Enero, 2009

Cerramos nuestra edición de Enero del 2009 con 260 notas

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Notas

ASTOR, NATALIA MOLINA Y DIEGO PERALTA EN VIVO (leer)

LANZAMIENTO PATAFLEXIA 2 Y REPARTICION GRATUITA DE LA REVISTA (leer)

Cerramos nuestra edición de Diciembre 217 notas (leer)

Prólogo del libro Intromisiones, Radiogramas y Telegramas editado por Cinosargo (leer)

Entrevista en Diario Austral de Valdivia a Ana Montrosis por Daniel Navarrete (leer)

Premiación PRIMER CONCURSO NACIONAL DE CUENTOS TERESA HAMEL 2008 (leer)

Ediciones de Revista Cinosargo publicadas a la fecha. (leer)

Una nueva selección de libros sobre y de Poesía Chilena (leer)

Editorial FUGA y Fundación Pablo Neruda ALFABETO PARA NADIE (leer)

Invitación a conferencia dictada por el profesor Fernando Moraga Acevedo (lea)

Estrenamos el primer número de la revista La Santísima trinidad de las cuatro esquinas. (leer)

Novedades en La Santísima Trinidad de las Cuatro esquinas (leer)

Groenlandia: LAS AGUAS Y LAS HORAS (leer)

Recomendamos Des-Honoris Causa número 20 (lea)

Presentación libro Una mirada hacia atrás Concepción, Santiago, Buenos Aires, Madrid (leer)

Los desconocidos de siempre (leer)

Estrenamos nuestra primera edición especial de poesía Diciembre del 2008 (leer)

Cinosargo recomienda, leer revista el Margen. (leer)

Recuento del medio año que tenemos en línea Algunos logros de Cinosargo en estos seis meses de vida (leer)

Estrenamos octavo número de Revista Cinosargo edición VII de Diciembre ( leer)

Dan a conocer novela completa e inédita de Roberto Bolaño (leer)

Novedades de Enero en La Santísima Trinidad de las Cuatro esquinas (leer)

Lanzamiento Para detener el tiempo de Jorge Vargas Prado (leer)

PRESENTACIÓN DE LIBRO LOS RELOJES DE ADELA (leer)


...Ver la lista completa en Cinosargo.

Semblanzas Profundas: Aguante Barreda de Alejandro Colliard

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“Aguante Barreda” es una novela corta del escritor y artista argentino Alejandro Colliard, es una obra dinámica que utiliza como principal estrategia textual la concisión de los capítulos para exponer a través de su brevedad y precisión léxica una versión absurda y esperpéntica de lo que podría ser la vida de Ricardo Barreda tras su liberación. Colliard se apropia de manera efectiva y con gran comicidad, especialmente con humor negro y mucha ironía del hecho verídico. Abarca tangencialmente tanto el crimen ocurrido hace 16 años como la situación que vive hoy su principal actor. A la fecha Barreda cumple su condena con arresto domiciliario en la calle Belgrano, lugar en que está ubicado el hogar de su nueva pareja Berta André “Pochi”. La conmutación de la pena que favorece al autor de la sangrienta masacre desplegada en contra de su mujer, suegra e hijas un domingo 15 de noviembre de 1992, es producto de su avanzada edad y otros beneficios que contempla la ley penal Argentina. En el 2012 el odontólogo platense podrá optar a libertad condicional pese a haber sido originalmente sentenciado a cadena perpetua.

Partiendo de este hecho, Colliard realiza una proyección satírica de la sociedad Argentina y porque no latinoamericana, aglutinando factores, culturales, mediáticos y políticos. En este último apartado aparece un importante elemento que vincula a la novela con el mundo externo a la ficción, el Dr. Carlos Ruckauf, Gobernador de Buenos Aires, que a lo largo de su carrera ha ocupado numerosos cargos incluso el de vicepresidente durante el gobierno de Menem. Esta figura pública aparece en la historia como un gatillante de la acción, movido por ansias de poder caricaturizadas al extremo. Ruckauf es un manipulador de los medios y partidario acérrimo de las estadísticas por encima de cualquier implicancia ética. Colliard aprovecha esta condición y diseña una agenda ficticia en la cual Ruckauf muestra interés en la popularidad de Barreda para así explorar los mecanismos psicológicos de la masa. Cual bandada de palomas, el pensar colectivo se expone en todas las aglomeraciones que rinden pleitesía, apoyo y consmisceración a Barreda.

En forma individual, la policía y los taxistas son usados en la narración como barómetros del sentir general el cual eleva al psicópata a la categoría de ser mítico y heroico, que amparado por juicios de aprobación a causa de su espíritu trágico, de su travesía de dolor y supuesta purificación, se torna digno como epónimo Hércules o Jason capaz de arrasar sin el menor reparo a toda una comunidad gracias a lo que se comprende como una razón legitimada, en este caso, la defensa de su hombría.

El sentir gregario tal como Colliard lo expone, ve en este personaje de la crónica roja, con una sobre exposición que nada tiene que envidiar a Charlie García; a un icono que rescata los derechos del oprimido, del ninguneado por su propia familia, y que actuó en defensa de un valor superior, la unión familiar erosionada por la crueldad de la suegra, el abuso de la esposa y el irrespeto de las hijas, el tema toma ribetes de misoginia y falocentrismo cultural, otra lectura presente en el texto y que es coherente con la actitud de Barreda y la revisión del peritaje de psicólogos a cargo del caso. Estos discutieron durante el proceso acerca de una posible homosexualidad reprimida o crisis de identidad sexual no resuelta: “como Barreda no pudo matar a la mujer interior, la del subconsciente, asesino a todas las mujeres de su vida diurna” El tema por tanto tiene proyecciones insospechadas y aparece una figura del pasado, el padre abusador del dentista, un militar que marco a fuego la infancia de Barreda. Estamos entonces ante el producto de una patología social generalizada que muchas veces acepta en sus productos culturales, cine, literatura, pornografía, modelos de violencia difuminando la frontera entre victima y victimario.

Sin hacer juicios de valor o tomar partido con una mirada moralista, Barreda se presenta en la novela como un producto postmoderno, propio de una sociedad cosificante, capaz de generar entes implosivos y abusadores, en los lugares menos deseados, los colegios y el hogar. Lo paradójico de esta situación y que le da al signo la capacidad de atentar en contra de los discursos fuertes de nuestra sociedad, son las motivaciones que subyacen al crimen.

Barreda arrasa a su familia por su deseo de preservarla, lo cual relativiza el tema al ubicar a las víctimas de la masacre en la posición de antagonistas, ya que estas juegan el rol de ofensoras del hogar, al frustrar con ignominia los intentos genuinos del odontólogo por mejorar el vínculo hogareño. Colliard usa este tema cruzando pequeños argumentos con la trama principal. Se muestra así la fragmentación de las bases fundantes de la sociedad, la familia y el matrimonio con ejemplos como el fin de la relación del dentista con Pochi, la que abandona a su pareja para irse con la foto de un muerto del cual se enamora. También está la promulgación de una ley que Barreda, en un punto de la historia en su calidad de senador realiza al promover el matrimonio inter-especies. Hombre con hamsters, perros con sus dueñas, sólo que de distinto género. “Tan progresista no se puede ser”. Estas situaciones absurdas contribuyen a construir al paradigma de hombre finisecular.

Otra contradicción digna de ser mencionada y que refuerza esta idea de desfiguración de los conceptos y valores a ultranza, recae en la imagen pública que tiene Barreda. Colliard utiliza ese factor para proponerlo en su historia como un candidateable, de modo que al ser satanizado o explotado como producto por los medios, el criminal alcanza gracias a las circunstancias relativas a su acto de sangre y posterior juicio, la categoría de personalidad. Ser de culto e incluso de confianza por la sinceridad de su proceder. Como se mire, Barreda en su calidad de ciudadano está mas cerca del hombre del día a día que los artistas y los llamados lideres de opinión y su transparente artificialidad, pues el dentista actuó empujado por su cólera, quizá no se midió pero no es algo que ni siquiera el mas santo no haya pensado cuando ha sido puesto al límite por sus pares. La situación está en que los discursos políticamente correctos censuran estos actos, pero ante la caída de esos discursos, Barreda tal como Colliard lo presenta a los ojos de Ruckauf, es la imagen de la transparencia real.

Lo cual explica el fandom que en el mundo no novelado tiene este personaje, su popularidad, grotesca para algunos, anecdótica para otros no es menor, lo llaman ídolo y lo hacen cercano al fenómeno Charles Manson que llegó en los setenta a tener camisetas con su fotografía, estas aún se venden. En el caso Barreda un ejemplo emblemático del mass media y su influjo es la canción Barreda´s Way del grupo Ataque 77, prueba fehaciente del poder convocante y comunicador de esta entidad mediatizada, Colliard consciente de estos signos e imágenes, va generando una especie de simulacro postmoderno en el cual se mezcla lo vernacular y pop con lo formal, se privilegian los llamados grandes relatos de la cultura, partiendo por el hecho de que estamos ante una novela, uno de los discursos más respetados en el devenir del hombre, de modo que entretención y morbo se conjugan en un consomé kitsch, auto consciente y crítico en su hilaridad. Pues al apropiarse del referente, en este caso Barreda, Colliard expone a la sociedad en su completitud como una pantalla prefabricada, en la cual el mismo autor se ubica en una posición de descreimiento y de complicidad con los mecanismos de falsación de lo real, Colliard no sólo es el autor, sino que también es un personaje de la obra, aquí el creador juega una carta interesante, se satiriza como un escritor fracasado, que ve su oportunidad al ser reclutado por la campaña de Ruckauf como mercenario de las letras.

El autor produce una mímesis, un salto de los niveles de narración desde lo extratextual a lo intradiegetico y viceversa al incluirse en la historia como personaje secundario. Su rol en la obra reside en la tarea de escribir los discursos del candidateable Barreda, y luego un libro que crítica curiosamente, la imagen de los hombres que se destacan en la sociedad a causa de su creatividad, podríamos llegar a pensar incluso que está obra que leemos, “Aguante Barreda” es otro producto de Colliard, personaje que nos envuelve dentro y fuera de la novela como participes, como parte de ese fandom o pensamiento colectivo de masas que está ávido de leer la vida y proceder de un asesino supuestamente rehabilitado y recibido con los brazos abiertos como hijo ilustre por la sociedad. La novela se vuelve otro discurso mediatizado, estamos en un simulacro circular, del cual todos somos cómplices, autores, y victimas.

En definitiva el merito de la obra esta en la re-escrituración testimonial que Colliard hace de lo ocurrido sin suplantar en lo más mínimo la historia extratextual, no hace un palimpsesto o borra el como se dieron las cosas, sino que toma la realidad y la inserta intertextualmente, de forma fragmentada y con gran sutilidad en su ficción a través de deícticos que remiten al lector, a lo cubierto por la crónica roja y los medios de prensa televisivos: El auto de barreda, su Ford Falcon y la fachada del hogar llena de graffitis injuriosos o de apoyo para quien a juicio de algunos es la verdadera víctima del crimen, el reivindicador de los oprimidos, de los underdogs, no hay que olvidar el rifle españolCalibre 16.5 que el odontólogo utilizó para el crimen y el rol que juega la mentada “Pochi” su actual mujer, esos son sólo algunos de los elementos que se utilizan como anclaje para aproximarnos de modo implícito al fenómeno mediático, logrando los efectos de una lectura abismante, llena de ramificaciones para tan breve obra escrita con economía de palabras. La tarea del receptor por tanto implica llenar los espacios en blanco y cooperar con la creación al actualizar la narración con una enciclopedia que remite a la coyuntura que tuvo y tiene la figura del dentista asesino dentro de la realidad Argentina y su cultura popular. De cualquier modo, el destinatario no familiarizado con el truculento asesinato rápidamente puede captar la historia en su calidad de fantasía y acercarse a la mente del psicopático personaje, Colliard construye un doble código que comulga tanto con el lector aventajado producto de un conocimiento previo de la situación, como con aquel que asume esto cual fantasía.

Algunos de los recursos también sugeridos por la prosa del creador, van perfilando una conducta errática e insensibilizada mediante los vagabundeos que el dentista hace por calles con prostitutas y jóvenes que se venden, su actitud hacia los gatos, por ser el animal familiar el único sobreviviente de la masacre de aquel domingo del 92, eso sin contar el procedimiento maquiavélico desplegado para la eliminación de los felinos en la historia, darles de comer vidrio molido, actitud que en la fachada de normalidad del personaje, y ocultamiento de un depredador en potencia, recuerdan al proceder de Patrick Bateman de la obra el Psicópata Americano del autor estadounidense Bret Easton Ellis, en conclusión el texto expuesto en la red por el autor, específicamente en google books es recomendable pues en su sencillez narrativa traspasa la lectura fruitiva e impresionista, promoviendo una serie de mecanismos interesantes de la narrativa actual y condicionantes que revelan mucha de nuestras sociedades y la calidad de los individuos en sus relaciones con el medio, el miedo.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo



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Veneración: 4 poemas de Daniel Rojas Pachas en la pollera 92

Veneración: 4 poemas de Daniel Rojas Pachas en la pollera 92

Novedades de Enero en La Santísima Trinidad de las Cuatro esquinas

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Estamos terminado un nuevo mes, de la Santísima Trinidad de las cuatro esquinas y presentamos al público los presentes artículos y novedades


Violeta Fernández Riquelme


El dentista de Bolaño y la irónica intertextualidad del viaje sin retorno (leer)


Daniel Rojas Pachas


Hacia una interpretación Lihn-guística de: La Vejez de Narciso (leer)


Los Gemidos de Yanquilandia por Pablo de Rokha (leer)


Hacia una interpretación Lihn-guística de: Pena de Extrañamiento (leer)


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Estrenamos nuestro primer número de la Revista La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas (leer)


Lea la Santísima Trinidad de las cuatro esquinas



Hacia una Interpretación Lihn-güística de: La Vejez de Narciso

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Me miro en el espejo y no veo mi rostro.
He desaparecido: el espejo es mi rostro.
Me he desaparecido;
Porque de tanto verme en este espejo roto
he perdido el sentido de mi rostro
o, de tanto contarlo, se me ha vuelto infinito
o la nada que en él, como en todas las cosas,
se ocultaba, lo oculta,
la nada que está en todo como el sol en la noche
y soy mi propia ausencia frente a un espejo roto.


Poemas de este tiempo y de otro. Ediciones Renovación 1955 Santiago.

En este poema Enrique Lihn edifica un hablante que dialoga con su interioridad, el carácter enunciativo es de un yo que en principio se oculta, no presenta rasgos de personalidad más allá de las pistas que el título da, al aludir a la figura de Narciso, eterno efebo enamorado de sí mismo, de su reflejo en las aguas cristalinas, sin embargo de forma sutil y gradual la voz poética va despojándose de su pudor y desnuda de manera escalonada una confesión por medio de verbos pronominales y pronombres reflexivos, deícticos que remiten al mismo hablante, capaz de ser caracterizado por hallarse sumido en un proceso autoreflexivo de erosión y tachamiento de su identidad, víctima de una actividad vouyerista dirigida hacia su propia persona, este proceder cobra matices simbólicos y metafóricos pues el hablante contrario a sus deseos, se topa con un resultado desfavorable ante cada intento de autocontemplación. Al mirarse se ve empujado al fracaso o la contradicción, producto de la degradación que su ser experimenta. Esto se percibe desde los primeros versos: Me miro esperando algo y no lo veo. No estoy y en mi lugar sólo encuentro un objeto inerte, aquello que debía reflejarme, la cosa me he reemplazado. (Podemos entender esto de manera literal) Sin embargo no hay que tomarlo tan a la ligera. Es factible pensar que el hablante auto contemplativo, sumido en este juego de mirarse, se decepciona como dice el título, a causa de la vejez, debido a la inminencia de la muerte y aquel vacío insondable producto del paso del tiempo, en otras palabras, el hablante esta en ciernes de ser suplantado por la nada, esto se refuerza con lo que expresan los versos finales:

o la nada que en él, como en todas las cosas,
se ocultaba, lo oculta,


De manera que la nada oculta, presente en todo como condición inherente a la existencia en su completitud, ha comenzado a actuar sobre el hablante, ha estrechado sus brazos sobre su persona, por tanto la espera para él ha terminado, el lapso ineludible está por cumplirse

la nada que está en todo como el sol en la noche

Por ello, como fin de todo, la condición latente de extinción debe ser asumida con desesperación pues está al acecho del rostro del hablante, de su identidad, de su ser, y es en ese reconocimiento consciente, al tomar la nada el cariz de verdad absoluta; que el lector puede gracias a la percepción desplegada por la voz, indagar en su propia situación desde su particular punto de vista. Pragmáticamente el conflicto presentado por el poema se torna universal, y mientras que para el yo poético la situación comienza a concretizarse, el receptor confronta la verdad como interrogante, como posibilidad ante la cual puede medir su distancia cognoscitiva y espiritual, lo cual le da al texto ribetes trascendentes.

