Diciembre, 2009

THE TYGER (from Songs Of Experience)


THE TYGER (from Songs Of Experience)

By William Blake

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare sieze the fire?

And what shoulder, & what art.
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? & what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And watered heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

1794


La gallina degollada de Horacio Quiroga en La Argentina en Pedazos



La gallina degollada de Horacio Quiroga en La Argentina en Pedazos

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La gallina degollada

Horacio Quiroga


Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta.

El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.

Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.

El mayor tenía doce años, y el menor ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.

Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo: ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?

Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.

Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.

—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.

El padre, desolado, acompañó al médico afuera.

—A usted se le puede decir; creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.

—¡Sí!... ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que?...

—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar bien.

Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.

Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente amanecía idiota.

Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!

Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.

Mas, por encima de su inmensa amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más. Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.

No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba, en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.

Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.

—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.

Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.

—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.

Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:

—De nuestros hijos, ¿me parece?

—Bueno; de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.

Esta vez Mazzini se expresó claramente:

—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!... ¡No faltaba más!... —murmuró.

—¿Qué, no faltaba más?

—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.

Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.

—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.

—Como quieras; pero si quieres decir...

—¡Berta!

—¡Como quieras!

Este fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.

Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.

Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo.

No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.

Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban casi todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia.

De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.

Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.

—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces?. . .

—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.

Ella se sonrió, desdeñosa: —¡No, no te creo tanto!

—Ni yo, jamás, te hubiera creído tanto a ti. . . ¡tisiquilla!

—¡Qué! ¿Qué dijiste?...

—¡Nada!

—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!

Mazzini se puso pálido.

—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!

—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!

Mazzini explotó a su vez.

—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!

Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto hirientes fueran los agravios.

Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.

A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.

El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar frescura a la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación... Rojo... rojo...

—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.

Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.

—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!

Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.

Después de almorzar, salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires, y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron;, pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.

Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.

De pronto, algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero faltaba aún. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.

Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.

Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana, mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie, iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente, sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.

—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.

—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.

—Mamá, ¡ay! Ma. . . —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.

Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.

—Me parece que te llama—le dijo a Berta.

Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Bertita a dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.

—¡Bertita!

Nadie respondió.

—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.

Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.

—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.

Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:

—¡No entres! ¡No entres!

Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.



Daniel Rojas Pachas: Breve exposición en la Universidad Santo Tomas


Literatura e identidad
Daniel Rojas Pachas


Sábado 19 de Diciembre del 2009


Para entender mejor la relación arte/literatura e identidad es necesario remitirnos al concepto de apropiación estética que en términos simples, podemos definir desde la teoría como: El objeto tratado por el arte es transportado a otro nivel de significación, el fenómeno de apropiación que hace el artista transfigura al ser y pone de manifiesto una nueva cualidad, una nueva perfección que será comunicada por el poema, la pintura, la pieza musical.(Kupareo))

Al realizar tal proceso el artista, en este caso el creador que usa como materia prima la palabra, llámese poeta, narrador o dramaturgo toma una parcela del mundo y proyecta su imaginario dotando de múltiples significados, connotaciones y deseos al objeto.

Un ejemplo sencillo que sirve para graficar el fenómeno es como dentro de nuestra literatura nacional y local, las aves han poblado las páginas de infinidad de poemarios y novelas, desde títulos como: El obsceno pájaro de la noche de José Donoso hasta versos magistrales como el que Juan Luis Martínez incluye en su obra experimental La Nueva Novela:

Los pájaros cantan en pajarístico,
pero los escuchamos en español.
(El español es una lengua opaca,
con un gran número de palabras fantasmas;
el pajarístico es una lengua transparente y sin palabras).

En ellos encontramos una crítica a la incomunicación a lo precario de nuestros medios, cuestionamiento propio de la filosofía del lenguaje, pero ahí no acaba la posibilidad de figuración del objeto, encontramos además cuestionamientos existenciales como los que hace Parra por medio del Jilguero:

El Jilguero Chileno -creo yo-
tiene la obligación de mantenerse en silencio
mientras no recupere su libertad
y no pensar en nada que no sea
la libertad
la puerta de la jaula
actos y no palabras deliciosas

O una alegoría a la arquitectura y al lar como este que nos da Jorge Teillier con las palomas…

Quién soy yo sino nadie
Alguien que quisiera pasarse los días y los días
Como un solo domingo
Mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios
Mirando a un anciano que da de comer a las palomas
Y a los evangélicos que predican el fin del mundo

Cuando en la tarde no soy nadie
Entonces las cosas me reconocen
Soy de nuevo pequeño
Soy quien debiera ser

