Marzo, 2010

Fondart para Daniel Rojas Pachas en modalidad apoyo a tesis de post-grado en Chile o en el Extranjer


Modalidad apoyo a tesis de post-grado en Chile o en el Extranjero.

Daniel Rojas Pachas - Estrategias textuales de la nueva novela Ariqueña: Proyección y recepción dentro del canon nacional.

Breve reflexión acerca de la oposición [Escrito por Daniel Rojas Pachas]

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Breve reflexión acerca de la oposición.


Autor: Daniel Rojas Pachas


I started a joke which started the whole world cryingbut i didn't see that the joke was on me oh noi started to cry which started the whole world laughingoh if i'd only seen that the joke was on me

“Bee gees”


Entiéndase la oposición para fines de este breve artículo como una tensión necesaria dentro de una buena partida “capaz de aportar” no sólo al mejoramiento de los contendores sino del juego mismo. Se piensa en una homeostasis que en esencia implica el perfeccionamiento, la estrategia y autorregulación dentro de todo ámbito cultural en el cual se produce debate, intersubjetividad y contraposición activa o pasiva, pensemos en política, deporte y arte y todo en suma como un juego tendiente a motivar a los participes a anticipar movimientos, prepararse y valerse de talento mostrando que los mejores se edifican en la dialéctica que percibe la competencia como un diálogo fructífero.


En sentido contrario podemos apreciar cómo vivimos “hoy” en sociedad este proceso de delicado equilibrio haciendo gala de abanderamientos, rencor, venganza y apatía, nos abstenemos de opinar y contender, nos valemos de la queja, el escarnio, la ironía, sorna y rara vez aparece el compromiso genuino, por ello es fácil bajar el perfil al juego sintiéndose por encima de él como una excusa ante el miedo a participar o peor aún, asumiendo la competencia como una carrera llena de cortapisas.


En una dinámica de este tipo no hay ganadores, sólo un simulacro de triunfo (más bien de imposición de aquel que se considera a cualquier precio vencedor, humillando o negando el acceso a participar al otro). Esto perjudica a todos pues cierra las puertas a nuevos aportes y avances que truncan el crecimiento del juego, depredan lo existente y echan mano del pasado y su supuesto prestigio para decorar las apariencias de gloria anulando el surgimiento de nuevas voces y actores.


Me explico con un ejemplo: Pensemos en una partida de ajedrez. El jugador de las piezas blancas pierde ante su contendor. En una dinámica ideal el vencido aprenderá de su derrota en lugar de renunciar. Se preparará mejor, estudiará sus errores y buscará no repetirlos, creará una nueva lógica ante el juego lo cual ya es un aporte e innovación y formulará estrategias, teorías y métodos para jugar mejor y eventualmente ganar. Esto implica una partida diferente a la inicial en tal sentido, el jugador de las fichas negras si es inteligente, sabrá que debe perfeccionarse pues su retador está entrenando, no debería confiarse y engordar avalado por su triunfo pasajero pues el juego es constante. En otras palabras ambos deben estar a la altura del desafío, de la lid.


Pero eso como señalé, es el panorama ideal que aporta e impulsa al juego, a los contendores y al público en una tensión constante. Caso contrario es lo que vivimos pues el supuesto ganador más bien tiende en las partidas sucedáneas a acaparar las piezas del otro e impide la maduración de cualquier posible retador. Esto nos lleva a generar una atmósfera de mediocridad, sin antítesis que rebatan una verdad única, la del que detenta el poder y dominio de las fichas, aquel que en su gloria efímera y fantasmal se siente dueño del tablero y tiende a volverse pétreo en su juicio, déspota y paranoico pues siente que todos quieren eliminarlo de la partida cuando quizá, tan sólo quieren competir deportivamente y medirse. Pero cómo hacerlo si el acceso es negado, los canales de participación son mínimos y sólo se alientan juegos de exhibición, arreglados para aumentar el ego y fama del supuesto ganador.


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A juicio del redactor del artículo eso es lo que se entiende por ganar “hoy” un espectáculo de luces y humo listo a contentar a las masas inconscientes que se han visto relegadas del juego por la manipulación de los supuestos lideres y la desidia y conformismo generalizado que se alimenta en los individuos desde la formación inicial.


Imposibilitar y ningunear a cualquiera que se oponga, cercar el tablero, quebrar las manos y piernas de aquel que se destaca y hacer del mérito y cualidad del retador condiciones molestas y desequilibradas o de plano nulas, justifica el fin: “ No exponer la falta de talento y miseria en una partida equitativa” .


En la práctica las medidas usuales para evitar que otro cobre valor son la trampa, arreglar la mesa y tener información privilegiada. Imaginen jugar poker con alguien que conoce de antemano las cartas de sus contendores.


Excluir al otro es también un método usual, se coloca un alto costo o imposible cuota de acceso demandando cierto grado de instrucción o patrimonio para participar en igualdad o simplemente participar. Esto es barbárico sobre todo cuando el disque ganador es juez y parte en la mesa e impide que otros se informen, crezcan y entrenen pues sus condiciones son paupérrimas y todo queda limitado al “hágalo usted mismo” y al espíritu de los autodidactas capaces en algunas ocasiones de sorprender desde los extramuros a los dueños de la maquinaria. Estilo Rocky o Daniel Larusso también conocido como Daniel San. Ficciones como está demuestran que el underdog o excluido puede dar vuelta al sistema y por tanto, en calidad de relatos pasan a formar parte de la consciencia mítica del hombre. Pensemos en historias que van desde David y Goliath hasta la nueva versión de Karate Kid pero al final sólo son un recordatorio de cuanta nobleza ha perdido el juego.



Ningunear y difamar es otra de las medidas comunes y de rigor dentro de una partida sucia. Hablo de escarbar en el pasado del contendor, cuestionar su idoneidad para ser parte de la mesa bajo juicios éticos y morales establecidos a sangre por los detentadores del tablero. Muchas veces dichas apreciaciones no tienen injerencia real en la partida y sólo son una excusa de control y disciplina. Algo similar ocurre con la falta de fairplay al querer lesionar física o psicológicamente al retador atacando su integridad, a los familiares o circunstancias de origen o crecimiento que ha tenido. Imaginen a dos ajedrecistas gritándose en medio de la partida para herir o distraer a su competidor. “Tu madre es tan gorda que se tiene que abrochar el cinturón con un boomerang” o “a tu hermana le dicen el semáforo”. Creo que se entiende la lógica disminuida de este tipo de juego.


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En síntesis, el objetivo del artículo es reflexionar en torno a cómo nos desenvolvemos en los diversos juegos que dan forma y sabor a nuestra existencia. Qué rol detentamos en el medio y cómo el miedo nos condiciona a excluirnos o abusar de nuestro poder. Quisiera por último llevar esto al plano de las artes y poner un ejemplo categórico de lo que sucede con la poesía en Chile a ojos de la crítica y los mismos escritores sin olvidar desde luego, a los lectores pues en conjunto los protagonistas de esta disciplina han propiciado la leyenda urbana del poeta único y los inútiles rankings que buscan establecer una “santísima trinidad” con nombres que compiten en una especie de Billboard criollo acomodando a Mistral, Neruda, Huidobro y De Rokha y sus respectivos espurios y clones en los escalafones de acuerdo al favoritismo o enojo de quien realiza la lista creando incluso escuelas de exclusión y proselitismo que en lo material, se traducen en el exceso de bulla ante un ídolo y la satanización o silencio de quienes piensan distinto. La cacería de brujas y canibalismo está a la orden del consumidor y se ha prolongado consuetudinariamente entre artistas, críticos, gestores, editores y administradores dentro del servicio de cultura hasta la saciedad. Está práctica patética de amiguismos y zancadillas podemos desacralizarla con una frase aguda de Parra: Los cuatro grandes poetas de Chile Son tres Alonso de Ercilla y Rubén Darío


El tema en definitiva es la actitud de los supuestos ganadores y de todos dentro de la partida lo que se resume en una broma sólo que esta humorada como reza el tema de los Bee gees, recae en nosotros mismos.


Estrenamos nuestro octavo especial de poesía en Revista Cinosargo - Marzo del 2010

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Estrenamos nuestro octavo especial de poesía en Revista Cinosargo - Marzo del 2010


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POETAS PRESENTES EN ESTA EDICIÓN


David Santos Arrieta ((Chile)))

Javier Flores Letelier (((Chile)))

Jorge Palma (((Uruguay)))

Paz Diez Taboada ((España)))

Ana Patricia Moya ((España)))

Ashle Ozuljevic ((Chile)))

Ingrid Chicote (((Venezuela)))

Javier Febo Santiago (((E.U-Puerto Rico)))



Breves apuntes sobre la desestructuración cultural y el mestizaje.


Breves apuntes sobre la desestructuración cultural y el mestizaje.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Frente a la noción de cultura en un “estado puro”, mirada estática y estructural, Roger Bastide privilegia la idea de “relación intercultural” como un proceso dinámico y flexible ajeno a miradas maniqueistas o polaridades que escinden el pensamiento y actuar del hombre en bueno o malo, correcto e incorrecto, superior e inferior, masculino y femenino. Esto sin duda desafía el concepto organicista que tendía a prestigiar un sistema cerrado, idéntico a sí mismo, homogéneo y capaz de desarrollarse con éxito y uniformidad mientras menos influencia tuviese de factores externos.

