck no es un naturalista al uso pero tampoco un prestidigitador de baratos recetarios y finales que nos empalagan, él no escribe para halagarnos y sacar a nuestras consciencias de forma artificial de los márgenes de lo miserable que llega a ser el hombre en su intolerancia, sólo nos deja respirar por momentos, tomar aire, salir del fondo de ese océano de amargura en que nos debatimos, para luego hundirnos más a fondo cuando creemos que hay una vía, como en el caso de La perla, cuando creemos que la suerte de la pobre pareja de aquella villa de pescadores olvidada por el mundo, puede mejorar producto de haber encontrado la perla más grande del mundo, tras sufrir su hijo la picadura de un escorpión.

La riqueza en esta situación, en manos de un pobre, más que un escape, es otra puerta a la pesadilla humanista, de abuso, de corrupción, de oportunismo, de chantaje y violencia. Esto nos recuerda a la película un plan simple de Sam Raimi, cuando en los bosques nevados, gente humilde también de una población alejada, encuentra dinero ilegal producto del choque de una avioneta. El ser humano en circunstancias de este tipo, empieza a poner en acción un juego de escrúpulos que revela el verdadero rostro de la mezquindad e inquina

Pero no hay que equivocarse sus obras no son cantos de miseria o encerronas lacrimógenas que bombardean al lector con sensiblería barata, Steinbeck crea seres entrañables, muy reales, incluso familiares, cuando leemos sus historias comenzamos a recordar como en el caso señalado, canciones y escenas de otras piezas, cinematográficas o literarias, la diferencia estriba en que él es, probablemente uno de los primeros en establecer esas dinámicas patéticas y tiernas dentro del universo creativo, sin duda un inspirador, una voz contemporánea capaz de reformular la forma de abordar el realismo, un autor que quizá muchos desconozcan y que probablemente nunca lean, pero que no debe ser negado en su genuina trascendencia, la cual ha penetrado de forma ineludible en múltiples historias en diversos formatos y géneros, por tanto su inmortalidad está no sólo en lo que construyó y materialmente lleva su firma como encabezado sino en lo que logró transponer y heredar a otros creadores que han sido marcados por su voz.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

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EL GRAN INQUISIDOR

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FIODOR DOSTOIEVSKI

Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: "No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe". Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglos. Pero el Diablo no duerme; la duda comienza a corromper a la Humanidad, a deslizarse en la tradición de los milagros. En el Norte de Germania ha nacido una herejía terrible, que, precisamente, niega los milagros. Los fieles, sin embargo, creen con más fe en ellos. Se espera a Cristo, se quiere sufrir y morir como Él... Y he aquí que la Humanidad ha rogado tanto por espacio de tantos siglos, ha gritado tanto "¡Señor, dignáos, aparecérosnos!", que Él ha querido, en su misericordia inagotable, bajar a la tierra.

Y he aquí que ha querido mostrarse, al menos un instante, a la multitud desgraciada, al pueblo sumido en el pecado, pero que le ama con amor de niño. El lugar de la acción es Sevilla; la época, la de la Inquisición, la de los cotidianos soberbios autos de fe, de terribles heresiarcas, ad majorem Dei gloriam.

No se trata de la venida prometida para la consumación de los siglos, de la aparición súbita de Cristo en todo el brillo de su gloria y su divinidad, "como un relámpago que brilla del Ocaso al Oriente". No, hoy sólo ha querido hacerles a sus hijos una visita, y ha escogido el lugar y la hora en que llamean las hogueras. Ha vuelto a tomar la forma humana que revistió, hace quince siglos, por espacio de treinta años.

Aparece entre las cenizas de las hogueras, donde la víspera, el cardenal gran inquisidor, en presencia del rey, los magnates, los caballeros, los altos dignatarios de la Iglesia, las más encantadoras damas de la corte, el pueblo en masa, quemó a cien herejes. Cristo avanza hacia la multitud, callado, modesto, sin tratar de llamar la atención, pero todos le reconocen.

El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa. Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: "¡Señor, cúrame para que pueda verte!" Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: "¡Es Él! ¡Tiene que ser Él! ¡No puede ser otro que Él!"

Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad.

–¡Él resucitará a tu hija! –le grita el pueblo a la desconsolada madre.

El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño.

Pero la madre profiere:

–¡Si eres Tú, resucita a mi hija!

Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha).

La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora.

En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; el magnífico traje con que asistió a la cremación de los enemigos de la Iglesia ha sido reemplazado por un tosco hábito de fraile.

Sus siniestros colaboradores y los esbirros del Santo Oficio le siguen a respetuosa distancia. El cortejo fúnebre detenido, la muchedumbre agolpada ante la catedral le inquietan, y espía desde lejos. Lo ve todo: el ataúd a los pies del desconocido, la resurrección de la muerta... Sus espesas cejas blancas se fruncen, se aviva, fatídico, el brillo de sus ojos.

–¡Prendedle!– les ordena a sus esbirros, señalando a Cristo.

Y es tal su poder, tal la medrosa sumisión del pueblo ante él, que la multitud se aparta, al punto, silenciosa, y los esbirros prenden a Cristo y se lo llevan. Como un solo hombre, el pueblo se inclina al paso del anciano y recibe su bendición.
Los esbirros conducen al preso a la cárcel del Santo Oficio y le encierran en una angosta y oscura celda.
Muere el día, y una noche de luna una noche española, cálida y olorosa a limoneros y laureles, le sucede.
De pronto, en las tinieblas se abr la férrea puerta del calabozo y penetra el gran inquisidor en persona solo, alumbrándose con una linterna. La puerta se cierra tras él. E anciano se detiene a pocos pasos de umbral y, sin hablar palabra, con templa, durante cerca de dos minutos, al preso. Luego, avanza lenta mente, deja la linterna sobre la mesa y pregunta:

–¿Eres Tú, en efecto?

Pero, sin esperar la respuesta prosigue

–No hables, calla. ¿Qué podías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Porqué has venido a molestarnos?… Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo... No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresura, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda...
Y el anciano, mudo y pensativo sigue mirando al preso, acechando la expresión de su rostro, serena y suave.
–El Espíritu terrible e inteligente – añade, tras una larga pausa –, el Espíritu de la negación y de la nada, te habló en el desierto, y la Escrituras atestiguan que te "tentó". No puede concebirse nada más profundo que lo que se te dijo e aquellas tres preguntas o, para emplear el lenguaje de la Escritura, en aquellas tres "tentaciones". ¡Si ha habido algún milagro auténtico, evidente, ha sido el de las tres tentaciones! ¡El hecho de que tales preguntas hayan podido brotar de unos labios, es ya, por sí solo, un milagro! Supongamos que hubieran sido borradas del libro, que hubiera que inventarlas, que forjárselas de nuevo. Supongamos que, con ese objeto, se reuniesen todos los sabios de la tierra, los hombres de Estado, los príncipes de la Iglesia, los filósofos, los poetas, y que se les dijese: "Inventad tres preguntas que no sólo correspondan a la grandeza del momento, sino que contengan, en su triple interrogación, toda la historia de la Humanidad futura", ¿crees que esa asamblea de todas las grandes inteligencias terrestres podría forjarse algo tan alto, tan formidable como las tres preguntas del inteligente y poderoso Espíritu? Esas tres preguntas, por sí solas, demuestran que quien te habló aquel día no era un espíritu humano, contingente, sino el Espíritu Eterno, Absoluto. Toda la historia ulterior de la Humanidad está predicha y condensada en ellas; son las tres formas en que se concretan todas las contradicciones de la historia de nuestra especie. Esto, entonces, aún no era evidente, el porvenir era aún desconocido; pero han pasado quince siglos y vemos que todo estaba previsto en la Triple Interrogación, que es nuestra historia.¿Quién tenía razón, di? ¿Tú o quien te interrogó?...

Si no el texto, el sentido de la primera pregunta es el siguiente: "Quieres presentarte al mundo con las manos vacías, anunciándoles a los hombres una libertad que su tontería y su maldad naturales no lo permiten comprender, una liberad espantosa, ¡pues para el hombre y para la sociedad no ha habido nunca nada tan espantoso como la libertad!, cuando, si convirtieses en panes todas esas piedras peladas esparcidas ante tu vista, verías a la Humanidad correr, en pos de ti, como un rebaño, agradecida, sumisa, temerosa tan sólo de que tu mano depusiera su ademán taumatúrgico y los panes se tornasen piedras." Pero tú no quisiste privar al hombre de su libertad y repeliste la tentación; te horrorizaba la idea de comprar con panes la obediencia de la Humanidad, y contestaste que "no so1o de pan vive el hombre", sin saber que el espíritu de la tierra, reclamando el pan de la tierra, había de alzarse contra ti, combatirte y vencerte, y que todos le seguirían, gritando: "¡Nos ha dado el fuego del cielo!" Pasarán siglos y la Humanidad proclamará, por boca de sus sabios, que no hay crímenes y, por consiguiente, no hay pecado; que so1o hay hambrientos. "Dales pan si quieres que sean virtuosos." Esa será la divisa de los que se alzarán contra ti, el lema que inscribirán en su bandera; y tu templo será derribado y, en su lugar, se erigirá una nueva Torre de Babel, no más firme que la primera, el esfuerzo de cuya erección y mil años de sufrimientos podías haberles ahorrado a los hombres. Pues volverán a nosotros, al cabo de mil años de trabajo y dolor, y nos buscarán en los subterráneos, en las catacumbas donde estaremos escondidos – huyendo aún de la persecución, del martirio –, para gritarnos: "¡Pan! ¡Los que nos habían prometido el fuego del cielo no nos lo han dado!" Y nosotros acabaremos su Babel, dándoles pan, lo único de que tendrán necesidad. Y se lo daremos en tu nombre. Sabemos mentir. Sin nosotros, se morirían de hambre. Su ciencia no les mantendría. Mientras gocen de libertad les faltará el pan; pero acabarán por poner su libertad a nuestros pies, clamando: "¡Cadenas y pan!" Comprenderán que la libertad no es compatible con una justa repartición del pan terrestre entre todos los hombres, dado que nunca – ¡nunca! – sabrán repartírselo. Se convencerán también de que son indignos de la libertad; débiles, viciosos, necios, indómitos. Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?... Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que – ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles! – nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz.