Estas afirmaciones se visualizan en el último verso del poema Lihneano

y soy mi propia ausencia frente a un espejo roto.

Verso que no sólo en su sentido general sino que en su construcción lingüística comprende de manera subyacente el concepto más general de metáfora: Si entendemos este tropo o figura retórica como la presencia de una ausencia, ausencia que el yo del poema por su parte, confronta paradójicamente ante la presencia de un objeto o de un yo en el cual el yo inicial o primigenio no se reconoce, podemos por tanto apreciar allí la metaforización, esta dinámica de auto confrontación se vuelve una mecánica que lleva implícita una verdad indeterminada o indeterminable. En un sentido más profundo, la existencia del ser ante la proxémica de la nada, de la muerte, se revela por completo como una metáfora y en esa medida como una verdad del tipo descubrimiento/desvelamiento opuesto a una verdad totalitaria y cerrada. Estamos ante una verdad que no cumple la función de adecuación o coherencia, su resultado por ello, conlleva la idea de que al conocer, enfrentamos un proceso dinámico porque la adecuación entre lo conocido sobre los hechos y los hechos mismos es susceptible de no estar definitivamente clausurado. Lo cual en última medida, es consecuente con la idea de nada, bajo la cual Lihn somete a su Narciso. De la confrontación del hablante consigo mismo y en consecuencia con el fin, surge la muerte como imposibilidad posible, clausura del ser indeterminada, irreductible y desconocida, en gran medida ininteligible, pues no podemos considerar un concepto univoco de lo que será el termino de la vida para cada uno y todos.

Por ello ese espejo roto, indefinible, múltiple, es polisémico a causa de las miles de imágenes que se reflejan en cada una de sus partes, el yo sigue presente, pero no aquel yo al que estaba acostumbrado a mirar, aquel que solía conocer, es otro o muchos yoes y tiende a confundirse con el objeto, con la mirada al infinito, con el vació imposible de sintetizar.

De cualquier modo La Vejez de Narciso según Lihn no se agota en este primer análisis, es importante destacar que la observación de los despojos o remanentes del ser a través de la auto contemplación y las implicancias metafísicas expuestas vía el mismo proceso, el hablante las experimenta debido a un acto material, somático y sensible, quizá uno de los mas importantes del ser humano, la mirada, tópico existencial y fenomenológico presente en otras creaciones del autor. La mirada como acto, pretende a grandes rasgos percibir sensorial y cualitativamente a las demás existencias, por tanto las relaciones que se producen debido a su ejecución van más allá de lo sensible pues constituyen un apercibimiento de todo lo que esta fuera de mi, todo lo que no soy y que de una u otra manera, en su carácter de externo me es oponible y me afecta, al ser el hombre una realidad dotada de consciencia. De modo que en el poema la problemática expuesta va de un hacer a un ser y viceversa por ello la mirada y todo lo que el hablante experimenta con ella, su propio reconocimiento, su posterior erosión, el desgaste producto del acto mismo de auto observarse, de sobre analizarse deviene en una fragmentación y agotamiento del yo, es un acto que se realiza ad infinitud.

Porque de tanto verme en este espejo roto
he perdido el sentido de mi rostro
o, de tanto contarlo, se me ha vuelto infinito


La idea del espejo por tanto juega un papel simbólico, representa el constante proceso de repetirse en la mirada auto dirigida, la cual termina por provocar una escisión e hibridación, lo cual en el poema, físicamente se puede extender por analogía a la vejez del vanidoso Narciso en la medida que la cercanía con la muerte también provoca una escisión, el espejo se rompe y la muerte por su parte divide al ser, lo fragmenta y lo indetermina, lo cual en términos de Lihn, nos lleva a extender semánticamente el par conceptual espejo / vejez como significantes de fragmentación y connotatividad, asimilándolo de inmediato al proceso mismo de escritura, por tanto Narciso puede ser con facilidad visto como el poeta, si atendemos a los conceptos de poesía que maneja el autor en lo amplio de su obra.

sin la esperanza ni el propósito de influir sobre el curso de las cosas
el poema es un rito solitario
relacionado en lo esencial con la muerte. (Para ningún destinatario)

El espejo roto asimilable a la proximidad con la muerte, provoca efectos como la indeterminación, la connotatividad, la fragmentación del ser y su proyección al infinito, sin olvidar claro lo más importante, la observación, la mirada de la propia identidad y el desdoblamiento, la autorreflexión y por ende la comprensión desde el yo de lo externo, efectos que también son apreciables en la poesía, por ello Narciso y su espejo son símbolos egregios de la creación, podríamos decir entonces que Narciso por medio de su poesía está condenado a mirarse, condenado a escribir y ser. Esto se respalda con la práctica del mismo Lihn; en el poema Porque escribí, el autor amalgama libremente a la idea de crear con la presencia de la muerte y expone la escritura como un medio de vencerla, de arrebató y rebeldía dentro de lo que nuestra precariedad abismante permite.

Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos


Por tanto, el poema Vejez de Narciso no debe en su interpretación ser reducido a la mera realidad del observador que muere o se agota, o abandonar el sentido en los explícitos caracteres del ser mitológico que se torna objeto de su hacer, pasando a convertirse en lo observado, victima de una dialéctica de la cosificación. Narciso en definitiva por su proximidad con la muerte, por su espejo y creación (mimesis podrían decir algunos), es también una verdad metaforizada e irreductible, una experiencia meta poética, auto reflexiva, un ser que sintetiza en su actuar el proceder del creador de la palabra, atrapado en su obsesiva labor de leer y recrear al mundo desde su continuo percibir poético, como dice Lihn invocando a los eternos maestros de la juglaría, a los eternos Narcisos, a los dolientes que miran robándole algunos secretos a la nada:

Ah, poetas, no bastaría arrodillarse bajo el látigo
ni leernos, en castigo, por una eternidad los unos a los otros.
En cambio estamos condenados a escribir, y a dolernos del ocio que conlleva este
paseo de hormigas
esta cosa de nada y para nada fatigosa como el álgebra


Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: la Santísima Trinidad de las cuatro Esquinas

ENRIQUE LIHN, POETA MULTILIHNEAL por Eduardo Llanos Melussa

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Me permitiré comenzar estas líneas con un juicio directo: creo que la poesía de Enrique Lihn (03-09 - 1929/10 - 07 - 1988), en especial la publicada en la década de los sesenta, es una de las más significativas del mundo contemporáneo. Por cierto, no se trata de un poeta del que quepa esperar un "éxito de masas"; sin embargo, tampoco se trata de un desconocido, ni siquiera de un postergado: cuenta con varias publicaciones y reediciones fuera de Chile, incluyendo una antología traducida al francés y varias al inglés (la última de ellas publicada por New Directions, un exigente sello editorial de Nueva York); además, figura en numerosas antologías de la poesía hispanoamericana o latinoamericana; por otro lado, ha obtenido importantes premios (como el Casa de Las Américas en 1966) y becas internacionales (como la de la Fundación Guggenheim); por último -y esto ya es más elocuente-, críticos de primer orden han ponderado su labor (Guillermo Sucre, Julio Ortega, Saúl Yurkiévich, Jonathan Cohen, entre otros) y algo similar han hecho otros poetas hispanoamericanos (como el salvadoreño Roque Dalton, el argentino Juan Gelman, el peruano Carlos Germán Belli, el mexicano José Emilio Pacheco).Aunque resumida, semejante lista de indicadores muestra que no estamos haciendo un descubrimiento. Tampoco es ésa nuestra intención. ¿Qué es, pues, lo que nos proponemos? En cierto modo, invertir el recorrido trazado hasta aquí: en lugar de dejarse persuadir por el reconocimiento externo, propiciar un conocimiento más interno, un contacto con la textura viva de su obra poética. En esta ocasión el lector contará con una ventaja muy apreciable, que hasta ahora Lihn había regateado: en las páginas que siguen (1) se reúne gran parte de la producción poética de Lihn, que por primera vez se compila con una amplitud panorámica (multilihneal, diríamos) (2). Así, pues, todo lo que acá se diga podrá ser contrastado con los textos pertinentes. Por cierto, sería provechoso y necesario estudiar la poesía de Lihn estableciendo relaciones de semejanzas y diferencias con sus predecesores chilenos inmediatos (N. Parra, G. Rojas, E. Anguita), sus contemporáneos connacionales (Arteche, Barquero, Uribe y Teillier, principalmente) y, por supuesto, sus coetáneos extranjeros (Cardenal, Cadenas, Dalton, Madariaga, Gelman, Belli, Juarroz, Sabines, Zaid, Calzadilla, Jamís, entre los hispanoamericanos, y Ory, Gil de Biedma, Valente, Gamoneda y Rodríguez, entre los peninsulares). También resultaría pertinente hacer dialogar los textos de Lihn con los escritos en países no hispanohablantes (pensamos en ciertas conexiones interesantes con la actual poesía norteamericana, inglesa, alemana, francesa, italiana e incluso con la rusa). Sólo una contextualización de esa índole nos daría una idea comparativa de este original y nada complaciente poeta, cuya autenticidad lo ha hecho inasimilable y no apto para transformarlo en tótem o abanderado de la poesía nacional o internacional.Sin embargo, como desplegar un telón de fondo tal rebasa con mucho lo factible en un prólogo, nos limitaremos a sugerir la pertinencia de juzgar al mejor Lihn, el de los años sesenta, en el contexto comparativo que la poesía de diversos países ofrecía en esa misma época.Por ahora, procuraremos mapear el territorio poético de Lihn, tratando de dar cuenta simultáneamente tanto de su evolución como de sus recurrencias más marcadas.


I
En sus inicios, la poesía de Lihn es marcadamente subjetiva y presenta un tramado verbal que en gran medida puede caracterizarse como "convencionalmente lírico". En efecto, ella nos da la impresión de brotar desde un yo que parece coincidir con el hablante de los textos, como suele ocurrir, por lo demás, en la producción del poeta adolescente (Nada se escurre se publicó en 1949 y contiene poemas escritos antes de los veinte años).Sin variar de modo fundamental, el yo poético de su segundo libro (Poemas de este tiempo y de otro, 1955) proyecta una mirada más profunda, introspectiva y comunicante. Diríamos que este cambio está en estrecha correlación con la mayor frecuencia del tú, del otro, del destinatario de este mensaje confesional:
Negrura de mi ser, corona mía, diente mío del monstruo que me esperaen el fondo del sueñocuando en mí me desnudo hasta brillar,abrázame que estoy rodando solo,que estoy de pie y rodando sin azar ni destino, que se enfría mi llama, te digo.Algo de ti, indivisible, una partede tu semilla caiga a mi boca desde el cielo y la tierra;piedad, un pliegue de tu manto un círculo de tu seno donde el dolor de ser me redima de mí.
En este poema -titulado "Oración"- el otro es Lo Otro: lo divino capaz de redimir, de curar el dolor religioso. Pero en otros casos el otro es otro yo, objeto de contemplación y de meditación:
Me miro en el espejo y no veo mi rostro.He desaparecido: el espejo es mi rostro.Me he desaparecido;porque de tanto verme en este espejo roto he perdido el sentido de mi rostro o, de tanto contarlo, se me ha vuelto infinito o la nada que en él, como en todas las cosas, se ocultaba, lo oculta,la nada que está en todo como el sol en la noche y soy mi propia ausencia frente a un espejo roto.


Como se ve, el poeta no se da tregua: hurga en sí mismo hasta dar con su nadidad, su propia ausencia (significativamente, el poema citado se titula "La vejez de Narciso").Para ser precisos, habría que consignar que el lirismo de Lihn es, ya en su segundo libro, intensamente convivencial, al punto que sus autoobservaciones a menudo están motivadas por la relación interpersonal. El emisor, aunque claramente coincidente con el yo del texto, está al mismo tiempo consubstancializado al otro; su vivencia es una con-vivencia. Véase, por ejemplo, el inicio de este poema dedicado a un pintor fallecido prematuramente: "Hoy murió Carlos Faz":
Porque un joven ha muerto pido que me demuestren, una vez más, el valor de la vida, antes que este cielo de octubre me haga bajar los ojos hacia una tierra en ruinasy el canto de los Pájaros y el canto de los niños se confundan en un mismo lamento en lo alto del coroy las flores de octubre sean los incensarios que me envuelven con su perfume húmedo y oscuro.
Posteriormente, el hablante de la poesía de Lihn se independiza del yo autorial, si bien la subjetividad de éste sigue trasluciéndose en la elección y el tratamiento de temas y motivos, como también en el plano de la sintaxis (que se va tornando cada vez más discursiva y prosaria, hasta acercarse al estilo narrativo de la corriente de la conciencia).En La pieza oscura (1963) aparece el primer cambio evidente en el plano de la enunciación. En efecto, los poemas "Monólogo del padre con su hijo de meses" y "Monólogo del viejo con la muerte" presentan hablantes que ya definitivamente no coinciden con el yo autorial anterior. En el primero, como el nombre lo indica, un padre monologa ante su hijo de meses; es decir, se trata de una escena empíricamente improbable (¿qué padre hablaría así a un infante?), pero poéticamente muy verosímil:
Nada se pierde con vivir, ensaya; aquí tienes un cuerpo a tu medida. Lo hemos hecho en sombra por amor a las artes de la carne pero también en serio, pensando en tu visita como en un nuevo juego gozoso y doloroso; por amor a la vida, por temor a la muerte y a la vida, por amor a la muerte para ti o para nadie [... ].
El poema "Raquel", de este mismo libro, despliega no ya uno, sino varios hablantes, de los cuales ninguno es, como se verá, identificable con el propio autor. El mismo Lihn nos da una pista con una nota en letra chica, al final del poema, la cual reza así: "Este poema está escrito en varias voces. Hablan el narrador y dos mujeres. En cursiva los parlamentos de Raquel". Nótese que el autor (de esa nota y del poema todo) usa la palabra "narrador", marcando así una distancia respecto a este hablante -ya de suyo distanciado respecto a Raquel- y su interlocutora. Nosotros diríamos que, por otra parte, este poema acusa cierto influjo del Eliot de La tierra baldía, en especial por su desdoblamiento desentimentalizador.El cuarto libro de Lihn, Poesía de paso (Premio Casa de Las Américas, La Habana, 1966) agrega otro nivel de complejidad en la enunciación: un yo que no sólo autoironiza, sino que además practica el autosarcasmo, una burla despiadadamente autodirigida, como si el autor no quisiera ser cómplice de sí mismo y se deshiciera de su propia máscara. Véase en "La despedida" cómo el autor cambia desde la primera persona del plural a la primera del singular:
Ah, nosotros en cambio... ni griegos ni romanos; gente dejada de sus propias manos,los que cambiamos el disco rápidamente por temor a que los gritos llegaran al techo.Tránsfugas de la tribu en la tierra de nadie; calculadores, jugadores y tristes por añadidura.Y confusos.Es por una deformación profesional que me permito, Nathalie, mojar estos originales con lágrimas de cocodrilo frente al espejo, escribiéndote,tratando de sortear la duplicidad del castigo [...]