Casos a tomar hay muchos, el mar, el cielo, el amor, así cada autor va creando su concepción de la realidad desde lo concreto, la mirada a espacios físicos, objetos, animales, rostros, hasta lo inmaterial o metafísico, la temporalidad, el espíritu de la época, los vicios y valores, sentidos, temores y proyecciones, en este discurrir y crear al mundo con la palabra el autor se observa y recrea la vida, al otro y da forma y sentido a su enciclopedia

En definitiva la suma y conflicto de todas estas voces y propuestas creativas, son las que han dado nacimiento a estilos, escuelas, generaciones y a un rico panorama literario Chileno con una identidad clara y desde luego a un continente unido por las redes y fisuras de una lengua. Desde allí podemos contemplar nuestro sitial en la universalidad literaria, en la cual Chile ocupa un lugar privilegiado y al menos alabado por la opinión pública, si a poesía nos referimos.

En síntesis, en cada esfuerzo, en cada obra y propuesta vemos desplegado el instinto y el anhelo por desarrollar cabalmente una voz que lírica y prosaicamente exprese su cosmovisión trascendiendo los límites espacio/tiempo pues de qué otro modo generaciones completas podrían haber conocido el esplendor y decadencia de la civilización griega sino fuera por Homero y los grandes creadores de tragedias, el París de Hemingway, el salto asfixiante al modernismo de Kafka y en general, aquellos paisajes y atmósferas que nos definen como americanos a través de la geografía territorial y mental de San Agustín de Tango de Emar, Santa María de Onetti, Comala de Rulfo y Macondo de García Márquez.

En nuestro caso particular el norte de Chile, su desierto y también la urbe que hoy somos y hemos sido es un espacio a ser reconstruido y re-escriturado una y otra vez a partir de la mirada de un Sabella que nos bautizo con su obra Norte Grande pasando por otras visiones canónicas y fundacionales más locales, la nostalgia pampina y salitrera hasta el hiperrealismo postmoderno, descarado, vivencial, exploratorio y descreído de los nuevos creadores ariqueños.

Sin embargo lo claro es que nuestra identidad e historia no termina en las páginas de un libro, allí todo comienza, como una invitación, parte y foco que cada uno de nosotros como lectores y escritores en primera instancia de nuestras vidas, estamos llamados a dar forma, diseño y contenido, edificando la realidad que nos convoca.





Publicaciones de Cinosargo a la fecha.

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Intromisiones, radiogramas y telegramas de Wilfredo Carrizales - Antología de poesía y fotografía. (leer)

Cuentos de Parinacota.

Autor: Juan Carlos Mamani Morales

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"respirar puede ser un fracaso"

de Yamila Greco

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Aguante Barreda de Alejandro Colliard

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Antología de nuevos narradores Arica - Antofagasta

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Gramma : Editorial Cinosargo

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" Realidades Dialogantes "

Editorial Cinosargo

Dialogando con la nueva narrativa de Arica

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Dialogando con la nueva narrativa de Arica


Por Daniel Rojas Pachas


Resulta necesario presentar esta parte de la compilación nuevos narradores de Arica y Antofagasta con unas palabras acerca de los estilos y técnicas dispares de quienes por la incipiente XV región, han tenido el atrevimiento de representarse narrativamente a sí mismos más que a una localidad, pues si bien, todos tienen en común el residir en Arica (ni siquiera se puede decir que todos sean originarios de esta zona, dada la condición extrema y fronteriza que ostenta) podemos destacar por encima de la confluencia espacial un irrefrenable deseo de no ser encasillados y evitar asumir de modo determinante el espíritu de geografía frontera, ciudad heroica y nostálgica que cierta mirada canónica ha impuesto. Por ello, citamos planteamientos de Virginia Woolf a esta altura ya clásicos aunque muchas veces no escuchados o bien entendidos por algunos sectores dogmáticos de la tradición literaria local y porque no nacional, que pretende regionalizar la literatura como una imagen de postal llámese pampina, austral o alegórica del copihue o el cactus.


Woolf decía: La vida no es una serie de farolas ordenadas simétricamente, sino un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el inicio de nuestra conciencia hasta su final. ¿No es tarea del novelista transmitir este espíritu variado, desconocido y sin circunscribir, no importa qué aberraciones o complejidades manifieste, con tan poca mezcla de lo ajeno y lo externo como sea posible?


Tales palabras nos permiten expandir desde el intuitivismo, la irracionalidad, el expresionismo y la percepción estética de cada individuo, la región, no como un exacerbamiento de lo que Tolstoi decía “D escribe tu aldea y serás universal”


Sino considerando la realidad que nos convoca como es en su completa incertidumbre… una aldea global, abstracta y con fronteras virtuales, más cercana hoy a una red paragramática llena de códigos fonéticos, sintagmáticos y semánticos, signos y discursos intra- e infra-históricos y que cada autor sabrá como abordar y proponer a su antojo independiente de su ubicación en un hemisferio.