El cambio conceptual de Bastide se extiende más allá de lo teórico y penetra al ámbito ontológico de la realidad pues un término como “aculturación” antes pensado dentro del campo del conocimiento como un proceso negativo y perjudicial para las culturas pasa a entenderse como un fenómeno universal que se produce en formas y grados muy diversos que van desde la espontaneidad a la planificación y cuyas fases varían en importancia de acuerdo al contexto de la realidad en estudio.

Podemos agregar que Bastide con este cambio de paradigma llega al punto de invertir la terminología clásica y aquella perspectiva de los estudios otrora petrificantes e inmanentistas atreviéndose a señalar que la homeóstasis en que se desarrollan las sociedades y el individuo no debe entenderse como mera cultura, pues este término se refiere tan solo a un estado, a un momento de regulación espacio-temporal que se enmarca dentro de la mecánica constante de cambio, intervención, diálogo, intercambio, asimilación e incluso etnocidio, por tanto es más apropiado hablar de “culturación” pues ella refleja el constante flujo en que transitamos históricamente como usuarios y actores de prácticas que si bien, nos permiten estructurar la realidad, crear estereotipos que además podemos tipificar con nomenclaturas y taxonomías para su estudio y práctica metodológica, sin embargo, en la praxis rara vez se encuentran cristalizados e inamovibles como en un laboratorio o texto académico pues su pervivencia y difusión requiere de la constante adaptación, deconstrucción de jerarquías y reestructuración de formas de poder, mutación del lenguaje y sus códigos, alteración de la tipología de géneros y desde luego la suma de todos estos factores altera la operatividad de las instituciones.

Esto ataca la mirada de autores como Claude Lévi Strauss y agrega que más que hablar de estructura conviene trabajar los estudios culturales en términos de acción y transformar el concepto rígido de estructura a “estructuración”, “desestructuración” y “reestructuración”. Y agrega en su explicación que debemos eliminar la tendencia a ver la desestructuración peyorativamente analogando con error el concepto a desintegración, pulverización y erradicación de lo que se entiende por cultura, cuando por el contrario esta es una fase más del proceso a través del cual la realidad en que nos desenvolvemos evoluciona y se transforma, pues sin exagerar habitamos y convivimos en una fragmentación atravesada por relatos que se cruzan y retroalimentan en diversas instancias que no necesariamente son negativas o positivas, sino que simplemente son dentro del cambio.

Lo que en conclusión da a las ideas de filiación y pureza, un agotado carácter mítico.

Considerando el área de la semiótica, hermenéutica e intertextualidad vale la pena agregar y vincular lo expuesto por Roger Bastide frente a los aportes de Roland Barthes que señala:

La intertextualidad, condición de todo texto cualquiera qué sea, no se reduce evidentemente a un problema de fuentes o de influencias. El intertexto es un campo general de fórmulas anónimas cuyo origen raramente es identificado, de citas inconscientes o automáticas, dadas sin comillas. Epistemológicamente, el concepto de intertexto es lo que aporta a la teoría del texto el volumen de la socialidad: es todo el lenguaje, anterior y contemporáneo, que llega al texto no según la vía de una filiación identificable, de una imitación voluntaria, sino según la vía de diseminación. (Barthes 1968:1015).

Imagen que asegura al texto el estatuto no de una reproducción, sino de una productividad y agrega luego:

Esto es precisamente el intertexto: la imposibilidad de vivir fuera del texto infinito --no importa que ese texto sea Proust, o el diario, o la pantalla televisiva: el libro hace el sentido, el sentido hace la vida" (Barthes. 1974, p.49)

Esta mirada nos ha permitido transitar desde estudios netamente estructuralistas a teorías post-coloniales, teoría queer y abordar métodos valiosos como el semanálisis de Kristeva, lo cual me lleva a pensar en el valioso cambio de mirada de los creadores frente a la hibridación y el mestizaje a la hora de transponer una concepción cerrada y unívoca del texto, el sujeto y los géneros literarios.

Vale la pena escuchar como cierre a estas pequeñas ideas lo que dice Carpentier respecto al mestizaje.

Nota de Daniel Rojas Pachas sobre Camanchaca en el Mercurio de Antofagasta.






Nota de Daniel Rojas Pachas sobre El árbol de los libres en Santiago Inédito



Nuevo artículo de Daniel Rojas Pachas en la Linterna de Papel del Mercurio de Antofagasta



Sobre El Árbol de los libres a propósito de la situación actual de Chile Por Daniel Rojas Pachas


Taller de creación y conversación literario M.A.L

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Taller de creación y conversación literario M.A.L



Todos los jueves a partir de las 19:45.


Lugar: Sala 122 de la Universidad de Tarapacá - Campus Saucache.


Ubicada en el edificio de educación entrando por 18 de septiembre.


Primera sesión jueves 18 de marzo del 2010


Sin costo de inscripción.



[Camanchaca de Diego Zúñiga] Por Daniel Rojas Pachas: Publicado en la Calle Passy



Camanchaca es la primera novela del joven narrador chileno nacido en Iquique Diego Zúñiga Daniel Rojas Pachas, editor de Revista Cinosargo, ha querido re-construir esta misma historia dándonos luces indiscutidas de la novela de Diego. Continúa leyendo este interesante artículo. (1987): una historia simple, despojada de manierismo alguno, la de un viaje de padre e hijo desde Santiago a Tacna con el objeto de "arreglarse los dientes". Pero, a la vez, un viaje hacia atrás y hacia adentro.



Camanchaca de Diego Zuñiga: Testimonio y (re)construcción de la memoria como alegorías del violento decurso de la historia Chilena


Leer en Calle Passy...




Avisos (Des)Clasificados Vol II - Colección de cuentos de Cinosargo 2009

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Avisos (Des)Clasificados Vol II - Colección de cuentos de Cinosargo 2009

Leer o descargar desde nuestro servidor en scribd



NOTA (((DES)))CLASIFICADA


La presente publicación de Ediciones Cinosargo lleva por título "Avisos (Des)Clasificados. Vol. II" y comprende una serie de narraciones, cuentos y microrelatos que fueron publicados en nuestra página web durante el año 2009. Esta labor antológica junto a su predecesora, anticipa nuestro tercer aniversario y funge como debido complemento a los especiales de poesía y los libros que en todos los géneros hemos venido entregando durante la segunda mitad del 2009 y lo que va del 2010. Sin duda guardábamos una deuda enorme con la narrativa expuesta en nuestras páginas. Este libro y el volumen I vienen a llenar ese vacío.


Es por lo demás gratificante para nuestro medio cultural rendir un homenaje a nuestros colaboradores y a la calidad de su arte. Por ello pretendemos en este primer semestre concretar nuestros proyectos en papel lo cual no implica abandonar el espacio virtual que tanta gratificación y diálogo ha promovido por ello prometemos nuevas versiones de Avisos (Des)Clasificados. Por el momento hemos cumplido con las voces que nos deleitaron durante nuestros inicios en el 2008 y aquellas que a lo largo del 2009 aumentaron tanto en diversidad estética como en distancia geográfica. Por ello orgullosos podemos recalcar en este segundo volumen el crecimiento de nuestra red que abarca diálogo y correspondencia con muchos países de habla hispana, inglés, francés así como amigos escritores del resto de Chile y Latinoamérica radicados en Asia y Europa.


Pretendemos de todos modos seguir creciendo y entregar ediciones nuevas de Avisos (Des)Clasificados en función de las obras que han ido llegando en lo que va de este año a nuestro espacio en la red. Gracias por su preferencia y gracias también a la dedicación de quienes han emprendido esta aventura literaria confiando en nuestro profesionalismo y pasión por la escritura.


Antes de cerrar este breve prólogo no debemos obviar algunas notas acerca de los autores que participan de la colección. De ellos podemos destacar además del talento y generosidad al compartir su arte y amistad desinteresada.


En síntesis tenemos muchos motivos para estar orgullosos de la labor que estamos realizando, sin embargo, sabemos que siempre podemos ampliar nuestro esfuerzo y seguir creciendo por el gusto y placer de crear.


CINOSARGO TIENE LA PALABRA!!!!!!!!!!!!!!!!

DANIEL ROJAS PACHAS

MARZO DEL 2010


Anuar Zúñiga Naime (((México)))

Ana Patricia Moya Rodríguez (((España)))

Javiera Ugalde Alfaro (((Chile)))

Jorge Vargas Prado (((Perú)))

Juan Francisco Remolina Caviedes (((Colombia)))

Guillermo Fernández Escareño (((México)))

Milagro Haack (((Venezuela)))

Esteban Chicardinni (((Chile)))

Teresa Iturriaga (((España)))

Luis Sanchez (((España)))

Joaquín Guillén Márquez (((México)))

Iván Medina Castro (((México)))

Emilio Vilches Pino (((Chile)))

Orlando Mazeyra Guillen (((Perú)))

Juan Mauricio Muñoz Montejo (((Perú)))

Juan Ignacio Malacrida (((Argentina)))

Rodrigo Ramos Bañados (((Chile)))

Juan Luis Castillo Yupanki (((Chile)))

Emig Paz (((Honduras)))

Luis Cermeño (((Colombia)))


Edición anterior.