El emisor es aquí responsable de dos hablantes: uno un tanto melancólico, caviloso, que habla en plural, y otro que califica de "lágrimas de cocodrilo" el lamento anterior, atribuyéndolo a una "deformación profesional". En este sentido, la mención del espejo intensifica y configura una imagen certera del desdoblamiento: mirando el rostro propio, se agudiza la conciencia autocrítica, que termina por trascender el mero narcisismo permaneciendo alerta ante los accesos de lirismo del otro yo.Estas alternancias merecen una aclaración más detenida. En primer lugar, digamos que en Lihn -por lo menos en el mejor Lihn- el surgimiento de la segunda voz se desprende de la propia textura comunicacional, brota de una dinámica de auténtica autognosis. En segundo lugar, digamos que tal hecho da a esta poesía un efecto de actualidad, en el sentido de que el lector tiene la impresión de estar presenciando un proceso de autoexamen que está ocurriendo ante él, por necesidad de una fuerza imperiosa: la de una subjetividad que se introvierte y ausculta sin hacerse concesiones, pero que también tiende sin cesar hacia el otro, casi como si anhelara oxigenarse en un diálogo que lo libere del encierro. La musiquilla de las pobres esferas (Santiago, Chile, 1969) es, en este sentido, un libro clave y abundante en ejemplos de esta suerte de polifonía a que hemos venido aludiendo. Véanse algunos poemas en particular. En "Mester de juglaría" se advertirá, ya desde el título, una alusión al oficio poético; en efecto, el poema se inicia en un tono provocativamente paródico (autoparódico, a la postre):


Ocio increíble del que somos capaces, perdónennos los trabajadores de este mundo y del otro pero es tan necesario vegetar.Dormir, especialmente, absorber como por una pajilla deliranteen que todos los sabores de la infelicidad se mixturan rumor de vocecillas bajo el trueno estos monstruos nuestras llagascomo trocitos de algo en un calidoscopio.Somos capaces de esperar que las palabras nos duelan o nos provoquen una especie de éxtasis en lugar de signos drogas y el diccionario como un aparador en que los niños perpetraran sus asaltos nocturnos [...]


Seguidamente, el poema abandona ese tono algo general y distanciador, haciéndose cada vez más y más autoalusivo, hasta representársenos como un acto dramático que está ocurriendo aquí y ahora, simultáneo a nuestra lectura:
[...] En cambio estamos condenados a escribir, y a dolernos del ocio que conlleva este paseo de hormigasesta cosa de nada y para nada tan fatigosa como el álgebrao el amor frío pero lleno de violencia que se practica en los puertos [...].


Nótese que la conjugación en tiempo presente y la insistencia anafórica y deíctica ("este paseo de hormigas", "esta cosa de nada y para nada") crean aquí también un efecto de escenario visible, de fenómeno actual; sin embargo, el segundo símil desplaza la analogía desde lo fatigoso del "álgebra" hasta "el amor frío pero lleno de violencia que se practica en los puertos". Es decir, el plano autoalusivo aparece y desaparece, el texto oscila entre su propio aquí y un allí extratextual; la referencialidad combina así una modalidad centrípeta y otra centrífuga.El poema "A Franci", del mismo libro, constituye otro ejemplo:
Te quiero, qué comienzo, peor es tragar salivay peor aún este nudo en la garganta que toma los contornos del mundo o la forma de un grano de ripio pegado a la planta de los pies, sigue un nombre incompleto uno de los que ustedes usan me perdonarás que le agregue una s.Verónica, mi vida (es otro de tus nombres).Toda mi poesía debiera dedicártela si sólo girara en torno a la bellezao del amor que únicamente tú y la primavera de Boticelli me inspiran por partes iguales
Obsérvese cómo el hablante se desplaza verticalmente ya en la horizontalidad del primer verso: "Te quiero, qué comienzo", que presenta un giro metalingüístico, como si la conciencia literaria del autor considerara demasiado efusiva la expresión inicial. Y si bien el segundo verso se encarama sobre este lenguaje segundo -constituyendo así un lenguaje tercero, metametalingüístico-, este andamiaje se desmonta en seguida por la vía metafórica; en efecto, tras la comparación del segundo verso ("peor es tragar saliva"), que toma distancia incluso del distanciamiento autocrítico ("qué comienzo"), el poema hilvana una serie de símiles para desembocar de nuevo en la apelación: "Verónica, mi vida (es otro de tus nombres). / Toda mi poesía debiera dedicártela si sólo girara [... ]". El texto continúa trenzando todos estos niveles, cruzando una serie jerárquica de planos metalingüísticos con los planos de la comunicación interpersonal, donde el discurso se abre a un tú. Simultáneamente, en el fragmento citado concurren variadas expresiones de sensorialidad somática más bien angustiosa -"tragar saliva", "nudo en la garganta", "la forma de un grano de ripio pegado a la planta de los pies"-, pero a tal somestesia se añaden una observación fonética -"me perdonarás que le agregue una s"- y luego un rebautizo poético -"Verónica, mi vida (es otro de tus nombres)"-, rematando al fin en una consideración comparativa que conecta lo corpóreo y lo incorpóreo, la contemplación erótica y la pictórica. Y lo más notable de todo: el poeta se mantiene fiel al mismo tiempo a su natural lúdico y a su fondo lírico, a su talante de enamorado y a su talento intelectivo. ¡He ahí el carácter natural y no programático de la metapoesía lihneana!Este registro metalingüístico ocurre también cuando el autor alude a sus propios libros o poemas anteriores. Por ejemplo, en Poesía de paso (1966) hay un poema titulado "Monólogo del poeta con su muerte", título que es obviamente una referencia cruzada a los monólogos ya aludidos de su libro anterior, La pieza oscura (1963). En este último hay también un bello poema titulado "Gallo", que parece prolongarse en otro homónimo de La musiquilla... y que de hecho se inicia así:
Canta este gallo, el mismo, y yo: ¿soy otro?


Además, habría que agregar que el hablante se transforma más bien en viajante -y por tanto en espectador- a partir de Poesía de paso. Este desplazamiento importa porque afecta y modifica la escritura: por un lado refrena la autoalusión, en la medida en que el discurso está demandado por la realidad extranjera; por otro lado -y en esto no hay contradicción, sino alternancia y simultaneidad de planos, fenómenos que enriquecen y complejizan estos poemas-, el poeta vuelve a hablar de sí mismo, de su condición por último, como se recordará, el extrañamiento es también, para los formalistas rusos, un recurso estilística a través del cual el arte logra desautomatizar sus materiales, demorando e intensificando nuestra percepción de la obra y la realidad.


II
Quizás la descripción anterior haya dejado la impresión de que en la poesía de Lihn predomina sin contrapeso una voz nocturnal, introversiva, propia de un sujeto siempre en trance de flectarse sobre sí mismo. Lamentaríamos haber dado una visión tan parcial. En verdad, al menos en mi opinión, el mejor Lihn es una original amalgama de un inocultable temple lírico y de un talante irónico y distanciador; de la fricción y mutua vigilancia de ambos es que brota ese registro tan peculiar. Sin embargo, así como en la interioridad del hablante coexisten babélicamente tantas lenguas diferentes, así también vemos una multiplicidad de interlocutores. En efecto, estos diversos yoes poéticos interpelan o dialogan con una variedad muy amplia de personajes: el sexo opuesto, los amigos, otros artistas o escritores jóvenes y congeneracionales (Carlos Faz, Carlos de Rokha, Roque Dalton, Pedro Lastra) o del pasado (Poe, Baudelaire, Rimbaud, Kafka, etc.). Parte de esta poesía se dirige -en son de parodia- a los lectores de la posteridad, a los trabajadores, a los líderes políticos, a los censores (que en nuestro Chile actual han proliferado al amparo de un autoritarismo triunfalista y monologante). Los destinatarios y los interlocutores intratextuales de los poemas de Lihn son seres vivos o muertos, anónimos o reconocidos (una muchacha del pueblo, una mulata, una cantante lírica en proceso de decadencia, un pintor de muerte prematura, un suicida, un deficiente mental que tamborilea patéticamente un tarro en pleno Paseo Ahumada); por debajo de tal diversidad, el lector advierte un denominador común: la vividez con que insurgen en el poema, la plasticidad con que la palabra configura sus presencias, la agudeza del ojo que los contempla y recrea.


III
Hemos visto -sumariamente, por cierto- quiénes hablan en los poemas de Lihn, como asimismo a quiénes o con quiénes; pero cabe preguntarse acerca de qué lo hacen, cuáles son sus referentes. Una vez más, la respuesta obliga a desplegar un vasto abanico, semejante a la enumeración precedente, que de hecho nos entregó una primera pista temática: eros, la historia, la poesía, la literatura, el arte en general, la compleja dialéctica de la precariedad del poeta y el poder de su percepción. En los primeros libros de Lihn predominan los temas clásicamente líricos, casi elegíacos. Luego, a partir de La pieza oscura, hacen su ingreso la historia y la contingencia relevante, el antiimperialismo (ver "La invasión"), el mundo neblinoso del inconsciente, de la sexualidad infantil (ver el poema "La pieza oscura", que da título al libro), el marxismo, el existencialismo y más tarde el estructuralismo. Naturalmente, estos últimos no aparecen tratados como temas de discusión, como referentes explícitos, sino sólo como afluentes subterráneos e invisibles del caudal mayor: la existencia y la conciencia, el hablante y el mundo en una simbiosis de lucidez desesperada, pero inclaudicable.En el plano cultural, una serie de poemas alude a obras pictóricas, que es el mundo natural del autor (estudió Bellas Artes en su juventud) y que explica la iconicidad de sus textos. En el plano social, varios poemas aluden a la situación de los países visitados (España, Cuba, Perú, U.S.A., Canadá, India) y también al problema nacional (como en "La derrota" de Poesía de paso, en El Paseo Ahumada, de 1983, o en La aparición de la Virgen, de 1987).


IV
Una caracterización de la poesía de Lihn estaría necesariamente incompleta si no aludiera a la relevancia que en ella tiene el lenguaje. De no ser una fórmula ya manida (y que en Chile se predica de quienquiera redacte en vertical y declare hacerlo con arreglo a un "proyecto poético"), podríamos afirmar que esta poesía constituye una profunda meditación sobre el lenguaje. Aquí la palabra "meditación" debería remitirnos, por vía etimológica, a la escena de un ser que se dice a sí mismo, que conversa consigo mismo (medito = me digo). Véase, por ejemplo, cómo concluye el extenso poema "Mester de juglaría":
Que otros, por favor, vivan de la retóricanosotros estamos, simplemente, ligados a la historia pero no somos el trueno ni manejamos el relámpago. Algún día se sabráque hicimos nuestro oficio el más oscuro de todos o que intentamos hacerlo.Algunos ejemplares de nuestra especie reducidos a unas cuantas señales de lo que fue la vida en estos tiemposdarán que hablar en un lenguaje todavía inmanejable. Las profecías me asquean y no puedo decir más.
El lector notará que no hay incompatibilidad alguna entre esta meditación privada y el mensaje abierto al mundo; más incluso: se percibe que ambos niveles se enriquecen mutuamente, generando un espacio intermedio que hace posible y aun necesaria la intervención del lector: el espacio en que el lenguaje "esmalta el escenario" en tanto lenguaje. Toda la poesía de Lihn parece secretamente inervada por esa conciencia irrenunciable respecto de la inevitabilidad del lenguaje, y es de esa incómoda lucidez que se nutren el ritmo -propio del monólogo interior- y la metaforicidad. Véase el poema "Silbido casi tango":
Pero no puedo seguir en todo esto Póngase la muerte en mi lugar soy un hijo de nadaCruel manera de huirse de no dar en el blanco de lo que es Intolerable todoLa angustia con su técnica-quien así no la llame miente en Freud-la angustia de saberse en esta angustia el salir a la noche porque ya no se tiene otra salidaeste mundo mortalmente deshabitado para mí como si alguien me hubiera quitado el saludo masivamente.Puente de quéroto entre yo y las gentes qué delgadez la de mi pobre sangre [...]Canción en que me enervo, de extramuros silbido casi tango: obscenidad porque no da lo mismo callarla o entonarla si la verdad es ésta: ¿una falta profunda de suicidio?
O véase este otro poema, también perteneciente a La musiquilla de las pobres esferas:
Este no querer ser lo que se es este rechinamiento,y el gusto, en todas partes, de lo que uno se pierde miserablemente [...]
Así, pues, vemos que el gran protagonista de esta poesía no es tanto un "hablante lírico", sino un hablar lírico que se cuestiona su propio fundamento y explora en zonas más insondables su identidad, la cual se reduce siempre al lenguaje, como lo expresaba nítidamente esta "Elegía a Carlos de Rokha" (La pieza oscura):
[...] Si la vida no es más que una locura lo que importan son los sueños y aún el delirio, la mentira piadosa de las palabras en libertad arrojadas al millar de los vientos nocturnos, como en tu poesía: la oscuridad vidente:palabras como brasas, balbuceos del fuego.
Tenías que morir acaso así, como quien despierta de sí mismo en un acceso de sangre;es sorprendente, pero natural,la poesía ha muerto, entre nosotros, fue un sueñotú sabes qué difícil de conciliar entre otros:palabras y, en el fondo sigue a la exaltación un cansancio profundo, sólo una rabia negra que tiende a confundirse con la oscuridad. [... ]
En el poema final de La musiquilla... ("Porque escribí"), la meditación metapoética parece serenarse y encontrar la satisfacción interior dentro de sí misma, dentro de su propia ley: la conciencia tranquila de saber que se hizo lo que se debía hacer:
Ahora que quizás, en un año de calma, piense: la poesía me sirvió para esto: no pude ser feliz, ello me fue negado, pero escribí [...].
Ese mismo poema -que por cierto las antologías han empezado a acoger una tras otra- sobrevivirá a su autor por muchos años y constituye una auténtica declaración de principios artísticos y existenciales.
V
Las páginas precedentes buscaban instalar un telón de fondo -lo más amplio posible- para contrastar en él algunos rasgos escriturales de la poesía de Lihn. En su caso, la poeticidad se consigue en gran medida por la enorme verosimilitud del drama de un hablante que desea trascender el lenguaje y dotar de sentido a su existencia, pero que al cabo constata una vez más su impotencia y su única y precaria posesión: el oficio de la palabra poética.
Qué sería de mí sin mis palabras, sin mis pequeños signos de impotencia, yo a quien ni tan siquiera la impaciencia de una espera es posible. [...]
A menudo esa poeticidad evoluciona hacia la metapoeticidad: el autor escoge una actitud ante la poesía -la hipervigilancia verbal-, claramente opuesta a la actitud del mesianismo neorromántico, del sonambulismo hipnótico, del pintoresquismo. Pero Lihn toma distancia incluso respecto a la óptica del realismo y del absurdo entremezclados (la antipoesía de Parra), de la profecía revolucionaria (cierto Cardenal, cierto Dalton, Urondo, para mencionar los casos más auténticos). Pese a ello, la poesía de Lihn no sólo no escamotea la circunstancia histórica, sino que la configura y transfigura poéticamente. Aunque sea en un status margíneo, el poeta da su testimonio y se condena así a su Pena de extrañamiento. Pero es precisamente esa coherencia personal lo que dará a Lihn la audiencia que merece y lo destacará justicieramente en un panorama tan poco propicio para la lírica:


Salvo honrosas excepciones ya no hay grandes poetas que no parezcan vendedores viajeros y predican o actúan e instalan su negocio en dios o en la taquilla de un teatro de provincia. Ningún Misterio: trucos del lenguaje.Discursos, oraciones juegos de sobremesa todas estas cositas por las que vamos tirando
Por nuestra parte, a mucha distancia de ciertas neovanguardías amnésicas que confunden "ruptura" con ninguneo y prestigio con celebridad, creemos que la producción poética de nuestros antecesores merece una lectura atenta y condigna del noble oficio que se comparte con ellos. Actitudes opuestas, es decir, la pereza, la ignorancia voluntaria y la impaciencia por "ocupar un lugar en la primera fila", son malas consejeras, y en todo caso tienen un efecto culturalmente suicida.Pero dejemos que sea finalmente el propio Lihn quien formule el problema esencial que enfrenta hoy el poeta:
Si se ha de escribir correctamente poesía no estaría de más bajar un poco el tono sin adoptar por ello un silencio monolítico ni decidirse por la murmuración.Es un pez o algo así lo que esperamos pescaralgo de vida, rápido, que se confunde con la sombra y no la sombra misma ni el Leviathan entero [...].

