Poemas de César Quispe Ramírez




César Quispe Ramírez: Escritor peruano (Chimbote, 1977).
Estudió lengua y literatura en la Universidad Nacional del Santa (UNS). Es fundador de las revistas de literatura Tinta Libre, Eleusis y Gleba. En 2003 obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales de Poesía “Juan Ojeda Ojeda”, organizados por el Instituto Nacional de Cultura de Chimbote y la Universidad César Vallejo (UCV). Integró el taller de artes plásticas “Palamenco” de la UNS. En 2006 publicó la plaquette de poesía El abrigo de mis sandalias. Colabora en las páginas culturales de los diarios Correo y La Industria, ambos de Chimbote. Es coordinador de la Asociación Cultural del Santa.


He despertado sin hojas

He caído arropado en el centro de una piedra
y me he visto como sombra,
como palabra afilada
acechando la piel oscura de la noche;
me he resbalado en sus mejillas
y he encontrado el peso de su interminable
tristeza,
sus ojos se han parecido a los míos cuando cruzaba
las calles
buscando dónde moldear mi destino,
sus manos, sus manos han abrigado el rostro
infante
de aquella mujer que se contempla en el rajado
espejo
esperando encontrar el nacimiento de una risa.
He despertado junto a la trascendente piedra,
sin hojas que me cubran esta humana piel.
He pronunciado su nombre como un conjuro
a nuestro atravesado destino,
y se han desatado todas mis emociones,
mi cauce se ha desbordado como un río que acecha
las casas.
He despertado sin hojas
junto a sus pies que se mecían suspendiendo el
tiempo,
abreviando los besos de mi mujer cuando se arropa
junto a mi pecho.
He despertado
y ahora soy esa piedra lanzada
en medio de la calle esperando una sombra,
una mano que me guarde en su mejor bolsillo
y me exilie de este puerto.
Aquí, en medio de esta calle,
donde las mujeres juegan a venderse la piel,
sueño con el fuego de unas manos esparciéndome el
cuerpo
cuando cabalga el viento.
Ahora que soy esa piedra, otro ha caído deshojado,
despojado de sus alas, sin lumbre para encender la
lámpara
que ardía en el centro de mi pecho.
Dime, cómo vamos a alumbrarnos los costados,
cómo dormiremos debajo de esta sábana sin secarnos
las escamas,
sin olernos el polen que cuelga de nuestras hojas.
¡Oh piedra! ¡Oh caída hoja!
Somos dos ojos llorando por el mismo orificio
en medio de la calle, donde las mujeres hacen
ronda
para venderse la piel cuando oyen silbar a los
barcos.
¡Oh piedra!
¡Oh caída hoja!,
Hoy, hemos despertado solos al pie del camino.


El vuelo de la mosca

La mosca ha retornado de los pueblos
quebrados en la guerra,
ha vuelto a mostrarme su último vuelo,
su último aleteo en este infierno,
su última estratagema para posarse en este mísero
plato,
su última sonrisa quebrada frente a los pueblos,
su corazón oliendo a batalla.
La he dejado descansar en el filo de este plato
como a un hermano de un mismo destino,
y he sentido en su sueño el latido de los árboles,
la meditación de las piedras en medio del camino,
la risa de los niños jugando encima de los
escombros,
el hambre bordeando las orillas de los pueblos.
He dejado que se vista de piel,
de una pesada tristeza,
de huesos, de toda humanidad.
La he dejado pronunciar palabras, al salir a la
calle.
He dejado que desde sus ojos caigan los vientos
amargos
para restablecer las guerras de los pueblos.
Desde hoy,
aprenderá a comer en la mesa con su cuchara de
palo,
a pagar la cuenta con la tarjeta de crédito.
Pintará paisajes en el centro de los escombros,
no hará el menor intento de posarse en los míseros
platos.
Buscará visitar bibliotecas para redescubrir su
quebrada historia.
Asistirá al trabajo sin mover las alas.
Buscará en un abrazo a los niños del mundo
que se esconden detrás de las puertas esperando un
destino.
Saldrá todas las mañanas a mojarse al sol.
Visitará por las noches los salones, los bailes
humanos,
antes de abrirse más la blanca y perfumada camisa.


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