Como ves, la primera de la tres preguntas encerraba el secreto del mundo. ¡Y tú la desdeñaste! Ponías la libertad por encima de todo, cuando, si hubieras consentido en tornar panes las piedras del desierto, hubieras satisfecho el eterno y unánime deseo de la Humanidad; le hubieras dado un amo. El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: "¡Adora a mi dios o te mato!" Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses. Tú no ignorabas ese secreto fundamental de la naturaleza humana y, no obstante, rechazaste la única bandera que te hubiera asegurado la sumisión de todos los hombres: la bandera del pan terrestre; la rechazaste en nombre del pan celestial y de la libertad, y en nombre de la libertad seguiste obrando hasta tu muerte. No hay, te repito, un afán más vivo en el hombre que encontrar en quien delegar la libertad de que nace dotada tan miserable criatura. Sin embargo, para obtener la ofrenda de la libertad de los hombres, hay que darles la paz de la conciencia. El hombre se hubiera inclinado ante ti si le hubieras dado pan, porque el pan es una cosa incontestable; pero si, al mismo tiempo, otro se hubiera adueñado de la conciencia humana, el hombre hubiera dejado tu pan para seguirle. En eso, tenías razón; el secreto de la existencia humana consiste en la razón, en el motivo de la vida. Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir preferirá morir a continuar esta existencia sin objeto conocido, aunque disponga de una inmensa provisión de pan. Pero ¿de qué te sirvió el conocer esa verdad? En vez de coartar la libertad humana, le quitaste diques, olvidando, sin duda, que a la libertad de elegir entre el bien y el mal el hombre prefiere la paz, aunque sea la de la muerte. Nada tan caro para el hombre como el libre albedrío, y nada, también, que le haga sufrir tanto. Y, en vez de formar tu doctrina de principios sólidos que pudieran pacificar definitivamente la conciencia humana, la formaste de cuanto hay de extraordinario, vago, conjetural, de cuanto traspasa los límites de las fuerzas del hombre, a quien, ¡tú que diste la vida por él!, diríase que no amabas. Al quitarle diques a su libertad, introdujiste en el alma humana nuevos elementos de dolor. Querías ser amado con un libre amor, libremente seguido. Abolida la dura ley antigua, el hombre debía, sin trabas, sin más guía que tu ejemplo, elegir entre el bien y el mal. ¿,No se te alcanzaba que acabarías por desacatar incluso tu ejemplo y tu verdad, abrumado bajo la terrible carga de la libre elección, y que gritaría: "Si Él hubiera poseído la verdad, no hubiera dejado a sus hijos sumidos en una perplejidad tan horrible, envueltos en tales tinieblas?" Tú mismo preparaste tu ruina: no culpes a nadie. Si hubieras escuchado lo que se te proponía... Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos – haciéndoles felices – : el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: "¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos." Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo.

Cuando te dijeron, por mofa: "¡Baja de la cruz y creeremos en ti!", no bajaste. Entonces, tampoco quisiste someter al hombre con el milagro, porque lo que deseaba de él era una creencia libre, no violentada por el prestigio de lo maravilloso; un amor espontáneo, no los transportes serviles de un esclavo aterrorizado. En esta ocasión, como en todas, obraste inspirándote en una idea del hombre demasiado elevada: ¡es esclavo, aunque haya sido creado rebelde! Han pasado quince siglos: ve y juzga. ¿A quién has elevado hasta ti? El hombre, créeme, es más débil y más vil de lo que tú pensabas. ¿Puede, acaso, hacer lo que tú hiciste? Le estimas demasiado y sientes por él demasiado poca piedad; le has exigido demasiado, tú que le amas más que a ti mismo. Debías estimarle menos y exigirle menos. Es débil y cobarde. El que hoy se subleve en todas partes contra nuestra autoridad y se enorgullezca de ello, no significa nada. Sus bravatas son hijas de una vanidad de escolar. Los hombres son siempre unos chiquillos: se sublevan contra el profesor y le echan del aula; pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener. Verterán estúpidas lágrimas; pero, al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados. Y esta blasfemia acrecerá su miseria, pues la naturaleza humana, demasiado mezquina para soportar la blasfemia, se encarga ella misma de castigarla.

La inquietud, la duda, la desgracia: he aquí el lote de los hombres por quienes diste tu sangre. Tu profeta dice que, en su visión simbólica, vio a todos los partícipes de la primera resurrección y que eran doce mil por cada generación. Su número no es corto, si se considera que supone una naturaleza más que humana el llevar tu cruz, el vivir largos años en el desierto, alimentándose de raíces y langostas; y puedes, en verdad, enorgullecerte de esos hijos de la libertad, del libre amor, estar satisfechos del voluntario y magnífico sacrificio de sí mismos, hecho en tu nombre. Pero no olvides que se trata só1o de algunos miles y, más que de hombres, de dioses. ¿Y el resto de la Humanidad? ¿Qué culpa tienen los demás, los débiles humanos, de no poseer la fuerza sobrenatural de los fuertes? ¿Qué culpa tiene el alma feble de no poder soportar el peso de algunos dones terribles? ¿Acaso viniste tan sólo por los elegidos? Si es así, lo importante no es la libertad ni el amor, sino el misterio, el impenetrable misterio. Y nosotros tenemos derecho a predicarles a los hombres que deben someterse a él sin razonar, aun contra los dictados de su conciencia. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos corregido tu obra; la hemos basado en el "milagro", el "misterio" y la "autoridad". Y los hombres se han congratulado de verse de nuevo conducidos como un rebaño y libres, por fin, del don funesto que tantos sufrimientos les ha causado. Di, ¿hemos hecho bien? ¿Se nos puede acusar de no amar a la Humanidad? ¿No somos nosotros los únicos que tenemos conciencia de su flaqueza; nosotros que, en atención a su fragilidad, la hemos autorizado hasta para pecar, con tal que nos pida permiso? ¿Por qué callas? ¿Por qué te limitas a mirarme con tus dulces y penetrantes ojos? ¡No te amo y no quiero tu amor; prefiero tu cólera! ¿Y para qué ocultarte nada? Sé a quién le hablo. Conoces lo que voy a decirte, lo leo en tus ojos... Quizá quieras oír precisamente de mi boca nuestro secreto. Oye, pues: no estamos contigo, estamos con Él... ; nuestro secreto es ése. Hace mucho tiempo – ¡ocho siglos! – que no estamos contigo, sino con Él. Hace ocho siglos que recibimos de Él el don que tú, cuando te tentó por tercera vez mostrándote todos los reinos de la tierra, rechazaste indignado; nosotros aceptamos y, dueños de Roma y la espada de César, nos declaramos los amos del mundo. Sin embargo, nuestra conquista no ha acabado aún, está todavía en su etapa inicial, falta mucho para verla concluida; la tierra ha de sufrir aún durante mucho tiempo; pero nosotros conseguiremos nuestro objeto, seremos el César y, entonces, nos preocuparemos de la felicidad universal. Tú también pudiste haber tomado la espada de César; ¿por qué rechazaste tal don? Aceptándole, hubieras satisfecho todos los anhelos de los hombres sobre la tierra, les hubieras dado un amo, un depositario de su conciencia y, a la vez, un ser en torno a quien unirse, formando un inmenso hormiguero, ya que la necesidad de la unión universal es otro de los tres supremos tormentos de la Humanidad. La Humanidad siempre ha tendido a la unidad mundial. Cuanto más grandes y gloriosos, más sienten los pueblos ese anhelo. Los grandes conquistadores, los Tamerlan, los Gengis Kan que recorren la tierra como un huracán devastador, obedecen, de un modo inconsciente, a esa necesidad. Tomando la púrpura de César, hubieras fundado el imperio universal, que hubiera sido la paz del mundo. Pues, ¿quién debe reinar sobre los hombres sino el que es dueño de sus conciencias y tiene su pan en las manos?