Al respecto, no podemos negar que el espacio y época influyen, la distancia de un centro por ejemplo, digamos Santiago… Pero para el caso de Arica vale afirmar que hay muchos otros centros a los que paradójicamente la ciudad ha estado anexada o vinculada a lo largo de su historia, Perú y Bolivia… también Arica, si lo pensamos es al final un centro lejano e indolente para las provincias de Parinacota y la población Aymara del país y en cuanto al resto de Chile, la otrora ciudad de la eterna primavera, es también un núcleo cuando se trata el tema de los inmigrantes ilegales y la droga.


En definitiva todo lo expuesto está en mayor o menor medida en la mente de los creadores de esta antología y si bien uno puede escribir situado y lo hace… se puede contraargumentar a aquellos fundamentalistas del naturalismo regional que pregonan: “que uno no puede añadiendo del mismo modo, que uno tampoco puede excluirse de la labor de rodear al mundo con lo que uno es en lo más profundo de su caos y deseo por imaginar la realidad.


Por ello este grupo o colectivo imaginario de autores situados en Arica… no cabe tampoco llamarlo generación pues hay voces aquí que bordean los veinte y otros que superan los cincuenta… por tanto es preferible entender su quehacer como el de artistas disímiles de la palabra y que aspiran desde su individualidad a desarrollar una geografía mental más que territorial abocándose a la región no tan transparente que cada cual quiere relatar y representar en el papel.


Así lo demuestra la inclinación multifacética que vemos en los textos, el humor negro, la blasfemia y desacralización de figuras, lugares e hitos, incluso instituciones como el mismo arte de narrar son cuestionados con una revisión irónica y metatextual de la palabra y espacios concretos cargados de un esplendor utópico, podemos señalar el Morro o el manoseado y derruido Hotel Pacífico, en esos trotes tampoco es de extrañar la revisión a los llamados subgéneros, el terror, la ciencia ficción, la novela negra y las transgresiones que modifican la estructura narrativa lineal con saltos de nivel poniéndose atención más que a lo enunciado a la enunciación, los quiebres temporales y por último la ausencia de una voz definida se lucen en estas prosas.


La suma de todos estos esfuerzos en cualquier caso, tampoco anula el potencial de la tan mentada ciudad desértica y fronteriza que asume el rol de atmósfera o punto de hablada, espacio depredador, violento, contradictorio y ambiguo que Cormac McCarthy, Rulfo, Burroughs, Bolaño, Lowry y muchos otros vitalizaron…


Aquel lugar sigue siendo sin duda un misterio y veta a explorar y que lastimosamente termina pudriéndose como cualquier otra posibilidad creativa en el decimonónico afán de poetizar elogiosamente las bondades del paisaje y el tesón del tipo humano… por ello se plantea desde este punto, en la historia creativa de Arica, una imperiosa primera tentativa de romper con una inercia fetichista y reduccionista que se ha asumido como verdad en los últimos cincuenta años o más dentro de la literatura de la localidad… pues el ejercicio escritural debe ser el norte y no el norte como tótem, mantra o símbolo sacro una excusa para escribir en clave turística y condescendiente


Daniel Rojas Pachas

Arica diciembre 2009

Cinosargo presenta Antologia de nuevos narradores de Arica - Antofagasta

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Cinosargo y su grupo editorial conformado por Daniel Rojas Pachas, Milvia Alata Tejedo y quien redacta, Violeta Fernández Riquelme, se complacen en presentar este esfuerzo conjunto que reúne a once escritores de la zona norte de Chile, en esta oportunidad las ciudades presentadas son Arica y Antofagasta y el objeto de la presente edición es dar cuenta de una forma diversa e incluso inesperada de apropiarse estéticamente de la realidad.


Sin embargo, las estéticas y discursos que podemos disfrutar en el texto no han de extrañarnos en los tiempos que corren sobre todo valorando las características de los espacios en que estos autores viven, han crecido y madurado su arte; lo destacado aquí es que estamos ante autores que no rinden ciega pleitesía al terruño, puesto que junto a las experiencias e inquietudes que cada uno porta y comunica, el referente geográfico pasa a ser un telón más o un factor a redescubrir o re-escriturar, muchas veces… desde una perspectiva ajena, alienada, satírica o deforme para visiones anquilosadas de lo que se ha querido perpetrar como belleza y creación en torno al Norte Grande, en ese sentido el desacato no esta omitido pues como dice Bloom nos topamos con una condición agónica y antitética de la creación, enfrentamiento entre poetas fuertes –son los únicos que, para Bloom, merecen estudio- predecesores y sucesores, entre lecturas, entre significaciones y formas. Y es en esa dinámica que el poeta (creador) se encuentra detrás de todos sus predecesores y marca su fuerza, su valor al contrarrestar la fuerza de su padre poético.