Eduardo Llanos Melussa.Santiago, octubre 1987



NOTAS


(1) Ruego al lector recordar que el presente texto fue escrito en 1987 como prólogo a una antología que finalmente se publicó (en versión más reducida) con el título de Álbum de toda especie de poemas (Editorial Lumen, Barcelona, 1989, 154 pp.). Salvo alguna errata aislada, es una muestra bastante confiable, en la que se echan de menos, no obstante, algunos de los mejores poemas de sus libros más representativos, como "La pieza oscura", "Mester de juglaría" y algunos otros. La omisión se explica, en parte al menos, porque Lihn había incluido algunos de ellos en la breve muestra editada en Madrid por Hiperión (Mester de juglaría, 1987) y por tanto juzgó improcedente repetir los textos en otra editorial del mismo país.


(2) Hay, aparte de las traducciones ya mencionadas, otras antologías de la poesía de Lihn, pero ninguna de ellas tiene pretensiones de exhaustividad; así, Antología al azar (Lima, Ruray, 1981) sólo incluye 15 poemas, mientras algo semejante ocurre con Algunos poemas (Ocnos, Barcelona, 1972). Ediciones Hiperión publicó Mester de juglaría (Madrid, 1987), selección de siete poemas largos, tomados de diversas obras de Lihn. Por mi parte, bajo el título de Porque escribí, publiqué en Fondo de Cultura Económica (Santiago, 1995) la antología más panorámica que existe de este poeta. El compañero de generación y amigo de Lihn, Germán Marín, compiló: El circo en llamas. Una crítica de la vida (LOM Ediciones, Santiago, 1997, 694 pp.). Al año siguiente y bajo el mismo sello, Roberto Merino y Matías Rivas publicaron una breve selección: Antología de paso (Ediciones LOM Colección Libros del Ciudadano, Santiago, 1998, 72 pp.), que incluye dos poemas de un libro juvenil inédito (Día a día, 1952). Finalmente, Dave Oliphant publicó Figures of speech Poems by Enrique Lihn (Host Publications, Austin, Texas, 1999, 187 pp.).



Los Gemidos de Yanquilandia por Pablo de Rokha

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El primer libro del poeta chileno Carlos Ignacio Díaz Loyola mejor conocido como Pablo de Rokha, se titula Gemidos y data de 1922, antes de esta obra, el autor había publicado su poesía en revistas y folletines, entre los cuales se destacan versos de infancia de 1916, antología hecha para Selva Lírica y luego el folletín del diablo de 1920 en revista Claridad, hay otras publicaciones como Sátira, pequeño libro de 1918, empero lo importante de todos estos títulos radica en su carácter, pues pese a tratarse de obras núbiles, pertenecientes a una primera etapa de decantación de la voz del autor, ya el lector puede apreciar la forma que tiene De Rokha para entender la realidad y plantearse frente al mundo como creador e integridad que sostiene una fuerte convicción vitalista.

En sus poemas iniciáticos reconocemos parte de su formación religiosa y su lectura febril de la biblia en el seminario conciliar de San Pelayo del cual fue expulsado en 1911 por su acercamiento a códices blasfematorios, vertiente pagana alimentada por las páginas de Voltaire y la voz de los poetas románticos europeos, en especial los filósofos voluntaristas alemanes que tanto influirían en su cosmovisión, luego aparecerían de manera prominente las ideas anarquistas expandiéndose en sus versos la crítica antiimperialista y el tema social, y es en este último apartado, el social, que no podemos obviar como elemento gravitante de la educación sentimental de Pablo de Rokha, su larga convivencia y cercanía con el campo chileno. Nacido en Licantén en 1894 sus primeros pasos antes de partir a Santiago, los dio en Talca y Curicó en los bordes cordilleranos acompañando a su padre, una figura fuerte que también lo marcaría en su proceder como hombre y poeta. La vida rural, el aire libre, lo trascendental de la naturaleza plagada de paisajes, ruidos y fuerzas que conviven con el hombre, forjador de costumbres, tatuarían su infancia y adolescencia, llegando cada imagen y símbolo rescatado de esos primeros e impresionables años, a elevar esta realidad y sus personajes a la calidad épica de macrocosmos y protohombres respectivamente.

En la fabulación Rokhiana, vemos el mundo rural como una mitología mundana de figuras heroicas, a veces satanizadas, sufridas y abnegadas pero siempre epónimas, fundadoras de una identidad, de un accionar con el cual el amigo piedra (apodo con el cual llegó a ser conocido el poeta) comulga en un sentido Whitmaniano. De Rokha asume el rol de gigante patriarcal bíblico y cósmico, esto se aprecia transversalmente en la obra reseñada, Los Gemidos, pero con especial énfasis en los cantos, podríamos decir uno y dos del poemario, Balada de Pablo de Rokha y Epitafio en la Tumba de Juan el Carpintero.

Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir, los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome (Balada de Pablo de Rokha)

Las sencillas gentes honestas del pueblo veíanle al atardecer explicado a sus hijos el valor funeral de las cosas del mundo; anochecido ya, cantaba ingenuamente junto a la tumba del rorro, -- un olor a virutas de álamo o quillay, maqui, litre, boldo y peumos geniales perfumaba el ambiente rústico de la casa, su mujer sonreía; no claudicó jamás, y así fue su existencia, así fue su existencia. (Epitafio en la Tumba de Juan el Carpintero.)

Esa idea panteísta de ultravalorización del cuerpo y las raíces con el universo, es la que se opone como fuerza dinámica, como furia desatada a un mundo artificial y mecánico, alienante y de relaciones tipográficas, frió y a la moda. En el poema Edison (La vida práctica) parte del canto a Yanquilandia, el hablante creado por De Rokha, acribilla los principios tecnocráticos de relacionalidad que rigen a la cultura americana a principios del siglo XX, mismos que se proyectan hasta nuestros días como una ideología empresarial del consumo y control.

Nacimientos por teléfono, defunciones por teléfono, matrimonios por teléfono, toda la epopeya, toda por teléfono, enamorarse radiotelegráficamente, vivir y morir en aeroplano, cien, doscientos klmtrs. sobre el nivel de los viejos valores humanos, los viejos valores humanos, existir a maquina, conocer a maquina, recordar a maquina, ver a maquina, a máquina, el espectáculo gris de los ángulos (…)

Podemos apreciar como todas las dimensiones del hombre, desde el nacimiento a la muerte, sus valores, lo más abstracto de su ser hasta las actividades primarias, laburo y economía, la epopeya completa de existir y las principales instituciones de una comunidad, el matrimonio y el ejercicio básico de los sentidos, están atravesados por adjetivos que reflejan una visión sistematizada y atomizante del ser humano y su comunicación.

(…)mesurar los fenómenos sentimentales, intelectuales, sensacionales, adoptando el sistema métrico-decimal como unidad inicial, como unidad inicial y el dolar como fin, casarse por sport, matarse por sport hacer reclamé a los pechos divinos de las niñas y a1 vientre de la viuda, ir cinematografiándose a lo largo de las tristezas diarias convertido yo, el hombre, yo, el hombre, yo, el hombre convertido en errantes panoramas efímeros, panoramas efímeros y temas azules.. (--País de LOS DIVORCIOS! . ! . . ) (Edison)

El gigante imperio en esa medida es representado por sus falsos profetas con sus respectivos recetarios de éxito, Woodrow Wilson, Rockefeller y P. Morgan son algunas de las personalidades que De Rokha resemantiza como significantes de un mundo degradado. Entes que proclaman su verdad desde una aparatosa tribuna de barro y grandes orgullos de cemento y metal, coliseos, puentes, milagros de la arquitectura que sumados aplastan al hombre común con su retórica sofista y millones en dólares acuñados por la potestad del sello y burocrático papel.

A la imagen de Norteamérica imperial se le opone una gran figura como representante de la verdadera cultura y saber nacional de ese país, los principios trascendentales de Emerson y la vida en los bosques de Thoreau, padre de la objeción de conciencia, se sintetizan en los pasos enarbolados de un gigante digno de ser laureado, Whitman no es un hombre o simple poeta, es una energía del universo reconocida por seres vivos e inertes,
por rocas, excremento, hormigas, elefantes y cuerpos celestes como un hermano, como un padre, como una voz inmemorial y el poeta nacional al seguir sus pasos, busca esa amalgama legendaria y democrática con el cosmos.

Como un Dios que edificase poemas a bofetadas mentales, Walt Whitman está sentado, está sentado sobre la majestad de la vida con el entendimiento del coraz6n en Yanquilandia, la pierna derecha en Pekín y la pierna izquierda en Berlín, todo el cuerpo sobre TODO el mundo, jugando poker con los muertos sobre el tapete azul de lo infinito, platicando con las estrellas y oyendo, oyendo, oyendo los ruidos cóncavos y trascendentales de la época, (…)

Le dicen las hormigas: salud Walt Whitman!... los honestos elefantes extensos: cómo estás hermano? y las tortugas, los sapos, el Rey de las Españas, los mendigos, los parlamentarios, las vacas, el Presidente, los caballos, los obispos, los cocheros, la luna, los excrementos le dicen, le dicen golpeándole la espalda: hermano Walt Whitman, Walt Whitman, Walt Whitman eres NUESTRO hermano, NUESTRO hermano Walt Whitman. (…)
(Walt Whitman)

Por aquel afán de constituir una voz totalizante e integradora, capaz de fundar una identidad y cultura en la palabra, se debe reconocer a De Rokha con sus Gemidos como padre de la poesía chilena, inaugurador de una voz única tal como lo fueran Vallejo en Perú con Trilce, Maple Arce en México como fundador del estridentísimo con su obra Andamios Interiores o Girondo en Argentina con XX poemas. Pues tanto la utopía que se plasma en su decir no se agota como una quimera desembarazada del hombre y su dolor, no es un escapismo, sino una confrontación con el acto prodigioso de existir y luchar la vida, como dice el autor, aún cuando se conciba todo intento como un fracaso anticipado.

La Batalla de la vida va perdida desde la cuna sin embargo lo heroico es ganarla.

Y es en esa lucha de ideas, en esa dialéctica de la poesía como arma y hogar, como cuna y tumba, que se gestan juicios contradictorios y severos hacia la universalidad humana en su plenitud, por tanto los líderes de Yanquilandia no son la excepción, los presidentes y empresarios y sus ciudadelas del capital como Chicago, son grandes moles sustentadas por una filosofía bursátil y carnívora.

Situado en la estupenda, la, estupenda tribuna mercantil de Washington, predominando sobre Ias vagas colinas del Derecho de ayer y sus tabladillos intercontinentales, mirando hacia ninguna, ninguna, ninguna- parte Woodrow Wilson lee la biblia a los pueblos modernos. *** Y sus tristes mentiras suenan como las músicas anacrónicas del barrio, rurales, otoñales, dominicales y la voz lluviosa de los muertos en las trágicas tardes trágicas de la época. (Woodrow Wilson)

El comportamiento eversivo se resume en el proceder de la bolsa de comercio, los clubs y cines repletos de hombres y mujeres carentes de vísceras, sintéticos sportmans, dandys y bailarinas de foxtrot, atrapados por la pantalla grande y el encandilamiento voraz de sus vestimentas y ademanes que dirigen su accionar hacia este tercer mundo necesitado de discursos y mitos, bailes y señoritos falsificados que venden al crédito y con los más altos intereses, una identidad.

Capital: 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de dólares. ¿Quiere usted, quiere ud. Transatlánticos, momias, feto, hombres, momias, fetos, hombres, dinamos, ferrocarriles, tractores, camiones, motores, rameras, gusanos, automóviles, yodosalina, catedráticos, vacas Holstein o Dirham, sabiduría en inyecciones hipodérmicas, honradez a la cocotte, arte puro, arte embotellado por nosotros en las botellas mahometanas del tipo Alah, presidentes especiales, especiales, especiales para Sudamérica, o cualquiera otra maquina, animal, manufactura, cosa por el estilo?... escriba a : U.S.A. Company, U.S.A., pidiendo catálogos, pidiendo catálogos, pidiendo catálogos. (U.S.A. Company)

Con la muestra de estos poemas del libro Los Gemidos y en específico del canto a Yanquilandia, vemos como se inaugura lo que será su potente y fructífera creación que supera la cuarentena de libros, podemos además percibir ya en ese entonces, los ribetes extremos de un autor polémico, abismado por lecturas anticanónicas lo cual lo hacia diverso a sus pares en su talante, convicción de enfrentar la realidad y ánimo creativo.

Ideológico y contestario las profundas convicciones de Pablo de Rokha lo opusieron a la crítica no preparada para comprender y respetar su trabajo en la diversidad de su propuesta, tal como ocurrió con otros adelantados en Chile, Juan Emar por ejemplo. La reticencia del medio hasta el día de hoy, incapaz de aceptar o desplegar estudios adecuados a una obra de tal magnitud son prueba irrefutable de la incomprensión e indiferencia, sin embargo algo se ha avanzado por el esfuerzo de estudiosos como Nain Nomez o ediciones como la reciente publicación de El Valle Pierde su Atmósfera de Editorial Cuarto Propio, dedicada a la figura de la gran poeta y esposa de Pablo de Rokha, Luisa Anabalón Sanders, también conocida como Winett de Rokha. Musa inspiradora del autor y fuente de su más descarnada ternura.

Filosofando caminas sobre las tumbas del planeta Reíste a los tres días de nacer, dulcemente de nacer, porque ya eras madre de lo creado y abuela de los muertos. Paz, sonora canción nacida de un tajo hecho en la tierra, sin héroes o niños divinos antes de ayer. Y manas sangre de árbol-árbol con olor a surcos llenos de simiente. Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces. E iluminas el camino hacia el hombre distante. Desengañada te crees y tus días son cuentos para niños. (Epitalamio)

La obra del poeta por tanto, podemos calificarla a grandes rasgos como una trabajo post-vanguardista, aún cuando contextualmente el poeta se haya inmerso en el boom y decadencia de los grandes -ismos, lo que brilla con preeminencia en sus páginas es la presencia de recursos antipoéticos, híbridos e hiperbólicos que se debaten entre una visión mítica, totalizadora y metafísica de la realidad, del ser como parte del todo universal y en esa medida como consciencia comunicante del cosmos a través del lenguaje, del canto poético constituido por una intertextualidad mesiánica y parabólica con el génesis y otras figuras como el culto ditirámbico a Dionisio, para luego figurarse ambivalente y contradictoria como una razón descreída, fatal, al tanto de su precariedad y el dolor de enfrentar el fracaso como una posibilidad irreductible lo cual nutre su expresión con elementos grotescos, carnavalescos de glotonería y escatología, rompiendo con una concepción unitaleral de belleza y lirismo, optando por el balbuceo, la fragmentación y la vertiente erosionada de la palabra como prosa que revela en su fluir de ideas. conectadas por la reiteración y solidaridad del hablante, una razón escindida y cruzada por una disparidad de voces que se van superponiendo como un gran muro profético y expresivo que hace de lo popular un universo y lo cósmico un sentir y proceder.