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Estrenamos Avisos (Des)Clasificados Vol I - Colección de cuentos de Cinosargo 2008.

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Sobre El Árbol de los libres a propósito de la situación actual de Chile.

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Sobre El Árbol de los libres a propósito de la situación actual de Chile.


Autor: Daniel Rojas Pachas.



“Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera”.

Gilles Deleuze



El árbol de los libres “Poetas de la generación NN de Chile” es una antología publicada en México por Arlequín Ediciones el año 2008. La selección estuvo a cargo de Fabián Muñoz y el prólogo del libro lo realizó el poeta nacional Eduardo Llanos.


La obra llegó a mis manos en Serena en agosto del año pasado gracias a uno de los antologados. El poeta y gestor cultural Arturo Volantines me obsequió el texto durante la ceremonia de premiación del concurso de poesía y ensayo “Lagar” del cual fui jurado junto a otra poeta que forma parte del libro con su simbólico poema “Bandera de Chile”. Me refiero a Elvira Hernández.


Desde entonces he querido escribir algo sobre esta antología. Algo más que una simple reseña y enumeración de los autores que participan de ella. No me parece justo sólo loar el criterio de Fabián Muñoz y la poesía de los congregados. Ello me parece poca cosa ante un trabajo valiente y de calidad pues como dice Llanos en el prólogo: “el antólogo bien pudo ahorrarse este trabajo, por el cual Chile no ofrece más pago que las enemistades y el resentimiento, pero asumió el desafío, y eso merece nuestra gratitud


El libro además ofrece en su actualización una gama de sensaciones que se avivan si pensamos en la tragedia que Chile atraviesa. Un devastador terremoto, crisis natural y social con ribetes políticos y económicos que no vamos a anteponer a lo humano pero que quien redacta no puede ignorar al pensar su artículo pues fue también un momento álgido y de crisis el que toco afrontar a las múltiples voces que componen El árbol de los libres. Voces que dialogan con nosotros en su esfuerzo por surcar el oscuro bosque de la represión y censura dictatorial. Muchos de ellos formaron además parte de la llamada neovanguardia y sin duda en su conjunto dan forma al cuerpo extenso y variopinto de la generación de los ochenta con todas sus líneas de percepción de la realidad y formas de comunicar desde lo apocalíptico religioso pasando por lo testimonial, etnocultural y la poesía de las minorías sexuales.


De todos modos obviando el tema taxonómico recalco el espíritu de diálogo que El árbol de los libres provee, gestando charlas inagotables con voces que ya conocía y admiraba por su quehacer: Elvira Hernández, Verónica Zondek, Teresa Calderón, Tomás Harris, Diego Maqueira, Rodrigo Lira, Javier Campos, Gonzalo Millán, Elicura Chihuailaf, Pedro Lemebel, Roberto Bolaño entre otros que con sus relatos en prosa y verso permiten rememorar fragmentos y construir pasajes de lecturas y lugares que en un continuo devenir van dando forma, ritmo y color a la realidad. Asimismo el libro no termina en los límites del papel y su índice pues el entramado al cual da vida permite abordar otros textos y autores no presentes e igual de entrañables que los mentados como Carmen Berenguer y Eugenia Brito y al mismo tiempo descubre percepciones poéticas que al menos para mí, eran desconocidas hasta el momento. Me refiero a poetas presentes en la edición como Natasha Valdés y Galvarino Santibáñez.


Esta apreciación se suma a lo que Eduardo Llanos dice en el prólogo luego de hacer una lista cronológica y geográfica de los autores de su generación: “ Tanta convergencia cronológica contrasta con la divergencia de los estilos y los temas, pero marca un contexto histórico común. Debimos asistir a grandes cambios, a veces como espectadores impotentes y otras veces como participantes críticos y activos. Durante los años de terror dictatorial por ejemplo, resultaba notorio que entre nosotros predominaban las posiciones de izquierda, y hasta quienes estaban lejos de la izquierda mostraban también rebeldía anárquica o al menos independencia con respecto de los poderes fácticos –o más bien putrefácticos- que controlaban tras bambalinas la escena nacional”.


Esta visión de Llanos nos habla de los autores de la selección como hijos de su época, inmersos en un estado de terror ideado y puesto en práctica a la manera de los sistemas disciplinarios que Foucault detalla a lo largo de su obra y que Deleuze explica del siguiente modo: “Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico”


En tal medida, desde diversos ángulos y con variados estilos los autores presentes en “El árbol de los libres” se preocuparon y más bien podríamos decir se arriesgaron a combatir el silencio haciendo una radiografía de Chile y su devenir sin concesiones y derroches gratuitos de heroísmo. Llanos al respecto agrega: “No pretendíamos ser <<la voz de los sin voz>> (…) “Sentíamos con dolor y también dolores propios”


Esto va en concordancia con lo que Foucault demuestra al abordar las herramientas que el sistema disciplinario tiene a la hora de Vigilar y Castigar. La disciplina de ese entonces en Chile impactó a muchos, Llanos agrega: “varios sufrieron la prisión política (Zurita, Bolaño, Riedemann, Redolés, Montealegre, España). Además, el exilio, la dispersión geográfica y la atmósfera de terror impidieron que nuestra hornada cultivara los vínculos y esas amistades tan naturales en otras generaciones”


Afirmaciones como esta junto a otras citas tomadas del prólogo de Eduardo Llanos, conforman la materia que sin duda me motivó a escribir sobre “El árbol de los libres” y continuar la redacción del artículo entroncando la catástrofe que enfrenta el país y cómo esta se puede entender desde una lógica diversa a la que tuvo el Chile previo al llamado retorno a la democracia.


Me gustaría referirme a la situación del centro-sur de Chile. Ciudades devastadas con serios problemas de abastecimiento en recursos básicos (luz, agua y alimentos), sumidas en toques de queda, bajo saqueos y con una marcada incomunicación. Mucho se ha dicho además de la negligencia de organismos de gobierno como la Onemi, la prepotencia de ciertas autoridades o el silencio de otras al abordar lo que denominaron de modo reduccionista una cacería de brujas cuando se buscaba hablar de responsabilidades en cuanto a la caída de caminos y edificios relativamente nuevos o la demora o simple ineptitud en la reacción de alerta, eso sin obviar lo que algunos medios festinaron en un comienzo aminorando la envergadura de la situación con una clara mirada centralista y desde el Sheraton en Viña para luego hacer un mea culpa que mostró el verdadero rostro del horror en las poblaciones más alejadas de la mirada del Luminoso (A la manera del cartel en Lumpérica de Diamela Eltit)


Desde luego que este estado de catástrofe nace bajo causas diversas a las de ese Chile que le tocó vivir a los autores del árbol de los libres pues hoy enfrentamos un desastre natural aunque paradójicamente y quizá por una broma macabra del destino, ocurre semanas previas a que un nuevo gobierno de derecha asuma el poder en Chile.


La pregunta de rigor entonces es ¿Cómo perciben lo acontecido los poetas de la generación NN? ¿Qué pensar ahora de la imagen de reloj suizo que Chile promueve ante sus pares de Latinoamérica? y en esa medida no es menor el siguiente cuestionamiento: Cómo perciben lo acaecido los jóvenes poetas de hoy, los pensadores, ensayistas, críticos y artistas que transitan bajo los treinta y que en línea general han crecido en un Chile ambiguo, ya no de polos marcados al estilo guerra fría con hombres grises detrás, sino un Chile de máscaras y apariencias, de socialismo neoliberal o lo que algunos llaman dictadura blanda pero que otros defiende a ultranza como la ruta del éxito y del consabido progreso con cambios invocados en slogans con trademark incluido.


Esos hijos también de su época, ya no responden a la disciplina como podemos verlo en los colegios del Chile actual. Deleuze dice al respecto: “Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias”.


El panorama de Chile nunca pudo estar más claro, reforma penal, carcelaria, educativa, de transporte y salud y a la par podemos ver los resultados funestos en todos esos ámbitos; niños que se intercambian por error en los hospitales, mujeres dando a luz en baños, cárceles hacinadas y colegios sin mobiliario o contaminados con plomo como ocurre en Arica. Sociológica y tecnológica-mente no estamos preparados. Nos decimos de primer mundo, antes éramos los jaguares ahora estamos en listas rimbombantes empero ¿Cómo respondemos ante una crisis interna? Eso dice mucho más que una cifra o top ten. ¿Cómo enfrentamos un terremoto?, no sólo de la magnitud abismal del que tenemos encima, sino ¿Cómo enfrentamos el que ocurrió no hace tanto en el norte y qué aprendimos de él?… No mucho al parecer…


Bueno esta crisis da como resultado a una nueva generación o un nuevo tipo de Chileno por decirlo de alguna manera. Vástagos de las sociedades que Deleuze llamó de control.


“Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo”.