Si ligamos esto a lo que Bolaño pone en boca de Maples Arce en los Detectives Salvajes… Todos los poetas, incluso los más vanguardistas, necesitan un padre. Pero éstos eran huérfanos de vocación”.


Los que conforman esta antología se presentan como huérfanos de un desierto, escritores que desafían a ese padre fantasmal que ha sido la sombra y la formula de muchos, la pampa que imperceptiblemente, invisible si se quiere, cambia contra nuestra voluntad y nos fuerza a mutar, día a día bajo nuestros pies y mirada.

Finalmente los agradecimientos son para todos los que han hecho posible esta antología con su trabajo creativo.


De Antofagasta a los escritores que participan de la muestra: Rodrigo Ramos Bañados, Álvaro López Bustamante, Eduardo Farías Alderete, Jaime Cortés, Juan Luis Castillo

De Arica a los escritores que participan de la muestra: Roberto Flores Salgado, Josmar Conde Tolmo, Luis Seguel Vorpahl, Carlos Morales Fredes, Daniel Rojas Pachas, Pablo Espinoza Bardi.


A todos ellos gracias… Cinosargo tiene la palabra…

V.F

Artículo de Daniel Rojas Pachas sobre Bolaño en Crítica.cl


Artículo de Daniel Rojas Pachas sobre Bolaño en Crítica.cl



Novela Aguante Barreda de Alejandro Colliard editada por Cinosargo

Ponemos en conocimiento de nuestro público la novela Aguante Barreda de Alejandro Colliard editada recientemente por Cinosargo.

diciembre del 2009.

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Cinco poemas gravitantes para este lector.


Cinco poemas que en lo personal, me ayudan a entender la realidad y continuar con el día a día. El orden es irrelevante, los cinco son igual de grandiosos e importantes para este lector.


"The Parade Ends"

por Reinaldo Arenas

Paseos por las calles que revientan,
pues las cañerías ya no dan más
por entre edificios que hay que esquivar,
pues se nos vienen encima,
por entre hoscos rostros que nos escrutan y sentencian,
por entre establecimientos cerrados,
mercados cerrados,
cines cerrados,
parques cerrados,
cafeterías cerradas.
Exhibiendo a veces carteles (justificaciones) ya polvorientos,
CERRADO POR REFORMAS,
CERRADO POR REPARACIÓN.
¿Qué tipo de reparación?
¿Cuándo termina dicha reparación, dicha reforma?
¿Cuándo, por lo menos,
empezará?
Cerrado...cerrado...cerrado...
todo cerrado...
Llego, abro los innumerables candados, subo corriendo la improvisada escalera.
Ahí está, ella, aguardándome.
La descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y frías dimensiones.
Le quito el polvo y vuelvo a pasarle la mano.
Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados.
Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella,
paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en marcha.
El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido
ahora, a toda velocidad.
Paredes, árboles, calles,
catedrales, rostros y playas,
celdas, miniceldas,
grandes celdas,
noche estrellada, pies
desnudos, pinares, nubes,
centenares, miles,
un millón de cotorras
taburetes y una enredadera.
Todo acude, todo llega, todos vienen.
Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas,
flotas, flotas arrancado, arrastrado,
elevado,
llevado, transportado, eternizado,
salvado, en aras, y,
por esa minúscula y constante cadencia,
por esa música,
por ese ta ta incesante.


LA PIEZA OSCURA - ENRIQUE LIHN.

La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielorraso hubiera amenazado
una vaga llovizna sangrienta.
De ese licor inhalamos, la nariz sucia, símbolo de inocencia y de precocidad
juntos para reanudar nuestra lucha en secreto, por no sabiamos no ignorábamos qué causa;
juegos de manos y de pies, dos veces villanos, pero igualmente dulces
que una primera pérdida de sangre vengada a dientes y uñas o, para una muchacha
dulces como una primera efusión de su sangre.

Y así empezó a girar la vieja rueda —símbolo de la vida— la rueda que se atasca como si no volara,
entre una y otra generación, en un abrir de ojos brillantes y un cerrar de ojos opacos
con un imperceptible sonido musgoso.
Centrándose en su eje, a imitación de los niños que rodábamos de dos en dos, con las orejas rojas
—símbolos del pudor que saborea su ofensa— rabiosamente tiernos, la rueda dio unas vueltas en falso como en una edad anterior a la invención de la rueda
en el sentido de las manecillas del reloj y en su contrasentido.
Por un momento reinó la confusión en el tiempo. Y yo mordí largamente en el cuello a mi prima Isabel,
en un abrir y cerrar del ojo del que todo lo ve, como en una edad anterior al pecado
pues simulábamos luchar en la creencia de que esto hacíamos; creencia rayana en la fe como el juego en la verdad
y los hechos se aventuraban apenas a desmentirnos
con las orejas rojas.