Tomamos la espada de César y, al hacerlo, rompimos contigo y nos unimos a Él. Aún habrá siglos de libertinaje intelectual, de pedantería y de antropofagia –los hombres, luego de erigir, sin nosotros, su Torre de Babel, se entregarán a la antropofagia–; pero la bestia acabará por arrastrarse hasta nuestros pies, los lamerá y los regará con lágrimas de sangre. Y nosotros nos sentaremos sobre la bestia y levantaremos una copa en la que se leerá la palabra "Misterio". Y entonces, sólo entonces, empezará para los hombres el reinado de la paz y de la dicha. Tú te de tus elegidos, pero son una mi noria: nosotros les daremos el re y la calma a todos. Y aun de esa minoría, aun de entre esos "fuertes" llamados a ser de los elegidos, ¡cuántos han acabado y acabarán por cansarse de esperar, cuán tos han empleado y emplearán contra ti las fuerzas de su espíritu y el ardor de su corazón en uso de la libertad de que te son deudores! Nosotros les daremos a todos la felicidad, concluiremos con las re vueltas y matanzas originadas por la libertad. Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad. ¿Mentiremos? ¡No! Y bien sabrán ellos que no les engañamos, cansados de las dudas y de los terrores que la libertad lleva consigo. La independencia, el libre pensamiento y la ciencia llegarán a sumirles en tales tinieblas, a espantarlos con tales prodigios, a causar los con tales exigencias, que los menos suaves y dóciles se suicidarán; otros, también indóciles, pero débiles y violentos, se asesinarán, y otros –los más–, rebaño de cobardes y de miserables, gritarán a nuestros pies: "¡Sí, tenéis razón! Sólo vosotros poseéis su secreto y volvemos a vosotros! ¡Salvadnos de nosotros mismos!"

No se les ocultará que el pan –obtenido con su propio trabajo, sin milagro alguno– que reciben de nosotros se lo tomamos antes nosotros a ellos para repartírselo, y que no convertimos las piedras en panes. Pero, en verdad, más que el pan en sí, lo que les satisfará es que nosotros se lo demos. Pues verán que, si no convertimos las piedras en partes, tampoco los panes se convierten, vuelto el hombre a nosotros, en piedras. ¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán. ¿Quién, dime, quién ha puesto más de su parte para que dejen de padecer? ¿Quién ha dividido el rebaño y le ha dispersado por extraviados andurriales? Las ovejas se reunirán de nuevo, el rebaño volverá a la obediencia y ya nada le dividirá ni lo dispersará. Nosotros, entonces, les daremos a los hombres una felicidad en armonía con su débil naturaleza, una felicidad compuesta de pan y humildad. Sí, les predicaremos la humildad – no, como Tú, el orgullo . Les probaremos que son débiles niños, pero que la felicidad de los niños tiene particulares encantos. Se tornarán tímidos, no nos perderán nunca de vista y se estrecharán contra nosotros como polluelos que buscan el abrigo del ala materna. Nos temerán y nos admirarán. Les enorgullecerá el pensar la energía y el genio que habremos necesitado para domar a tanto rebelde. Les asustará nuestra cólera, y sus ojos, como los de los niños y los de las mujeres, serán fuentes de lágrimas. ¡Pero con que facilidad, a un gesto nuestro, pasarán del llanto a la risa, a la suave alegría de los niños! Les obligaremos, ¿qué duda cabe?, a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas. Hasta les permitiremos pecar – ¡su naturaleza es tan flaca!–. Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos. Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente.

Todos los millones de seres humanos serán así, felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados. Los felices se contarán por miles de millones, y habrá cien mil mártires del conocimiento, exclusivo y maldito, del bien y del mal. Morirán en paz. pronunciando tu nombre, y, más allá de la tumba, sólo verán la oscuridad de la muerte. Sin embargo, nos lo callaremos; embaucaremos a los hombres, por su bien, con la promesa de una eterna recompensa en el cielo, a sabiendas de que, si hay otro mundo, no ha sido, de seguro, creado para ellos. Se vaticina que volverás, rodeado de tus elegidos, y que vencerás; tus héroes sólo podrán envanecerse de haberse salvado a sí mismos, mientras que nosotros habremos salvado al mundo entero. Se dice que la fornicadora, sentada sobre la bestia y con la "copa del misterio" en las manos, será afrentada y que los débiles se sublevarán por vez postrera, desgarrarán su púrpura y desnudarán su cuerpo impuro. Pero yo me levantaré entonces y te mostraré los miles de millones de seres felices que no han conocido el pecado. Y nosotros que, por su bien, habremos asumido el peso de sus culpas, nos alzaremos ante ti, diciendo: "¡Júzganos, si puedes y te atreves!" No te temo. Yo también he estado en el desierto; yo también me he alimentado de langostas y raíces; yo también he bendecido la libertad que les diste a los hombres y he soñado con ser del número de los fuertes. Pero he renunciado a ese sueño, he renunciado a tu locura para sumarme al grupo de los que corrigen tu obra. He dejado a los orgullosos para acudir en socorro de los humildes.

Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho.

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi .

El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice: "¡Vete y no vuelvas nunca..., nunca! Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.

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Semblanzas Profundas: José Martínez Fernández

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José Martínez Fernández nació en Arica en 1949 actualmente reside en la ciudad de Santiago y es un importante promotor de las letras del norte en el centro y sur del país. Ejerce su labor literaria en medios escritos y digitales, dirige la revista Palabra Escrita, impresa y presente en los archivos de Memoria Chilena – portal digital de la Dibam y el gobierno nacional y en la Cinosargoteca . Esta revista supera los cincuenta ejemplares y funge además el rol de editora independiente de libros y otras publicaciones de denuncia y periodismo político como Marcuse.

palabra.JPG Al detenernos ante la obra del escritor a fin de revisar su legado, vemos lo amplio de su registro creativo. Lo encontramos cultivando la narrativa, tanto en el campo de la novela, como en el relato breve. De esta labor ha dejado testimonio en “Juegos indebidos”, la novela cuenta con dos ediciones a la fecha, una primera que data de 1979 y la segunda de 1980. En prosa breve por su parte, Martínez escribió el gran día de los elefantes y otras historias, esta es del año 1985, finalmente ha servido de antologador con su libro Cinco grandes cuentos latinoamericanos del 2003.

Su compromiso social y su ácida crítica que lo vincula a libre pensadores anarquistas, ha dado origen a títulos como Salvador Allende: su vida y su pensamiento político ensayo de 1988 y Calama: el crimen del siglo, obra francamente testimonial como su última producción publicada en julio del 2008, Asesinato de Libros o “como la justicia valida aún su destrucción en Chile” que tiene además una edición digital en asesinatodelibros.blogspot.com .

dieciocho.JPG

En torno a la lírica, el verso y su múltiple significación, la cual sin ataduras desafía en cada desnuda palabra la forma y lo cotidiano del lenguaje, Martínez Fernández dio sus primeros pasos, aquellos que forjarían su abnegada vocación artística y cultural. En 1967, exactamente en lo que él denomina su agosto poético; con tan sólo dieciocho años Martínez recorre el cementerio municipal de Arica y allí, en ese ambiente que conjuga la paz y el insondable poder de lo incierto, provocado por la proximidad con la muerte, el poeta deja fluir su imaginación creando 22 piezas que desarrollan su visión, en ese entonces periférica ante la guadaña y la nada, aquí la muerte se presenta como un tropo más que como una realidad, sin embargo, a partir de aquella mirada apoyada por la juventud, se enfervoriza su admiración cívica y social hacia quienes considera verdaderos héroes, mujeres y hombres comunes que descansan tantas veces olvidados en nichos o tumbas, pero que desde luego, encierran una larga y fecunda historia. Son personajes que brillan por su solidaridad y compromiso con el otro, pese a las dificultades del medio o en los actos más nobles, Martínez recuerda a los tres hermanos Colque, que fallecieron ahogados al tratar de auxiliarse, también el autor destaca a aquellos médicos de la zona que desde una posición privilegiada, jamás cerraron su puño ante los más necesitados.

En estos textos adolescentes el amor no es de extrañar, el hablante se debate con profunda ansía de erotismo, contemplación y sugestividad en una contraposición onírica y carnal, que esta despertando al mundo y a la intimidad. Curiosamente hay que destacar que todos estos poemas, aparecerían publicados 37 años después de ser escritos, exactamente en agosto del 2005 se presentan bajo el titulo “Poemas de los dieciocho”, tal cual fueron concebidos en su momento, sin siquiera modificar una coma. Al texto se le agrega si, uno de sus más destacados trabajos en poesía, LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE publicado por vez primera en Serie Poética número uno, y que si bien, pertenece a esa edad, los tristes dieciocho como los adjetiva Martínez, es anterior en meses y ha sido difundido arduamente en antologías, otros libros del autor como Distancial del año 1970 y con ardua repercusión en revistas especializadas, mucho antes que sus hermanos de aquel agosto, vieran la luz hace tres años.

LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE

Han ascendido a la luz de tus ojos
los que construirán tu cuerpo en inercia
para ser reposado en la tierra.

Estoy viéndolos.
En tus niñas se mecen los últimos silbidos.

Los arquitectos de la muerte
subirán tu hermosura a los cielos
y así como una gigante copa
te derramaran en la arena entonando aromas.

Serás una piedra huesuda
flotando en los mares del olvido
cuando yo este sepultado
junto a los tallos de las plantas.