La sociedad que estamos viviendo es un escandaloso reality en el cual nos vamos eliminando por popularidad y convivencia. Por esa viabilidad que prefiere negar o permitir accesos delegando la responsabilidad a los propios usuarios en lugar de desterrar o someter a palos y con la cacha del fusil a sus gobernados. Por un tema de relaciones públicas es mejor vender una imagen políticamente correcta hacia fuera pues vale la pena ocupar el arma del momento, el canibalismo empresarial de grandes redes y abismantes espacios de intercambio que exigen ser operativo a la altura del software del momento. Esta mirada pensando lo que los autores del árbol de los libres tuvieron que enfrentar en su juventud y lo que nos toca a los que estamos pensando y escribiendo en este momento, me hace reflexionar la catástrofe nacional más allá de lo inmediato y situarla sin chauvinismos desde el norte extremo de Chile. Lugar en que habito y desde el cual desarrollo mi literatura.


Acá el panorama es también particular y no menos ambiguo. Arica frontera entrañable y heroica dirán los partidarios de la disciplina de antaño, rememorando aquella cuna de regimientos y bastión de la soberanía en cambio otros, podemos pensar en una Arica post-guerra del pacífico y desterritorializar la discusión. Sobre todo si nos detenemos ante la reacción de Bolivia frente a la tragedia que vive hoy Chile.


Por años los medios con su morbo usual han insistido en mostrar a los bolivianos como un pueblo que a regañadientes espera ver al país por los suelos para lanzar la estocada de gracia. Hacer leña del árbol caído, dirán algunos. Pero la realidad ha contradicho al mito pues ante la falta de agua potable en las zonas afectadas, los bolivianos donaron toneladas del preciado líquido que siempre ha sido el tema de escisión entre los dos países. Una especie de metáfora iluminadora al igual que el gesto del presidente y gabinete de ese país al donar parte sustancial de sus sueldos para los damnificados. Algunos dirán que es una especie de manipulación sentimental otros que es la frugalidad más sincera y humana la que motiva estos actos, cada cual puede tener su punto de vista y argumentar libremente. Nosotros en cambio viviendo en este norte que crece junto a Perú y Bolivia, creo y quizá es sólo mi parecer, no podemos cuestionar el proceder de Bolivia sin hacer un alto y pensar en los repetidos festivales y carnavales con la fuerza del sol (incluido Américo) que muestran la interculturalidad bullente.


Además la economía turística y el comercio, principales sustentos de la región, dependen del cruce e intercambio, de la simbiosis entre las provincias que se encuentran ya no como antes dividas por un soldado y minas antipersonales sino por la posibilidad de ser un inmigrante viable ante los ojos del canon social y económico. Como dice Deleuze : “No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal”.


Bueno para no irme por las ramas del árbol quiero recalcar y sintetizar este inestable equilibrio o contradictorio estado que siempre se ha vivido en Chile, usando a días del desastre en el país, otras palabras expuestas por Llanos en su prólogo: “<<Loca geografía>>: país largo, angosto y montañoso como ninguno, con enorme diversidad de paisajes y de climas (desde el desierto más seco del mundo hasta los hielos “eternos” de la antártica), con gran frecuencia e intensidad de sismos y un número de volcanes que ningún otro país supera (aquí se encuentra 15 por ciento de los volcanes del planeta) (…) Durante tres años concitamos la atención internacional por el triunfo electoral de Salvador Allende, primer socialista en el mundo elegido democráticamente para el cargo de presidente de un país; sin embargo, a partir del derrocamiento de Allende, Pinochet se convirtió en el arquetipo del dictador latinoamericano. (…) Ninguna otra nación de la Tierra aplicó con tanta ortodoxia el modelo neoliberal, y ninguna otra ha acumulado en el último decenio más desigualdad en la redistribución del ingreso. Por si fuera poco, en el año 2000 un miembro del Opus Dei estuvo a punto de ser elegido presidente del país, lo que habría constituido otra plusmarca mundial”.


En el texto citado Llanos casi profético más bien lúcido expone toda una serie de imágenes que pintan por entero el cuerpo de una Chilenidad que se debate entre el morbo sensacionalista y la solidaridad, el oportunismo y la fraternidad desinteresada.


La intención de mi artículo de cualquier modo no ha sido la de politizar la situación pero ante todo lo ocurrido, las tragedias de antaño y la reciente, las provocadas por la lucha de poder en los setenta y las que demuestran el poder real de la naturaleza y la inmediatez del hombre y sus devaneos y desde luego pensando en lo que vendrá durante los siguientes días y por delante, queda pensar en lo que dice Deleuze: “El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos. (…) ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera”.


Entonces insisto, qué harán los escritores, pensadores y los artistas de una nueva hornada en Chile, pues los que están presentes en la antología “El árbol de los libres”, combatieron, cantaron, relataron, testimoniaron y también cuando fue necesario se evadieron para volver a arremeter contra una realidad adversa y disciplinaria, pero hoy nos toca otro mundo, otra situación y en este momento, otro Chile que en esencia no dista del anterior, no en la superficie quizá, pero si en los mecanismos que nos coartan al tiempo que nos dan alas…


Los medios de masa nos bombardean pero también podemos usarlos para responder y hermanar. Facebook y Twitter fueron de mayor utilidad que el roñoso fax de la Onemi. Creo que la respuesta esta en otro texto de Eduardo Llanos. Me refiero al escrito titulado “Aclaración preliminar” también presente en “El árbol de los libres”. Este texto en su visceralidad y capacidad de crítica siempre me ha parecido de gran vuelo.


Dice así: (…) Pero si ser poeta significa sudar y defecar como todos los mortales, contradecirse y remorderse, debatirse entre el cielo y la tierra, escuchar no tanto a los demás poetas como a los transeúntes anónimos, no tanto a los lingüistas cuanto a los analfabetos de precioso corazón; si ser poeta significa enterarse de que un Juan violó a su madre y a su propio hijo y que luego lloró terriblemente sobre el Evangelio de San Juan, su remoto tocayo, entonces, bueno, podría ser poeta y agregar algún suspiro a esta neblina.


Todo lo dicho en relación con el libro “El árbol de los libres”, con el perdón de la digresión personal sobre la coyuntura, forma a mi parecer parte del diálogo incesante que el trabajo de Fabián Muñoz promueve a través de su selección sobre todo si consideramos que el antólogo Mexicano confiesa al inicio del libro que este proyecto nació después de un paseo por las playas de Con Con al enterarse en su departamento en que cumplía la residencia artística, por medio de la prensa televisiva, del deceso de Pinochet. Esta suma de fenómenos y efectos concatenados lleva a reflexionar sobre nuestra vía para procurar ser libres. Ella no reposa en la superficie del árbol, superficie que por lo demás ha mostrado muchas veces ser acartonada y manipulable en Chile, sino que al contrario subyace bajo esa tierra que se mueve con mucha vitalidad para nuestro disgusto. Busquemos entonces en la raíz o el rizoma que las generaciones anteriores atisbaron, esnifaron y sobre la cual poetizaron en sus relatos, algunos incluso llegaron a perderse en ella por eso la generación actual quizá debe también perderse en ese tránsito sin centros para encontrar nuevas salidas y entradas, nuevos puntos de fuga por entre las ruinas y fragmentos que permitan una alternativa de libertad y no una verdad que se maquilla como el rostro univoco de la felicidad, arco iris procesado y empaquetado para el bien del logo de campaña y la sonrisa en cadena.


Autor: Daniel Rojas Pachas


Marzo del 2010.




Avisos (Des)Clasificados Vol I - Colección de cuentos de Cinosargo 2008.

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Estrenamos Avisos (Des)Clasificados Vol I - Colección de cuentos de Cinosargo 2008.

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NOTA (((DES)))CLASIFICADA


La presente publicación de Ediciones Cinosargo lleva por título "Avisos (Des)Clasificados. Vol. I" y comprende una serie de narraciones, cuentos y microrelatos que fueron publicados en nuestra página web durante el año 2008. Iniciamos esta labor antológica anticipando nuestro tercer aniversario y como un debido complemento a los especiales de poesía y los libros que en todos los géneros hemos venido entregando durante la segunda mitad del 2009 y lo que va del 2010. Sin duda guardábamos una deuda enorme con la narrativa expuesta en nuestras páginas. Este libro viene a llenar ese vacío.


Es por lo demás gratificante para nuestro medio cultural rendir un homenaje a nuestros colaboradores y a la calidad de su arte. Por ello pretendemos en este primer semestre concretar nuestros proyectos en papel lo cual no implica abandonar el espacio virtual que tanta gratificación y diálogo ha promovido por ello prometemos nuevas versiones de Avisos (Des)Clasificados. Por el momento ya estamos preparando el volumen II que incluye a los autores del 2009 y así sucesivamente pretendemos seguir creciendo con las ediciones venideras de nuestro espacio en la red.


Gracias por su preferencia y gracias a la dedicación de quienes han emprendido esta aventura literaria confiando en nuestro profesionalismo y pasión por la escritura.