En conclusión Los Gemidos y cada canto que compone su necesidad irremediable, intrínseca y fatal de hacer poesía con el azar de los sucesos, como quien respira, bebe o anda, hacen del poemario la primera pieza madura y monumental del autor, su carácter totalizador se aprecia no sólo en el volumen del texto sobre las trescientas páginas sino por la cantidad de temas que abarca desde un profético y mesiánico yo que vidente se debate entre su naturaleza cósmica y panteísta como fuerza egregia de la naturaleza hasta su capacidad fértil de fundar la realidad por medio de la palabra y confrontar la mundanidad y sentir precario de un ser condenado a ser devorado por la nada que sin miedo y en su ley, tal como Juan el Carpintero vivió setenta y tres años sobre la tierra amando su oficio con la honorabilidad del hombre decente, juzgando a peones y canallas, hombres y sociedades, según el ejercicio y consagración de su espíritu.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

Daniel Rojas: Circular. (del libro inédito - Grama)

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Errante,
bárbaro,
Disquisición vagabunda para la escoria común…


((palabra))
se oculta, enmascara, conspira y fragua


“papi, podemos ir al parque esta vez”



El perdón de todos los adioses sin sentido
Violáceos golpes
y
duros Silencios


“Cállate, cállate mierda, hasta cuando cresta me obligas a sacarte la chucha, que no vez que no me gusta, pero es tu culpa, tu te pones ahí y no me dejas otra opción, no vez que no quiero estar aquí. Por qué me obligas”



En la erótica mitad, lo expuesto,
en carne viva,
hambrienta,
malsana,

Degollada hiede a trago, cuando hermosa tambalea su timidez,



“Creo que me gustas, un poco, aunque no lo suficiente, a ver date vuelta y muéstrame tu cosita”



rencor e ira con patas en forma de rosario, corrijo, corriendo va como cangrejo descascarado

hundido
Y SUFICIENTE, COMO TODAS LAS DEMÁS,
SANGRA AL CALOR DE LOS DEDOS

Se derrite / sobre millones de impasibles vientres voraces / se vuelve espuma.

y su mediodía -Definido entre tanta liquida navaja de frescor y en un tamborileo de brumas en forma de cemento y vidrio,

La ciudad, conventillo de disímil luz, de infabulable solución



“Así, eso, mátame, de una vez, rómpeme”


agrietada pierde la constancia, como el ceniciento humor de aquella arabesca niña, gastada, tan sucia y que hay del intelecto paterno. EN VÉRTIGO AMBULATORIO RÍE, SE MUERE A CARCAJADAS Y ACRIBILLA A OTROS CON SUS DIENTES


“Puta, estoy harto de la gente, los odio a todos, si pudiera borrarlos, vomitarlos a todos, empezaría contigo”



Sin voz ni ojos, las calles de latex rosado, producto del encierro y la pulcritud sensible, la cárcel de miradas, esa otra, otra en la sensación diluida y aunque sensata, puerca…

Puerca al mundo y su reflejo de vil computadora,


“Madre, si tu vieja culiada, cierra esa puta puerta y siéntate de una vez carajo, vieja hueona porque no te duermes y cierras el hocico”



Con aperfilado cristal y angustia misógina, dirime por debajo de los senos tanto profético sudor de hembra intemporal…. Nos baña y consiente…

Y en el cuello, las tumbas de mil perros heridos se acumulan, el orgullo, pudor y sarna de animal despellejado con infantes ruegos, recoge la tirana invitación, la comodidad del catre… de tanto viejo de mierda. La barbárica Devoción



Errada


y tantas como ella y yo

Yo


Error


Yo

Yo busco…

Esos (((ecos)))
sub-vertidos,
consonantes ciegas… Cerrando el Circuito…


Autor: Daniel Rojas Pachas




Poemas de Romeo Murga

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GRACIAS

Mujer, la de esos besos, la de esos besos largos
la de esos besos breves, húmedos y calientes,
la del regocijado sonreír en la sombra
que iluminó la vaga blancura de sus dientes;
la de la casa humilde, con ventanas humildes,
en la calleja oscura, soñolienta y callada;
la que entre beso y beso me lo decía todo,
aunque entre beso y beso no me decía nada;
la del mirar risueño, la del reir risueño,
la del querer ardiente, violento y extenuante;
la que vivió conmigo, con nosotros, con ella,
esa noche de amor, corta como un instante;
la que turbó el solemne silencio de esa noche
con las voces amargas y dulces del pecado;
la que dejó en mis brazos, en mi ser, en mi vida
eso que es el recuerdo de que nos han amado.
Gracias, mujer, la inquieta, la de este pueblo quieto,
la de esa noche alegre, porque tú la alegrabas;
gracias, la de los rojos besos interminables,
por esos besos rojos e interminables, gracias!



EL VIAJE


Poco a poco se apagan las tenues sensaciones.
me voy quedanddo solo, en doliente pereza,
bajo las frías sábanas y entre los almohadones,
en la negra y pesada soledad de mi pieza.

Pienso que en este día -que fue nublado y gris-
no he sentido tristeza ni alegría ninguna.
Me revuelvo en la cama, sin poderme dormir.
Afuera, se oye un perro que le ladra a la luna.

Pobre náufrago débil en el mar de la noche
mi alma está llena de tristeza taciturna.
(La calle se estremece con el rodar de un coche.
Un pitazo, a lo lejos, rompe la paz nocturna).

Yo le temo al silencio de estas noches heladas,
un silencio preñado de encono y de maldad,
de fantasmas oscuros y de almas embrujadas,
un silencio que pesa como una eternidad.

¡Quién me hará la limosna de un leve y breve ruido
que ahuyente mi funesto meditar en la nada;
un ruido que no sea ni voz ni el latido
siliente del reloj, en la noche callada.

Y las horas se arrastran, monótonas, tranquilas...
Voy a coger mañana, en divino derroche,
toda la luz y el oro del sol en mis pupilas
para borrar de mi alma el horror de la noche!


Lejana


Como el sendero blanco porque vuela mi verso,
eres tú, toda llena de cosas extrañas.
Llevas algo de extraño, de sutil y disperso
como el polvo que dejan atrás las caravanas.

Amas la lejanía y eres la lejanía.
No has soñado jamás con la paz de tus lares.
Tienes el gesto claro y la blanca osadía
de las velas que parten hacia todos los mares...

Todo camino sabe de tu huella. Los montes
y el viento te desean. Tú -sin saber, acaso-
reclinas tu cabeza sobre los horizontes,
como sobre el regazo.

Y otra vez al camino, al viaje comenzado,
a las cosas lejanas del dolor y la muerte.
Si alguna vez, mujer, pasaras por mi lado
yo no podría detenerte.

Me quedaría inmóvil. No me querría asir
a tu pálida vesta de ensueños y azahares;
sólo por la tristeza de mirarte partir
como una vela blanca hacia todos los mares...

(Fragmentos De "El Canto en la Sombra", 1946)


Invocación

No, Señor Jesucristo ¡Yo no soy como todos!
yo pronuncio tu nombre con honda devoción.
Aunque arrastre mi cuerpo sobre todos los lodos,
alzo como una hostia roja mi corazón.

Y la elevo hasta Ti, hasta tu crucifijo
que aún guarda las heridas de la Santa Pasión.
Tú me habrás de mirar como se mira a un hijo:
Yo soy un hijo pródigo que te pide perdón.

Perdón por los que llevan el dolor de su vida
sin buscar tu dolor en los torvos recodos.
Yo mantengo por ellos mi lámpara encendida,
y aunque todos te nieguen, yo te afirmo por todos.

Perdón por el suicida que fue también cobarde,
y por el pobre esclavo de una mala pasión.
Por quién luego te olvida, por quien te busca tarde,
y por quien no te busca, perdón, perdón, perdón.

Por mi cuerpo doliente, tosco vaso de tierra
que envuelve la lujuria con sus llamas malditas
Cuando la carne mata todo el goce se encierra,
en el silencio enorme, eres Tú quien nos grita.

Por mis manos, morenas serpientes voluptuosas
que fueron tentación para la frágil Eva;
y mis pies, lastimados de zarzas dolorosas,
que cada día fueron por una senda nueva.

Por mi boca que pudo morder los rizos blondos
y que a todos los besos les salía al encuentro;
y mis ojos, que fueron tras los deseos hondos,
desde aquellos caminos que llevamos adentro…



Romeo Murga Sierralta. Nace en Copiapó el 17 de junio de 1904 y fallece en San Bernardo el 22 de mayo de 1925 de tuberculosis, fue un poeta y traductor chileno.

Hijo mayor de José Murga Bravo y de Ludomilia Sierralta Cortés. Recibió su instrucción básica en el colegio La Merced en su ciudad natal, luego continuó su educación secundaria en el Liceo Alemán y en el liceo José Antonio Carvajal.

En 1920, se marchó a Santiago para matricularse en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, desde donde egresó como profesor de francés. Durante este período conoció a Pablo Neruda y Rubén Azócar, con quienes desarrolló un extenso vínculo literario y de amistad.

En 1923, con el Libro de la fiesta recibió el primer premio de los juegos primaverales de Santiago. En 1924, Murga hizo clases en el liceo de Quillota, y colaboró con las revistas, Iris y Zigzag. Es en este semanario donde Romeo Murga publica sus traducciones de obras de autores franceses, tales como Anatole France, Marcel Shwob, Charles Nodier y Henri Barbusse. Fue director, también, de la revista Floreal.



Estrenamos el octavo número de Revista Cinosargo edición VII de Diciembre

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Estrenamos octavo número de Revista Cinosargo edición VII de Diciembre


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Editorial.



Esta edición de Diciembre es sumamente especial para el equipo pues nos permite en retrospectiva, analizar todos los logros y compromisos adquiridos durante estos seis meses, y aunque la mayoría ya tenemos años sumergidos en el mundo de las letras, Cinosargo aún es un infante, un proyecto que madura con prontitud y gran belleza, gracias al trabajo desinteresado y responsable tanto de su directiva como de los redactores, actores principales que dan vida a la Revista con cada una de sus talentosas notas.



Orgullosos en tal medida, es decir poco, pues cerramos este primer ciclo con ocho números de la revista, un especial de poesía que empezará a editarse todos los meses a modo de antología, eso sin contar a La santísima y su propia revista, que comienza a perfilarse como hermano menor de Sargo, preservando claro su autonomía creativa, a cargo de la tenaz Violeta Fernández. En el mismo plano no hay que olvidar nuestro naciente trabajo editorial, la antología dedicada al escritor y fotógrafo Carrizales, que es la primera de una serie de obras en formato digital las cuales pronto darán pie, a nuestro sello en papel. Y no hay que olvidar, dentro de esa suma de actividades, los reconocimientos, la preferencia de los lectores y la gestión cultural en cuanto a difusión de otros medios, cobertura de eventos, promoción de autores y organización de talleres y recitales. Obras que dialécticamente dan un carácter performativo a la palabra de Cinosargo. Más que contentos, esperamos seguir creciendo en el 2009 y continuar dando vertiginosos mordiscos al arte.


Daniel Rojas Pachas

Director de Revista Cinosargo.


VISITA NUESTRA WEB: www.cinosargo.cl.kz



Recuento del medio año que tenemos en línea: Algunos logros de Cinosargo en estos seis meses de vi

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Recuento del medio año que tenemos en línea: Algunos logros de Cinosargo en estos seis meses de vida por Milvia Alata.



17-1-2009 16.1.46 1.jpg Cinosargo anotó un punto en favor de la literatura.

Nuestro compañero y director Daniel Rojas Pachas fue reconocido como corresponsal del año 2008 porla red de diarios digitales de Chile por sus completas e inteligentes notas quehan contribuido a revisitar la escritura literaria de la ciudad y el norte delpaís, además de indagar desde perspectivas interesantes, clásicos universales y grandesautores de nuestra y otras lenguas. El apoyo de nuestros lectores y colaboradores, poetas, narradores y querido público de Cinosargo, que día a día nos visita y lee, fue decisivo para impulsar la votación de nuestro director y querido amigo. Agradecemos el apoyo, los mails y comentarios y estamos más que entusiasmados con el buen año que hemos tenido y nos comprometemos como equipo a continuar trabajando por la literatura y la difusión libre y desinteresada del arte, ello con muchamás fuerza y buen ánimo. "


Circulación de laSantísima Trinidad de las cuatro esquinas



17-1-2009 16.1.40 2.jpg Motivaciones.


LaSantísima Trinidad de las cuatroesquinas es un proyecto literario hermano de Cinosargo que cobra vida gracias a cuatroinquietudes (Violeta Fernández, Soledad Echegurú, Daniel Rojas Pachas y Oliver Beltrán) que se han aproximado al mundo poético, narrativo, dramático y ensayístico de Chile por diversas motivaciones y lecturas, pero que coincidenen su interés por la interpretación, el diálogo profundo con los textos (textos en todo su sentido) la creación (también en toda la gama que permite el lenguaje) y la obsesiva defensa y admiración por la autonomía de la palabra.

Antología de la obra de Wilfredo Carrizales en Cinosargo editada por nuestra editorial



Estrenamos nuestro primer libro digital de la colección Cinosargo.

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Intromisiones, Radiogramas y Telegramas Antología de poesía yfotografía de Wilfredo Carrizales

Editorial y revista Cinosargo tuvo el placer de presentar antes del cierre del año 2008, ciclobastante productivo y fructífero para nuestro equipo literario tanto en materiade creación y gestión cultural, el primer libro digital de nuestra colección,esta empresa va de la mano con la pronta inaguración de nuestra oficinaeditorial llamada a llevar al papel el trabajo y arte desplegado por todosnuestros redactores.


Esta antología de poesía y fotografía en tal medida, es doblemente espacial, no sólo porqueinaugura nuestra labor como editorial independiente si no por que I ntromisiones,Radiogramas y Telegramas está íntegramente dedicado a la labor artísticadel poeta y fotógrafo Venezolano radicado en China, Wilfredo Carrizales,querido amigo y autor que desde nuestros primeros pasos en el nacimiento deeste espacio dedicado a la literatura se interesó y unió con confianza alproyecto, apostando de forma fraterna y desinteresada en nuestroempuje y talento.

Agradecidos de su aprecio y sobre todo de su rico trabajo con la pluma y lente, quisimos darinicio a esta nueva faceta de nuestro quehacer rindiéndole un afectuosohomenaje, salud y poesía.


Apoyo en la difusión y organización de importantes actividades culturales. La visita de Carmen Berenguer, cobertura en lanzamientos de libros y colaboración con otras revistas (El puñal, La Mancha, Des-Honoris Causa ymás), coordinación con proyectos editoriales, movimientos y autores nacionales como extranjerosy la presente contribución a laSalc en la promoción del prestigioso Premio Lagar (Concursode ensayo y poesía 2009)



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Edición de nuestra revista Cinosargo ( VII números)y colecciones especiales de poesía y el magazine de la Santísima trinidad de los cuatro esquinas

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www.cinosargo.cl.kz

Estas son sólo algunas de las muchas actividades, motivadas, realizadas y respaldadas por Cinosargo en este breve lapso. Sólo nos queda agradecer a nuestros lectores y desde luego a nuestros redactores por su comprormiso y pasión por el arte y la literatura. Cinosargo tiene lapalabra!!!!!!!!!


Poeta+arica, poesía+ariqueña, escritor, Daniel+Rojas+Pachas, carrollera, música+histórica, Daniel+Rojas, escritor+ariqueño, escritor+chileno, poeta+chileno

EL GOBERNADOR MENESES LISANDRO



Adolfo Couve

EL GOBERNADOR MENESES LISANDRO

( 1776 - 1794 )

Se era o no se podía. Y ser gobernador en tiempos de la Colonia significaba viajar con los sueños perturbados desde la Corte de España hasta este rincón de monumentales rocas en que la espuma se desgrana ensordeciendo playas. Esto es Chile desde el alba de los sueños. Cabeceando como digo, el galeón pesado le fue zurciendo el destino con mañanas azules de agua, confundiendo trozos de paño, gaviotas y nubes.

Lo que sí buscaba Meneses en estas tierras era desaparecer. Durante la travesía se traicionaba revisando con demasiado celo las cerraduras de sus baúles.

--¿Cómo puedo cuidar todo esto con tal esmero?

Y una noche en que el mástil iba de una en otra estrella el pobre tuvo que aferrarse a las jarcias porque la fiebre lo consumía. Su ayuda de cámara no tuvo la gentileza de alcanzarle ni siquiera un vaso de agua y el enfermo se vio en la obligación de traerla él mismo diseminándola a lo largo del pasillo.
Cuando el futuro gobernador del Reyno se inclinaba ante el abismo, lloraba.

Una temporada del aprendizaje la hizo en el castillo Lubke de Bruselas. Rememoró las tardes en que el sol se hacía permanente en el calor que, después de ido, despedían las piedras. Esto era reposo y también abandono. Porque todo se quebraba cuando a las ocho en punto los criados salían centellando el espacio con candelas a buscarlo. Le hallaban bañado en sudor, la gorguera abierta y la peluca en la mano. O también se quitaba sus zapatos de tacón escarlata y en medias corría libre por los prados entre pinos que recordaban la nieve. Las volteretas de Meneses eran celebradas por la soldadesca y por los rufianes de cocina. Estos decires o, como se pretendía, estas recitaciones le conmovían de tal forma que prodigaba lamentos como lobo de cuento.

Los otros licenciados que habitaban el castillo reían del futuro gobernador y una vez engrudaron un papel en su silla para que Meneses al levantarse se llevara en el trasero un cartelón profano.