Dejamos de girar por el suelo, mi primo Angel vencedor de Paulina, mi hermana; yo de Isabel, envueltas ambas
ninfas en un capullo de frazadas que las hacía estornudar —olor a naftalina en la pelusa del fruto—.
Esas eran nuestras armas victoriosas y las suyas vencidas confundiendose unas con otras a modo de nidos como celdas, de celdas como abrazos, de abrazos como grillos en los pies y en las manos.
Dejamos de girar con una rara sensación de vergüenza, sin conseguir formularnos otro reproche
que el de haber postulado a un éxito tan fácil.
La rueda daba ya unas vueltas perfectas, como en la época de su aparición en el mito, como en su edad de madera recién carpintereada
con un ruido de canto de gorriones medievales;
el tiempo volaba en la buena dirección. Se lo podía oír avanzar hacia nosotros
mucho más rápido que el reloj del comedor cuyo tic-tac se enardecía por romper tanto silencio.
El tiempo volaba como para arrollarnos con un ruido de aguas espumosas más rápidas en la proximidad de la rueda del molino, con alas de gorriones —símbolos del salvaje orden libre— con todo él por único objeto desbordante
y la vida —símbolo de la rueda— se adelantaba a pasar tempestuosamente haciendo girar la rueda a velocidad acelerada, como en una molienda de tiempo, tempestuosa.
Yo solté a mi cautiva y caí de rodillas, como si hubiera envejecido de golpe, presa de dulce, de empalagoso pánico
como si hubiera conocido, más allá del amor en la flor de su edad, la crueldad del corazón en el fruto del amor, la corrupción del fruto y luego... el carozo sangriento, afiebrado y seco.

¿Qué será de los niños que fuimos? Alguien se precipitó a encender la luz, más rápido que el pensamiento de las personas mayores.
Se nos buscaba ya en el interior de la casa, en las inmediaciones del molino: la pieza oscura como el claro de un bosque.
Pero siempre hubo tiempo para ganárselo a los sempiternos cazadores de niños. Cuando ellos entraron al comedor, allí estábamos los ángeles sentados a la mesa
ojeando nuestras revistas ilustradas —los hombres a un extremo, las mujeres al otro—
en un orden perfecto, anterior a la sangre.

En el contrasentido de las manecillas del reloj se desatascó la rueda antes de girar y ni siquiera nosotros pudimos encontrarnos a la vuelta del vértigo, cuando entramos en el tiempo
como en aguas mansas, serenamente veloces;
en ellas nos dispersamos para siempre, al igual que los restos de un mismo naufragio.
Pero una parte de mí no ha girado a compás de la rueda, a favor de la corriente.
Nada es bastante real para un fantasma. Soy en parte ese niño que cae de rodillas
dulcemente abrumado de imposibles presagios
y no he cumplido aún toda mi edad
ni llegaré a cumplirla como él
de una sola vez y para siempre.

Autor: Enrique Lihn.


ANTONIO (De César Moro)

ANTONIO es Dios
ANTONIO es el Sol
ANTONIO puede destruir el mundo en un instante
ANTONIO hace caer la lluvia
ANTONIO puede hacer oscuro el día o luminosa la noche
ANTONIO es el origen de la Vía Láctea
ANTONIO tiene pies de constelaciones
ANTONIO tiene aliento de estrella fugaz y de noche
oscura
ANTONIO es el nombre genérico de los cuerpos celestes
ANTONIO es una planta carnívora con ojos de diamante
ANTONIO puede crear continentes si escupe sobre el mar
ANTONIO hace dormir el mundo cuando cierra los ojos
ANTONIO es una montaña transparente
ANTONIO es la caída de las hojas y el nacimiento del
día
ANTONIO es el nombre escrito con letras de fuego sobre
todos los planetas
ANTONIO es el Diluvio
ANTONIO es la época Megalítica del Mundo
ANTONIO es el fuego interno de la Tierra
ANTONIO es el corazón del mineral desconocido
ANTONIO fecunda las estrellas
ANTONIO es el Faraón el Emperador el Inca
ANTONIO nace de la Noche
ANTONIO es venerado por los astros
ANTONIO es más bello que los colosos de Memmón en
Tebas
ANTONIO es siete veces más grande que el Coloso de
Rodas
ANTONIO ocupa toda la historia del mundo
ANTONIO sobrepasa en majestad el espectáculo grandioso
del mar enfurecido
ANTONIO es toda la Dinastía de los Ptolomeos
México crece alrededor de ANTONIO


Espergesia por César Vallejo


Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.