Llanto se derramara en los mármoles.
Los mausoleos de sangre
continuarán ordenando el silencio grave.

Así, ahora, como los arquitectos de la muerte
florecen en el nido de tus pupilas,
así un día lejano coronado de canciones
los arquitectos de la vida
construyeron tu copa con flores.

Te iras entre el silencio y el llanto,
pero en mí, abeja en perfume te vas a quedar,
forcejeando el bien armado dolor de tu recuerdo.
(1967)

Otros libros de poesía que debemos destacar son Poemario de 1971, Exposiciones de 1972, Voces de 1973 y finalmente cerraría este periodo con El sol que siempre está en 1980, luego sus trabajos serían recopilados en antologías como Espejismos de Luís Araya Novoa; Antología Poética del Norte de Juvenal Ayala; Poetas en Dictadura de Mayo Muñoz y en revistas del medio: Tebaida, Altazor, Occidente, Pluma y pincel, Extramuros y otras. También en revistas como «El Musiquero», «Vea» además de numerosos diarios y periódicos de Santiago: «El Siglo», «Las Ultimas Noticias», La Tercera, La Nación y actualmente en medios digitales, prensa de la red de diarios ciudadanos de norte a sur, portal tu región y Revista Cinosargo.

cuarenta.JPG También hay que mencionar que en el 2007, Martínez Fernández entregó su publicación Cuarenta años de Poesía que hace un recorrido por su extensa trayectoria demostrando su labor desinteresada al servicio de la difusión y ante todo edificación cultural en nuestra zona y el país, su don con la palabra y su esfuerzo le han valido el reconocimiento de su pares y de destacados creadores nacionales e internacionales, como Manuel Rojas, Alicia Galaz Vivar, Guillermo Deisler, Óscar Hanh, siendo sin duda, uno de los creadores valiosos de la región que a nivel nacional, se mantiene vigente publicando y reinventando su prosa y poética.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en: Cinosargo

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ESTRENAMOS EL CUARTO NÚMERO DE NUESTRA REVISTA CINOSARGO CORRESPONDIENTE AL MES DE AGOSTO, CON NOTAS DE JOSÉ MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, MARIETTA MORALES, POEMAS, NARRATIVA, EL ARTE DE WILFREDO CARRIZALES, NOTAS DE MR ARREDONDO Y MÁS.

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DANIEL ROJAS PACHAS


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Selección de Poemas de José Martínez Fernández

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Selección de Poemas de José Martínez Fernández realizada por Daniel Rojas Pachas.



Tomados del libro Cuarenta años de Poesía – Ediciones Palabra Escrita –Julio del 2007






LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE



Han ascendido a la luz de tus ojos
los que construirán tu cuerpo en inercia
para ser reposado en la tierra.

Estoy viéndolos.
En tus niñas se mecen los últimos silbidos.

Los arquitectos de la muerte
subirán tu hermosura a los cielos
y así como una gigante copa
te derramaran en la arena entonando aromas.

Serás una piedra huesuda
flotando en los mares del olvido
cuando yo este sepultado
junto a los tallos de las plantas.

Llanto se derramara en los mármoles.
Los mausoleos de sangre
continuarán ordenando el silencio grave.

Así, ahora, como los arquitectos de la muerte
florecen en el nido de tus pupilas,
así un día lejano coronado de canciones
los arquitectos de la vida
construyeron tu copa con flores.

Te iras entre el silencio y el llanto,
pero en mí, abeja en perfume te vas a quedar,
forcejeando el bien armado dolor de tu recuerdo.

(1967)




EN LA GRAN CIUDAD



Te conozco ahora.
Sandra; Claudia o qué.
Qué importancia
tiene como te llames,
si después no tomaremos
el mismo tranvía.

(1972)






CANCION PARA UNA MUCHACHA MUERTA A MEDIODIA




Tu casa bruscamente cerrada
y luego el parque y dale y dale
el mundo nuevo que encuentras
con L.S.D. y pastillitas,
el mundo que te habla de maravillas,
y carga y carga. Tu cuerpo cargarán.
Y ese vehiculo hacia la ausencia,
ese golpe en el estómago,
esa luz que se fue.
Y luego tu existencia desparramada
sobre la mesa y el médico que entra
cantando y abre tus párpados sonriendo.
(El medico ríe con la risa
de la gente que transita la ciudad)
Y el detective que interroga.
Y todos sonríen.
Y todos caminan como ayer.
A nadie le interesa tu cuerpo botado,
tu silencio de quince anos. Entonces:
¿A quién mierda le vamos a decir que despida tu muerte?

(1972)




MISIÓN DEL POETA



Ser poeta está bien.
Para decir lo que otros callan
porque no captan la canción guardada.
Hablar de las cosas
que tienen música
y darle melodía
a la materia inerte.
Ser poeta está bien.
Para expresar el mundo
sin medir las palabras
a solicitud del gran maestro:
Walt Whitman.
Ser poeta está bien.
Desnudar muchachas con palabras,

beber la vida como alcohol

y ¡por qué no!
hacer del ruido del mar el silencio
y del silencio el gran canto
porque, al final de cuentas,
la misión del hombre que canta
es darle un poco más de pintura
a la obra no concluida.

(1973)




Círculo



De la cara-leche
salta
usa después
vestidos cortos
salta
va a los bailes
de colegio
salta
usa minifalda
y botas negras.
Le empieza a gustar
el pan fiestal
y luego a los hoteles
salta
y se descubre
carne blanca
carne poseída
carne habitada.
Y salta
de su estructura
otra cara-leche
que dentro
de catorce
quince
o dieciséis
venas anuales
irá a bailes
y beberá el amor
en residenciales
y de allí
cara-leche
nueva
otra vez.

(1978)








P0ESÍA EN FUNCION



Hay que hacer la luz.
De alguna manera
hay que abrir una ventana

una puerta

a la luz.
Yo se que vendrá.
Usted lo sabe.
Y, sin embargo, desesperamos.
Pero abramos las puertas

y las ventanas

y lo más importante el corazón de los hombres
y entrará la luz.

(1977)






1970



De vez en cuando vuelvo a ti
Comparto tus silencios
y tu inútil sonrisa

Entonces era 1970
Y cosechábamos esperanzas
Se gritaba en las calles
Se podía disentir

Yo no te amaba

O quizás
Pero te quería
Lo juro
Te quería para la cama

Porque tú no podías pensar
que podías tú pensar
Y ser como los pájaros
Pero vivías como pájaro
Hecho increíble
porque estábamos en 1970

Hoy te lo perdonaría.

(1982)






EN EL CORAZON DE UN HOMBRE

HAY UNA HERIDA MUY MARCADA




lo digo por la luz que afuera marca el ángulo vidrial
de mi departamento
sin ninguna gota de agua o con todas
me he pasado los años mirando el cielo que me negaste
a veces me gusta y a veces me da ira
pero el placer de seguir por tus ríos me llena de una alegría
que quizás sin tu marca nunca tendría
eres esa alegría y eres el dolor, esta herida es muy ancha
y tú la sabes
y es largamente nostálgico sentir que tu mar
está muy lejos en el tiempo
que ya no puedo tener de tu sangre
los sueños de unos niños
que a estos jardines viajarían
y así se me van los días
con la sola idea de ti.

(2000)


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Anverso Literario: Alejandro Sieveking

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Alejandro Sieveking es un destacado dramaturgo nacional, autor de piezas clave para el teatro chileno del siglo recién pasado. Nació en 1934 en Rengo comuna de la zona central de Chile, ubicada en la Región del Libertador General Bernardo O'Higgins. Originalmente estudio arquitectura en la Universidad de Chile, allí realizó sus primeras incursiones en las tablas con la obra “Encuentro con las sombras”, aunque los especialistas, señalaron esta fue un acercamiento un tanto imperfecto en los diálogos y la caracterización, sin embargo reflejaba para un joven que bordeaba los 22 años, un manejo y potencial creciente sobre el ritmo, la tensión y pulso y por sobre todo una gran sensibilidad que lograba dominar el espacio. Probablemente esa visión con respecto a la distribución escénica y el movimiento además del control sobre las posibilidades y limitaciones del montaje, le dejaron un importante legado que complemento arduamente con su deseo de penetrar al drama humano

Entre sus principales textos dramáticos además de su trabajo en televisión y cine, ya sea como director, guionista o actor, podemos nombrar Animas de día claro que fue dirigida por el desaparecido cantautor Victor Jara en 1962 y 1964, el artista fue un gran compañero de Sieveking en los años previos al golpe, juntos llegaron a componer temas y Jara colaboraría arduamente con el escritor y director en el montaje de muchos de sus textos, contamos el trabajo que hizo junto a Agustín Siré en La madre de los conejos y su rol como director en “Parecido a la felicidad” y “La Remolienda”, en la cual además elaboró la música.

Otras obras emblemáticas de Sieveking que no podemos eludir en esta semblanza son Tres tristes tigres, La comadre Lola, La mantis religiosa y Pequeños animales abatidos, trabajo escrito durante su exilio y por el cual recibió en 1975 el Premio Casa de las Américas en Cuba.