Quizás ese invierno resultó un tanto extremo para la sensibilidad de Meneses. Los ataques virulentos de sus compañeros y sus continuos fracasos en materia de retórica dieron motivo a que se le llamara despectivamente "el indiano". El señor Lauvan, su maestro de articulación y dicción, le golpeó tan brutalmente una mañana que el puntero se hizo añicos y Meneses cayó sobre el gran mapamundi abriéndolo como una naranja. Entonces Lauvan (perro negro) fingió toda suerte de improperios y reventó varias carreras de posta para hacer circular por todas las cortes de Europa el reproche al futuro gobernador. Así Meneses se presentó a los exámenes finales con una venda que le cruzaba el rostro de parte a parte. Claro, es cierto que una mano severa y misteriosa cogió a Lauvan del cuello y lo sumió en la tiniebla gotereante de un calabozo de caserna.

No todo fue tragedia. Vino el mes de julio y las fiestas de verano para los licenciados. Había que pulsar la vida. Tal vez fueron los viajes estivales los que dejaron en Meneses la impresión equívoca de que en Suiza no había nieve. En Aigle, uno de los pueblos que sueñan al reflejo de esos lagos, Meneses hizo curiosa amistad con una mujer que intentaba cruzar la frontera vestida de hombre. Y cuando el gobernador en las podridas casas de barro de la Calle del Rey en Santiago brujuleába una caja de rapé con música de cuerda, narraba aquella aventura a sus íntimos, acudiendo a menudo durante el relato a espiar si la servidumbre no escuchaba.

Aigle se vio descender una mañana repleta de cúpulas y agujas que indicaban amor de ilustre solemnidad. Meneses se replegó contra una pilastra y aspiró profundo un gran ramo de clavelinas descoloridas que apretaba en la mano.

Ni en los días más encarcelados del gobernador, cuando desde las tejas llovía a raudales, Meneses suspiró el nombre de su amada. Porque los años de su gobierno fueron barrientos y aguados en forma. Todo el temporal cargado a las mañanas que iluminaban la cantidad sin fin del agua.

Lo que se dio en llamar "el arrebato de Meneses" ocurrió en agosto de un año que a duras penas pudo sobrellevar la población de Santiago. Parece ser que el gobernador estaba de visita en las riberas del Mapocho. Su tricornio negro, la única sombra a la redonda, y la coleta perfumada hacían una paloma inerte con la gran cinta de lazo. Las piedras y el lodo dejaron la silla de manos volteada a la orilla y Meneses embarrado hasta la cintura entró en las aguas. Los faldones flotaban, sacándose el tricornio lo lanzó fuera, junto con el bastón de mando y rasgándose la pechera mostró su torso a las encomiendas de indios que modelaban el puente. Un capitán de la guardia disparó el potro a las aguas y cogió al gobernador de un brazo:

--¡Déjame, puerco a sueldo!
--¡Señor gobernador!

Entonces la encomienda silenciosa le arrastró como de corcho y entendieron su triste intento de convertirse en agua torrencial y veloz sin freno. Le rodearon y con cuidados sumos lo llevaron hasta la silla de manos, que esta vez no sólo dos palafreneros condujeron, sino todo un pueblo compadecido.

Dicen que luego de este intento Meneses nunca más fue el mismo, sino otro más vivaz a veces, pero corrompido. Sus "veladas negras" tuvieron lugar todas las noches. ¿Qué albergaba Meneses en su pecho la mañana del suicidio? Un río y uno de aquellos asuntos peliagudos que todos ocultan.

La noche del disparate, calzado de seda, guantes a tono y brocato de Flandes. La calesa emergió de la esquina y el gobernador con antifaz y abanico de plumas mantuvo el rostro de perfil como haciendo friso con sus cuitas al pórtico del solar. Cuando todo estuvo a punto, una candela se extinguió y alguien zamarreó a un mendigo muerto. La vía estaba abierta. Meneses, perfumado, no pudo trepar al coche.

La gordura, pero sobre todo el temor a desclavar el tacón de fieltro, hizo que su ayuda de cámara le empujara con el odio con que se apoya la mano en la espalda del amo.
No sabía Meneses partir sin advertir algún detalle. Forcejeó el pestillo de la portezuela y asomando otra vez su enorme rostro todo circundado de pequeños y coquetos roscos, abundante en postizos, cintas y pasacintas, con una mano diminuta y tras la frontera de la ventana agitó un guante.

El sirviente puso un pie en la rueda y acercó tanto su rostro al de Meneses que ambos se tentaron de la risa. El uno de los polvos, el otro de la grasa. Y partió saltando entre adoquines, inclinada la calesa.
Amor perdido, el sol te aleja.

Veraneaba la familia del gobernador en la hacienda de "El Peumo", a quince mil millas de Dichato, después de las cuesta de los Olmos, en donde el camino se bifurca terminando uno de los tramos en la hacienda y el otro en las dunas de Ocaña. Famosa zona de los melones y de la miel de bellotas. Toda aquella comarca que dicho por Meneses Lisandro era "un macizo de flores y el cielo un espejo de aguas".

Hacían el viaje en carretas de bueyes enjaezados con lirios marchitos y coronas de fresno, rosetones de hortensias y atochados y retoques de cintas de alhelí. Anhelaba la mujer de Meneses, doña Sancha Zumán del Alcántara, que los toldos de lana fueran tejidos con hebras teñidas. Junto a las viandas llevaban los cubiertos de Meneses y en la humedad de una hoja gigante de parra unas cuantas brevas frescas.

El tenedor labrado y la cuchara fueron obsequio del rey de España. No es que a Meneses le disgustara comer con utensilios y que prefiriera las manos; lo que acontecía es que este presente le traía malos recuerdos.

Estaba el rey airado, esto tuvo lugar en Barcelona. El monarca de pie, enfundado en pieles, miraba con odio a las aguas y éstas al verse humilladas en vez de levantarse agresivas se rebelaban mojándolo todo con fina llovizna. El rey tenía el rostro vuelto a un lado y desde donde aguardaba la corte nadie escuchaba sus blasfemias que quizás eran pequeñas oraciones. Hizo llamar a un consejero que le entregó el estuche de los cubiertos y después hizo llamar a Meneses y sin decir palabra le alargó el presente. Meneses hincó una rodilla en tierra y le besó la mano, que el rey retiró con violencia. La corte le abrió paso y Meneses con el estuche apretado contra el pecho se alejó suspirando. Se volvió una sola vez, pero el rey permanecía en idéntica actitud.

Cuando las candelas alborotaban las casonas de Santiago, mil montes y senderos lejos de España, mil bosques tupidos y mil silencios, en una adobe, con un clavecín pintado, en medio del sarao con mistelas y pajaritos, Meneses, orgulloso, hacía gala de sus cubiertos que todos admiraban por ser regalo de un rey. Y en el cristal de su copa, Meneses recordaba el molo de piedra, la llovizna del mar y también a ese monarca.



Estrenamos nuestra primera edición especial de poesía Diciembre del 2008

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Estrenamos nuestra primera edición especial de Revista Cinosargo, Poesía publicada en Diciembre del 2008

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POETAS PRESENTES EN ESTA EDICIÓN


David Santos Arrieta (((Chile – Monte Patria)))

Nicolai Troncoso (((Chile - Santiago)))

Sergio Godoy (((Chile - Serena)))

Daniel Rojas Pachas (((Chile - Arica)))

Poesía Catatónica (((Chile-Concepción)))

Walter Mondragón (((Colombia)))

Mauricio Cuadros Quintana (((Chile - Arica)))

Mariano Shifman (((Argentina)))

Marieta Morales (((Chile - Antofagasta)))

Matilde Granados (((Perú)))

Ignacio Cardenal (((El Salvador)))

Ian Welden (((Chile - Dinamarca)))

Teresa Iturriaga Osa (((España)))

Gustavo Tisocco (((Argentina)))

Luis Prado (((México)))


PREMIO LAGAR CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA GABRIELA MISTRAL

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PREMIO LAGAR
CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA
GABRIELA MISTRAL
MENCIONES ENSAYO Y POESÍA
La Serena, Región de Coquimbo,
Chile.-



La Sociedad de Creación y Acciones Literarias Región de Coquimbo (SALC.), con el Patrocinio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Región de Coquimbo y el Financiamiento del Gobierno Regional de Coquimbo, convoca al PREMIO LAGAR; Concurso Nacional de Literatura, en Homenaje a Gabriela Mistral, en el ámbito de Ensayo y de Poesía.


BASES:

1.- En este concurso podrán participar chilenos y chilenas, que se encuentren en el territorio nacional o en el extranjero. También, pueden participar extranjeros con más de diez años de residencia en nuestro país.

2.- El Premio Lagar, comprende los Géneros Poesía y Ensayo. El autor podrá participar en ambos, y con la cantidad de trabajos que considere pertinente, de acuerdo a las bases para cada Género. Cada participación debe ser independiente, y enviada o entregada en sobre aparte.

3.- Los trabajos deberán ser rigurosamente inéditos para ambos Géneros. Este punto comprende, además, que no hayan sido publicados a través de ningún medio escrito o virtual, ni en forma parcial. Tampoco, podrán estar comprometidos con otros concursos o publicaciones.

4.- El Género Poesía es libre. El Género Ensayo es: “Gabriela Mistral y la Identidad de la Región de Coquimbo”.

5.- En el ámbito del Género Poesía deberá presentar un poema o un conjunto de poemas. La propuesta no podrá ser superior a trescientos versos o líneas, ni inferior a doscientos versos o líneas. Deberá ser presentada en carillas tamaño carta; mecanografiadas por una sola cara a doble espacio, o digitadas computacionalmente, letra Times New Roman 14.

6.- En el ámbito del Género Ensayo, la propuesta sólo se referirá al tema señalado en el articulo cuatro(4). Esta propuesta deberá presentar un texto unitario, no superior a diez carillas tamaño carta por una sola cara, ni inferior a cinco carillas, a doble espacio, o digitadas computacionalmente, letra Times New Roman 14.

7.- La obra se debe enviar grabada en un disco compacto, más cuatro(4) ejemplares, debidamente anillados y en la tapa la identificación correspondiente: Nombre de la obra, Seudónimo del autor, Género en el que participa, y si el autor es menor de 18 años deberá consignarlo en dicha tapa, con el fin de ser considerado para el Premio Joven.

8.- El C.D. y los ejemplares deberán ser enviados en un sobre debidamente cerrado a: Premio Lagar, Concurso Nacional de Literatura Gabriela Mistral; Sociedad de Creación y Acciones Literarias Región de Coquimbo (SALC.), Casilla Nº 668, Correos de Chile, La Serena. También, pueden entregarse en las siguientes direcciones: Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Región de Coquimbo, Matta nº 695, La Serena o Librería Macondo, locales 108 & 239, Edificio La Recova, La Serena. Al interior de este sobre, adjuntar otro más pequeño, también debidamente cerrado o lacrado, que contenga en su interior: Nombre verdadero, Rut., Domicilio, Teléfono, Correo electrónico (si lo tuviese), Nombre de la obra y su correspondiente Seudónimo. En la parte exterior, de este sobre pequeño, sólo debe llevar el Nombre de la Obra y el Seudónimo.

9.- El plazo de recepción vence impostergablemente el día jueves 30 de abril de 2009. Para los envíos de correo se considerará la fecha del matasellos.

10.- Los jurados del Premio Lagar serán destacados escritores de Latinoamérica, los cuales serán dados a conocer oportunamente. Éstos podrán deliberar personalmente o por vía Internet, y participarán en el Acto de Premiación, a realizarse a finales del mes de mayo de 2009, en la Región de Coquimbo. Este concurso no podrá ser declarado desierto, en algunos de sus premios ni en su totalidad.

11.- El Comité Organizador de SALC. está conformado por los escritores: Dina Moreno Astudillo, Oriana Mondaca Rivera, Alicia Mondaca Rivera, Arturo Volantines Reinoso, los cuales resolverán las cuestiones correspondientes al desarrollo de este concurso. Arturo Volantines Reinoso es el Ministro de Fe y Responsable Legal del Concurso; Rocío Alcayaga Mondaca es la Secretaria Ejecutiva del Concurso y Eva Carolina Tapia Cortés es la asistente de SALC. Los correos para consultas son: creacionyaccionesliterarias@gmail.com, premiolagar@gmail.com

12.- Los premiosen el Género Poesía son:

a) Primer Lugar:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 1.000.000.

b)Segundo Lugar:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 500.000.
c) Tercer Lugar:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 300.000.
d) Premio Joven:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 500.000.
e) MencionesHonrosas: Diploma de Honor. Las que el jurado estime conveniente hasta tres(3).



13.- Los premiosen el Género Ensayo son:

a) Primer Lugar:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 1.000.000.
b) Segundo Lugar:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 500.000.
c) Tercer Lugar:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 300.000.
d) Premio Joven:Estatuilla Premio Lagar, Diploma deHonor y $ 500.000.
e) MencionesHonrosas: Diploma de Honor. Las que el jurado estime conveniente hasta tres(3).



14.- El Premio Joven, en ambas categorías, se otorgará a menores de 18 años, —que lo señalaron expresamente, de acuerdo al articulo siete(7)—, y que sacaron el puntaje más alto en ambos Géneros. Si estos autores jóvenes obtuvieran un puntaje que les permitiera acceder a los otros premios, este premio especial se suma.

15.- Las obras ganadoras, de ambos Géneros, serán publicadas en un texto. La participación en este concurso conlleva la autorización total de los autores a SALC. para dicha publicación, cuyos derechos de autor, se cancelarán con ejemplares del mismo libro, equivalente al proporcional de los autores y editores relacionados.

16.- Los premios serán entregados a finales del mes de mayo de 2009, en un Acto Solemne, Oficial, como parte de un Homenaje a Gabriela Mistral, concordado con las autoridades correspondientes de la Región de Coquimbo.

17.- Los trabajos presentados al Premio Lagar no serán devueltos, ni serán utilizados para fines ajenos a este concurso. Se realizará un registro de las obras recibidas con sus correspondientes seudónimos.

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Poemas de Gustavo Ossorio

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ESPACIO DE LOS OJOS

Donde yo espero
Y la lengua estaciona esa claridad tuya
Y borra los sucesos de habitar
Y prolonga el tránsito de mi sangre
Dónde y para qué
El cabello
Su frecuencia y su estío sin contacto
Entre mis dientes el vértigo de acto y de ser

Oh mientras soy seguro y aguardo
Mientras derribo el antiguo velar
Salgo
Guío y mi calor se levanta entre aguas
Cada hora cada hora

Negra vida de sonido semejante a días
O pasos resplandecientes
Soy número y fin
Reposo y párpado iluminado
Tú decides el asilo del extraviado tiempo
Entre tibio morar y mano arrasada
Tú decides asimismo lo inexpugnable del miedo
Lo pavoroso de los huesos en sordo subterráneo

Sobre distantes armas
Sobre insectos rituales en la noche
Oh perdida lenta llama
Qué piel de piedra amarga o cortante sueño
Qué obscuro movible fondo de límite

Tú das metal abismo apenas al humo que oigo subir
Contiene sobre hierba sobre tiempo unido
Los ojos
El océano
Ojos tuyos gran puerta y lluvia para defender el eco
Ojos y viento nocturno inundado
Conciencia espacio íntimo del relámpago
Vamos con una voz y un beso vegetal
Miro en la dirección del rayo
A devorar mi propio mar
A pregonar la propia línea nevada y a punto de latir
Miro en la dirección del rayo
Pero sólo veo la sed viva de tus ojos.



VÉRTIGO O VIAJE

Sube el llanto
Por un borde dividid
Por un despertar
Hacia la lengua y lo que viene


Yo he perdido mi presencia
Yo he dejado justamente el humo inesperado de mi cabeza
Sobre la oscuridad que va moviéndose

La muerte se conturba
Y torna a su óxido redondo
Memorable estar y llama
Mientras el cuerpo se abre
A su acto desconocido
Por la arena o la mañana clavada a la noche

Qué puede qué podría poder el ruido del error
Ante la mano caída de la espera
Qué podría el error opuesto al fin
Olvidado de la sangre
Con una persecución y un área de sal ahora
Yo perdí mi presencia
Pude haber el secreto de ir y de venir
Por el invierno

Que día y paso en la atmósfera de vidrio
Para siempre.



Selección de Poemas en Arte-Poética.