Antes de cerrar este breve prólogo no debemos obviar algunas notas acerca de los autores que participan de la colección. De ellos podemos destacar además del talento y generosidad al compartir su arte, la multiplicidad de nacionalidades. Desde nuestros inicios en mayo del 2008 la revista logró establecer un nutrido intercambio con otras regiones de nuestro país, América y el mundo, ese afán sólo ha crecido con el devenir y esperamos que los lectores de esta publicación y de las entregas mensuales que hacemos de la Santísima y Cinosargo aprecien el espíritu de integración. Una de nuestras principales improntas lo cual implica trascender aquellos límites fantasmales y hasta cierto punto absurdos como las fronteras, la edad, la distancia y la muchas veces invocadas trayectorias que escinden las voces literarias. Como punto a nuestro favor destacamos el conjugar prosas de destacados escritores (premiados y con años de dedicación) junto con autores emergentes. Todos en un plano horizontal de retroalimentación. En síntesis tenemos muchos motivos para estar orgullosos de la labor que estamos realizando, sin embargo, sabemos que siempre podemos ampliar nuestro esfuerzo y seguir creciendo por el gusto y placer de crear.


CINOSARGO TIENE LA PALABRA!!!!!!!!!!!!!!!!


DANIEL ROJAS PACHAS

MARZO DEL 2010


Narradores presentes en esta edición


César Rozas ((Chile)))

Carlos Morales Fredes ((Chile)))

Víctor Sampayo ((México)))

Roberto Flores Salgado ((Chile)))

Patricio Barrios Alday (((Chile)))

Nelson Gómez León ((Chile)))

Daniel Rojas Pachas ((Chile)))

J.Carlos de León ((México))

Gustavo Marcelo Galliano ((Argentina)))

Wilfredo Carrizales ((Venezuela-China)))

Daniel Pulido ((Colombia)))

Ignacio Cardenal (((El Salvador)))

Mauricio Cuadros ((Chile)))

Amanda Espejo ((Chile)))


Crítica de Alfabeto para nadie por Daniel Rojas Pachas en Editorial Fuga




Estrenamos el número XXI de Revista Cinosargo - Edición de febrero del 2010

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Estrenamos el número XXI de Revista Cinosargo

Edición de febrero del 2010


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Estrenamos el número XV de la Santísima Trinidad -Edición febrero del 2010

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Estrenamos el número XV de la Santísima Trinidad

Edición febrero del 2010


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Autores presentes en esta edición


Eduardo Farías Alderete

- Camanchaca, cuando la niebla cubre el alma.

- Al margen del cuerpo de Florencia Smiths. La materialización de una polisemia.


Daniel Rojas Pachas

- Todo cae por su propio peso: A propósito de ciertas lecturas aberrantes de escritor a escritor.

-Revista Antítesis: Fuga de lo presente como gesto de actualidad.


Rolando Gabrielli

-Bolaño vs Bolaño

-De la tradición de Oliver Welden


Dennis Páez

-Notas para una aproximación a la poesía de Humberto Díaz Casanueva


Rodrigo Ramos Bañados

-Dios bendijo a la aristrocacia chilena.


Nelida Baros

-Anda libre en el surco: Premio Lagar


Carlos Amador Marchant.

-Iquique y el vals de los recuerdos.



Estrenamos nuestro séptimo especial de poesía revista Cinosargo

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Estrenamos nuestro séptimo especial de poesía revista Cinosargo

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Poetas presentes en esta edición


Denn Ray Páez ((Chile-La Serena)))

Javier Gato (((España)))

Camilo Brodsky (((Chile)))

Jorge Manzanillla ((México)))

Daniel Rojas Pachas ((Chile-Arica)))

Txus García ((España)))

Eduardo Farías (((Chile-Antofagasta)))



EL COMETA HALLEY por Reinaldo Arenas

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Reinaldo Arenas


Para Miguel Ordoqui
«Nadie puede conocer su fin»
Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba

1

Aquella madrugada de verano de 1891 (sí, de 1891) en que Pepe el Romano huye con la virginidad de Adela, mas no con su cuerpo, todo parece haber terminado de una manera sumamente trágica para las cinco hijas de Bernarda Alba: Adela, la amante de Pepe, colgando de la viga de su cuarto de soltera, Angustias con sus cuarenta años de castidad intactos, y el resto de las hermanas, Magdalena, Amelia y Martirio, también condenadas a la soltería y al claustro.

No sucedieron las cosas, sin embargo, de esa manera. Y si García Lorca dejó la historia trunca y confusa, lo justificamos. Aún más arrebatado —y con razón— que sus propios personajes, se fue detrás de Pepe el Romano, «ese gigante con algo de centauro que respiraba como si fuera un león»... Pocas semanas después (pero ésa es otra historia) el pobre Federico perecía a manos de aquel espléndido truhán, quien luego de desvalijarlo, ay, y sin siquiera primero satisfacerlo (hombre cruelísimo), le cortó la garganta.

Pues bien, mientras Bernarda Alba disponía, con implacable austeridad, los funerales de su hija, las cuatro hermanas, ayudadas por la Poncia, descolgaron a Adela y entre bofetadas, gritos y reproches la resucitaron o, sencillamente, la hicieron volver de su desmayo.

Ya la voz de Bernarda Alba conminaba a las cinco mujeres a que abrieran la puerta, cuando, todas a una, decidieron que, antes de seguir viviendo bajo la égida de aquella vieja temible, era mil veces preferible darse a la fuga. Ayudadas por la Poncia, las cinco hermanas saltaron por la ventana de la casa, saltaron también la tapia y el establo y ya en pleno descampado (bajo una luna —hay que reconocerlo— espléndidamente lorquiana) el hecho de que se sintieran por primera vez libres abolió momentáneamente sus recíprocos rencores. Las cinco hermanas se abrazaron llorando de alegría y no sólo juraron abandonar aquella casa y aquel pueblo, sino toda Andalucía y toda España. Un tramo después las alcanzó la Poncia, a pesar de su cólera, y con un júbilo que tenía por origen no la felicidad de las señoritas sino la caída de Bernarda Alba, les entregó todas las joyas de la casa, sus propios ahorros y hasta la dote reservada para la boda de Angustias. Las muchachas le rogaron que las acompañara. Pero su sitio —respondió ella— no estaba del otro lado del mar, sino junto a la habitación de Bernarda Alba, cuyos gritos de rabia la arrullarían —así dijo— mejor que el mismísimo océano.

Se fueron.

Mientras Federico expiraba insatisfecho, ellas, cantando a veces los versos del poeta moribundo, atravesaron infinitos campos de girasoles, abandonaron Córdoba y Sevilla, se internaron en la Sierra Morena y ya en Cádiz sacaron un pasaje para La Habana, donde llegaron un mes después todavía eufóricas y como rejuvenecidas.

Alquilaron casa en la calle del Obispo, cerca del mar. Y esperaron (demasiado seguras) el arribo de los futuros amantes. Pero con excepción de Adela, ninguna de las otras hermanas parecía tener suerte con los hombres. Angustias se pasaba día y noche junto a la reja de la ventana, pero en vano. Magdalena, larga y treintona, paseaba todas las tardes por El Prado, logrando sólo que un Teniente de Dragones la atropellase con el caballo además de insultarla por obstruir el tráfico. Amelia, con su joroba, no recogía más que burlas y una que otra pedrada propinada por algún negrito del Manglar (por cierto que una noche, varios jovencitos del cuerpo de Voluntarios Españoles intentaron tirarla a los fosos del Castillo de la Fuerza, acusándola de bruja y de haberle faltado el respeto a los soldados del Rey). En cuanto a Martirio, tal vez con la esperanza de que algo se le pegara, no le perdía pie ni pisada a Adela, cuyo vientre aumentaba por días al igual que el número de sus amantes.

Pero aunque las demás hermanas sabían, y se resentían, de la vida amorosa que con tantos éxitos llevaba Adela en La Habana, el escándalo y la condena unánime sólo estallaron cuando ella dio a luz. Veinticinco hombres rotundos (entre ellos seis negros, cuatro mulatos y un chino) reclamaron la paternidad del niño, alegando que el mismo era sietemesino. Las cuatro hermanas, que vieron en el rostro del recién nacido la imagen de Pepe el Romano, no pudieron tolerar aquella ofensa —aquel triunfo— de Adela. La declararon maldita y decidieron abandonarla. También decretaron que el niño no era digno de vivir con una madre tan disoluta, por lo que se lo llevaron, no sin antes bautizarlo en la Catedral con el nombre de José de Alba. Adela lloró con sinceridad, pero allí estaban sus veinticinco pretendientes para consolarla.

Angustias, Magdalena, Amelia y Martirio decidieron establecerse cerca del mar, en un pueblo retirado. Luego de hacer numerosas indagaciones optaron por instalarse en Cárdenas.

El pueblo (ahora lo llaman ciudad) era minúsculo, absolutamente provinciano y aburrido, tan diferente de la calle del Obispo, siempre llena de pregones, carruajes, olores, mujeres, caballos y hombres. Cosas todas que de algún modo las desesperaban, obligándolas a ponerse el mejor traje, las mejores prendas, el mejor perfume, y salir a la calle... Pero en Cárdenas nada de eso era necesario. Las vecinas no se oían, y en cuanto a los hombres, siempre estaban lejos, pescando o trabajando en la tierra.

—Nacer mujer es el mayor de los castigos— dijo en voz alta Angustias cuando terminaron de instalarse en la nueva vivienda.