Su sensibilidad creadora y esa honda capacidad como lector de la realidad, le han permitido captar el entorno y el movimiento de sus congéneres desde múltiples dimensiones, talento que sin duda opera de forma medular, rescatando los tipos humanos, el lenguaje en sus raíces y el conflicto social y personal de manera agonal, por tanto, sea cual fuere el ángulo asumido: Poético, simbólico, psicológico o costumbrista, Sieveking nos provee a los lectores y espectadores, un acercamiento íntimo a mundos y existencias que lejos de acabar como clichés acartonados o burdos esteriotipos de un sector social, respiran y comunican sus anhelos, lo cual lo convierte en un clásico ineludible.

Remitiéndonos a uno de tantos aforismos Nietzscheanos podemos señalar que “si el dolor es el autentico origen de la memoria humana”, Sieveking ha conseguido observar con hondura el espíritu de su país, desde el campo más recóndito y tradicional hasta la ciudad bullente que no duerme ni perdona, logrando trascender al papel y las tablas para asentarse con pleno derecho en el inconsciente colectivo de esta franja de América.

Si no, pensemos en la más recordada de sus comedias, la historia de Doña Nicolasa y Doña Rebeca, hermanas separadas por el destino, que se encuentran y desencuentran de manera fortuita, una noche, en aquella casa de confusión, llantos y risa, la famosa “Remolienda”. Lejos del humor explicito, de las carcajadas y tropezones además del jugoso manejo de la picardía y el folclore, el autor con ingenio introduce una historia de tolerancia, de amor profundo y desinteresado afecto, libre de prejuicios y de culposa redención.

En la boca de estos personajes en la inocencia de los hermanos y en la picardía de las chicas, hallamos un discurso valioso, sobre todo si nos remitimos a los que brillan por su otredad, por ser en apariencia los más apagados de cada trío. En Gilberto y la Chepa, que repiten paradójicamente la historia de don Abelino y Doña Nicolasa, encontramos una crítica a la gente de la ciudad y sus esquemas mentales, capaces de estigmatizar y condenar una vida por sus circunstancias adversas, la prostitución de estas mujeres y la calidad de madre acorralada por el abandono que debe resignarse a no ser más que un objeto, se desrealiza en la inteligencia y superioridad moral que demuestra a lo largo de toda la obra ese acoquinado actante que en un comienzo es la Chepa, si bien esta no deslumbra por su audacia, se perfila por encima de sus pares, con generosidad y buen ánimo, es ella la que soluciona las artimañas de su jefa, la cual goza de años de experiencia, es ella la que se desvive por los heridos y la que tiene una razón manifiesta para someterse a un depredador estilo de vida, su hijo recién nacido. Gilberto por su parte, si pensamos en la época, lejos de atribuirle a la mujer la pesada carga del perdón o ubicarse en el rol salvador, el redentor de su castidad, la abraza en igualdad como una amiga, dispuesto a esperar su cariño, más allá de la urgencia carnal o el despecho que le produce el temor de ella a ser claramente cosificada paternalmente o repudiada por un asunto de honra añejo.

La Remolienda es una obra que dentro del humor y la sátira constante al machismo resulta en profundidad abiertamente matriarcal, los personajes revelan en sus parlamentos, un contenido que desafía los cánones de género lo cual invita a una lectura más focalizada y sin objeciones, un tema que es conveniente a los Chilenos revisar, sobre todo en este principio de milenio que ha demostrado una violencia desmedida e irresponsable en contra del mal llamado sexo débil.

chispero.JPG La Remolienda por merito propio, ha sido montada en infinidad de teatros, de norte a sur de Chile, internacionalmente también se ha destacado y como anécdota podemos señalar que, en su adaptación en Costa Rica a cargo del propio autor, recibe el nombre del Chispero, hay que agregar también que recientemente ha sido llevada a la pantalla grande por el director Joaquín Eyzaguirre, lo cual demuestra la vigencia de su trabajo, por su parte el autor sigue produciendo y es vicepresidente de la academia de Bellas Artes, sin embargo su afilada pluma y voz no parecer perder agudeza pues en una entrevista del año 2007 con el escritor Alejandro Lavquén señala sobre la realidad nacional.

“La gente ha cambiado, por supuesto, es más inculta, entusiasta de horrendos programas de televisión, claro, con el toque de queda no les quedaba otra que la TV, y se hicieron adictos. La vida nocturna y el teatro, por lo tanto, se vieron muy afectados, el público prefiere la obras frívolas en que no se toquen temas contingentes, por favor. Los jóvenes tienen un lenguaje pobre, castrense, se podría decir, y están inventando continuamente el hilo negro. En ciertas instituciones se intentó borrar todo lo que se había hecho antes, excepto los desaciertos. Nosotros volvimos en 1985 y se entendía, tanto en la televisión como en algunas compañías, que no se podía tocar lo político ni con el pensamiento. Los chilenos se han vuelto prepotentes. De ser los latinoamericanos más simpáticos, pasamos a ser los más pesados y la fobia que nos tienen nuestros vecinos se justifica plenamente. En Europa si uno tiene cerca a un chileno, se hace el sueco, el alemán, el húngaro. Y lo peor es que las heridas no se han cerrado, siguen sangrando, porque habrá perdón en los casos que corresponda, pero olvido no. Jamás”


Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en: Cinosargo.

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Muerte de Narciso por José Lezama Lima

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Muerte de Narciso
por José Lezama Lima

Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo,
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.

Vertical desde el mármol no miraba
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua alfilereada?

Rostro absoluto, firmeza mentida del espejo.
El espejo se olvida del sonido y de la noche
y su puerta al cambiante pontífice entreabre.
Máscara y río, grifo de los sueños.
Frío muerto y cabellera desterrada del aire
que la crea, del aire que le miente son
de vida arrastrada a la nube y a la abierta
boca negada en sangre que se mueve.

Ascendiendo en el pecho solo blanda,
olvidada por un aliento que olvida y desentraña.
Olvidado papel, fresco agujero al corazón
saltante se apresura y la sonrisa al caracol.
La mano que por el aire líneas impulsaba,
seca, sonrisas caminando por la nieve.
Ahora llevaba el oído al caracol, el caracol
enterrando firme oído en la seda del estanque.

Granizados toronjiles y ríos de velamen congelados,
aguardan la señal de una mustia hoja de oro,
alzada en espiral, sobre el otoño de aguas tan hirvientes.
Dócil rubí queda suspirando en su fuga ya ascendiendo.
Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas
islas y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas.
El río en la suma de sus ojos anunciaba
lo que pesa la luna en sus espaldas y el aliento que en halo convertía.

Antorchas como peces, flaco garzón trabaja noche y cielo,
arco y cestillo y sierpes encendidos, carámbano y lebrel.
Pluma morada, no mojada, pez mirándome, sepulcro.
Ecuestres faisanes ya no advierten mano sin eco, pulso desdoblado
los dedos en inmóvil calendario y el hastío en su trono cejijunto.
Lenta se forma ola en la marmórea cavidad que mira
por espaldas que nunca me preguntan, en veneno
que nunca se pervierte y en su escudo ni potros ni faisanes.

Como se derrama la ausencia en la flecha que se aísla
y como la fresa respira hilando su cristal,
así el otoño en que su labio muere, así el granizo
en blando espejo destroza la mirada que le ciñe,
que le miente la pluma por los labios, laberinto y halago
le recorre junto a la fuente que humedece el sueño.
La ausencia, el espejo ya en el cabello que en la playa
extiende y al aislado cabello pregunta y se divierte.

Fronda leve vierte la ascensión que asume.
¿No es la curva corintia traición de confitados mirabeles,
que el espejo reúne o navega, ciego desterrado?
¿Ya se siente temblar el pájaro en mano terrenal?
Ya sólo cae el pájaro, la mano que la cárcel mueve,
los dioses hundidos entre la piedra, el carbunclo y la doncella.
Si la ausencia pregunta con la nieve desmayada,
forma en la pluma, no círculos que la pulpa abandona sumergida.

Triste recorre –curva ceñida en ceniciento airón–
el espacio que manos desalojan, timbre ausente
y avivado azafrán, tiernos redobles sus extremos.
Convocados se agitan los durmientes, fruncen las olas
batiendo en torno de ajedrez dormido, su insepulta tiara.
Su insepulta madera blanda el frío pico del hirviente cisne.
Reluce muelle: falsos diamantes; pluma cambiante: terso atlas.
Verdes chillidos: juegan las olas, blanda muerte el relámpago en sus venas.

Ahogadas cintas mudo el labio las ofrece.
Orientales cestillos cuelan agua de luna.
Los más dormidos son los que más se apresuran,
se entierran, pluma en el grito, silbo enmascarado, entre frentes y garfios.
Estirado mármol como un río que recurva o aprisiona
los labios destrozados, pero los ciegos no oscilan.
Espirales de heroicos tenores caen en el pecho de una paloma
y allí se agitan hasta relucir como flechas en su abrigo de noche.