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Novedades en La Santísima Trinidad de las Cuatro esquinas

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Estrenamos la primera edición de La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas. Leer o descargar



El Dentista de Bolaño y la irónica intertextualidad del viaje sin retorno por Violeta Fernández. 11/ 1 / 09


Hacia una interpretación Lihn-güística de: Pena de Extrañamiento por Daniel Rojas Pachas. 10 /1 /09



Hacia una interpretación Lihn-güística de: Para ningún destinatario por Daniel Rojas Pachas 3 /1 /09




Hacia una Interpretación Lihn-güística de: Pena de Extrañamiento.

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Hacia una Interpretación Lihn-güística de: Pena de Extrañamiento.

En esta oportunidad, atendiendo al proceso de des-lectura que he decidido dedicar a la obra de Enrique Lihn, no busco revisar un poema en específico del grueso de obras que componen la bibliografía del escritor sino que más bien, inspirado y a partir de la lectura de textos como Kandinsky 1904, Ojo de Barcelona, El Arte y la vida entre otros, quiero proveer algunas consideraciones respecto al libro en que se encuentran insertas las piezas mencionadas y realizar una aproximación al título “Pena de Extrañamiento” y al sentir y sentidos que a mi parecer, dicho nombre recoge.

El poemario en cuestión fue publicado el año 1986 por editorial sinfronteras. Como libro, corresponde al texto de poesía numero diecisiete del autor santiaguino y a juicio de Pedro Lastra, la obra íntegramente despliega múltiples sentidos que el lector en su goce puede captar. Compartiendo esa opinión, podemos partir aludiendo al carácter voyerista. (La mirada es gratuita, este espectáculo /de increíbles efímeros que parten Barcelona / en porciones de calles al tajo de la luz. Ojo de Barcelona) Aquel ojo mira fotográfico y pictórico al mundo pero al mismo tiempo se desvela auto contemplativo, volcándose sobre su propia voz e imágenes para así orbitar en torno a lo fantasmatico, fantasías o delirios fantasmales que recubren la reconstrucción de lugares, calles, museos, bares, hospitales en los que el poeta estuvo y personas con las cuales compartió pero sin formar parte realmente, España, Perú, Estados Unidos y el mismo Chile son escenarios de este libro. (La isla dispone de fantasmas artificiales / con que llenar los huecos de la contra-historia / Ellos ocupan en la memoria, con la naturalidad que ésta se / permite en relación a la nada / el lugar de los verdaderos ausentes: caras que vi / en las bouffoneries del Soho. Pena de Extrañamiento) Y en cada espacio queda patente la noción de extranjería, de extrañamiento, de distancia objetiva, panorámica que re-crea y des-realiza la experiencia, producto del testimonio personal o de terceros, surgiendo así mismo la inspiración a raíz de la propia obra o a través de la perspectiva y arte de la alteridad. (La relación de unas cosas con otras / iba borrando, poco a poco, las cosas. / Versos sin palabras. / Formas sin figuras ./ No bien partía un barco de oro de la orilla/ cuando ya no era orilla ni barco ni partía. Kandinsky 1904 )

Todo junto, entrelazándose por medio de vasos comunicantes que re-construyen el tiempo y espacio en la página literaria, nos lleva a vincular esta idea de reinterpretación de los cuerpos, significantes y lapsos con todas las demás dimensiones que Lihn despliega gracias a cada poema. Podemos por tanto retroceder al título de la obra con mayor información y entender que no por azar, el libro recibe aquel nombre eufemista que alude de manera premeditada y connotativa pero siempre sutil y soterrada a la violencia del destierro o de vivir aquellos años de crisis nacional, cautivo por el rostro del pánico. (Los anónimos de siempre disparan en la noche / a la que no se puede entrar de la que no se puede salir / coto de caza y placer de las hienas / Los leones mismos se pervertirían si tuvieran como ellas la exclusividad de la selva. / Suenan esos disparos como algodón en los oídos / empapados de nuestra sordera son el éter que nos trae la noche / y henos aquí tendidos en nuestros lechos de operaciones / Mañana habrá muertos, eso es todo / Mejor que se guarden la noticia / Por sus prontuarios no los conoceréis. Disparan en la noche )

De esta forma el poemario queda desde su primer contacto con el potencial destinatario, cruzado por una singularidad de espectros, algunos abstractos y metafísicos pero no por ello menos anclados a la odiosa y tantas veces cruelmente bella realidad. Tan así que el caso particular de Pena de Extrañamiento nos ubica en un extenso y complejo periodo de producción para el arte en Chile, pues el libro, como hijo de su época, abarca una década en la vida del escritor, periodo que se prolonga a partir del 73, año en que Chile sufre un violento cambio en su dirección política y social hasta alcanzar la primera mitad de los ochenta, en que ya acostumbrados, resignados o sometidos, los habitantes del país, como ocurre en todo lugar que enfrenta un cambio de paradigma abrupto y dirigista, asumieron la represión y orden impuesto, cual designio del terror irracional luchando desde la oculta periferia, o paradójicamente, beatificando la acción de las fuerzas coercitivas como señal de coherencia. Estable y promisorio porvenir. Slogan de un régimen cuyo discurso mítico pretendió borrar o lisa y llanamente satanizar el pasado inmediato para retrotraerse a las figuras epónimas de un esplendor militar y tradicional en las que encontró respaldo y continuidad como proyecto patrio, no es casualidad por ello toparse en el Chile de hoy con dos corrientes de pensamiento abiertamente opuestas, marcadas por la época de escisión. Voces polarizadas que por un lado acusan descarnadamente que vivimos en una nación que carece de memoria y en caso contrario, una mirada vecina que arguye despotricando en contra del odio y resentimiento del que se refugia en el pasado y sus ánimas, finalmente se acusa el aborto de un proyecto de genuina equidad frente a un calvario de absoluto caos que invoca a su Mesías de gris, a fin de restablecer el tan preciado orden por la razón o la fuerza. (He aquí a lo que se reduce el Gran Teatro del Mundo / descompasando el buen tono / de la desesperación de Segismundo, arranca aullidos / de lo invisible en que tienen lugar los entretelones / sangrientos de lo real, sucios de cuerpos: / pasillos subterráneos en que el conspicuo prisionero / ciego avanza, ahora, a patadas y culatazos / hacia una improvisada sala de torturas / donde no se prohíbe la entrada a los niños. De lo mismo )

Pena de Extrañamiento abierta a la estética de descreimiento de Lihn en que siempre prevalece el estilo como la suma de todas las incertidumbres del hombre, atestigua con cada poema y desde distintos ángulos en una polisemia demencial, la condición de sujeto errátil, de eterno extraño en todas sus facetas, de modo que servidores (poetas, hablantes y narradores) y servidos (realidades, mundos, entidades representadas o incluso ninguneadas) en colisión se suceden, comulgan y confabulan para dibujar el conflicto de aquel habitante perdido en las antípodas o curiosamente, considerado con mayor vehemencia, alienígena y preso en su propio hogar. ( No me voy de esta ciudad con la resignación de los visitantes en tránsito / Me dejo atar, fascinado por ella / a los recuerdos del presente: / cosas que no tuvieron, por definición, un futuro / pero que, ciertamente, llegaron a envejecer, pues las dejo a sabiendas / de que son, talvez, las últimas elaboraciones del deseo, / los caprichos lábiles que preanuncian la vejez. Pena de extrañamiento )

Así entendemos por obra del mágico lirismo la condición del temeroso pasajero que se ve aplastado por la certidumbre del discurso forzado e incluso al que contrario, temiendo una revolución que no se pidió, que no comprende, agradece feliz el aborto de la misma y ávido demanda un nombre y apellido a las cosas, un retorno a lo seguro y una explicación tajante ante las situaciones de odio y lucha a fin de poner un alto a la incertidumbre onerosa de existir y dar existencia entre tanta confusión, (dichosos tiempos aquellos en que la disputa era un arte / y no una redada policial. La disputa )

Tales son los circunstancias que pena de extrañamiento a mi juicio atrapa con locuacidad al percibir el sentimiento de muchos hombres, en ese década ambigua que Chile vivió y que en cierto grado sigue viviendo y vivirá. Y el poeta de ayer y el de hoy, cómo enfrenta ese transito, como se impone a la resemantización impuesta de un proyecto externo a sí, externo a todos pero que procura ser la consciencia colectiva de un país con términos renovados a la luz de sus anhelos, mismos que va fijando con hierro sobre la piedra, estableciendo la idea inamovible de democracia, unidad, nación, país, compromiso, lealtad y en general toda proceder cultural dejando de antemano establecido, si nos referimos estrictamente al arte, que música, literatura, y plástica pueden ser consecuentes con el patrimonio tradicional al juicio del censor de turno. (gente que gira alrededor de las piezas de museo / olvidadas de su condición de piezas de museo / y que parecen pues ignorar donde están / (…) somos obras de arte momentáneamente vivientes . E l arte y la vida ) Aprobado y promulgado el valor de la pieza en cuestión, corresponde agregar dicha voz, imagen o sonido a lo canónico a lo políticamente coherente con la idea imperante, en tal grado una pieza y su autor posee el debido prestigio y correspondiente valor comercial, de colección en función de su continuidad con el proyecto. El discurso imperante rotula y da existencia, realiza el trabajo de confirmar como seres a todos aquellos hombres temerosos, lábiles ante la idea de crearse, pero qué hay del poeta que sufre esa pena de extrañamiento desde sus entrañas y en la piedra fundante de nuestra lógica y pensamiento, el lenguaje.

Podría este ser ingresar a su sistema, le interesaría realmente ser mutilado y empaquetado en aquel pequeño eslabón a fin de ser suma en aquellos fines ajenos. En sentido contrario, sería una pieza a erradicar. Lihn se cuestiona y combina el sentir social de aquel momento con su propia obsesión y su experiencia dentro y fuera del país, poniendo en juego gracias a Pena de extrañamiento en su totalidad una serie de disyuntivas, meta y extra textuales. Al respecto Federico Schopf dice en su artículo titulado pena de extrañamiento, publicado en Pluma y pincel edición del año 86 lo siguiente:

El desarrollo de su escritura le muestra, dolorosamente, que la psique no se limita. al yo conciente y que el sujeto arrastra en su huida -desde "el eriazo remoto y presuntuoso"- mas de lo que supone o percibe al mirarse en el espejo y en el espejo de la conciencia. Depende más de lo que cree -de lo que creemos- de la periferia dependiente.

El poeta se vuelve en tal grado un fantasma que pena, triste y extrañado, extranjero en sus palabras y con más razón en los discursos ajenos y enajenantes de modo que su desplazamiento valeroso que no reclama un orden impuesto, se debate por encima de las utopías fragmentadas, el osario de ilusiones y las personales quimeras también heridas, a fin de no resumirse en la facilidad de abrazar la pesadilla colectiva o el sueño de unos pocos, esa distopia de inmolaciones plagada por una oficialidad desmembrante. El poeta es un universo solitario chocando con los otros grandes y pequeños universos y aunque en esa colisión pierde, también gana en cuanto tiempo y espacio logrando una apertura abismal de códigos privados que re-estructuran y arrastran la realidad, cruzando desde la oscuridad al otro lado.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en: La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.


Guillermo Blanco: La Espera

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La Espera
Guillermo Blanco


(Premio único.
Concuso Interamericano de Cuentos
de "El Nacional", México, 1956)


Había dejado de llover cuando despertó. Aún era de noche, pero afuera estaba casi claro, y a través de una de las ventanas penetraba el resplandor vago, fantasmal, del plenilunio. Desde el camino llegaba el son del viento entre las hojas de los álamos. Más acá, en el pasillo o en alguna de las habitaciones, una tabla crujió. Luego crujió una segunda, luego una tercera; silencio. Diríase que alguien había dado unos pasos sigilosos y se había detenido. Un perro aulló a la distancia, largamente. El aullido pareció ascender por el aire nocturno, describir un arco como un aerolito y perderse poco a poco, devorado por la oscuridad. A intervalos parejos, un resabio de agua goteaba del alero.
Ella imaginó los charcos que habría en el patio, y en los charcos la luna, quieta. Veía desde su lecho la copa del ciprés, que se balanceaba con dignidad sobre un fondo revuelto de nubes y cielo despejado. El contorno de la reja destacaba, nítido; reproducíase, por efecto de la sombra, en el muro frontero, donde se dibujaban siluetas extrañas.
Tuvo miedo de nuevo.

Miedo de la hora, del frío, de los diminutos ruidos que rompían a intervalos el silencio; miedo del silencio mismo. Miró a su marido: dormía con gran placidez. Su rostro, no obstante, bañado en luz blanquecina, poseía un aire siniestro, de cadáver o criatura de otro mundo. Sintió el impulso de despertarlo, mas no se atrevió. Habría sido absurdo. Su miedo lo era. Y sin embargo era tan fuerte. La oprimía por momentos igual que una tenaza, impidiéndole respirar aunque mantenía abierta la boca, aunque cambiaba suavemente de postura. Suavemente, para no interrumpir el sueño de él.
Duerme, amor, duerme. No voy a molestarte. Estoy un poco nerviosa, eso es todo. Son los nervios, amor, que no me dejan tranquila.
Un ave nocturna cantó quizá dónde. No era un canto lúgubre, sino una especie de música a un tiempo misteriosa y serena.
Tornó ella a percibir el crujido de las tablas, acercándose.
Yo sé que no es nadie. Siempre pasa esto y no es nadie. No es nadie. Nadie.
De pronto tuvo conciencia de que su frente se hallaba cubierta de sudor. Se enjugó con la sábana. Amor, amor, repitió mentalmente, en un mudo grito de angustia. ¡Si él despertase! Si se desvelara también, y así, juntos conversaran en voz baja hasta llegar el día. . .
Pero el hombre no captaba su llamado interno. Era la fatiga, pensó. Con tanto quehacer de la mañana a la tarde, con el madrugón de hoy. . .
Duerme. No te importe.

El viento semejó detenerse unos instantes, para continuar en seguida su melodía unicorde en la alameda. Por primera vez notó ella, apagada por la distancia, la monótona música del río: se vería muy pálido ahora: un río de pesadilla, resbalando con terrible lentitud, y a ambos lados los sauces beberían interminablemente, encorvados, en libación comparable a un pase de brujos, y arriba el cielo nuboso y el revolotear de los murciélagos, y la voz honda de la corriente repetiría su pedregoso murmullo de abracadabra.

(Una muchacha había muerto en el río, años atrás. Cuando encontraron su cadáver oculto en las zarzas de un remanso se hubiera creído que vivía aún, tal era la transparencia de sus ojos abiertos, tal la paz de sus manos y sus facciones, y la frescura que irradiaba toda ella. Vestía un traje celeste con flores blancas; un traje sencillo, delgado. Al sacarla del agua, la tela se ceñía a su cuerpo de modo que daba la idea de constituir una unidad con él. Nadie supo nunca quién era ni de dónde venía. Sólo que era joven, que la muerte le había conferido belleza, que sus rasgos eran limpios y puros. Los mozos de la comarca pensaban en ella y les daba pena su existencia interrumpida, y la amaban un poco en sus imaginaciones. Ignoraban por qué apareció allí. No debió de ahogarse, pues no estaba hinchada, mas en su rostro ninguna huella mostraba el paso de una enfermedad, o de un golpe o un tiro. La llevaron a San Millán para hacerle la autopsia. Los mozos no supieron más. No quisieron saber: la recordaban tal cual surgió: lozana, amable, serena, con algo de irreal o feérico, desprovista de nombre, de causas. ¿Para qué saber más? ¿Para qué saber si por este o el otro motivo resolvió quitarse la vida, o si no se la quitó? Al referirse a ella la llamaban la Niña del Río, aunque su cuerpo era ya el de una mujer. Decían que desde esa tarde el río cantaba de diversa manera en el lugar donde apareció. Y quizá si en el fondo no lamentaran verdaderamente que hubiese perecido, porque no la conocieron viva y porque viva no habría podido ser sino de uno—ninguno de ellos, de seguro—, y así, en cambio, su grácil fantasma era patrimonio de todos.)
Un perro ladró nuevamente, lejos. Después ladró otro más cerca.