Y, tácitamente, desde ese mismo instante las cuatro hermanas se prometieron dejar de ser mujer.

Y lo lograron.

La casa se llenó de cortinas oscuras. Ellas mismas se vistieron de negro y, a la manera de su tierra, se encasquetaron cofias grises que no se quitaban ni en los peores días de verano, verano que aquí es infinito. Los cuerpos, sin aspiraciones, se abandonaron al sopor y a la desmesura del trópico, perdiendo las pocas formas que aún tenían. Todas se dedicaron, con pasión bovina y reglamentaria, a la educación del sobrino.

Desde luego, en aquella casa jamás se mencionó el nombre de Adela ni por equivocación. José, o Pepe, era para ellas, y aun para él, el sobrino traído de España luego de la muerte en parto de la madre. La historia era tan verosímil como cualquier otra, y como era además patética, todos, hasta ellas mismas, terminaron creyéndola. También con el tiempo —y ya habían pasado dieciocho años de su llegada a la isla— hasta ellas mismas se olvidaron no sólo de la historia de Adela, sino de la misma Adela. Por lo demás, las nuevas calamidades que hubieron de enfrentar unidas les fueron creando nuevos recuerdos o pesadillas: la guerra de independencia, que a ellas las discriminaba, la hambruna del 97, el nacimiento de una república que, en lugar de instaurar el fin de la guerra, parecía más bien desencadenar incesantes rebeliones. Y como si todo aquello fuera poco, una suerte de insolente populacho —la morralla, lo llamaban ellas— se había instalado por todos los sitios, y de alguna forma (ya las llamaban despectivamente «las monjas españolas») querían que ellas se integrasen a aquella suerte de barahúnda no sólo escandalosa sino también grotesca.

Pero las hermanas Alba se amurallaron aún más en su castidad y también en la próxima vejez, dedicando todos sus esfuerzos al cuidado de su sobrino, quien era ya un bello adolescente, tímido y de pelo ensortijado (como su padre), y que sólo salía a la calle a vender las flores de papel y esperma o los tejidos de punto que sus tías le entregaban.

A pesar de la envidia de algunos, la vida recogida y realmente intachable de las cuatro hermanas adquirió en toda Cárdenas una suerte de distante admiración. «Las monjas españolas» llegaron a ser las mujeres más respetadas del pueblo. Y cuando se quería elogiar en alguna mujer su moralidad, casi siempre se decía «es tan casta como una de las hermanitas Alba». El cura del pueblo (ellas iban siempre a misa acompañadas por su sobrino) las citaba como ejemplo de «tesón y moralidad cristiana». La fama llegó a su apoteosis cuando el párroco las elogió en un sermón un domingo de Pascua. Cierto que Angustias hacía también a veces de sacristana del viejo cura y, acompañada por sus tres hermanas, desempolvaba el altar, barría la iglesia y baldeaba el piso con tanta disciplina que tal parecía que el espíritu de Bernarda Alba la estuviese supervisando. Pero hay que reconocer que aquel trabajo lo hacían ellas no por obligación o por hipocresía, sino por devoción.

Lo único que interrumpía la monótona vida de las cuatro mujeres eran sus visitas dominicales a la orilla del mar. Vestidas de negro hasta los tobillos con sus mejores trajes, con grandes sombrillas también negras, llegaban hasta la costa más bien desolada de Cárdenas y allí, de pie entre la arena y los pedernales, permanecían a veces más de una hora, como extraños y gigantescos cuervos a quienes el incesante batir del mar los hechizase. Antes del oscurecer emprendían el regreso a la casa envueltas en esa luz insólitamente violeta que es atributo exclusivo de aquella región. Entonces parecía como si vinieran de una fiesta. José, sentado en el portal, las esperaba con el producto de la venta que ese día, por ser domingo, era mayor. Ellas entraban en la casa no sin antes mirar con cierto discreto orgullo la pequeña placa (VILLALBA FLORES Y TEJIDOS) que desde hacía años habían colocado junto a la puerta.

Todo parecía indicar que la vida de aquellas mujeres, cada día más devotas y silenciosas, iba a derivar hacia una beatería casi enfermiza donde todos sus movimientos estarían regidos por el toque de las campanas.

También es necesario tomar en cuenta el comportamiento del sobrino. Solitario, tímido, correctamente vestido (esto es, asfixiándose dentro de aquellos trajes negros), no tenía más trato con el exterior que el estrictamente necesario para realizar la venta de la mercancía de la cual vivían. Tenía dieciocho años, pero nadie le conocía novia o amiga alguna. Tampoco parecía que necesitase de otro cariño que de aquél, maternal y a la vez distante, que sus tías le brindaban. Y ese cariño compartido bastaba también para llenar la vida de las cuatro mujeres. Sí, ninguna de ellas se acordaba ya de haber tenido —las palabras son de la Poncia— «una lagartija entre los pechos». Mucho menos de que alguna vez llevaran entre las piernas —la expresión es de Martirio— «una especie de llamarada».

Cierto que nadie puede conocer su fin, pero el de las hermanas Alba en Cárdenas parecía que iba a ser apacible o, al menos, muy remoto de toda exaltación o escándalo.

Algo insólito tendría que ocurrir para sacar aquellas vidas, extasiadas en su propia renuncia, de sus sosegadas rutinas. Y así fue. Un acontecimiento fuera de lo común sucedió en aquella primavera de 1910. La tierra fue visitada por el cometa Halley.

No vamos a enumerar aquí las espeluznantes catástrofes que, según la prensa de aquella época, ocurrirían a la llegada del cometa. Las bibliotecas conservan esos documentos. Baste con decir que el más popular (y hoy justamente olvidado) de los escritores de aquel momento, el señor García Markos (quien, naturalmente, también se consideraba astrónomo), autor de libros como Astrología para las damas y Lo que las señoritas deben conocer de las estrellas, además de El amor en los tiempos del vómito rojo, dio a la publicidad una serie de artículos que en pocas semanas recorrieron el mundo y donde, con cierta verborrea seudocientífica, se explicaba que al entrar la cola del cometa en la atmósfera terrestre, ésta se vería contaminada («enrarecida») por un gas mortal que significaría el fin de la vida en todo nuestro planeta, pues, citamos, «al combinarse el oxígeno de la atmósfera con el hidrógeno de la cola cometaria, la asfixia inmediata sería inevitable». Esta descabellada información (descabellada ahora que han pasado cuarenta años de su publicación), quizás por lo insólita y dramática fue tomada muy en serio. Por otra parte, como hipótesis no era fácil de rebatir: el cometa, según García Markos, se acercaba un poco más a la tierra cada vez que repetía su visita. Ese año —¿por qué no?— podía llegar el fin... También el seudocientífico afirmaba que, conjuntamente con el fin del mundo, nos azotaría una plaga de centauros, hipogrifos, peces ígneos, extrañas aves viscosas, ballenas fosforescentes y «otros monstruos estratosféricos» que, producto de la colisión, caerían también sobre este mundo junto con una lluvia de aerolitos. Y todo eso fue también tomado al pie de la letra por la inmensa mayoría. No olvidemos que aquéllos (como todos) eran tiempos mediocres en los que la estupidez se confundía con la inocencia y la desmesura con la imaginación.

El cura de Cárdenas acogió con fanático beneplácito las predicciones apocalípticas del señor García Markos y todos sus seguidores. En un sermón inspirado y fatalista vaticinó abiertamente el fin del mundo. Un fin clásico, tal como lo anunciaba la Biblia, envuelto en llamas. Y, naturalmente, ese fin se debía a que las incesantes cadenas de excesos e impiedades cometidos por el hombre durante toda su trayectoria habían colmado ya la cólera divina. El fin no sólo era, pues, inminente, sino merecido. Lo cual no impidió, sin embargo, que muchos de los habitantes de Cárdenas (y seguramente de otros sitios) se dedicaran a la construcción de refugios subterráneos donde perentoriamente guarecerse hasta que el fatídico cometa se alejase de nuestra órbita. Es cierto que también algunos cardenenses, en vez de tomar precauciones contra el desastre, lo adelantaron quitándose la vida. En el municipio se conservan cartas desesperadas de madres que antes que enfrentarse a la conflagración universal prefirieron adelantarse a ella junto con toda su prole.

El cura, por supuesto, condenó esos suicidios, así como también la construcción de albergues para evitar el fin. Ambas acciones, declaró en otro sermón, eran actos soberbios, paganos y hasta ilegales, puesto que intentaban eludir la justicia divina.

Cuando Angustias, Martirio, Magdalena y Amelia volvían de escuchar el sermón, encontraron a su sobrino en el jardín, donde acababa de construir un refugio con capacidad para cinco personas.

—Vuelve a tapar ese hueco —ordenó Angustias con voz lenta pero imperturbable.

Y como el sobrino protestara, las cuatro hermanas volvieron a colocar la tierra en su sitio. Terminada la faena, Martirio comenzó a sembrar las plantas que Pepe había arrancado.

—Mujer —le llamó la atención Magdalena—, no comprendes que todo eso ya es inútil.

Martirio, que sostenía en alto unas posturas de jazmines del Cabo, empezó a llorar.