The Tiger
By William Blake
1757-1827

TIGER, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?

And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And water'd heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?




La poesía de Yamila Greco: Muros de carne y los vínculos con la derrota. por Daniel Rojas Pachas


La poesía de Yamila Greco: Muros de carne y los vínculos con la derrota.

por Daniel Rojas Pachas.


Yamila Greco poeta argentina nacida en el 79 nos presenta en su colección de poemas respirar puede ser un fracaso (Cinosargo 2009) una serie de códigos que van construyendo a lo largo de todo el libro una imagen del organismo y la existencia sometida a lo abyecto, a la crueldad del encierro con que la carne opera sobre el ser, primordialmente sobre su libertad como ente vivo y aquella voluntad creadora y salvaje que en potencia todos tenemos (en ese proceso también debemos mencionar la inmensa capacidad de destruir que alberga nuestra especie y ante la cual Greco no escatima referencias).

(…)fieras de mi alteración el golpe de los pasos y las puertas

que vienen por qué no se van ajenas a todo lo que se suicida(…)

El cuerpo en tal medida nos comunica sus limitantes y su necesidad auto flagelante al querer romper con las cadenas de su materialidad castigadora. Desde las cicatrices y con cada una de sus partes, vellos, párpados, lágrimas, sangre y otros efluvios corporales se nos revela el sometimiento al que ha sido entregada nuestra especie.

(…)yo no sé si levantar el nylon que cubre mis párpados

cuando el cuerpo se me revuelve en celo

atrevida en leche por mi nariz torcida en sangre

presagio del puño altivo que me descubre en asco (…)

En los poemas del libro el cuerpo asume el rol primordial de hablante, lo peculiar es que la escritora no se coarta a la hora de edificar voces múltiples pues el texto nos habla a veces desde una parte, uñas como cuchillos, brazos como abismos o una lengua abierta, otras como un homúnculo y también desde la categoría de un occiso por ejemplo comunicando la memoria tanto de manos atadas y laceradas, ojos y piel relacionándose e interviniendo con la oscuridad y textura del plástico, lo cual proporciona al cadáver violentado la posibilidad de interactuar como voz con el bodybag que lo contiene o así mismo con la pulcritud clínica de la morgue o la camilla de autopsia.

(…) lo que nos recuerda las manos son las cuerdas

entonces manifiesto por los ojos

la angustia y la crueldad

del plástico forzado por mi cadáver (…)

Esta serie de imágenes por tanto no sólo buscan impactar al lector o ser un referente ligado a una estética escatológica que establece vasos comunicantes con clásicos como Lautréamont o Benn Gottfried de Morgue y otros poemas, por el contrario a la luz de esta lectura se propone que la autora desarrolla toda una percepción de la realidad desde la célula, desde lo somático, pues los significantes se van cargando de una necesidad expresiva que se exterioriza no sólo por medio de una consciencia sino en cada manifestación de la materialidad humana, incluso aquellas de las que se reniegan de forma habitual, la suciedad de la carne, la deformidad, la herida, lo putrefacto, los hedores e incluso aquello que va quedando como restos de una existencia, fragmentos de piel y uñas o partes de un código genético.

Es interesante como esas heridas, esos silencios y explosiones que demuestran los vehículos de los sentidos, labios, dedos y extremidades en general, llaman a sus ascendientes, padres, madres y abuelos, los que a su vez se exponen también convertidos en carne desde visiones que nos hablan de un alimento en descomposición, un fallecido progenitor, olores en la cocina, un gesto peculiar o acción capaz de sintetizar el rol o a la persona, desnuda en su cotidianidad, en su integra constitución.

(…) dónde estás papá dónde caíste en qué fondo te entierran mis manos(…)

También resulta importante destacar como la poesía en este sentido desafía peculiarmente la idea de racionalidad además de la concepción unitaria y estructural del sujeto en que las partes remiten al núcleo o inmanencia del sistema, hablamos de la mente y su calidad de centro operatorio. En la poesía de Greco en cambio, cada miembro, líquido o plaqueta busca expresar la ternura y violencia contenida en el individuo, negando incluso la trascendencia del yo, su psiquis y los productos más evidenciables de su supremacía, el lenguaje, sin obviar tampoco lo inasible, el factor onírico y el éter misterioso del sueño que descubre su matriz en la pesadilla configurada desde el encierro que emerge por causa y medio del cuerpo.

De lo expuesto, surge uno de los símbolos clave en está estructura y diseño poético, el grito. Al cual me referiré en detalle pues asume en la obra dos dimensiones prioritarias.