Si él despertase ahora. Cómo lo deseaba. Cómo deseaba tener sus brazos en torno, fuertes y tranquilizadores, o sentir su mano grande enredada en el pelo. En un impulso repentino lo besó. Apenas. El hombre emitió un breve gruñido, chasqueó la lengua dentro de la boca y siguió durmiendo.
Pobre amor: estás cansado.
Cerró los ojos.
Entonces lo vio. Lo vio con más nitidez que nunca, igual que si la escena estuviese repitiéndose allí, dentro del cuarto, y el Negro volviese a morder las palabras con que amenazara a su marido:
—¡Me lah vai a pagar, futre hijo'e perra!
Vio sus pupilas enrojecidas y su rostro barbudo, que se contraía en una suerte de impasible mueca de odio. Ella nunca se había encontrado antes frente al odio—a la ira sí, pero no al odio—, y experimentó una mezcla de terror y de piedad hacia ese infeliz forajido que iba a pasar el resto de sus días encerrado entre cuatro paredes, sin una palabra de consuelo ni una mano amiga, encerrado con su rencor, doblemente solo por ello y doblemente encerrado.
—¡Me lah vai a pagar!
Y a medida que los carabineros se lo llevaban con las manos esposadas y atado por una cuerda al cabestro de una de sus cabalgaduras, el Negro se volvía a repetir un ronco:
—¡Te lo juro! ¡Te lo juro!
El esposo lo miraba en silencio, y ella se dijo que tal vez también a él le daba lástima ver al preso tan inerme. Un bandido que era el terror de la comarca, cuyo estribo besaran muchos para implorar su gracia o su favor, y cuyo puñal guardaba el recuerdo de la carne de tantos muertos y tantos heridos. De vientres abiertos y caras marcadas, de brazos o pechos rajados de alto a bajo.
Sí, era malo. Pero ¿era malo? ¿Podía ser real maldad tanta maldad? ¿No era, acaso, una especie de locura: la del lobo, o el perro que de pronto se torna matrero?
Y aunque no fuera sino maldad—pensaba—, y quizá por eso mismo, el Negro era digno de compasión. Debía de ser terrible vivir así, odiando y temiendo, temido y odiado, perseguido, sin saber lo que es hogar ni lo que es amor, comiendo de cualquier manera en cualquier parte; amando con el solo instinto, a campo raso, a hurtadillas. Un amor de barbarie animal, desprovisto de ternura, sin la caricia suave, secreta, que es como un acto esotérico: ni el beso quieto que no destroza los labios, ni la charla tranquila frente a la tarde, ni la mirada infinita y perfecta. Un amor que seguramente no es correspondido con amor, sino con terror, y que dura un instante, para dar paso de nuevo a la fuga.
Así lo sorprendió su marido, oculto entre unas zarzas, con una mujer blanca de miedo y embadurnada de sangre. Lo encañonó con el revólver.
—Párate, Negro. Arréglate.
—Deje mejor, patrón.
Pronunciaba "patrón" con una ironía sutil y profunda. Casi una befa.
—Párate.
—Le prevengo, patrón.
Él no respondió. El Negro se puso de pie con ostensible lentitud. A lo largo del camino, hasta la quebrada de la Higuera, fue repitiéndole:
—Toavía eh tiempo, patrón. Puee cohtarle caro.
Y él mudo.
—Yo tengo mi gente, patrón.
Silencio.
—Piense en la patrona, que icen qu'eh güenamoza y joen. . .
El Negro marchaba unos pasos delante, y le hablaba mostrándole el perfil. Él lo miraba desde arriba de su caballo, con la vista aguzada, pronto a disparar al menor movimiento extraño.
—Sería una pena que enviudara la patroncita...
Pausa. El perfil sonreía apenas, con malicia.
—. . . o que enviudara uhté . . .
—Si dices media cosa más, te meto un tiro.
—¡Por Dioh, patrón!
—Cállate.
—Ni que me tuviera miedo—murmuró, fríamente socarrón, demorándose en las palabras. Y de improviso, en un instante, se inclinó y cogió una piedra, y cuando iba a lanzársela, él oprimió el gatillo, una, dos, tres veces. Un par de balas se alojó en la pierna izquierda del Negro, que permaneció inmóvil, esperando. Ambos jadeaban.
—¿No 'e, patrón? La embarró. Ahora no voy a poder andar.
Lo ató con el lazo cuidadosamente, haciéndolo casi un ovillo, y lo puso atravesado sobre la montura, de modo que sus pies colgaban hacia un lado y la cabeza hacia el otro. Así, tirando él de la brida, lo condujo hasta las casas del fundo. Cuando llegaron, el Negro se había desangrado con profusión: su pantalón estaba salpicado de rojo, salpicada también la cincha, y un reguero de puntos rojos marcaba el camino por donde vinieran.
Desde el pórtico de entrada los vio ella. Primero se alarmó por su marido, creyendo que podía haberle ocurrido algo, mas pronto se dio cuenta de que se hallaba bien. Adivinando la respuesta, preguntó muy quedo:

—¿Quién es?
—El Negro.
Pálido, desencajado, el Negro alzó el rostro con gran esfuerzo, la observó fijamente. Todavía ahora sentía incrustados en su carne esos ojos de acero, llameantes en medio de la extrema debilidad y tintos de un objetivo toque perverso. Recordaba que se puso a temblar. Luego la cerviz del bandido se inclinó, mustia.
—Se desmayó. Habrá que curarlo—dijo el esposo..
—¿Tiene heridas graves?
—No. Le di en el muslo, pero es necesario contener la hemorragia.
—Yo lo curaré.
Él la cogió del brazo.
—¿No te importa?
Sonrió débilmente.
—No. No me importa. Déjame.
Su mano vibraba al ir cogiendo el algodón, la gasa, yodo. El corazón le golpeaba con extraordinaria violencia, y por momentos le parecía que iban a reventarle las sienes. Le parecía que se ablandaban sus piernas al avanzar por el largo corredor hasta el cuarto donde yacía el hombre. Lo halló puesto sobre una angarilla, con las muñecas sujetas a ambos costados y las piernas abiertas, cogidas con fuertes sogas que se unían por debajo. Era la imagen de la humillación.
Se veía más repuesto, sin embargo.
—Buenas tardes—musitó.
La miró él de pies a cabeza. Dejó pasar un largo minuto. Por fin replicó, en tono de endiablada ironía:
—Güenah tardeh, patrona.

Le alzó el pantalón con timidez. La desnuda carne lacerada, cubierta de machucones y cicatrices, inspiraba la lástima que podría inspirar la carne de un mendigo. Con agua tibia lavó la sangre, cuyo flujo era ya menor, para ir aplicando después, en medio de enormes precauciones, el yodo, que lo hacía recogerse en movimientos instintivos.
—¿Duele?
El Negro no replicó, pero sus músculos permanecieron rígidos desde ese instante, y el silencio—apenas roto por el sonido metálico de las tijeras o por el crujir del paquete de algodón—pesó en el aire de la pieza con ominosa intensidad. Le resultó eterno el tiempo que tardó en concluir. Era difícil pasar las vendas por entre tantas ataduras, y entre el cuerpo del hombre y las parihuelas, especial porque él mismo no cooperaba. Al contario: diríase que gozaba atormentándola con su propio sufrimiento.
Terminó.
Calladamente reunió sus cosas y se levantó para partir.
—Patrona . . .
Se volvió. Los ojos pequeños, sombríos, del herido la miraban con una mirada indescriptible.
—Le agradehco, patrona.
—No hay de qué—balbució.
Mas él no había acabado:
—Si me llevan preso, me van a joder.
Pausa.
—El patrón no gana naa, ni uhté tampoco. si llego a ehcaparme dehpuéh, le juro que la dejo viuda. . . Sería una pena.
Ella no sabía qué hacer ni qué decir. Por fin se fue, paso a paso, hacia la puerta.
—Hasta luego—articuló, con voz que apenas se oía.
De pronto el Negro se puso tenso. Habló, y su tono palpitaba una dureza feroz:
—¡Y a ti tamién te mato, yegua fina!
Salió precipitada, yerta de espanto.
En los dos días que demoraron en venir los carabineros no hizo sino pedir a su marido que permitiera huir al preso.
—¿Por qué va a enterarse nadie? Le dejas camino hecho, sin contarle siquiera. Ni a él. Podrías ponerle un cuchillo al alcance de la mano. ¿Quién sabría?

—Yo.
—Amor.
—Estás loca.
—Hazlo. Te. . .
—Pero si es tan absurdo.
—No voy a vivir tranquila.
—Y si lo suelto, ¿cuántas mujeres dejarán de vivir tranquilas?
¿Cuántas perderán a sus hijos, o. . ., o. . . ? Tú sabes cómo lo encontré. Esa pobre muchacha tenía su novio, tendría sus esperanzas, sus planes, igual que tú cuando nos casamos. ¿Y ahora? El novio no quiere ni verla. Le ha bajado por ahí el honor, al imbécil. Y ella. .., bueno. Está vacía. Nada va a ser como antes para ella. Por el Negro. Por este bruto. ¿Y quieres que tu miedo le permita seguir haciendo de las suyas?
—Va a escapar.
—No veo. . .
Fue en vano insistir. Sin embargo, algo en su adentro se resistía a toda razón, sobre toda razón la impulsaba a desear que aquello se arreglase en cualquier forma, de modo que el Negro se viera libre y ellos no tuvieran encima la espada de Damocles de su venganza.
Pero nada ocurrió. Cuando los carabineros llegaron, el preso rugía de ira, echaba maldiciones horrendas, se debatía. Insensible a los golpes que le daban para aquietarlo, gritaba:
—¡Me lah vai a pagar, futre hijo'e perra!
Por un instante la vio.
—¡Y voh tamién, yegua!
La agitó a ella una sensación de angustia. Habría deseado decirle palabras que lo calmaran, pedirle perdón incluso, mas eso era un disparate, y, mientras, no podía dejar de permanecer ahí clavada, viendo y oyendo, llenándose de un terror frío y profundo.

...Las imágenes comenzaron a hacerse vagas, a moverse de una manera distorsionada en su mente, a medida que tornaba el sueño. Traspuesta aún, veía los ojillos agudos, pérfidos, del hombre. Su rostro sin afeitar, que cruzaban dos tajos de pálidas cicatrices. La mandíbula cuadrada, sucia. Los labios carnosos, entre los que asomaban sus dientes amarillos y disparejos y ralos, y unos colmillos de lobo. La cabeza hirsuta, la estrecha frente impresa de crueldad. En los labios había una especie de sonrisa. Murmuraban "Yegua", sin gritarlo, sin violencia ahora, suavemente, cual si fuera una galantería.

O tal vez una galantería obscena, de infinita malicia. Se revolvió en el lecho, sintiéndose herida y escarnecida, presa del semisueño y de su lógica ilógica, atrabiliaria, tan fácilmente cómica y tan fácilmente diabólica. Algo la ataba a esa comarca donde parece estar el germen de la pesadilla, y también el germen de la maldad que se oculta, del ridículo, de la muerte; donde la alegría, el dolor, la desesperación, pierden sus límites. Atada. Y el Negro la miraba, y sonreía, y le decía "Yegua", y en seguida no sonreía, sino que estaba tenso, todo él tenso cual un alambre eléctrico, y continuaba repitiendo la misma palabra, en un tono de odio sin ira que se le metía en la carne y en la sangre y en los huesos (Amor, amor), y dentro del pecho el corazón se puso a saltarle, desbocado, y de pronto tenía el cabello suelto, flotando al viento, y no era más ella, sino una potranca galopando en medio de la oscuridad, y aunque iba por una llanura se oían crujidos de madera (Amor ) y sobre todo ladridos que se acercaban poco a poco y su furia medrosa producía eco, tal si repercutieran entre cuatro paredes. . . Se acercaban, la rodeaban, iban a moderla esos perros. . .

Despertó con sobresalto.
Se quedó unos instantes semiaturdida, observando en torno. Ningún cambio: su marido yacía ahí al lado, tranquilo. La luna daba de lleno sobre la ventana del costado izquierdo, en cuyos vidrios refulgían las gotas de lluvia. Todo igual.
Suspiró.
Luego, lentamente, el trote de un caballo hizo oír su claf-claf desde el camino.
¿Qué sería? Trató de ver en su reloj, mas no lo consiguió. Un caballo. Amor—quiso decir—, un caballo. Pero calló. Escuchaba con el cuerpo entero, con el alma. Reales ahora, los ladridos se convirtieron en una algarabía agresiva. Sonó un golpe seco, un quejido, nada. El claf-claf también cesó: estaría desmontando el jinete.
—Amor.
El marido gruñó una interrogación ininteligible, entre sueños.
—¡Amor!—repitió ella.
—¿Qué hay?
—Alguien viene.
—¿Dónde? ¿Qué hora es?
—No sé.
De un soplido apagó el fósforo que él empezaba a encender.
—No. No prendas la luz. Venía por el camino.
El hombre se levantó, echándose una manta encima, y se acercó a la ventana que daba hacia afuera. Corrió la cortina en un extremo.
—¡Diablos!—exclamó.
La mujer no se atrevió a preguntar. Sabía. En unos segundos, él estuvo a su lado susurrándole instrucciones:
—Es el Negro. No te preocupes.—Abrió una gaveta—. Toma, te dejo este revólver. Ponte en ese rincón, y si asoma, disparas. No hará falta. Trata de conservar la calma, amor. Apunta con cuidado. Yo voy a salir por el corredor para sorprenderlo. Ten calma. No pasará nada.
La besó, cogió otro revólver del velador y se fue, con el sigilo de un gato, antes de que ella hubiera podido articular palabra.
Esperó.
Tenía la vista fija en el marco de cielo encuadrado, estrellado. A cada instante le parecía ver aparecer una sombra, ver moverse algo en la sombra. Cuídate, amor. Dios mío, que todo salga bien.
Cayó una gota del alero. Hacía rato que no caía ninguna.
Sopló una ráfaga de viento.
Otra gota.
Silencio.
Sintió un frío que la calaba.
Una tabla crujió. Sobresaltada, se volvió hacia la puerta. ¿No habría entrado el Negro por otra parte? Transcurrieron cinco, diez, quince segundos. No se repitió el crujido. ¿Y si apareciese por la ventana interior? Trató de imaginar cómo y por dónde lo haría. Podía trepar el muro bajo de la huerta, saltar... Sin embargo, estaba cojo aún. Y los dos mastines le impedirían pasar. No. Por ahí no era probable.
Una tercera gota se desprendió del alero.
¿Cuánto tiempo habría transcurrido? Tres gotas, pensó. ¿Habría un minuto, medio, entre gota y gota? ¿O no se producían a intervalos regulares? Cuarta gota.
Estaba claro, dentro de la oscuridad. Tal vez ya iba a amanecer. Tal vez llegara la mañana y vinieran los inquilinos, y entre todos apresaran de nuevo al Negro. . .
Quinta gota.
¡Por Dios! Trató de rezar: Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea... No. Era absurdo. No podía.
Sexta gota. Después un crujido. Se puso atenta.
Nuevo crujido.
No se encontraron. Viene ahí.
El crujido siguiente fue junto a la puerta. La puerta se abrió, dejando entrever una masa de sombra más densa. Disparó. Se escuchó un murmullo quejumbroso, breve; luego el caer de un cuerpo al suelo. Luego, débilmente:
—Amor . . .
Arrojó el revólver y se abalanzó hacia la entrada. Tocó el cuerpo: era su marido.
—¡Por Dios, qué hice!
Él:
—Pobre amor. Huye.
Trató de acariciarle la frente, y al pasar por la piel sus dedos se encontró con la sangre, que fluía a borbotones.
—Voy a curarte.
El hombre no respondió.
—¡Amor! ¡Amor! Silencio. Una tabla volvió a crujir. El revólver. Retrocedió para buscarlo a tientas, pero sus manos no dieron con él. La segunda silueta apareció entonces en la puerta.



Estrenamos el primer número de la revista La Santísima trinidad de las cuatro esquinas.

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Estrenamos la primera edición de La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.

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Nos complace presentar este nuevo proyecto de E ditorial y revista Cinosargo, titulado la Santísima trinidad de las cuatro esquinas, la revista es una recopilación del contenido de diciembre del espacio homónimo dedicado a la literatura chilena en todos sus géneros.


El equipo integrado por Sol E. Díaz, Daniel Rojas Pachas, Oliver Beltrán y la redactora, Violeta F pretenden proponer lecturas personales e interpretaciones impetuosas a obras canónicas e ignoradas de la lírica y prosa nacional con la periodicidad, compromiso y calidad que nos caracteriza.


Violeta Fernández Riquelme

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