—Entren —ordenó Angustias empujando a las hermanas—. ¿No se dan cuenta de que están dando un espectáculo? ¿Qué dirán los vecinos?

—¿Y tú no te das cuenta de que eso tampoco tiene ya ninguna importancia? —le dijo entonces Martirio secándose las lágrimas.

Por un momento Angustias pareció dudar, pero enseguida dijo:

—Tal vez nuestros últimos actos sean los que más se tomen en cuenta.

Y las cuatro hermanas entraron en la casa.

Oscurecía.

Llegaba, pues, la fatídica noche del 11 de abril de 1910. Para las primeras horas de la madrugada estaba anunciada la conjunción del Halley con la tierra, y, por lo tanto, el fin del mundo.

Es de señalarse que, a pesar de las apasionadas e incesantes prédicas del señor cura, algunos cardenenses no las tomaron en consideración. Otros, aunque estaban convencidos de que esa noche sería el fin, no se dedicaron al arrepentimiento y la oración, sino que, por el contrario, como eran ya las últimas horas que les quedaban en este mundo, decidieron disfrutarlas por lo grande. Desde por la tarde empezaron a salir a la calle grupos de jóvenes borrachos, quienes, además de provocar un barullo insólito para aquel pueblo, cantaban cosas atrevidísimas y usaban expresiones no menos desvergonzadas. A esos grupos se les unieron varias mujeres que hasta entonces llevaban una vida más o menos discreta. De modo que el barullo alteraba a veces hasta la letanía de las oraciones que, encabezada por Angustias, era repetida por sus hermanas.

En medio de aquel escándalo, oyeron el ruido de un carruaje que se detenía frente a la casa, y pocos segundos después los golpes de alguien que tocaba a la puerta.

—¡No abran! —gritó Angustias sin soltar el rosario.

Pero los golpes se hacían cada vez más fuertes, por lo que las cuatro hermanas, escoltadas por José de Alba, decidieron asomarse al exterior.

Frente a la puerta, que ahora se acababa de abrir con innumerables precauciones, estaba Adela. Vestía un hermosísimo traje de noche hecho de tafetán verde con encajes rojos, guantes blancos, mantilla también roja y espléndidos botines de fieltro; en las manos traía un bellísimo abanico hecho con plumas de pavo real y un bolso de lentejuelas que tiró al corredor para abrazar a sus hermanas. Pero éstas retrocedieron espantadas. Adela, sin inmutarse, entró en la casa contoneándose a la vez que le hacía una señal al cochero para que bajase el equipaje, un monumental baúl con excelentes vinos, copas de Baccarat, un gramófono y un óleo que era una reproducción ampliada del retrato de Pepe el Romano.

—Parece que la única cristiana que hay en esta familia soy yo
—dijo avanzando por la sala—. Me he acordado de ustedes en el momento extremo. Y, además, las perdono.

—Pero nosotros no —rechazó Angustias.

—Chica —respondió Adela, y ya se quitaba los zapatos—, entonces no sé cuál es tu religión, si ni siquiera en un momento como éste eres capaz de perdonar a tu propia hermana.

Y miró para el rosario que Angustias aún sostenía entre los dedos y que en estos momentos le pareció un objeto extraño, casi un estorbo.

—Hermanitas —dijo Adela emocionada y aprovechando la confusión que sus últimas palabras habían causado—, he venido porque ésta es la última noche. ¿No se dan cuenta? ¡La última noche que nos queda en el mundo! Al igual que nos escapamos juntas de aquel mundo que nos pertenecía y aborrecíamos, también quisiera que nos fuéramos juntas de éste donde de tan diferente manera hemos vivido, pero donde nunca, ¡ni un solo día!, he dejado de recordarlas.

Y si algo más iba a agregar no pudo hacerlo. Su cabeza se hundió entre los rojos tules de su falda y comenzó a sollozar.

Martirio fue la primera en acercársele y, arrodillándose, le abrazó las piernas. Al momento llegaron Amelia y Magdalena, también llorando. Por último Angustias le tomó una mano y señalando hacia José de Alba, le dijo a Adela:

—Ése es tu hijo. No creo que tengas ya mucho tiempo para explicarle quién eres.

—Ni es necesario —contestó Adela—. Él ya es un hombre y lo puede comprender todo.

Un hombre, era un hombre, se dijo para sí mismo con júbilo José de Alba, y no pudo impedir que sus mejillas se ruborizasen.

—Un hombre —repitió Adela—. Y muy guapo, como su padre.

Y luego de decirle al cochero que atendiese los caballos, fue hasta el gran baúl y comenzó a desempacar. Puso las copas y las botellas de vino sobre la mesa, sacó el enorme retrato de Pepe el Romano y, antes de que pudiera levantarse protesta alguna, colgó el espléndido lienzo (era una obra de Landaluze) en la pared de la sala.

Ante la vista de aquella imagen, las hermanas Alba quedaron súbitamente transformadas.

—Sí —continuó Adela, mirando arrobada al cuadro y luego a su hijo—, es el retrato de su padre, aunque más guapo. Y pensar que he venido a conocerte precisamente cuando se acaba el mundo. ¡Un sacacorchos!

—¿Cómo? —dijo Angustias, asombrada ante esa transición en el discurso de Adela.

—Sí, chica, un sacacorchos. ¿O es que vamos a esperar el fin del mundo sin tomarnos una copa?

Angustias fue a poner alguna objeción. Pero allí estaba Martirio con un sacacorchos.

—¿De dónde lo sacaste? —interrogó Magdalena asombrada—. En esta casa eso nunca se había utilizado.

—No lo utilizas tú porque nunca has cocinado. Pero, ¿con qué crees que se abren aquí las botellas de vinagre?

—¡Hombre! Pero parece mentira —interrumpió Adela llenando las copas de un excelente vino rojo—; se acaba el mundo y ustedes discuten por un sacacorchos. Tomad las copas y vamos al jardín a ver el cometa.

—No aparece hasta la medianoche —dijo Amelia.

—Se ve que no estás al día —objetó Adela—. A medianoche es cuando se acaba el mundo, pero desde que oscureció se puede ver el cometa. ¿Es que no han leído los diarios de La Habana?

—Nunca leemos esas cosas —protestó Angustias.

—Ustedes se lo pierden —dijo Adela—, y ya sí que es demasiado tarde.

Y tomando la mano de su hijo que la contemplaba embelesado, salieron al jardín.

Era una noche espléndida como sólo en ciertos lugares del trópico, y específicamente en Cuba, suelen observarse. De la tierra y del mar brotaba una pálida fosforescencia. Cada árbol parecía sobrecogerse sobre su propia aureola. El cielo, en aquel pequeño pueblo donde aún se desconocía la electricidad, resplandecía con la potencia de un insólito candelabro. Allí estaban todas las constelaciones, las más lejanas estrellas, lanzando una señal, un mensaje tal vez complicado, tal vez simple, pero que ya ellos no podrían descifrar jamás. La Cruz de Mayo (aunque estábamos en abril) se dibujaba perfectamente; Las Siete Cabrillas eran inconfundibles, Orión parpadeaba rojizo, lejano y a la vez familiar. Una luna de primavera se elevaba sobre el mar formando un camino que se perdía sobre las aguas. Sólo un cuerpo como una serpiente celeste rompía la armonía de aquel cielo. El cometa Halley hacía su aparición en la tranquila y rutilante inmensidad de la bóveda austral. Entonces, con voz remota, pero muy clara, Adela empezó a cantar.

Abrir puertas y ventanas

las que vivís en el pueblo,

el segador pide rosas

para adornar su sombrero.

Y súbitamente, como si un poderoso impulso, por muchos años contenido, se desatase, el resto de las hermanas la corearon.

El segador pide rosas

para adornar su sombrero.

Cantaban, y Adela, que había tenido la precaución de llevar una botella de vino, volvió a llenar las copas.

Abrir las puertas y ventanas

las que vivís en el pueblo.

Vamos a casarnos a la orilla del mar.

A la orilla del mar...

Y otra vez se vaciaron las copas. Entonces Adela comenzó a hablar.

—Sí —dijo, señalando para el cometa—. Esa bola de fuego que ahora cruza el cielo y que dentro de pocas horas nos aniquilará, es la bola de fuego que todas ustedes —y señaló tambaléandose a sus cuatro hermanas— llevan entre las piernas y que, por no haberla apagado en su momento oportuno, ahora se remonta y solicita justa venganza —aquí algunas intentaron protestar, pero Adela siguió hablando a la vez que servía más vino—. Esa bola de fuego es el carbón encendido que Bernarda Alba quería ponerle en la vagina a la hija de la Librada por haber sido mujer. ¡Hermanas!, esa bola de fuego son ustedes, que no quisieron apagar en vida sus deseos, como lo hice yo, y ahora van a arder durante toda la eternidad. Sí, es un castigo. Pero no por lo que hemos hecho, sino por lo que hemos dejado de hacer. ¡Pero aún hay tiempo! ¡Pero aún hay tiempo! —gritó Adela irguiéndose en medio del jardín, mezclando su voz con las canciones que los borrachos cantaban por las calles en espera del fin—. Aún hay tiempo, no de salvar nuestras vidas, pero sí de ganarnos el cielo. ¿Y cómo se gana el cielo? —interrogó ya ebria, junto a una de las matas de jazmín del Cabo—. ¿Con odio o con amor? ¿Con abstinencia o con placer? ¿Con sinceridad o con hipocresía? —se tambaleó, pero José de Alba, que ya se había transfigurado en la viva estampa de Pepe el Romano, la sujetó, y ella, en agradecimiento, le dio un beso en la boca—.¡Dos horas! ¡Nos quedan dos horas! —dijo mirando su hermosísimo reloj de plata, regalo de un pretendiente holandés—. Entremos en la casa y que nuestros últimos minutos sean de verdadera comunión amorosa.