(…)sombra es el grito cuando limpio mis manos(…)

Por una parte el grito se prioriza como la expresión manifiesta del desarraigo y la necesidad de romper con la tan mentada unidad, es una mirada irascible frente al mundo y la pasividad de nuestras limitaciones, este grito encarna la libertad y voluntad creacionista de la existencia, ese perpetuo e incesante cambio y movilidad que afirma y niega, eleva y derruye. El cuerpo en esa medida aparece como una cárcel o claustro del grito. El envase resulta una de las causas de toda postergación y rango de contención.

(…)la cercanía limita el encaje

que es la carne

mediante el grito que nos triunfa

en delirio acabado

yo me postergo y me rebelo

contra la blanca solicitud (…)

En cuanto a las formas en que el grito se explicita, encontramos la risa, la mueca, babas que se retuercen, códigos que van mas allá de la palabra y que se vinculan a lo kinésico, a formas de comunicación no verbal y principalmente no lingüísticas, lo cual procura una vez más romper con la lógica, con las ataduras de la libertad máxima incluso arriesgando el dolor y daño. Mas allá de un instinto de supervivencia el cuerpo busca los cauces para desatar el afluente del grito, sin embargo este por las condiciones de regularidad a las que somos sometidos desde la cuna, termina empozado en la garganta a mitad de camino como una aflicción irresoluta.

(…)la gota seca de la rabia

marcando muecas

mi baba retorcida

en precipicios

a pleno diente roto

su garganta es mi depósito (…)

El cuerpo se debate de este modo ante la agonía e incapacidad de soportar su intrínseco salvajismo. La fuerza se presenta por su parte encarnando el dolor con señas físicas y también de modo diferido, incompleto, lleno de silencios abiertos a la sobre- y sub-interpretación del destinatario pues el tránsito del cuerpo expone las expectativas y frustraciones que se han tallado en la carne como un mapa que forma la geografía de lo que hemos sido en nuestro devenir. Ahora, si esto lo ligamos al poema y la concepción estética de la autora, el quehacer de Greco se impone como una revelación hecha con bisturís, la memoria tallada en los pliegues y las manchas, en las secreciones y las hendiduras.

La constricción de la carne y la tarea por abrir esta, deformarla, cambiar sus fronteras y escapar de ella opera tanto en un sentido espacial como temporal, desde luego físico y también metafísico e inmaterial como ocurre con el grito, siendo prioritario el sometimiento, el bondage y el fetichismo como una idea que atraviesa por completo la obra.

Y es en ese punto que surge el segundo nivel en que encontramos el grito, también como un instrumento simbólico que comunica el génesis de toda forma viva y su crisis.

(…)los gritos son el inicio de toda creación maldita(…)

Desde esta perspectiva, la voz podemos ubicarla fuera como una materialidad que pretende comunicar el nacimiento y que procedimientos y conflictos intervienen en su origen y en la forja del pensamiento y la sensibilidad. Aquí se refuerza la idea de los límites que nos atrapan y como la libertad se comunica con la extinción propia del ser, el suicidio o la mutilación a fin de superar el mito de la unidad del individuo.

La escisión emerge como una especie de catarsis para así poder valorar como los fragmentos y la deconstrucción del ser, opera cual respuesta ante el encierro. Lo cual revela lo miserable e inacabado de una mal llamada naturaleza humana o del ser y por ende también del la realidad castrada y reducida en la palabra, la voluntad diferida en el cuerpo y el grito depositado en la garganta. Cada forma de reducir y confinar al mundo expone dentro de sí, el germen mismo de su autodestrucción.

El cuerpo como hemos visto no es la excepción, por tanto la autora nos presenta su diseño como un edificio hecho para el desencanto, el fracaso y la amargura.

(…)iluminar los ojos con la hermosa sinceridad

de las manos en mis fósforos

cortar la carne es

permitir el hueso

golpe

silencio golpe

golpe

toda mano en la garganta entorpece

la tarea de los dientes (…)

En cuanto a las vertientes de escape por eversivas que luzcan ante el filtro de la lógica al ubicar en un pedestal categorías sadomasoquistas, hedonistas y dionisiacas, estas sin embargo no dejan de revelar una necesidad en la construcción del verosímil y la ansía de verdad que el hombre desde sus albores ha perseguido y expuesto en sus tragedias y dramas más reconocidos. Siempre ha estado en primera línea la flagelación, lo vemos la ceguera que Edipo se auto inflinge al reconocer su sino, también es revelador el asesinato que llevan a cabo Orestes y Electra para resolver su venganza y poner fin a su postergación o el gran mito que ha marcado a occidente durante estos dos mil años, la pasión del hijo de Dios, flagelado, muerto y resucitado y así podríamos seguir nombrando casos que tiñen de sangre y con partes mutiladas nuestra historia intra- y extra-literaria.