Una flecha destaca, una espalda se ausenta.
Relámpago es violeta si alfiler en la nieve y terco rostro.
Tierra húmeda ascendiendo hasta el rostro, flecha cerrada.
Polvos de luna y húmeda tierra, el perfil desgajado en la nube que es espejo.
Frescas las valvas de la noche y límite airado de las conchas en
su cárcel sin sed se destacan los brazos,
no preguntan corales en estrías de abejas y en secretos
confusos despiertan recordando curvos brazos y engaste de la frente.

Desde ayer las preguntas se divierten o se cierran
al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acampan
los tesoros que la rabia esparce, adula o reconviene.
Los donceles trabajan en las nueces y el surtidor de frente a su sonido en la llama fabrica sus raíces y su mansión de gritos soterrados.
Si se aleja, recta abeja, el espejo destroza el río mudo.
Si se hunde, media sirena al fuego, las hilachas que surcan el invierno tejen blanco cuerpo en preguntas de estatua polvorienta.

Cuerpo del sonido el enjambre que mudos pinos claman,
despertando el oleaje en lisas llamaradas y vuelos sosegados,
guiados por la paloma que sin ojos chilla,
que sin clavel la frente espejo es de ondas, no recuerdos.
Van reuniendo en ojos, hilando en el clavel no siempre ardido
el abismo de nieve alquitarada o gimiendo en el cielo apuntalado.
Los corceles si nieve o si cobre guiados por miradas la súplica
destilan o más firmes recurvan a la mudez primera ya sin cielo.

La nieve que en los sistros no penetra, arguye
en hojas, recta destroza vidrio en el oído,
nidos blancos, en su centro ya encienden tibios los corales,
huidos los donceles en sus ciervos de hastío, en sus bosques rosados.
Convierten si coral y doncel rizo las voces, nieve los caminos
donde el cuerpo sonoro se mece con los pinos, delgado cabecea.
Mas esforzado pino, ya columna de humo tan aguado
que canario en su aguja y surtidor en viento desrizado.

Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado
son peces, son llamas, son flautas, son dedos mordisqueados.
Narciso, Narciso. Los cabellos guiando florentinos reptan perfiles,
labios sus rutas, llamas tristes las olas mordiendo sus caderas.
Pez del frío verde el aire en el espejo sin estrías, racimo de palomas ocultas en la garganta muerta: hija de la flecha y de los cisnes.
Garza divaga, concha en la ola, nube en el desgaire,
espuma colgaba de los ojos, gota marmórea y dulce plinto no ofreciendo.

Chillidos frutados en la nieve, el secreto en geranio convertido.
La blancura seda es ascendiendo en labio derramada,
abre un olvido en las islas, espadas y pestañas vienen
a entregar el sueño, a rendir espejo en litoral de tierra y roca impura.
Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,
esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden
al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada,
busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido.

Si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.
Si se sienta en su borde o en su frente el centurión pulsa en su costado.
Si declama penetran en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.
Ola de aire envuelve secreto albino, piel arponeada,
que coloreado espejo sombra es del recuerdo y minuto del silencio.
Ya traspasa blancura recto sinfín en llamas secas y hojas lloviznadas.
Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.
Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.



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Semblanzas Profundas: Baldomero Lillo.

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Hablar de Baldomero Lillo (Lota, región del BioBio año 1987 – San Bernardo año 1923) y sus relatos, implica detenernos ante un clásico de la literatura nacional y observar con respeto, a un baluarte del realismo social latinoamericano.

Joven enfermizo, Baldomero Lillo se educó sentimentalmente leyendo a autores de la talla de Tolstoi, Dickens, Dostoievski, Turgueniev y Balzac, podemos rastrear la influencia de los europeos en sus páginas, sin embargo su talento y profundidad, no termina en las voces de estos creadores.

Dueño de una certera capacidad para aprehender la gesta diaria de su medio y coterráneos, Lillo consigue cristalizar la crisis del hombre de Lota, penetrando en el corazón y conflicto de la explotación carbonífera y las contradicciones del proyecto capitalista e industrial, la vida rural no le es ajena y el espíritu de gran cantidad de tipos humanos se revelan al mundo y la posteridad, a través de su pluma.

Contrario a las tendencias y un estadio de imitación en que los escritores de su época, se dejaban impresionar con la lírica y prosa peninsular y francesa además de una gama limitada de temas que eran considerados propios de la literatura, Lillo optó por focalizar su arte en el mundo de los desposeidos y el hasta ese entonces ignorado devenir del hombre común, del trabajador alienado cuya existencia es prueba ineludible del desagarro.

Esto lleva a que muchos lectores y críticos consideren su universo creativo, demasiado agreste y sombrío, sin duda, al actualizar su trabajo, estamos ante un crudo trago de verdad, el cual no escatima en verbo y adjetivo a la hora de evidenciar el punto en que el hombre se vuelve el lobo de su hermano. Sin embargo, tales dotes de visionario imparcial, guiado más que por una convicción ideológica o maniqueísmo axiológico, llevan impresa su impronta humanitaria y la moral de un ser que no puede sustraerse al dolor y vivir en clara señal de evasión, con la simplonería de cerrar los ojos a la crisis de su tiempo.

Su lamento de denuncia, da significado a sus letras y lo convierten en un clásico perdurable. Ernesto Montenegro respalda ello en la siguiente afirmación “La obra de Lillo nos hace sentir la tragedia de esas vidas como algo que está muy cerca de nosotros y habla a nuestra conciencia” Prueba fehaciente es el total de cuentos que lo hacen el padre del relato breve nacional y que hallamos recopilados en series como Subterra de 1904, este texto contó con enorme éxito, tanto de parte de la crítica, como del gran público lector, llegando a agotarse la primera edición en tan sólo tres meses. El título nace a sugerencia del poeta Diego Dublé Urrutia, en función de la temática minera y el mundo recóndito que implica la faena. Tres años después, vendría Subsole que a juicio de Fernando Alegría retrata el campo y los pueblos provincianos de Chile con un sentido mágico de vida; mágico en su capacidad de sentir desorbitadamente, de ansiar, de sufrir, y de enfrentarse a la muerte fortaleciendo la esperanza de una justicia, de un amor, de una paz, que, en su perfección absoluta, alcanzan el significado de un absurdo sublime.

Acompañan a estos textos, Relatos populares que será publicado de forma póstuma y El hallazgo y otros cuentos del mar, además existen numerosas antologías que han difundido su obra por más de cien años, en tal caso, no podemos obviar su preponderancia en el plano de la educación. Libros de estudio lo sitúan en un apartado preferencial y reediciones que permiten reflexionar y disfrutar con su trabajo, lo potencian como piedra angular de la narrativa y los programas didácticos en nuestro país.

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En cuanto a su obra propiamente, podemos destacar lo versátil, pues aunque a priori resulta sencillo adosar su figura al relato de denuncia, Lillo no se agota en su carácter de fabulador. En Cañuela y Petaca por ejemplo, el autor se sumerge en la picardía infantil con un franco ánimo de aventura. Aquí, los púberes, proceden a espaldas del mundo adulto, este último, inmerso en el trabajo es un canon a ser desafiado, una mano enemiga, sin duda estamos ante el anverso infantil de la compuerta número doce, ya que la figura de estos dos niños, es de explicita malicia y subversión. Ellos se atreven a asaltar a riesgo de su propia vida, una pila de pólvora a punto de estallar y luego sustraen la escopeta familiar para jugar a ser cazadores expertos, el otro en cambio, dócil y estoico es arrebatado del seno materno e inocencia para descender al purgatorio que desfigura sin escrúpulos el cuerpo y alma de los trabajadores.



Los puntos de vista que adopta pueden en tal caso, ser explícitos, como en su faceta documental, allí ambienta y edifica basado en lo netamente referencial, el chiflón es el caso más sensible y directo, la historia emotiva de una madre y la constante incertidumbre que marca la eventual perdida de su único respaldo y sostén vital, su hijo El llamado Cabeza de Cobre, lo simbólico en cambio, se construye en el caso de historias como Los Inválidos, con el caballo Diamante, despedazado por los años de servicio para luego de manera indolente ser devorado por las aves carroñeras, una metáfora abierta de los viejos trabajadores y el destino infranqueable de sus últimos días. Algo similar ocurre en El Grisú, aquí las emanaciones de gas, el viento negro remite de manera alegórica al furor indómito del abusado capaz de sepultar con furia e impotencia explosiva, una montaña de tiranía como es Mr Davis, el arquetipo de ingeniero y capataz déspota que luego sería trasladado a la pantalla grande en una versión masificada.

En otra línea del tratamiento de la historia y la traicionera y maquiavélica voluntad de poder del ser humano, Lillo configura la confrontación de dos amigos, especie de Caín y Abel, Remigio y el rubio Valentín que a la luz del pozo dan rienda a una reyerta por el amor de la voluptuosa Rosa. Muestra fiel de la otra cara de la disgregación del alma humana. Aquí, el ansiado tesoro no es un mineral sino el cuerpo de la mujer, el goce carnal empero, el efecto es el mismo, la depredación mutua. Lillo, es sin cuestionamiento, un potente visionario, que nos hace sentir que vamos bordeando lo catastrófico tal como indica Montenegro.

