Relaxo-Visión 1- la imagen del día.




CRONOS DEVORANDO A SU HIJO.




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RUBENS
GOYA


FRAGMENTO DE LA TEOGONIA DE HESIODO.

Y Rea, subyugada por Cronos, parió una ilustre raza: Istia, Deméter, Here la de sandalias doradas y el poderoso Edes, que habita bajo tierra y cuyo corazón es inexorable; y el retumbante Poseidón, y el sabio Zeus, padre de los Dioses y de los hombres, cuyo trueno conmueve la tierra anchurosa.

Pero el gran Cronos los tragaba a medida que desde el seno sagrado de su madre le caían en las rodillas. Y lo hacia así con el fin de que ninguno ente los ilustres Uranidas poseyese jamas del poder supremo entre los Inmortales. Porque, efectivamente, Gea y Urano estrellado le enteraron de que estaba destinado a ser domeñado por su propio hijo, por los designios del gran Zeus, a pesar de su fuerza. Y por eso, no sin habilidad, meditaba sus estratagemas y devoraba a sus hijos. Y Rea estaba abrumada de un dolor grande.


Pero, cuando iba a partir a Zeus, padre de los Dioses y de los hombres, suplicó a sus queridos padres, Gea y Urano estrellado, que le enseñasen los medios de que se valdrían para ocultar el alumbramiento de su querido hijo y para poder castigar los furores paternos contra los otros hijos a quienes Cronos había devorado. Y Gea y Urano atendieron a su hija bienamada y le revelaron cuáles serían los destinos del rey Cronos y de sus hijos magnánimos.


Y la envidiaron a Lictos, rica ciudad de la creta, en el momento de ir ella a partir al último de sus hijos al gran Zeus. Y la gran Gea le recibió en la vasta Creta, para criarle y educarle. Y por lo pronto le llevó a Lictos, atravesando la noche negra; luego, cogiéndole con sus manos, le escondió dentro de un antro elevado, en los flancos de la tierra divina, sobre el monte Argeo, cubierto de espesas selvas. Después, tras envolver entre mantillas una piedra enorme, Rea se la dio al gran príncipe Uranida, al antiguo rey de los dioses, y éste la cogió y se la echó al vientre.


¡Insensato! No preveía en su espíritu que, merced a esta piedra, sobreviviría su hijo invencible y en seguridad y domeñándole muy pronto con la fuerza de sus manos, le arrebataría su poderío y mandaría por sí solo en los inmortales. Y el vigor y los miembros robustos del joven rey crecían rápidamente y transcurrido un tiempo, embaucado por el consejo astuto de Gea, el sagaz Cronos devolvió toda su raza, vencido por los artificios y por la fuerza de su hijo.

Y primero vomitó la piedra que se había tragado la última. Y Zeus la sujetó fuertemente a la tierra espaciosa, sobre la divina Pito, en el fondo de las gargantas del Parnesio para que fuese un monumento futuro y una maravilla para los hombres mortales.


Y Zeus libró de sus cadenas abrumadoras a sus tíos, los Uranidas, a quienes habían encadenado sus padres en un acceso de demencia. Y correspondieron ellos en este beneficio, y le dieron el trueno, y la blanca centella, y el relámpago, que hasta entonces había escondido la gran Gea en su seno. Y desde aquella sazón, confiado en sus armas, Zeus manda en los hombres y en los dioses.



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