En definitiva el cuerpo tibio como habitación y sus muros constituyen el edificio, y son sus desechos los que sostienen a la especie. Sus cimientos los encontramos en lo abyecto y en cada rincón o escondrijo de la superestructura humana, la carne, la materialidad y esa existencia que devora y da cobijo a cualquier forma de esencialidad. Allí percibimos el forzamiento, esa ansia de liberarse que trasunta una violencia sobre los pliegues y hendiduras del cuerpo, lo cual demuestra las falencias y miserias del humano y la débil provocación a la que se someten sus pasiones

(…)metástasis es mi hermana

o el desequilibrio sin presencias deformadas

dentro de una habitación sostenida por la basura (…)


En cuanto a la lucha interna, esta se inicia no sólo de modo espontáneo al reconocerse, también emerge desde el grito del otro, generalmente por medio de la presencia vinculante de animales, el ladrido del perro, el aullido del lobo que en completitud comunican una existencia relegada, domesticada ante la cual al hombre no le queda más que responder en celo, expresando su libertad de bestia encerrada en los dominios de su cuerpo. Esto se ve en frases como: (…) pueden levantar los ojos porque es mi nombre tentado bajo el grito de los perros (…) formó su sexo como tibia pero muerta en la vulva el lobo trepando mugre (…)

El otro elemento provocador es la lujuria que se atribuye a la sombra que Dios constituye; la culpa, la represión el pecado, la flagelación y el placer del dolor en esa imagen de perfección y castidad que los sistemas religiosos han provisto.

(…)es la lujuria de Dios con su hábito de sombra

arrastrando mi nacimiento contra las ventanas (…)

De este modo se establecen los vasos comunicantes del castigo con el deseo, lo cual revela también la dimensión integra del grito y el punto de fuga tan anhelado. Por eso los elementos ya explicitados, uñas, carne, vellos, juegan un doble papel, el de barrote y muro de contención y el de arma e instrumento para proveer ese placentero y necesario dolor.

(…) colgando por las venas cuerpo y parte de algún balcón amable (…) o (…) masticar la angustia como forzar los vidrios hasta que la uña arrastre columna y carne …)

En la poesía se realza un parangón entre lo que serían partes de un edificio/espacio de encierro, dientes-vidrios, cuerpo-muro, espalda-columna, y en otras ocasiones herramientas para la autodestrucción, cabellos-soga uñas-cuchillo, dientes-guillotinas, filosos, rotos.

Significantes con una doble cualidad, contradictoria, comunicada por el castigo y por la represión y la ávida necesidad de libertad. Elementos iconoclastas que sin duda superan la aflicción. El objetivo es festinar el cuerpo en todas sus cualidades, y principalmente como arquitectura salvaje, reprimida por el control y aún así capaz de conectarse con las vías subterráneas de su deformación animal o retorno al mundo y al vitalismo más puro, libre de las consideraciones y ataduras emocionales de la supervivencia, sobre todo cuando el organismo encuentra su verdadera dignidad y trascendencia en la emoción de vivir con todo lo que esos cambios, humores, hedores y filamentos implican.

En conclusión la visión somática que plantea el texto de Greco resulta en integridad, una búsqueda por la iluminación del ser y su materia sin negar los mecanismos y artificios caníbales y animales, depredadores y autótrofos que lo componen. Búsqueda que en otros textos podemos hallar desde la lógica, la mayéutica, la meta-poesía y metatextualidad de la llamada poesía autoconsciente, en el trabajo de Greco en cambio, el recorrido aparece como una épica y canto a la escatología y las dimensiones más privadas y autenticas de la vida, no hablemos del tigre y el cordero de Blake, sino del lobo y el conejo que la poeta argentina contrapone, figuras clave para entender y adherir a la estética encarnada que propone, célula, materia, vitalismo, exhuberancia y grito, una visión fuerte y anti-esterilizante de la creación lírica, que busca como bien dice en uno de sus textos: “pegarse (yo diría poetizar) hasta confundirse con la sangre”.

Daniel Rojas Pachas.

Diciembre del 2009


"respirar puede ser un fracaso"

de Yamila Greco

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respirar puede ser un fracaso de Yamila Greco nuevo poemario publicado por Cinosargo


"respirar puede ser un fracaso" de Yamila Greco nuevo poemario publicado por Cinosargo


Revista y ediciones Cinosargo tiene el enorme placer de presentar como parte de sus publicaciones la versión digital del poemario "respirar puede ser un fracaso" de la autora argentina Yamila Greco. Podrán encontrar más información de la autora en su web personal.


El libro puede ser leído de modo integro o descargado en los siguientes vínculos.


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