Su talento, observación directa y dramática sensibilidad, es sólo comparable a su silencio y la sobriedad de su persona, la que arduamente fue descrita por sus pares en archivos históricos. Los que compartieron con él o cerca de su fugaz presencia en las tertulias literarias, aplauden el carácter humilde del escritor, gran testigo y lector de la vida, hombre alejado de bulla que en su parquedad logró destacarse y publicar en La Revista Católica de Santiago, trabajó durante su estancia en la capital en El Mercurio y fue colaborador en la revista Zig-Zag.

Sin embargo su alicaída salud siempre fue una carga, en 1923, víctima de una tuberculosis, Lillo nos dejo y con su partida, queda una deuda pendiente con la narrativa, su ansiada novela salitrera, la cual pensaba abordar el sensible tema de la masacre de la Escuela Santa María de Iquique. Por ella, realizó numerosos viajes a la zona a fin de documentarse, allí se hizo de nuevo uno con la desolación, retrotrayéndose a las imágenes que presenció en su infancia al trabajar en las pulperías.

Al captar el destino común que hermanaba a la clase obrera, inició su obsesivo afán el cual se vería interrumpido por la debilidad de sus pulmones. Esa capacidad que siempre lo acompaño, su deseo desesperado de asimilar la realidad se manifiesta en un diálogo con Eduardo Barrios al cual declaró “No sé lo bastante de ese ambiente, no lo he asimilado como el de las minas del carbón" De este proyecto fallido quedan algunos esbozos, borradores de un primer capítulo que se llama "La huelga". Como cierre a esta breve semblanza de un grande, dejo un fragmento.

Autor: Daniel Rojas

Publicado en: Cinosargo

Son las 6 de la mañana. El sol por encima de los contrafuertes andinos esparce sobre la pampa una claridad deslumbradora. Bajo el cielo azul de una pureza y transparencia extraordinaria, la parda superficie del desierto osténtase desnuda como una inmensa pizarra en la que un lápiz gigantesco hubiese trazado, repitiéndolos al infinito, los blancos caracteres de una misma fórmula.

Son los rajos de las calicheras. Anchas grietas recortan y cruzan en todas direcciones la yerma extensión del páramo donde el bochorno del día y el frío glacial de la noche han sellado un pacto eterno de confabulación y hostilidad a la vida.

Bíblico campo sembrado de sal, en vano la pólvora y la dinamita han abierto en él, con sus rejas flamígeras, innumerables surcos, y hundido y desgarrado por mil partes su infecunda entraña. La ausencia absoluta de toda vegetación da a la tierra convulsionada el aspecto de un negro mar embravecido, súbitamente petrificado. Un silencio solemne reina en la pampa, que sólo interrumpen de tarde en tarde, la sorda y lejana detonación de un tiro o los gritos desaforados y rabiosos de los carreteros. A pocos pasos de la polvorosa huella, por la que van y vienen las carretas transportadoras de los acopios, los particulares Luis Olave y Fermín Pavez, el barretero Simón Araya y su hijo Vicente se ocupan desde el amanecer en la apertura de una calichera.

Vestidos con el traje de rigor: blusas y pantalones de tela blanca, trabajan con ahínco a fin de aprovechar la favorable temperatura de la mañana. En tanto que los dos primeros aprietan las cargas de pólvora, Simón y Vicente finiquitan la destazadura del último barreno.

Con los pesados machos, las particulares o calicheros golpean rudamente los atacadores de madera de sauce, encima de los tacos de chuca y costra, a fin de asegurar la mayor eficacia del tiro.


(La Huelga -Baldomero Lillo - Fragmento)

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Entrevista a Daniel Rojas por César Quispe Ramírez

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Daniel Rojas Pachas: "Yo apuesto por el autor y su voz, más que por la nacionalidad" Entrevista realizada por César Quispe Ramírez publicada en Kuadernos de Kalandraka


Daniel Rojas Pachas, nació en Lima-Perú, en 1983. De madre peruana y padre chileno goza de doble nacionalidad y actualmente reside en la ciudad de Arica. Estudio tres años derecho, carrera que abandonó para dedicarse a la labor de profesor de Literatura. Área en la que se desempeña al interior de la universidad de Tarapacá. En el 2006 publica su primer poemario Música Histórica. En el 2007 publica su segundo poemario Delusión



Abandonaste la carrera de Derecho por la de Literatura, ¿Qué marcó en ti para pasarte a la otra orilla (literaria)?

La Filosofía. En derecho es muy importante la hermenéutica, creo que esa es una de las principales herramientas que adquirí en esos tres años. Sin embargo, a diferencia de mis compañeros, que vieron esto de manera utilitaria y aplicada al código civil o la constitución; yo me aproximé al acto de interpretar, más allá del objeto y la finalidad inmediata. El acercamiento a ciertos autores y textos, me llevó a profundizar sobre temas esenciales, como la dialéctica, el irracionalismo, el existencialismo, la postmodernidad, el deconstructivismo. Ciertamente con Kafka descubrí desde muy temprana edad, mi amor por transmitir el arte de pensar libre y responsablemente, la fuerza de la subjetividad y la decisión. No fue un cambio fácil, pero asumí el peso de mi elección. De lo contrario, ahora estaría odiándome o ensañando algo que no me interesa como el código orgánico de tribunales, en lugar de la voz de este Checo que entre otros, me permitió despertar a la vida.

¿Por qué elegiste la poesía como medio de expresión?

Considero que la poesía es la forma primordial de comunicación. En mi caso, no se trata de hablar de poesía, refiriéndome a un simple texto lírico o poema, para mí, ella implica creación en todo su sentido y sin sentido. Es quizá, la única vía que tenemos para romper esquemas mentales anquilosados y que se perpetúan gravemente en el lenguaje y, en tal medida, en nuestros comportamientos como personas y colectividad.

Háblanos de tus dos poemarios: Música histórica y Delusión, éste último poemario cuya línea intimista se ampara bajo la visión del Somatismo. ¿Qué características los aborda?

Bueno mi primer libro, es demasiado adolescente, sus primeras líneas datan de mi época de colegio, cuando tenía 14. Tiene en tal caso, una estética contestaría, anárquica, con un predominio de las voces beatniks y de Bukowski, entre otros. Esto no implica que no tuviera ciertos matices experimentales, pero eran mínimos, algunos juegos a nivel fónico. Me demoré en publicarlo, hasta que vino el nacimiento de mi hija, y lo hice para cerrar una etapa. Lo autoedité y me di cuenta que algo se estaba gestando en mí, el somatismo y que hoy inunda la totalidad de mi consciente. Delusión mi segundo libro, es un poemario ambiguo que aborda diversos tópicos y voces que han cruzado mi propio discurso como: el erotismo, la violencia, el tema del género, la desrealización del lenguaje y los mitos, el descreimiento y la contradicción, en una dialéctica del ser y la nada, en la cual, esa nada como totalidad, involucra un amplio espectro imposible de resumir pues en ella todo se crea y destruye, es la posibilidad infinita y que sólo con la poesía creo fervientemente, se puede, de modo ligero, palpar.


En un medio en el que la lectura no es artículo de primera necesidad y en el que la poesía ocupa el último lugar dentro de los gustos literarios, ¿qué estrategias adoptas para promover tu obra

que esa labor, la juego en mi rol más pragmático, el de profesor y cronista literario, haciendo reseñas de autores y obras, no las típicas que nos hablan de Llosa y Márquez, sin desmerecer sus obra que son geniales, pero de ellos se ha dicho mucho. Es hora de dar cabida y demostrar que la literatura no empieza y termina con el rol editorial, ni con el boom y con la novela misma.Sino, también, mostrando la otra cara, que sí exite una bullente producción local e internacional de poesía, cuentos y ensayos, con autores que están en el anonimato, por estar situados en provincia o perdidos en la capital (...) Hoy en día la mejor herramienta para la gesta de redes literarias, es Internet, como un medio libre, que a a su vez, tiene desventajas, como la veracidad de los datos, el ocultamiento de identidad y la gran cantidad de información basura. Lo que nos queda es educarnos y educar para interpretar y discernir y poder focalizar muy bien, logrando un autodidactismo maravilloso y una difusión a lectores ubicados a miles de kilómetros.Yo apuesto por ese mecanismo hoy, sin quitar el rol que sigue teniendo la imprenta claro. Empero, para mí la prueba directa es una revista como la que dirijo y edito, Cinosargo . V iviendo en Arica, extremo norte de Chile, jamás soñaría con un tiraje de máximo trescientos números y, por ende, menos en tener colaboraciones de Colombia, Argentina,… Y lectores de Tel Aviv que intercambian correos y números, libros y opiniones.

¿Cómo ves la poesía en cuanto a la enseñanza?

Difícil de instaurar en una etapa inicial, incluso yo diría en un ámbito universitario; me he topado con compañeros y alumnos del área que decían, ya en cuarto o quinto año, detestar las letras sobre todo la poesía por críptica y fugaz. Aduciendo que solo estudiaban para ser profesores de Castellano y Literatura.Creo que primero hay que formar lectores y sensibilidades. Imponer no sirve, eso solo ayuda a mantener en la mente de los más jóvenes la imagen del poeta como el bardo medioeval, algo empolvado y añejo. Por tanto, en un plano general, dar a leer a un joven que tiene las hormonas a mil, el Quijote completo y El cantar del Mio Cid como obligación, es un desperdicio y aberración. Son obras clave pero hay que definitivamente, antes de entregarlas, formar mentes que vean la lectura no como un castigo, sino como un placer.