Las seis figuras entraron tambaleándose en la sala. El calor del trópico las hizo despojarse, con la ayuda de Adela, de casi todas las indumentarias. Las cofias, los guantes, los sobretodos, las faldas y hasta las enaguas desaparecieron. La misma Adela desprendió a su hijo del bombín, el saco, la corbata y hasta la camisa. Así, semidesnudo, lo llevó hasta el retrato de Pepe el Romano y propuso un brindis general. Todos levantaron las copas.

—No sé lo que va a pasar aquí —dijo Angustias, pero sin acento de protesta; y como se tambaleara, buscó apoyo en el brazo de su sobrino.

—Un momento— dijo Adela, y llegándose hasta el baúl extrajo el gramófono que colocó en la mesa de centro.

De inmediato toda la casa se llenó con la música de un cuplé cantado por Raquel Meller.

No fue necesario organizar las parejas. Angustias bailaba con Pepe, Magdalena lo hacía con Amelia, y Martirio conducía a Adela, quien en ese momento, desprendiéndose de la blusa, confesaba que nunca se había acostumbrado al calor del trópico.

—No fue por amor a Pepe el Romano por lo que te delaté ante mamá —le dijo Martirio a manera de respuesta—, sino por ti.

—Siempre lo sospeché —le respondió Adela. Y ambas mujeres se abrazaron.

Como el clamor de los borrachos en la calle era ensordecedor (sólo faltaban una hora y tres minutos para que se acabase el mundo), decidieron cerrar las ventanas, correr las cortinas y poner el gramófono a todo volumen. Alguien, en uno de sus giros, apagó las luces. Y toda la casa quedó iluminada sólo por las estrellas, la luna y el cometa Halley.

Cuando la Meller cantaba Fumando espero (y de acuerdo con los cálculos sólo faltaban cuarenta y cinco minutos para el fin del mundo), Adela, entreabriendo la puerta, le hizo una señal al cochero para que entrase. Éste, un liberto estupendo del barrio de Jesús María, hizo una aparición jubilosa, liberándose al momento de su librea, su chaqueta y sus botas de cuero.

Antes de que se le acabase la cuerda al gramófono, tanto José de Alba como el cochero habían abrazado respectivamente a las cinco mujeres ya muy ligeras de ropa. Volvieron a llenarse las copas, y todos, ya desnudos, se entregaron al amor bajo el enorme retrato de Pepe el Romano.

—No vamos a esperar el fin del mundo dentro de estas cuatro paredes —dijo Adela—. Salgamos a la calle.

Las cinco hermanas Alba salieron desnudas a la calle acompañadas por José, que no se había quitado los calzoncillos, y por el cochero, quien sólo llevaba puestas sus espuelas.

Nunca, mientras el cielo gire (y confiamos en que no cese de girar jamás), se oirán en las calles de Cárdenas alaridos tan descomunales como los que entonces se emitieron. El cochero, instruido, justo es confesarlo, por Adela, poseía sucesivamente a las cinco mujeres, siendo sustituido de inmediato por José de Alba, quien debutó con verdadera maestría. Por último, numerosos campesinos («gañanes», según palabras de la propia Angustias) se unieron también a la cabalgata, poseyendo repetidamente a todas las mujeres, quienes al parecer no se daban por vencidas. Sólo Martirio aprovechaba a veces la confusión para abandonar los brazos de algún rufián e irse hasta los pechos de Adela. Hubo un momento en que estas dos hermanas (y ya sólo faltaban quince minutos para el fin del mundo) entraron en la casa, regresando al momento con el cuadro de Pepe el Romano.

—Ahora podemos continuar —dijo Adela, poniendo el óleo de cara a las estrellas.

Sólo faltaban cinco minutos para que el cometa Halley ocupase el centro del cielo.

Y lo ocupó. Y siguió su trayectoria. Y desapareció por el horizonte. Y amaneció. Y al mediodía, cuando las hermanas Alba despertaron, se sorprendieron, no por estar en el infierno o en el paraíso, sino en medio de la calle mayor de Cárdenas completamente desnudas y abrazadas a varios campesinos, a un cochero y a José de Alba, cuya juventud, inmune a tantos combates, emergía una vez más por entre los cuerpos sudorosos. Lo único que había desaparecido era el retrato de Pepe el Romano, pero nadie lo echó de menos.

—Pues a la verdad que parece que no se acabó el mundo —dijo medio dormida Adela, y desperezándose convenció a sus hermanas de que lo mejor que podían hacer era volver a la casa.

Guiaba la procesión Angustias, cuyos cincuenta y ocho años por primera vez recibían en pelotas la luz del sol; la seguía Magdalena del brazo del cochero; detrás, Amelia, con alguien que decía ser carpintero sin empleo. Y remataba la comitiva la apretada trilogía formada por Martirio, Adela y José. Así cruzaron el jardín, siempre oloroso a jazmines del Cabo, y entraron en la casa.

Pero antes de trasponer el corredor, Adela arrancó la placa de la puerta, VILLALBA FLORES Y TEJIDOS, sustituyéndola esa misma tarde por otra más pintoresca y reluciente que ostentaba el nombre de EL COMETA HALLEY.

El Cometa Halley fue uno de los más famosos y prestigiosos prostíbulos de toda Cárdenas, e incluso de toda Matanzas. Expertos en la materia afirman que podía competir con los de la misma Habana y aun con los de Barcelona y París. Durante muchos años fue espléndidamente atendido por sus fundadoras, las hermanas Alba, educadas y generosas matronas como ya en esta época (1950) no se encuentran. Ellas congeniaban el amor con el interés, el goce con la sabiduría, la ternura con la lujuria...Pero aquí hacemos mutis, pues nuestra condición de respetables caballeros de la orden de la Nueva Galaxia (sí, somos astrónomos y condecorados por el municipio de Jagüey Grande) nos impide dar más detalles sobre la vida de esas señoras. Sólo podemos afirmar, y con amplio conocimiento de causa, que ninguna de ellas murió virgen.


Biografía: Reinaldo Arenas nació en Holguin, Cuba, en el año 1943. Su infancia se desarrolló en el seno de una familia campesina y su precoz adolescencia se vio marcada por su manifiesto enfrentamiento al régimen de Batista. Colaboró con la revolución castrista hasta que el devenir del tiempo le demostró lo inoperante e injusta que ésta se manifestaba. Su presencia pública e intelectual le granjeo las suficientes antipatías en las más altas instancias de Estado, lo cual unido a su ser homosexual, provocó una implacable y horrenda persecución del poeta. Pero realmente Reinaldo Arenas, exquisito y sensual poeta, no fue perseguido por su tendencia homosexual. Realmente Reinaldo Arenas fue perseguido por su tozuda y loable oposición sistemática a un régimen opresor y canalla, que amparándose en la triste y cruel cortada de la "desviación sexual de un hijo de la patria" y sus pretendidas perversiones sexuales, amargó la existencia de una persona que debia ser expulsado de la "res" pública cundo no exterminado en su sentido más literal. Coetáneo y seguidor de Lezama Lima y Virgilio Piñera, ambos homosexuales, fue encarcelado y torturado llegando a confesar lo inconfesable y a renegar de si mismo. Ello provocó en la sensible personalidad del escritor un arrepentimiento que fue más allá de los muros de la prisión de El Morro (1974 -1976), calando tan hondo en su corazón que acabó por odiar todo cuanto le rodeaba, todo aquello que presumía de aspecto y fondo humano. Odió cualquier forma de poder equiparable a toda forma de represión y tiranía.

Escapó de la opresión castrista en 1980 y desplegó desde este momento y en el exilio nunca aceptado de Nueva York toda una visión intelectual de la existencia enmarcada entre la poesía más hermosa y la más amarga derrota del desencanto.

En nuestros días Reinaldo Arenas cobra actualidad gracias a "antes de que anochezca", película que sobre su libro autobiográfico ha dirigido Julian Schnabel e interpretado Javier Bardem.

Antes que anochezca es una obra dura y que clama dolor en el ocaso previsto y conocido de quien se sabe presa de la muerte a la que prefirió doblegarse antes que ser vencido por la peste de nuestro siglo: el sida. El 7 de diciembre de 1990 el escritor cubano Reinaldo Arenas se suicidaba en Nueva York.

Entre sus novelas destacamos:

Celestino antes del Alba

El mundo Alucinante

El Palacio de las Blanquísimas mofetas

La loma del Angel

Otra vez el mar

El portero

Viaje a la Habana

Arturo la estrella más brillante

amen de Antes de que anochezca.


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