¿Cómo observas el panorama de la poesía en Chile, respecto al Perú?

En Chile hay mucho poetastro, mucho escritor que prefiere el escándalo y la farándula, Chile vive para la farándula hoy en día, el pan y circo es increíble, quizá eso queda mal entendido de la estética Beatnik, todos quieren ser poetas malditos o divas. Se dicen escritores, pero no tienen poesía. Son los llamados poetas de recital, que en nada aportan al medio, ya sea en creatividad y comunicación. Es poco saludable. Por otro lado, veo al Perú como un espacio de difusión soñado. Hay por parte de los creadores (Chilenos) mucho respeto hacia el panorama cultural que ustedes tienen. Para mí no es ajeno del todo, viví en Perú, Nací en Lima. Por eso yo apuesto por el autor y su voz, más que por la nacionalidad, pero francamente como lo veo, Perú no sólo es Lima sino, también sus provincias, son focos mucho más interesantes y bullentes que las ciudades periféricas de Chile, las regiones más alejadas de este país, son desiertos culturales subyugadas ante una capital, Santiago tendencioso y a la moda.

¿Qué proyectos estás desarrollando?

En poesía un nuevo título Grama, además de poemas dispersos para concursos o para mí. En Narrativa, mi novela, que tenía pospuesta, la Región indecible y que ahora está dispuesta a concursar a un fondo nacional de fomento a la cultura; y en ensayo, estudios de obras, sobre todo del Nouveau Roman y autores latinoamericanos de la generación surrealista, Carpentier, Asturias, Uslar Pietri.



Anverso Literario: Mijail Sholojov.

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Mijaíl Aleksándrovich Shólojov, novelista soviético nacido a principios del siglo recién pasado, logró, aunándose a la tradición de otros grandes de las letras rusas, Tolstoi, Gorki, Pushkin, Gogol, Dostoievski y Lermontov, cultivar una destacada carrera como escritor, la cual fue favorecida en 1965 con el premio Nobel. A tal punto ha trascendido, que gran parte de la crítica, ha señalado con unanimidad, su valor como uno de los altos representantes de su cultura en los últimos cincuenta años.

No libre de objeciones, su quehacer artístico y creativo, íntimamente ligado a su ferviente furor político, ha sido acusado y duramente abatido con el epíteto peyorativo de propaganda. Sus detractores lo llaman panfletario, en virtud de su acérrimo partidismo comunista, el cual se inicia alrededor de 1930.

Shólojov llegó en esos avatares, a ser elegido diputado del Sóviet Supremo de la URSS y su obra maestra, El Don apacible" (la que para muchos es el punto más alto y jamás superado en su quehacer) consiguió el premio Stalin en 1941, lo cual indefectiblemente lo llevó a convertirse en el escritor más influyente de la Unión .

Traducido a numerosos idiomas y parte central en los valores y la educación sentimental contemplada por los programas de estudio en su lengua, Shólojov puede ser catalogado como un autor oficialista, al punto que jamás oculto su ideología o pretendió retratar algo en lo que no creyera.

En su rol como miembro activo del bloque, llego a acompañar en 1959 a Nikita Jruschov en su gira por Europa occidental y los Estados Unidos, sin embargo, ese apelativo de oficial que incumbe al hombre más que al autor textual y si vamos más lejos, al narrador, no agota cualquier potencial estético presente en su obra y la forma en que como creador y voz, pudo empapar y desviar sus experiencias con un propósito autotélico, el de crear un mundo fiel a su realidad, pero independiente y rico en su sentido profundo: Proveer una mirada franca y documentada de los procesos bélicos y tragedias de un pueblo duramente azotado por la pobreza y la guerra, pero que encierra en su espíritu de solidaridad y férrea voluntad, el ánimo constante de reconstruirse y doblegar la mirada y mano funesta del destino.

En gran medida Shólojov, es un escritor vivencial, netamente comprometido con los cambios y procesos que vivió la nación soviética, Participó en la Primera Guerra Mundial y luego en la Guerra Civil Rusa, siendo parte del ejercito rojo. Todo esto se ve retratado con una referencialidad sublime, en la mayoría de sus textos, entre los cuales se cuentan: Lucharon por su patria, Cuentos del Don, Campos roturados y una de sus últimas publicaciones, El destino de un hombre. Es esta novela breve, quizá una de las más sencillas de conseguir por estos días, se relata el viaje traumante de un recluta que cumple sin miramientos su labor, al punto de perder todo lo que ama por aquel sentido del deber y el alejamiento inminente. Prisionero del régimen Nazi, se nos expone de manera cruenta la degradación física y el detrimento espiritual, las reiteradas muertes y los súbitos arrebatos de los seres que anhela, todo como una fuerza impetuosa en colisión constante con su nobleza y temple, el cual, pese a todo el dolor acumulado se mantiene incólume. En tiempos como los actuales, una conducta o visión de este tipo puede parecer producto de nuestro escepticismo, sinónimo de frialdad, o de forma más extrema, una tentativa imposible de considerar, un tópico o lugar común que sólo es verificable en la literatura, y sin embargo, el valor de estos personajes que el ruso edifica, son tan verosímiles como muchos seres de carne y hueso, al punto que nos imponen sin miramientos la carga del desamparo y la humillación pero a la vez el poder flagrante de una volición y orgullo indomable capaz de tender una mano al final del día y reconocer en un huérfano, solitario o hambriento, otra vida, una posibilidad que no debe ser vapuleada con indiferencia o amargura sino abrazada. En ese grado, reaparecen junto con la galería de almas de Shólojov otras inolvidables páginas de la universalidad literaria, unas más cercanas y en nuestra lengua. Con un sesgo anarquista y de gran vitalismo, brillan los seres inolvidables de Hombres del Sur o los amigos extravagantes que Aniceto Hevia conoce en Hijo de Ladrón, ambos textos de Manuel Rojas. Estos seres angelicales en harapos y destruidos o disociados por una comunidad carnívora demuestran como parcamente, no vemos más allá de las heridas y los colores.

Es importante destacar y fuera de cualquier lineamiento ideológico y político, la consecuencia de Sholojov, y de esos otros rusos mencionados, Tolstoi fue un terrateniente que creía en el hombre, en la generosidad y los valores, el busco donar sus tierras a quienes en vida fueran sirvientes pero ante todo su familia universal y Dostoievski si nos habla de Siberia y de la posibilidad de ser fusilado y morir de hambre pese a una gran intelectualidad y más allá de está, ser presa inconsciente de la ruleta, es por que todo ello, lo sufrió de forma tan verídica como su epilepsia. Entonces, si Mijaíl Aleksándrovich Shólojov, nos narra esas guerras y las riberas del Don con tanta calidez interior, es por que creció allí y vio morir y renacer parte de sí en esos parajes, en medio de la locura de los disparos, ubicado en primera fila, debatiendo su existencia al calor del fuego y plomo con la esperanza recobrada y la confianza puesta ciegamente en quien va al lado tuyo, a enfrentar la incertidumbre.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

" Había algo de majestuoso y emotivo en el lento avanzar del regimiento destrozado, en las rítmicas pisadas de los hombres, rendidos por los combates, el calor, las noches de insomnio y las largas marchas, pero dispuestos de nuevo, en cualquier momento, a desplegar y volver a aceptar combate.

Nikolái recorrió con la mirada aquellos rostros conocidos, demacrados y renegridos. ¡Cuántos hombres había perdido el regimiento en estos cinco malditos días! Nikolái notó cómo le temblaban los labios agrietados por el calor, y se volvió rápido. Súbitamente, los sollozos entrecortados de un espasmo le aprisionaron la garganta, agachó la cabeza y se caló hasta los ojos el casco recalentado para que los camara-das no vieran sus lágrimas ...

He perdido el aguante, no valgo para nada ... Todo esto se debe al calor y al cansancio -pensó, arrastrando trabajosamente las fatigadas piernas, como fundidas de plomo,, empeñándose con todas sus fuerzas en no acortar el paso.Ahora caminaba sin volverse, mirando torpemente a sus pies, pero ante sus ojos surgían de nuevo, como en un sueño importuno, las deshilvanadas secuencias del reciente combate que diera comienzo a este gran repliegue, y que se habían grabado en la memoria con sorprendente nitidez. Volvió a ver la horrísona avalancha de tanques alemanes que se arrastraban veloces por la ladera del monte, y los tiradores cubiertos de polvo que avanzaban con cortas carreras, y los negros embates de las explosiones, y los combatientes del batallón vecino que retrocedían en desorden, diseminados por el campo, por los trigales sin segar ... y luego, el combate con la infantería motorizada del enemigo, la salida del semicerco, el mortífero fuego desde los flancos, los girasoles cercenados por la metralla, la ametralladora con su morro estriado enterrado en un embudo poco profundo, y el ametrallador muerto, arrojado por la explosión, tendido boca arriba y cubierto todo él de dorados pétalos de girasol, fantástica y extrañamente rociados de sangre. "


Lucharon por su patria (fragmento)

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